Équeto
personaje de la mitología griega
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En la mitología griega, Équeto (en griego: Ἔχετος) fue un rey legendario y prototipo del tirano cruel, conocido como «espanto de los mortales».[1][2] Eustacio explica que Équeto era proverbial por su crueldad inhumana y que Homero lo usa como símbolo del suplicio extremo.[3] Un escolio nos dice que, efectivamente, era un rey epirota muy salvaje, que castigaba a los culpables cortándoles la nariz y las orejas.[4] Otro escolio nos revela que Équeto era hijo de unos tales Euquénor (Εὐχήνωρ) y Flogea (Φλόγεα), de quienes nada más se sabe.[5]
En la Odisea
En la Odisea es mencionado dos veces. La primera vez en boca de Iro, el mendigo de Ítaca, en su pelea con Odiseo disfrazado:
«Te enviaré a tierra firme cargándote en negro navío como don para Équeto, el rey que aniquila a los hombres: que te corte con bronce cruel la nariz, las orejas, que te arranque tus partes y crudas las eche a los perros».[6]
Más tarde vuelve a ser mencionado. Esta vez por el pretendiente Leodes, suplicando a Odiseo que no lo mate:
«Te enviaremos en negro navío como don para Équeto, el rey que aniquila a los hombres, al país donde no hay salvación; queda, pues, ahí tranquilo, a beber sin entrar en disputa con hombres más mozos».[7]
Équeto y Metope
Apolonio de Rodas, a propósito de la crueldad de los padres con sus hijas —en referencia a Eetes con Medea—, cita unos cuantos ejemplos, entre ellos Nicteo con Antíope y Acrisio con Dánae:
«Hace poco, no lejos, el soberbio Équeto clavó agujas de bronce en las pupilas de su hija, y ella en su lamentable sino se consume moliendo bronce en una oscura cabaña».[8]
Por un escolio conocemos el trasfondo de la historia. El castigo —cegar a su hija y obligarla a arrastrar hierros para ‘recobrar la vista’— es un ejemplo de ironía punitiva, característica de los relatos didácticos bizantinos:
«Équeto era un rey de Epiro, extremadamente cruel. Su hija Metope (Μητώπη), habiendo tenido relaciones con un extranjero, fue cegada por su padre, y convertida en esclava, y le ordenó arrastrar instrumentos de hierro para que recobrara la vista».[9]
Eustacio refiere una variante en la que la hija de Équeto y su amante se llamaban, respectivamente, Anfisa (Ἀμφίσα) y Ecmódico (Ἐχμόδικος).[10]