Ziskinización

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La ziskinización es un concepto que tiene su origen en Jay Ziskin quien fue doctor en psicología y abogado; fue uno de los primeros profesionales en analizar la relación entre psicología y derecho desde una óptica crítica. En la década de 1960, observó que muchos tribunales otorgaban un peso excesivo a los testimonios psicológicos y psiquiátricos, aun cuando los informes carecían de base empírica sólida o mostraban contradicciones metodológicas.[1]

En su obra Coping with Psychiatric and Psychological Testimony (1ª ed. 1969, múltiples revisiones hasta la 6ª ed. Oxford University Press, 2011),[2] Ziskin propuso que los abogados debían examinar la calidad científica, la coherencia interna y las posibles debilidades epistemológicas del peritaje. Este enfoque dio lugar al fenómeno denominado posteriormente “ziskinización”, entendido como la práctica sistemática de impugnar al perito en lugar del informe, con el fin de reducir la fuerza persuasiva de su testimonio ante el jurado o el juez.[3]

En el contexto español, la figura del perito judicial y la ratificación del informe psicológico están reguladas por la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la Ley de Enjuiciamiento Civil. El artículo 456 de la LECrim dispone que se acordará informe pericial cuando sea necesario para apreciar hechos relevantes, mientras que el artículo 458 establece su contenido formal. Además, el artículo 462 obliga al perito a comparecer en juicio para ratificar su dictamen, lo que refuerza la dimensión procesal del fenómeno descrito por Ziskin.[4]

En la jurisdicción civil, el artículo 346 LEC exige que el perito comparezca en vista para exponer su dictamen y responder a las partes. Estas normas reflejan la importancia de la ratificación en la práctica judicial española y su conexión con la credibilidad del perito (Alemán Herrera, 2022; Rodríguez-Domínguez et al., 2023).[5][6]

El fenómeno tiene tanto una dimensión procesal relativa al contra interrogatorio y la dinámica judicial como psicológica relacionada con la percepción de credibilidad, sesgo y autoridad del experto. El efecto Ziskin ha sido ampliamente debatido en la comunidad jurídica y psicológica:

  • Efecto positivo: fomenta el rigor metodológico y la necesidad de que los informes periciales sean transparentes, replicables y fundamentados en evidencia empírica.[7]
  • Efecto negativo: puede transformar la pericia en un “campo de batalla retórico”, donde la credibilidad depende más de las habilidades comunicativas del perito o del abogado que de la calidad científica del informe.[8]

Diversos autores advierten que, cuando la ziskinización se usa de forma abusiva, puede distorsionar la justicia pericial, generando un clima adversarial que desincentiva la participación de expertos cualificados.

Desde una perspectiva criminológica, el efecto Ziskin ilustra la interacción entre conocimiento científico y sistema judicial. Revela que los procesos de valoración de la prueba no son puramente técnicos, sino que dependen de factores sociales, retóricos y de poder. En la psicología jurídica, el fenómeno se usa para analizar los sesgos cognitivos y comunicativos que afectan la percepción del testimonio experto, así como la necesidad de estándares éticos y de acreditación profesional más rigurosos.[9]

People v. Goldstein (Nueva York, 2005)

Referencias

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