Visión de La Storta
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La visión en La Storza fue un episodio de la vida de San Ignacio de Loyola, en el que Dios Padre y Dios Hijo le mostraron su apoyo en el proceso de fundación de la Compañía de Jesús.[1][2]
Antecedentes
Durante su etapa de estudios en París, Ignacio de Loyola junto con seis compañeros había emitido votos de pobreza, castidad y peregrinación a Jerusalén el 15 de agosto de 1534.[Nota 1] De acuerdo con esto se reunieron en Venecia para poder pasar a Jerusalén. Además el 24 de junio de 1537, en la ciudad véneta, Ignacio de Loyola había sido ordenado sacerdote. Durante esta etapa veneciana los siete compañeros conocieron la recién fundada orden de los teatinos, liderada por San Cayetano de Thiene. Esta orden tuvo como origen la Compagnia del Divino Amore, que podría haber inspirado el nombre que adoptarían Ignacio y sus compañeros posteriormente.

Al encontrarse la Cristiandad en guerra contra el Imperio otomano no pudieron pasar a Jerusalén. Como consecuencia de esto, Ignacio partió con dos compañeros a Roma para ponerse a disposición del Papa, Paulo III. Antes de separarse, los siete decidieron tomar nombre, eligiendo por unanimidad el de Compañía del Nombre de Jesús (pronto Compañía de Jesús).
Desarrollo
El viaje a Roma lo realizó Ignacio a pie, junto a Pedro Fabro y Diego Laínez. Ya en la ciudad de Vicenza había comenzado San Ignacio a recibir visiones espirituales. San Ignacio no había celebrado aún su primera misa y se encontraba en preparación para ello. Durante las veces que comulgaba en el viaje, diariamente, y de manos de Fabro o Laínez, sintió que Dios Padre le imprimía en el corazón las palabras: Ego vobis Romae propitious ero ("Yo os seré propicio en Roma").
Al llegar a unos 14 kilómetros de Roma, se encontraba la aldea de La Storta, por donde pasaba la Vía Flaminia. En esta ciudad pararon a descansar los tres peregrinos, entrando a orar en una pequeña capilla. En ese momento Ignacio tuvo una visión en que se le apareció Dios Padre, acompañado de su Hijo, en la forma de Cristo con la Cruz a cuestas. El Padre, dirigiéndose a su Hijo, le dijo: "Quiero que tomes a este por servidor tuyo". Posteriormente, el Hijo se dirigió a Ignacio de Loyola para decirle: "Quiero que tú nos sirvas".[3]
La visión fue descrita por fuentes muy cercanas al momento en que se produjo: el propio Ignacio de Loyola, su compañero Diego Laínez presente en el viaje; Juan Alfonso de Polanco, secretario de Ignacio; Jerónimo Nadal, Pedro Canisio o Pedro de Ribadeneira.
Esta visión es considerada como parte central de la vida de san Ignacio de Loyola, así como de los momentos fundacionales de la Compañía de Jesús. Además ha sido señalada como uno de los puntos fundamentales de la santidad de Ignacio de Loyola tras su muerte.[4]
