Ángel Sánchez Rivero

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Nacimiento 10 de diciembre de 1888 Ver y modificar los datos en Wikidata
Madrid (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 23 de agosto de 1930 Ver y modificar los datos en Wikidata (41 años)
Madrid (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Cónyuge Angela Mariutti de Sánchez Rivero Ver y modificar los datos en Wikidata
Ángel Sánchez Rivero
Información personal
Nacimiento 10 de diciembre de 1888 Ver y modificar los datos en Wikidata
Madrid (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 23 de agosto de 1930 Ver y modificar los datos en Wikidata (41 años)
Madrid (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Familia
Cónyuge Angela Mariutti de Sánchez Rivero Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Educado en Universidad Central Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Ensayista, crítico de arte, traductor y bibliotecario Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimiento Novecentismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos Ver y modificar los datos en Wikidata

Ángel Sánchez Rivero (Madrid, 10 de diciembre de 1888 - íd., 23 de agosto de 1930) fue un destacado ensayista, crítico de arte, traductor y bibliotecario español, perteneciente a la generación de 1914 o novecentista. Discípulo de Ortega y Gasset, publicó la mayor parte de sus textos en la década de 1920, sobre todo en la Revista de Occidente. Su muerte prematura vino a malograr las posibilidades de una obra de ensayista de gran alcance.[1]

Nació en Madrid en diciembre de 1888. El destino militar de su padre hizo que parte de su infancia transcurriese en Cuba, desde 1893, coincidiendo con los últimos años de la dominación española sobre la isla.[2] Vuelto a España, estudió el bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros y la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Central madrileña, graduándose en la sección de Historia sin haber cumplido aún los veinte años.

En 1908 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Su primer destino fue el Archivo provincial de Hacienda de Bilbao.[3] En la capital vasca se relacionó con los círculos artísticos e intelectuales activos en la ciudad, asistiendo a la tertulia del café Lion d'Or, animada por Pedro Eguillor.[4] Allí conoció a jóvenes escritores como Ramón de Basterra y Pedro Mourlane Michelena, y sobre todo trabó una duradera amistad con Ricardo Gutiérrez Abascal, el joven crítico de arte que haría célebre el seudónimo de Juan de la Encina.[5]

En 1911 obtuvo el traslado como oficial a la Biblioteca Nacional de Madrid, en cuya sección de Bellas Artes encontró el puesto desde el que desarrollar su vocación más genuina. El último año de su vida llegó a dirigir la sección, y desempeñó un papel relevante en el descubrimiento del robo de estampas de Rembrandt y otros destacados grabadores, que puso en evidencia las deficiencias de seguridad de la Biblioteca Nacional. Fue también conservador de la rica colección de estampas del duque de Alba en el palacio de Liria.[6]

Colaboró como alumno, junto a María de Maeztu, en la sección de Estudios sobre la filosofía contemporánea, que dirigió José Ortega y Gasset en el Centro de Estudios Históricos.[7] La influencia directa de Ortega le llevó a entusiasmarse por la filosofía kantiana. Fue asimismo un activo socio del Ateneo madrileño, en el que ocupó la vicepresidencia de la sección de Artes plásticas en el curso 1922-1923.[8]

En 1922 la Junta para Ampliación de Estudios le comisionó para realizar un viaje de tres meses por Francia, Bélgica e Inglaterra con la finalidad de estudiar la organización y los fondos de los gabinetes de estampas de estos países europeos. A partir de 1925 la misma Junta le otorgó una pensión de dos años en Italia para estudiar in situ la pintura renacentista. Con ese propósito recorrió toda la península mediterránea; fue invitado a colaborar en la Enciclopedia Italiana, participó en el proyecto de creación de un Centro de Estudios Hispanos en Florencia, e inició una cuidada y lujosa edición del Viaje de Cosme de Médicis por España y Portugal (1668-1669), con sus ilustraciones, debidas a Pier Maria Baldi.[9] El trabajo lo culminó su viuda, la historiadora veneciana Angela Mariutti, a quien conoció en la ciudad adriática y con la que contrajo matrimonio apenas unos meses antes de su muerte, acaecida el 23 de agosto de 1930 a consecuencia de una repentina fiebre tifoidea (como informó, al día siguiente, el diario ABC).[10]

Desaparecía con él «uno de nuestros escritores de más profunda intimidad», escribió Benjamín Jarnés en la nota necrológica de la Revista de Occidente; «nuestro malogrado amigo —añadía el escritor aragonés— era, por excelencia, un antipersonaje, todo lo contrario de un hombre de representación».[11]

Y Francisco Ayala escribía en La Gaceta Literaria: «Era un alma fina, y toda clase de popularidad le estaba vedada; albergaba en sí la menor cantidad posible de hombre público: prefería pensar a escribir sus pensamientos; escribir, a publicar lo escrito. Su gran placer era el placer humano de la conversación, y en ella podía apreciarse con mayor viveza su natural entusiasta, vertido en un caudal de ideas atropelladas, fecundas, llenas de iluminaciones».[12]

Obras

Bibliografía sobre el autor

Referencias

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