Área natural protegida Meseta de Somuncurá
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| Área protegida Meseta de Somuncurá | ||
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Categoría UICN VI (área protegida de recursos gestionados) | ||
| Situación | ||
| País |
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| Provincia |
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| Departamento | 9 de Julio y Valcheta | |
| Ecorregión |
Estepa patagónica Monte de llanuras y mesetas | |
| Ciudad cercana | Valcheta | |
| Coordenadas | 41°21′00″S 67°04′00″O / -41.35, -67.066666666667 | |
| Datos generales | ||
| Fecha de creación | 1986 | |
| Legislación | Dto. Prov. n.° 356/86 | |
| Superficie | 1 600 000 ha | |
El área natural protegida Meseta de Somuncurá abarca la parte septentrional de la meseta homónima, enteramente dentro de la provincia de Río Negro, en las cercanías de la localidad de Valcheta, en los departamentos 9 de Julio y Valcheta, en la Patagonia argentina. Desde el punto de vista fitogeográfico, corresponde a las ecorregiones de la estepa patagónica y el monte de llanuras y mesetas.
La reserva se extiende sobre una superficie de unas 1 600 000 ha de las cuales unas 1 200 000 ha corresponden a la estepa patagónica, en torno a la posición 41°21′S 67°04′O / -41.350, -67.067.[1]
Fue creada inicialmente el año 1986, mediante el decreto de la provincia de Río Negro n.º 356/86 con el objetivo de preservar los varios endemismos de la región y sus valores "geológicos, geomorfológicos, paleontológicos, arqueológicos y antropológicos especiales".[2]
El origen del nombre se atribuye a la lengua mapuche y significa “piedra que suena" o "piedra que habla”.[3]
El área protegida se encuentra prácticamente desierta, con su escasa población concentrada en la pequeña localidad de El Caín.
Geología y geomorfología
La meseta de Somuncurá es una extensa formación basáltica precámbrica, donde se presenta una morfología de altiplanicie discontinua de origen volcánico de una altura media de entre 1000 m s. n. m. y 1200 m s. n. m., con depresiones que albergan lagunas y cursos de agua permanentes o temporarios, formando un sistema endorreico que drena hacia los bordes de la formación generando cañadones o "rincones".[4]
Esta superficie plana elevada aparece interrumpida por sierras volcánicas cuyo origen se presume posterior al de la meseta y que alcanzan su altura máxima en el cerro Corona (1900 m s. n. m.).[3]
En eras pasadas la región baja que rodea la meseta estaba sumergida, por lo cual, la altiplanicie formaba una estructura insular rodeada de agua. Este aislamiento sería la causa de las particulares características biológicas y los fuertes endemismos de la región.[5]
Antropología
Se estima que la presencia humana en la meseta tiene una antigüedad de varios milenios. Se han encontrado pinturas y petroglifos en cavernas o formaciones rocosas que confirman esta teoría.[6]
Ya en el siglo XIX, la región estaba poblada por grupos humanos que presentaban algunos elementos diferenciados de otros grupos de aborígenes norpatagónicos. Practicaban la caza del guanaco y conservaban un sitio sagrado o de veneración llamado Yamnago.[7]
El primer estudioso de la región fue el naturalista suizo Jorge Claraz, quien realizó diversas investigaciones documentando sus hallazgos. Años después Francisco Pascasio Moreno informó acerca de las prácticas religiosas o rituales de los aborígenes en el sitio sagrado de la meseta.[6]