Íñigo López de Orozco
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| Íñigo López de Orozco | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
¿1315? Guadalajara, España | |
| Fallecimiento |
1367 Nájera, España | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Noble castellano | |
Íñigo López de Orozco fue un noble castellano perteneciente al linaje de los Orozco, que desempeñó un papel relevante en la política y la administración del reino de Castilla durante el reinado de Alfonso XI de Castilla y los primeros años del de Pedro I de Castilla.
Pertenecía a la casa de Orozco, un linaje nobiliario de origen vasco (probablemente de Vizcaya) que fue de los primeros en afincarse en Guadalajara tras su reconquista en 1085. Era hijo de Diego Fernández de Orozco (citado en ocasiones como Lope García) y estuvo emparentado con otros miembros destacados de la nobleza, como su hermana Juana de Orozco, lo que favoreció su proyección política y militar.
Trayectoria política y militar
Ocupó cargos de máxima relevancia, destacando como Capitán Mayor de los trabucos y engeños del rey Alfonso XI, cargo equivalente al de jefe de artillería e ingenieros. Dirigió las máquinas de asedio durante el sitio de Algeciras (1342-1344) y formó parte del grupo de nobles que apoyaron la consolidación del poder real. Intervino activamente en las campañas de la Reconquista, incluyendo la victoria en la Batalla del Salado.
Señoríos y heredades
Los estados que recibió Íñigo López de Orozco de Alfonso XI y Pedro I en los concejos de Atienza y Molina de Aragón serán el germen de los futuros dominios de sus parientes los Mendoza en esas tierras. Ejerció don Íñigo con seguridad el señorío jurisdiccional sobre Argecilla, Galve de Sorbe y Robredarcas en territorio de Atienza y también sobre Castilnuevo en el de Molina de Aragón y tuvo importantes heredades solariegas en Castilblanco de Henares, Cutanilla, Jirueque, Mandayona, Miedes de Atienza, Tejer y Utande. Es posible que también poseyera Ledanca y Carabias en la tierra de Atienza y Guijosa en la de Medinaceli.
Habitualmente se ha dicho que de Pedro I recibió el señorío de Miralrío (entonces Cornudiella), sin embargo, aunque don Íñigo era dueño de casas, fincas y heredades en la localidad, el señorío jurisdiccional de Miralrío no le pertenecía a él, sino al obispado de Sigüenza. Dicha jurisdicción fue otorgada por el rey Alfonso XI al obispo Simón Girón de Cisneros por una carta de privilegio del 15 de julio de 1314,[1] eximiendo a sus vasallos de tributar a la villa de Atienza. Por tanto, la vinculación de los Orozco con Miralrío era de carácter patrimonial y solariego, conviviendo sus derechos de propiedad con la autoridad judicial y administrativa del prelado seguntino. Fue el 4 de noviembre de 1653 cuando se instituyó el marquesado de Miralrío por el título que Felipe IV otorgó a Antonio de Mendoza y Luna.
Papel durante el reinado de Pedro I
Tras la muerte de Alfonso XI en 1350, continuó desempeñando funciones políticas bajo Pedro I, quien le confirmó diversas mercedes. Sin embargo, en 1366, ante la inestabilidad del reino, Íñigo López de Orozco abandonó el bando petrista para unirse a la causa de Enrique II de Trastámara, junto a su sobrino Pedro González de Mendoza.
Muerte y legado
Fue capturado por un caballero gascón en la batalla de Nájera (1367). Al verlo prisionero, el rey Pedro I, en venganza por su traición, le dio muerte con su propia mano, desoyendo las protestas del Príncipe Negro por la ejecución de un caballero rendido. Fue enterrado en el monasterio de San Bartolomé de Lupiana.
Tras su fallecimiento, sus bienes fueron confiscados y posteriormente restituidos a sus herederas por Enrique II. En la partición legal realizada en Madrid el 26 de octubre de 1376, la "heredat de MiralRrío" fue adjudicada a su hija Mencía Fernández. En este reparto, la propiedad de Miralrío fue agrupada en una "suerte" de bienes en tierra de Atienza que incluía también la heredad de Tejer, la de Jirueque, la de Cutanilla y el molino de San Felices. Eventualmente, gran parte del patrimonio que Íñigo López poseyó en esta zona acabó integrándose en los dominios de la Casa de Mendoza a través de compras realizadas por Pedro González de Mendoza a las hijas de don Íñigo.