Wagner, de 23 años, fue la primera en matar a un paciente con una sobredosis de morfina en 1983. Descubrió en el proceso que disfrutaba jugando a Dios y tomando el poder de la vida y la muerte del paciente en sus manos. Ella reclutó a Gruber, de 19 años, y a Leidolf, de 21, y finalmente a la mayor del grupo, de 43 años, Stephanija Meyer. Pronto inventaron su propio método de asesinato: mientras una aguantaba la cabeza de la víctima y tapaba su nariz, otra vertía agua en la boca de la víctima hasta que se ahogaba. El grupo de pacientes ancianos asesinados era físicamente débil, pero muchos no eran enfermos terminales.[1]
Los detectives criticaron al hospital por haber ignorado una de las muertes sospechosas en 1988.[2] Las enfermeras fueron detenidas después de que un doctor las oyera conversar sobre su asesinato más reciente en una taberna local. En total, confesaron haber cometido 49 asesinatos en seis años, pero pueden haber sido responsables de hasta 200 casos sospechosos. En 1991, Wagner fue condenada por 15 asesinatos, 17 intentos, y dos agresiones. Fue sentenciada a cadena perpetua. Leidolf recibió una condena a perpetuidad también, siendo encontrada culpable de cinco asesinatos, mientras Mayer y Gruber recibieron 20 y 15 años respectivamente por complicidad y cargos de intento de asesinato.[3]