Actas de los santos Nereo y Aquileo
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Las Actas de los santos Nereo y Aquileo son una obra anónima del siglo V o VI, una legendaria narración de episodios de la vida y del martirio de los santos Nereo y Aquileo y también de muchos otros santos puestos en relación con estos.
El documento existe en griego y latín. El texto latino, que en el prólogo se presenta como traducción, es considerado un producto del siglo VII basado en un original griego del siglo V o VI.[1] Pero con argumentos que Alberto Ferreiro considera persuasivos,[2] mientras que otros los rechazan,[3] L. Schaeffer opina que el texto latino es el original.
El título de la versión griega es Μαρτύριον τοῦ Ἁγίου Νηρέου καὶ Αχιλλέου (Martirio de los santos Nereo y Aquileo).[4] En latín el nombre generalmente empleado es Acta SS. Nerei e Achillei (Actas de los santos Nereo y Aquileo), como en las ediciones standard de Hans Achelis (1893) e Albrecht Wirth (1890).[2]
El texto griego está disponible en la página web de la Universidad de Tesalónica.[5]
Hay dos ediciones del texto en latín, impresas cada una varias veces:
- Edición de Laurentius Surius (Colonia 1518)
- Edición de los Bolandistas Godfried Henschen e Daniel van Papenbroeck (Amperes 1680)
En general, las diferencias entre estas dos ediciones son verbales y no de fondo. Surius afirma explícitamente haber mejorado el estilo del texto latino encontrado en los manuscritos. Sin embargo, en un lugar el texto de Surius (nos infantulos emit = nos compró cuando aún éramos niños)[6] corresponde a la versión griega (παιδία ἡμᾶς ὑπάρχοντας ὠνήσατο)[7] mucho mejor que el texto de los Bolandistas (nos in famulos comparavit = nos adquirió para serle sirvientes).[8]
Resumen del contenido
El autor de las Actas de los santos Nereo y Aquileo declara haber recopilado los martirios de su provincia y de querer tratar antes de todo de la muy noble virgen Domitila, sobrina del emperador Domiciano.[9][10][11]
Según la narración de las Actas de los santos Nereo y Aquileo, esta Domitila tuvo dos eunucos cubicularii (ayudas de cámara),[12] llamados Nereo y Aquileo, que san Pedro había ganado para Cristo. Estos al ver a su ama vestirse ricamente para su boda le dicen que, si en lugar de adornar tanto el cuerpo para casarse con Aureliano, hijo de un cónsul romano, se dedicase a adornar el alma, ella podría tener como esposo al Hijo inmortal de Dios. Con largos discursos, que ocupan toda la primera parte de las Actas de los santos Nereo y Aquileo, tratan de las dificultades del matrimonio y los beneficios de la virginidad.[13][14][15]
Domitila inicialmente propone objeciones, pero luego acepta los argumentos de sus eunucos y quiere recibir el velo de consagración a la virginidad. Nereo y Aquileo van al obispo Clemente y le cuentan que son esclavos procurados por Plautila, madre de Domitila y hermana del cónsul Clemente, hermano pleno del padre del obispo. Plautila fue convertida al cristianismo por el apóstol Pedro, hizo bautizar a su hija y sus eunucos, y murió en el mismo año, el año en el que también fue martirizado Pedro. Al oír cómo los dos eunucos habían convertido a su ama a la vida de la virginidad, el obispo va a la casa de Domitila y le impone el velo de la consagración. El novio, Aureliano, furioso por haber sido despachado, obtiene del emperador Domiciano que Domitila, al no renunciar al cristianismo sacrificando a los dioses, sea exiliada a la isla de Ponza con la esperanza de así hacerle cambiar de actitud.[16][17][18]
A continuación la leyenda relata en la forma de un intercambio de cartas entre Nereo y Aquileo, que sirven a Domitila en la isla, y el hijo del prefecto de Roma, varias historias sobre los conflictos entre san Pedro y Simón el Mago y sobre Petronila, la hija de san Pedro, a la que su padre curó de una parálisis e hizo recaer en ella en el mismo día. Más tarde, otra vez curada, la virgen promete a un noble romano, que quiere por la fuerza tomarla por mujer, que irá a su casa después de tres días. Durante esos días ella reza, ayuna y muere, y así se la lleva a él como cadáver. Entonces él traslada su atención a otra virgen cristiana, Felícula, que prefiere morir como mártir. El noble hace ejecutar también a san Nicomedes por haber enterrado el cuerpo de Felícula.[19][20][21]
En vano Aureliano intenta sobornar Nereo y Aquileo para que induzcan a Domitila a desistir de su propósito. Por eso les hace trasladar a Terracina, donde son torturados y, porque declaran que, por haber sido bautizados por el mismo san Pedro, no poder de ninguna manera sacrificar a los ídolos, son decapitados. Un discípulo de los dos eunucos roba los cuerpos, los lleva a Roma y los entierra junto a la tomba de Petronila. (Únicamente en este contexto las Actas de los santos Nereo y Aquileo dan a Domitila el nombre "Flavia Domitila").[22][23][24]
Al enterarse de que es aún mayor la influencia que tienen sobre Domitila otros tres cristianos, Eutiques, Victorino y Maro, Aureliano consigue ser autorizado por el nuevo emperador Nerva a tratarlos como esclavos, si recusan de sacrificar. Les impone trabajos duros en su finca. Allí realizan milagros de curación y convierten muchos al cristianismo. Por aplastar a Maro se le pone en los hombros una enorme piedra, que sólo con dificultad setenta hombres logran mover empleando una polea; pero Maro la lleva fácilmente una distancia de dos millas hasta el lugar donde él era acostumbrado a rezar. A este milagro segue la conversión y el bautismo de la población de la provincia. Finalmente se mata a los tres.[25][26][27]
Aureliano hace llevar a Domitila de Ponza a Terracina y la pone en contacto con dos sus hermanas adoptivas no cristianas. Por su predicación y sus milagros Domitila convierte al cristianismo y a la renuncia al matrimonio a las dos y a sus novios Sulpicio y Serviliano. Entonces Aureliano decide emplear la violencia. Encierra a Domitila en una habitación y se pone a bailar de alegría. Baila dos días y dos noches seguidas y finalmente cae muerto. Todos aterrorizados se convierten en creyentes. Pero el emperador Trajano autoriza a Luxurio, hermano del fallecido Aureliano, a castigar a voluntad los que no aceptan sacrificar a los dioses. Luxurio hace decapitar a Sulpicio y Serviliano en Roma y luego se va a Terracina, donde mata a Domitilla y sus dos hermanas adoptivas prendiendo fuego a la habitación donde duermen.[28][29][30]