Virgen con el Niño y san Juanito (Zurbarán)
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| Virgen con el niño Jesús y San Juan niño | ||
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| Autor | Francisco de Zurbarán | |
| Creación | 1658 | |
| Ubicación | Museo de Arte de San Diego (Estados Unidos) | |
| Material | Óleo y Lienzo | |
| Dimensiones | 138,4 centímetros × 106,6 centímetros | |
Virgen con el Niño y san Juanito o Virgen con el Niño Jesús y san Juan bautista niño es el tema de tres lienzos de Francisco de Zurbarán, que constan con las referencias n.º 255, n.º 271 y n.º 286 en el catálogo razonado y crítico, realizado por la historiadora del arte Odile Delenda.[1] Este último lienzo —firmado y fechado en 1662—se considera la última obra realizada por el pintor.[2]
En su último período —en Madrid— Zurbarán representó nuevos temas, destinados a una nueva clientela privada, siendo La Virgen con el Niño y san Juanito uno de ellos. En esta etapa, el pintor parece haber utilizado siempre los mismos modelos para representar a la Virgen con el Niño, con una Virgen morena, de rostro ovalado y ojos almendrados, que inclina la cabeza sobre su hombro derecho. El Niño Jesús es rubio, vivaz y de aspecto natural.[3]
Asimismo, los contornos de las figuras no se recortan con la anterior intensidad, y los rostros presentan una pincelada más suave y un sutil modelado. Las composiciones desprenden intimidad, delicadeza y una cierta melancolía. Suelen permanecer algunas constantes, como el fondo sombrío, la esmerada reproducción de los tejidos —con pliegues acentuando su textura— y figuras resaltadas por una luz suave y uniforme. Según José López-Rey: «...con una luz un tanto velada y a veces ligeramente penumbrosa, el concepto de la caducidad de lo terreno envuelve el grupo».[4] Todo ello refuerza la belleza del clasicismo renacentista, interpretando los sentimientos de su época sin necesidad de recurrir a Murillo.[5]
Tema de las obras
En los evangelios canónicos no consta la visita de san Juanito a la Virgen y al Niño Jesús pero, desde el siglo XIII, popularizaron este tema las Meditationes de Vita Christi del Pseudo-Buenaventura. Posteriormente, las recomendaciones iconográficas derivadas del concilio de Trento lo propusieron como un adecuado tema de reflexión para los fieles.[6]

