Persecución a los cristianos
tipo de persecución religiosa
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Numerosos cristianos han sufrido persecuciones por parte de autoridades públicas, de grupos no cristianos o de otros cristianos de creencias diversas durante la historia del cristianismo.


Tales persecuciones tienen o tuvieron varios grados de intensidad, desde el arresto sin garantías, la mengua de derechos públicos, el encarcelamiento, el azotamiento y la tortura, hasta la ejecución, llamada martirio, pasando por el pago de un impuesto suplementario —como el caso de los mozárabes—, la confiscación de sus bienes o incluso la destrucción de sus propiedades, su arte, sus libros y sus símbolos o la incitación a abjurar de sus principios y delatar a otros cristianos.
Los cristianos primitivos fueron perseguidos tanto a manos de los judíos, de cuya religión surgió el cristianismo, como de los romanos que controlaban muchos de los centros primitivos del cristianismo en el Imperio romano. Desde la aparición de Estados cristianos en la Antigüedad tardía, los cristianos también han sido perseguidos por otros cristianos debido a diferencias en doctrina que habían sido declaradas heréticas. A principios del siglo IV, las persecuciones oficiales del imperio terminaron con el Edicto de tolerancia de Galerio en 311 y la práctica del cristianismo se legalizó con el Edicto de Milán en 312. En el año 380, los cristianos comenzaron a perseguirse entre sí. Los cismas de la antigüedad tardía y la Edad Media -incluyendo el Cismas Roma-Constantinopla y las numerosas controversias cristológicas- junto con la posterior Reforma Protestante provocaron graves conflictos entre confesiones cristianas. Durante estos conflictos, los miembros de las distintas confesiones se persiguieron mutuamente con frecuencia y protagonizaron violencia sectaria.
En el siglo XX, las poblaciones cristianas fueron perseguidas, en ocasiones, hasta el punto de genocidio, por diversos estados, entre ellos el Imperio Otomano y su estado sucesor Turquía,[12] que cometió las masacres hamidianas, armenias, asirias, griegas y el genocidio de Diyarbekir de 1915 y por parte de estados ateos como los del antiguo Bloque del Este.
La persecución de los cristianos ha continuado ocurriendo durante el siglo XXI. El cristianismo es la mayor religión mundial y sus seguidores viven en todo el mundo. Aproximadamente el 10 % de los cristianos del mundo pertenecen a grupos minoritarios que viven en países donde no son mayoría.[13] La persecución contemporánea de los cristianos incluye la persecución oficial por parte del Estado, que se da principalmente en países de África y Asia ya que tienen religiones estatales o porque sus gobiernos y sociedades practican el favoritismo religioso. Este favoritismo suele ir acompañado de discriminación religiosa y persecución religiosa.
Según el informe de 2020 de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional, los cristianos en Myanmar, China, Eritrea, India, Irán, Nigeria, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita, Siria y Vietnam son perseguidos; estos países han sido calificados como «países de especial preocupación» por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, debido a la participación o tolerancia de sus gobiernos en «graves violaciones de la libertad religiosa». [14]: 2 El mismo informe recomienda que Afganistán, Argelia, Azerbaiyán, Baréin, la República Centroafricana, Cuba, Egipto, Indonesia, Irak, Kazajistán, Malasia, Sudán y Turquía constituyen la «lista de vigilancia especial» del Departamento de Estado de los Estados Unidos de países en los que el gobierno permite o participa en «graves violaciones de la libertad religiosa».[14]: 2
Gran parte de la persecución de los cristianos en los últimos tiempos es perpetrada por actores no estatales que el Departamento de Estado de los Estados Unidos califica de «entidades de especial preocupación», entre los que se incluyen los grupos islamistas Boko Haram en Nigeria, el movimiento hutí en Yemen, el Estado Islámico del Gran Jorasán en Pakistán, Al-Shabaab en Somalia, los Talibanes en Afganistán, el Estado Islámico, así como el Ejército Unido del Estado Wa y los participantes en el Conflicto de Kachin en Myanmar.[14]: 2
Califato almorávide
Los almohades causaron una enorme destrucción entre la población cristiana de Iberia. Decenas de miles de cristianos nativos de Iberia (Hispania) fueron deportados de sus tierras ancestrales a África por los almorávides y los almohades. Sospechaban que los cristianos podían actuar como una quinta columna que podría ayudar a sus correligionarios en el norte de Iberia. Muchos cristianos murieron durante el trayecto hacia el norte de África durante estas expulsiones.[15][16]
Los cristianos bajo el dominio almorávide sufrieron persecuciones y expulsiones masivas a África. En 1099, los almorávides saquearon la gran iglesia de la ciudad de Granada. En 1101, los cristianos huyeron de la ciudad de Valencia a los reinos católicos. En 1106, los almorávides deportaron a los cristianos de Málaga a África. En 1126, tras una fallida rebelión cristiana en Granada, los almorávides expulsaron a toda la población cristiana de la ciudad a África. Y en 1138, Ibn Tashufin se llevó por la fuerza a muchos miles de cristianos con él a África.[17]
Cristianismo primitivo
En el año 41 d. C., Herodes Agripa, que ya poseía los territorios de Herodes Antipas y Filipo, sus antiguos colegas en la Tetrarquía herodiana, obtuvo el título de «rey de los judíos» y, en cierto sentido, reformó el Reino herodiano de Herodes el Grande. Herodes Agripa fue responsable de la persecución en la que Santiago el Mayor perdió la vida, San Pedro se libró y el resto de los apóstoles huyeron.[18] Tras la muerte de Agripa en el año 44, comenzó el procuradorado romano (antes del 41 eran Prefectos en la provincia de Judea) y esos líderes mantuvieron una paz neutral, hasta que el procurador Porcio Festo murió en el año 62 y el sumo sacerdote Ananías ben Ananías aprovechó el vacío de poder para ejecutar a Santiago el Justo, entonces líder de los cristianos de Jerusalén.
Según el Nuevo Testamento, Pablo fue encarcelado en varias ocasiones por las autoridades romanas, apedreado por los judíos y dado por muerto en una ocasión, y finalmente fue llevado a Roma como prisionero. Pedro y otros cristianos primitivos también fueron encarcelados y procesados. La Primera rebelión judía condujo a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. y al fin del Judaísmo del Segundo Templo y al posterior y lento auge del Judaísmo rabínico.[18]
Claudia Setzer afirma que «los judíos no consideraban a los cristianos como claramente separados de su propia comunidad hasta, al menos, mediados del siglo II», pero la mayoría de los estudiosos sitúan la «separación de caminos» mucho antes, con una separación teológica inmediata.[19] El judaísmo del Segundo Templo había permitido más de una forma de ser judío. Tras la caída del Templo, una de ellas condujo al judaísmo rabínico, mientras que otra se convirtió en el cristianismo; pero el cristianismo se «moldeó en torno a la convicción de que el judío Jesús de Nazaret no solo era el Mesías prometido a los judíos, sino también el hijo de Dios, que ofrecía acceso a Dios y la bendición divina a los no judíos tanto como a los judíos, y quizá incluso más».[20]: 189 Aunque la escatología mesiánica tenía profundas raíces en el judaísmo, y la idea del siervo sufriente, conocido como Mesías Efraín, había sido un aspecto desde la época de Isaías (siglo VII a. C.), en el siglo I, los cristianos adoptaron esta idea. Entonces fue suprimida y no volvió a aparecer en las enseñanzas rabínicas hasta los escritos del siglo VII de Pesiqta Rabati.[21]
La visión tradicional de la separación entre el judaísmo y el cristianismo presenta a los judíos cristianos huyendo «en masa» a Pella, poco antes de la caída del Templo en el año 70 d. C., como consecuencia de la persecución.[22] Steven D. Katz afirma que «no cabe duda de que la situación posterior al año 70 fue testigo de un cambio en las relaciones entre judíos y cristianos». [23] El judaísmo trató de reconstituirse tras el desastre, lo que incluía determinar la respuesta adecuada al cristianismo judío. La forma exacta de esta respuesta no se conoce directamente, pero tradicionalmente se afirma que adoptó cuatro formas: la difusión de pronunciamientos oficiales anticristianos, la emisión de una prohibición oficial contra la asistencia de los cristianos a la sinagoga, la prohibición de leer escritos heréticos y la difusión de la maldición contra los herejes.[23]
Persecución a los cristianos por judíos

Antecedentes
El cristianismo primitivo comenzó como una secta entre los judíos del Segundo Templo. Las disensiones entre las comunidades comenzaron casi de inmediato.[18] Según el relato del Nuevo Testamento, Saulo de Tarso, antes de su conversión al cristianismo, persiguió a los primeros judeocristianos.
Según los Hechos de los Apóstoles, un año después de la crucifixión de Jesús por los romanos, Esteban fue lapidado por lo que los judíos consideraban transgresiones de la ley judía.[24] Y Pablo (también conocido como «Saulo») consintió, observando y presenciando la muerte de Esteban.[18] Más tarde, Pablo comienza a enumerar sus propios sufrimientos tras su conversión en 2 Corintios 11:24: «Cinco veces recibí de los judíos los cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui golpeado con varas, una vez fui apedreado...».[25]
En el Nuevo Testamento se lee que los primeros cristianos, empezando por el propio Jesús, sufrieron persecución a manos de los jefes judíos de esa época. También relata el principio de persecuciones por los romanos. El término «los cristianos» es usado con frecuencia en una forma indiscriminada que ha sido causa de controversia. La persecución de los primeros cristianos continuó después de la muerte de Jesús. Pedro y Juan fueron encarcelados por los jefes judíos, incluido el sumo sacerdote Ananías, quien no obstante los liberó más tarde.[26] En otro momento, todos los apóstoles fueron encarcelados por el sumo sacerdote y otros saduceos, pero fueron liberados por un ángel.[27] Los apóstoles, tras haber escapado, fueron llevados nuevamente ante el Sanedrín, pero esta vez Gamaliel, un rabino fariseo bien conocido de la literatura rabínica, convenció al Sanedrín de liberarlos.
La razón más probable de la persecución fue, por parte de los judíos, la evidente herejía que representaba la doctrina cristiana desde un punto de vista de la doctrina tradicional judía, ya que entre otras cosas, la idea de un Dios-Hombre chocaba de frente con su arraigado monoteísmo lo que se percibe claramente en la narración bíblica de los hechos de los primeros cristianos. Es deducible además que a oídos romanos, la predicación de los cristianos sobre el inminente regreso del rey de los judíos y el establecimiento de su reino, era sediciosa. Los romanos dieron a los judíos en ese tiempo un autogobierno limitado; las principales obligaciones de los líderes judíos eran recolectar impuestos para Roma y mantener el orden civil. Así, los líderes judíos tendrían que suprimir cualquier tesis sediciosa, como las que defendían los cristianos. Esta oposición judía fue un potente motor para plantar en Roma la semilla del odio al incipiente cristianismo.
Muerte de Esteban
El Nuevo Testamento relata la lapidación de Esteban por miembros del Sanedrín. Esteban es recordado en el cristianismo como el primer mártir (del griego: mártÿros, ‘testigo’).[28]
Saulo de Tarso (Pablo)
La ejecución de Esteban fue seguida de una gran persecución de cristianos,[29] dirigida por un fariseo llamado Saulo Pablo de Tarso, enviando a muchos cristianos a prisión. Según el Nuevo Testamento, esta persecución continuó hasta que Saulo se convirtió al cristianismo y cambió su nombre a Pablo, tras decir que había visto una luz brillante y oído la voz de Jesús en el camino hacia Damasco, donde estaba viajando para encarcelar a más cristianos.[30] Estando en Siria, los judíos de una sinagoga, encabezada por un tal Sóstenes, llevaron a Pablo ante el romano Galión con la intención de que le castigase; Galión, al ver que era un tema religioso, los expulsó a todos del tribunal, y las turbas golpearon a Sóstenes sin que el romano interviniese.[31] Hechos 9:23-25 y «los judíos» en Damasco trataron entonces de matar a Pablo.[32] Estaban esperándole en las puertas del pueblo, pero los evadió al ser bajado sobre el muro de la ciudad en una canasta por otros cristianos y luego escapó hacia Jerusalén. Comprensiblemente, tuvo dificultad al principio para convencer a los cristianos de Jerusalén que él, su antiguo perseguidor, se había convertido y de que ahora estaba siendo perseguido a su vez (Hechos 9:26-27). Otro atentado se hizo contra su vida, esta vez por «los grecianos» (Biblia del rey Jacobo), refiriéndose a un grupo de judíos helenistas (Hechos 9:29), a quienes él debatió mientras estaban dentro y alrededor de Jerusalén.
De Nerón a Decio

Durante los dos primeros siglos, el cristianismo era una secta relativamente pequeña que no preocupaba especialmente al emperador. Rodney Stark estima que en el año 100 había menos de 10 000 cristianos. El cristianismo creció hasta alcanzar unos 200 000 fieles en el año 200, lo que supone aproximadamente el 0,36 % de la población del imperio, y luego hasta casi 2 millones en el año 250, lo que seguía representando menos del 2 % de la población total del imperio.[33] Según Guy Laurie, la Iglesia no luchó por su existencia durante sus primeros siglos.[34] Sin embargo, Bernard Green afirma que, aunque las primeras persecuciones de los cristianos fueron en general esporádicas, locales y dirigidas por gobernadores regionales, no por emperadores, los cristianos «siempre estuvieron sujetos a la opresión y en riesgo de sufrir una persecución abierta».[35] La política de Trajano hacia los cristianos no era diferente del trato que recibían otras sectas; es decir, solo se les castigaba si se negaban a adorar al emperador y a los dioses, pero no se les perseguía.[36]

James L. Papandrea afirma que hay diez emperadores que, según la opinión general, patrocinaron la persecución de los cristianos sancionada por el Estado,[37] aunque la primera persecución llevada a cabo por el gobierno en todo el imperio no se produjo hasta Decio en 249.[38] Uno de los primeros relatos de una matanza masiva es la persecución en Lyon, en la que los cristianos fueron masacrados al ser arrojados a las fieras por decreto de los funcionarios romanos por negarse a renunciar a su fe, según Ireneo. [39][40] En el siglo III, la casa del emperador Severo Alejandro contaba con muchos cristianos, pero su sucesor, Maximino Tracio, que odiaba a esta casa, ordenó que se ejecutara a los líderes de las iglesias.[41][42] Según Eusebio, esta persecución envió al exilio a Hipólito de Roma y al papa Ponciano, pero otras pruebas sugieren que las persecuciones fueron locales, en las provincias donde se produjeron, y no bajo la dirección del emperador.[43]
Según dos tradiciones cristianas diferentes, Simón bar Kojba, líder de la Rebelión de Bar Kojba (132-136 d. C.), la tercera revuelta judía contra Roma, que fue proclamado Mesías, persiguió a los cristianos: Justino afirma que los cristianos eran castigados si no renegaban y blasfemaban contra Jesucristo, mientras que Eusebio sostiene que Bar Kojba los acosaba porque se negaban a unirse a su revuelta contra los romanos.[44]
Martirio voluntario

Algunos de los primeros cristianos buscaban y acogían con agrado el martirio.[45][46][47] Según Droge y Tabor, «en el año 185, un grupo de cristianos se acercó al procónsul de Asia, Arrio Antonino, para pedirle que los ejecutara. El procónsul accedió a la petición de algunos de ellos y despidió al resto, diciéndoles que si querían suicidarse había muchas cuerdas disponibles y acantilados desde los que podían saltar».[48] Este entusiasmo por la muerte se encuentra en las cartas de san Ignacio de Antioquía, quien fue arrestado y condenado como criminal antes de escribir sus cartas mientras se dirigía a su ejecución. Ignacio presenta su propio martirio como un sacrificio eucarístico voluntario que debe ser aceptado.[49]: 55
«Muchos actos de martirio presentan el martirio como una elección radical que afecta al núcleo de la identidad cristiana: la vida o la muerte, la salvación o la condenación, Cristo o la apostasía...».[49]: 145 Posteriormente, la literatura sobre el martirio ha establecido distinciones entre aquellos que estaban entusiasmados con el martirio voluntario (los montanistas y los donatistas), aquellos que ocupaban una posición neutral y moderada (los ortodoxos) y aquellos que estaban en contra del martirio (los gnósticos).[49]: 145
La categoría de mártir voluntario comenzó a surgir solo en el siglo III, en el contexto de los esfuerzos por justificar la huida de la persecución.[50] La condena del martirio voluntario se utiliza para justificar la huida de Clemente de la persecución severiana en Alejandría en el año 202 d. C., y el Martirio de Policarpo justifica la huida de Policarpo por los mismos motivos. «El martirio voluntario se analiza como una locura apasionada», mientras que «huir de la persecución es paciencia» y el resultado es un verdadero martirio.[49]: 155
Daniel Boyarin rechaza el uso del término «martirio voluntario», diciendo: «si el martirio no es voluntario, no es martirio». [51] G. E. M. de Ste. Croix añade una categoría de «martirio cuasi voluntario»: «mártires que no fueron directamente responsables de su propio arresto, pero que, tras ser arrestados, se comportaron con» una obstinada negativa a obedecer o cumplir con la autoridad.[49]: 153
Persecución de Decio
Durante el reinado del emperador Decio (Reinado249-251), se promulgó un decreto que exigía a todos los residentes del imperio realizar sacrificios, lo cual se haría cumplir mediante la entrega a cada persona de un libellus que certificara que había realizado el ritual necesario.[52] Se desconoce qué motivó el decreto de Decio, o si estaba destinado a los cristianos, aunque es posible que el emperador buscara el favor divino en las próximas guerras con los carpos y los godos.[52] Los cristianos que se negaban a ofrecer sacrificios públicamente o a quemar incienso a los dioses romanos eran acusados de impiedad y castigados con el arresto, el encarcelamiento, la tortura o la ejecución. [38] Según Eusebio, los obispos Alejandro de Jerusalén, Babil de Antioquía y Fabián de Roma fueron encarcelados y asesinados.[52] El patriarca papa Dionisio de Alejandría escapó del cautiverio, mientras que el obispo Cipriano de Cartago huyó de su sede episcopal al campo.[52] La Iglesia cristiana, a pesar de que los textos que han sobrevivido no indican que el edicto se dirigiera a ningún grupo específico, nunca olvidó el reinado de Decio, a quien calificaron de «tirano feroz».[38] Tras la muerte de Decio, Treboniano Galo (Reinado 251-253) le sucedió y continuó la persecución de Decio durante todo su reinado.[52]
Persecución de Valeriano
El ascenso al trono del sucesor de Treboniano Galo, Valeriano (r. 253-260), puso fin a la persecución de Decio.[52] Sin embargo, en 257, Valeriano comenzó a imponer la religión pública. Cipriano de Cartago fue exiliado y ejecutado al año siguiente, mientras que el papa Sixto II también fue condenado a muerte.[52] Dionisio de Alejandría fue juzgado, instado a reconocer a «los dioses naturales» con la esperanza de que su congregación lo imitara, y exiliado cuando se negó.[52]
Valeriano fue derrotado por los persas en la batalla de Edesa y él mismo fue hecho prisionero en 260. Según Eusebio, el hijo de Valeriano, co-augusto y sucesor Galieno (r. 253-268) permitió a las comunidades cristianas volver a utilizar sus cementerios y les restituyó los edificios confiscados.[52] Eusebio escribió que Galieno concedió a los cristianos «libertad de acción».[52]
Antigüedad tardía
Imperio romano

La Gran Persecución
La Gran Persecución, o Persecución de Diocleciano, fue iniciada por el anciano augusto y emperador romano Diocleciano (Reinado 284-305) el 23 de febrero de 303. [52] En el Imperio romano de Oriente, la persecución oficial se prolongó de forma intermitente hasta el año 313, mientras que en el Imperio romano de Occidente la persecución dejó de aplicarse a partir del año 306. [52] Según la obra De mortibus persecutorum («Sobre la muerte de los perseguidores») de Lactancio, el emperador menor de Diocleciano, el «césar» Galerio (Reinado 293-311) presionó al «augusto» para que comenzara a perseguir a los cristianos.[52] La Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea relata que se promulgaron edictos imperiales para destruir iglesias y confiscar escrituras, y para destituir a los cristianos que ocupaban cargos gubernamentales, mientras que los sacerdotes cristianos debían ser encarcelados y obligados a realizar sacrificios en la antigua religión romana.[52] Según el relato de Eusebio, un cristiano anónimo (llamado por los hagiógrafos posteriores es y venerado el 27 de febrero) arrancó un edicto imperial mientras los emperadores Diocleciano y Galerio se encontraban en Nicomedia (İzmit), una de las capitales de Diocleciano; según Lactancio, fue torturado y quemado vivo. [53] Según Lactancio, la iglesia de Nicomedia (İzmit) fue destruida, mientras que el Apéndice de Optato contiene un relato de la prefectura pretoriana de África sobre la confiscación de materiales escritos que condujo al cisma donatista. [52] Según los Mártires de Palestina de Eusebio y el De mortibus persecutorum de Lactancio, un cuarto edicto de 304 exigía que todo el mundo realizara sacrificios, aunque en el imperio occidental esto no se aplicó.[52]
Período constantiniano
La Iglesia cristiana consideró la conversión de Constantino el Grande como el cumplimiento definitivo de su victoria celestial sobre los «dioses falsos».[54]: xxxii El Estado romano siempre se había considerado a sí mismo como divinamente dirigido, y ahora veía el fin de la primera gran era de persecución, en la que se consideraba que el Diablo había utilizado la violencia abierta para disuadir el crecimiento del cristianismo.[55] Los cristianos católicos ortodoxos cercanos al Estado romano representaban la persecución imperial como un fenómeno histórico, más que contemporáneo.[55] Según MacMullan, las historias cristianas están teñidas por este «triunfalismo». [56]: 4
Período Valentiniano-Teodosiano
Según la Collectio Avellana, tras la muerte del papa Liberio en 366, Dámaso, con la ayuda de bandas contratadas de «aurigas» y hombres «de la arena», irrumpió en la Basílica Julia para impedir violentamente la elección del antipapa Ursicino.[57] La batalla duró tres días, «con una gran matanza de fieles», y una semana después Dámaso se apoderó de la Basílica de Letrán, se ordenó papa Dámaso I y obligó al praefectus urbi Viventius y al praefectus annonae a exiliar a Ursicino.[57] Damaso hizo entonces arrestar a siete sacerdotes cristianos y los condenó al destierro, pero estos escaparon y los «sepultureros» y el clero menor se unieron a otra turba de hombres del hipódromo y el anfiteatro reunidos por el papa para atacar la Basílica Liberiana, donde se habían refugiado los partidarios de Ursacinus.[57][57] El pueblo romano instó con frecuencia al emperador Valentiniano I a destituir a Dámaso del trono de San Pedro, tildándolo de asesino por haber librado una «guerra inmunda» contra los cristianos.[57]
Período heracliano
Calínico I, inicialmente sacerdote y «skeuophylax» en la ru, se convirtió en patriarca de Constantinopla en 693 o 694.[58]: 58–59 Tras negarse a consentir la demolición de una capilla en el Gran Palacio, la «Theotokos ton Metropolitou», y tras haber estado posiblemente involucrado en la destitución y el exilio de Justiniano II (Reinado 685-695|705-711), acusación negada por el Synaxarion de Constantinopla, fue exiliado a Roma tras el regreso al poder de Justiniano en 705.[58]: 58–59 El emperador mandó emparedar a Calínico.[58]: 58–59 Se dice que sobrevivió cuarenta días cuando se abrió el muro para comprobar su estado, aunque murió cuatro días después.[58]: 58–59
Imperio sasánida
El primer brote importante de violencia contra los cristianos tuvo lugar bajo el reinado de Vahran II en la década de 270. Más tarde, el asesinato de los llamados mártires de Edesa, Shoma, Guria y Habib, se extendió a una persecución en las regiones de Edesa entre 306 y 310.[59]
Las violentas persecuciones de los cristianos comenzaron en serio durante el largo reinado de Shapur II (Reinado 309-379). [60] Se registra una persecución de cristianos en Kirkuk durante la primera década de Shapur, aunque la mayor parte de la persecución tuvo lugar después del año 341.[60] En guerra con el emperador romano Constantius II (Reinado 337-361), Shapur impuso un impuesto para cubrir los gastos de la guerra, y Simeón Bar Sabas, el Patriarca-catolicós de la Iglesia del Oriente, se negó a recaudarlo.[60] Citando a menudo la colaboración con los romanos, los persas comenzaron a perseguir y ejecutar a los cristianos.[60] Las narraciones de la Passio describen el destino de algunos cristianos venerados como mártires; su fiabilidad histórica es variable, ya que algunas son registros contemporáneos de testigos oculares, mientras que otras se basan en la tradición popular, algo alejada de los acontecimientos.[60] Un apéndice del Martirologio siríaco de 411 enumera a los mártires de Persia, pero otros relatos de los juicios de los mártires contienen detalles históricos importantes sobre el funcionamiento de la geografía histórica y las prácticas judiciales y administrativas del Imperio sasánida.[60] Algunos fueron traducidos al sogdiano y descubiertos en Turpan.[60]
Bajo el reinado de Yazdegerd I (Reinado 399-420) se produjeron persecuciones ocasionales, entre ellas una en represalia por la quema de un templo de fuego zoroástrico por parte de un sacerdote cristiano, y otras persecuciones tuvieron lugar durante el reinado de Bahram V (Reinado 420-438).[60] Bajo el reinado de Yazdegerd II (438-457), se registra un caso de persecución en 446 en el martirologio siríaco Hechos de Ādur-hormizd y de Anāhīd. [60] Se registran algunos martirios individuales durante el reinado de Cosroes I (531-579), pero es probable que no se produjeran persecuciones masivas. [60] Aunque, según un tratado de paz de 562 entre Cosroes y su homólogo romano Justiniano I (527-565), a los cristianos de Persia se les concedió la libertad de culto, el proselitismo era, sin embargo, un delito capital.[60] Para entonces, la Iglesia de Oriente y su jefe, el catolicós de Oriente, se habían integrado en la administración del imperio y las persecuciones masivas eran poco frecuentes.[60]
La política sasánida pasó de la tolerancia hacia otras religiones bajo Shapur I a la intolerancia bajo Bahram I y, aparentemente, a un retorno a la política de Shapur hasta el reinado de Shapur II. La persecución de aquella época se inició con la conversión al cristianismo de Constantino, que siguió a la del rey armenio Tiridates alrededor del año 301. Por lo tanto, se sospechaba que los cristianos eran partidarios secretos del Imperio romano. Esto no cambió hasta el siglo V, cuando la Iglesia de Oriente se separó de la Iglesia de Occidente. [61] Las élites zoroástricas siguieron viendo a los cristianos con enemistad y desconfianza a lo largo del siglo V, con una amenaza de persecución que seguía siendo significativa, especialmente durante la guerra contra los romanos.[62]
El sumo sacerdote zoroástrico Kartir hace referencia, en su inscripción fechada alrededor del año 280 en el monumento Ka'ba-ye Zartosht de la necrópolis Naqsh-e Rostam, cerca de Zangiabad, Fars, a la persecución (zatan – «golpear, matar») de los cristianos («nazarenos n'zl'y y cristianos klstyd'n»). Kartir consideraba al cristianismo como un adversario serio. El uso de la doble expresión puede ser indicativo de los cristianos de habla griega deportados por Shapur I desde Antioquía y otras ciudades durante su guerra contra los romanos.[63] Los esfuerzos de Constantino por proteger a los cristianos persas los convirtieron en blanco de acusaciones de deslealtad hacia los sasánidas. Con la reanudación del conflicto romano-sasánida bajo Constancio II, la posición cristiana se volvió insostenible. Los sacerdotes zoroástricos atacaron al clero y a los ascetas de los cristianos locales para eliminar a los líderes de la iglesia. Un manuscrito siríaco de Edesa del año 411 documenta la ejecución de decenas de personas en diversas partes del oeste del Imperio sasánida.[62]
En el año 341, Shapur II ordenó la persecución de todos los cristianos.[64][65] En respuesta a su actitud subversiva y su apoyo a los romanos, Shapur II duplicó los impuestos a los cristianos. Shemon Bar Sabbae le informó de que no podía pagar los impuestos que se le exigían a él y a su comunidad. Fue martirizado y comenzó un período de persecución de los cristianos que duró cuarenta años. El Concilio de Seleucia-Ctesifonte renunció a elegir obispos, ya que ello supondría la muerte. Los mobads locales —clérigos zoroástricos— con la ayuda de los satrapes organizaron matanzas de cristianos en Adiabene, Beth Garmae, Juzistán y muchas otras provincias.[66] Yazdegerd I mostró tolerancia hacia los judíos y los cristianos durante gran parte de su reinado. Permitió a los cristianos practicar libremente su religión, reconstruyó los monasterios e iglesias que habían sido demolidos y permitió a los misioneros actuar con libertad. Sin embargo, en la última parte de su reinado cambió su política y suprimió las actividades misioneras. [67] Bahram V continuó e intensificó su persecución, lo que provocó que muchos de ellos huyeran al Imperio romano de Oriente. Bahram exigió su regreso, lo que dio inicio a la guerra romano-sasánida de 421-422. La guerra terminó con un acuerdo de libertad religiosa para los cristianos en Irán y para los mazdeístas en Roma. Mientras tanto, los cristianos sufrieron la destrucción de iglesias, renunciaron a su fe, vieron confiscadas sus propiedades privadas y muchos fueron expulsados. [68]
Yazdegerd II había ordenado a todos sus súbditos que abrazaran el mazdeísmo en un intento por unir ideológicamente su imperio. El Cáucaso se rebeló para defender el cristianismo, que se había integrado en su cultura local, y los aristócratas armenios pidieron ayuda a los romanos. Sin embargo, los rebeldes fueron derrotados en una batalla en la llanura de Avarayr. Yeghishe, en su obra «La historia de Vardan y la guerra armenia», rinde homenaje a las batallas libradas para defender el cristianismo. [69] Entre 481 y 483 se produjo otra revuelta, que fue sofocada. Sin embargo, los armenios lograron obtener la libertad religiosa, entre otras mejoras.[70]
Los relatos sobre ejecuciones por apostasía de zoroastrianos que se convirtieron al cristianismo durante el dominio sasánida proliferaron desde el siglo V hasta principios del VII, y continuaron produciéndose incluso después del colapso de los sasánidas. El castigo a los apóstatas se intensificó bajo el reinado de Yazdegerd I y continuó bajo los reyes sucesivos. Era habitual que los apóstatas que eran denunciados a las autoridades fueran ejecutados, aunque el enjuiciamiento por apostasía dependía de las circunstancias políticas y de la jurisprudencia zoroástrica. Según Richard E. Payne, las ejecuciones tenían por objeto crear una frontera mutuamente reconocida entre las interacciones de los pueblos de las dos religiones y evitar que una religión desafiara la viabilidad de la otra. Aunque la violencia contra los cristianos era selectiva y se ejercía especialmente contra las élites, servía para mantener a las comunidades cristianas en una posición subordinada, pero viable, en relación con el zoroastrismo. A los cristianos se les permitía construir edificios religiosos y servir en el gobierno siempre y cuando no expandieran sus instituciones y su población a expensas del zoroastrismo.[71] Khosrow I era considerado generalmente tolerante con los cristianos e interesado en las disputas filosóficas y teológicas durante su reinado. Sebeos afirma que se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte. Juan de Éfeso describe una revuelta armenia en la que afirma que Khusrow había intentado imponer el zoroastrismo en Armenia. Sin embargo, el relato es muy similar al de la revuelta armenia de 451. Además, Sebeos no menciona ninguna persecución religiosa en su relato de la revuelta de 571.[72] El historiador al-Tabari conserva una historia sobre la tolerancia de Hormizd IV. Cuando se le preguntó por qué toleraba a los cristianos, respondió: «Al igual que nuestro trono real no puede mantenerse en pie sobre sus patas delanteras sin las dos traseras, nuestro reino no puede mantenerse firme ni perdurar si provocamos que los cristianos y los seguidores de otras religiones, que difieren de nosotros en sus creencias, se vuelvan hostiles hacia nosotros».[73]
Durante la guerra bizantino-sasánida de 602-628
Varios meses después de la conquista persa en el año 614 d. C., se produjo un motín en Jerusalén y el gobernador judío de Jerusalén, Nehemías, fue asesinado por una banda de jóvenes cristianos junto con su «consejo de los justos» mientras planeaba la construcción del Tercer Templo. En ese momento, los cristianos se habían aliado con el Imperio romano de Oriente. Poco después, los acontecimientos se intensificaron hasta convertirse en una rebelión cristiana a gran escala, lo que dio lugar a una batalla entre los judíos y los cristianos que vivían en Jerusalén. Tras la batalla, muchos judíos fueron asesinados y los supervivientes huyeron a Cesarea, que aún estaba en manos del ejército persa.
La reacción judeopersa fue despiadada: el general sasánida persa Xorheam reunió a las tropas judeopersas, acampó alrededor de Jerusalén y la sitió durante 19 días.[74] Finalmente, excavando bajo los cimientos de Jerusalén, destruyeron la muralla y, al decimonoveno día del asedio, las fuerzas judeopersas tomaron Jerusalén.[74]
Según el relato del eclesiástico e historiador armenio Sebeos, el asedio causó un total de 17 000 muertes cristianas, la cifra más antigua y, por lo tanto, la más aceptada.[75]: 207 Según Estrategio, tras la conquista, entre 4518 y 66 509 cristianos fueron masacrados por los judíos en la Piscina de Mamila.[76][77][78] El arqueólogo israelí Ronny Reich estima que murieron 60 000 personas antes de que las autoridades persas pusieran fin a la matanza.[79] En 1989, el arqueólogo israelí Ronny Reich descubrió una fosa común en la cueva de Mamila, cerca del lugar donde, según Strategius, tuvo lugar la masacre. Los restos humanos se encontraban en mal estado y pertenecían a un mínimo de 526 individuos.[80]
El relato del testigo ocular Estrategio de San Sabas narra: «Los judíos rescataron a los cristianos de manos de los soldados persas a cambio de una buena suma de dinero y los masacraron con gran alegría en la piscina de Mamilla, que se llenó de sangre». [79] El «Sulha al-Quds», el tratado de capitulación de Jerusalén ante las fuerzas musulmanas en 638, solo puede entenderse en el contexto de la masacre de Mamilla. En él, el patriarca cristiano Sofronio de Jerusalén exigía al gobernante árabe Umar que protegiera al pueblo de Jerusalén de los judíos. [79] De las numerosas excavaciones realizadas en Galilea, se desprende claramente que todas las iglesias fueron destruidas durante el periodo comprendido entre la invasión persa y la conquista árabe en 637. La iglesia de Shave Ziyyon fue destruida e incendiada en 614. Las iglesias de Evron, Nahariya, 'Arabe y el monasterio de Shelomi corrieron una suerte similar. El monasterio de Kursi resultó dañado durante la invasión.[81]
Arabia preislámica
En el año 516 d. C., estalló una revuelta tribal en Yemen y varias élites tribales lucharon por el poder. Una de esas élites era Joseph Yusuf Dhu Nuwas o «Yūsuf Asʾar Yathʾar», un rey judío del Reino Himyarita que aparece mencionado en antiguas inscripciones del sur de Arabia. Fuentes siríacas y griegas bizantinas afirman que libró su guerra porque los cristianos de Yemen se negaron a renunciar al cristianismo. En 2009, un documental emitido por la BBC defendió la afirmación de que a los aldeanos se les había ofrecido la opción de convertirse al judaísmo o morir, y que 20 000 cristianos fueron masacrados, afirmando que «El equipo de producción habló con muchos historiadores durante un periodo de 18 meses, entre ellos Nigel Groom, que fue nuestro consultor, y el profesor Abdul Rahman Al-Ansary, antiguo profesor de arqueología en la Universidad Rey Saud de Riad».[82]
Las inscripciones documentadas por el propio Yousef muestran el gran orgullo que expresó tras matar a más de 22 000 cristianos en Zafar y Najran.[83] El historiador Glen Bowersock describió esta masacre como un «salvaje pogromo que el rey judío de los árabes lanzó contra los cristianos de la ciudad de Najran. El propio rey informó con doloroso detalle a sus aliados árabes y persas sobre las masacres que había infligido a todos los cristianos que se negaron a convertirse al judaísmo».[84]
Alta Edad Media
Invasión vikinga de Europa
Las invasiones vikingas de las tierras anglosajonas europeas dieron lugar a masacres y atrocidades cometidas por los vikingos paganos contra los cristianos.[85][86]
Según las Crónicas anglosajonas, los vikingos atacaron Inglaterra en 793 y saquearon Lindisfarne, el monasterio que albergaba las reliquias de San Cuthbert, matando a los monjes y llevándose los objetos de valor. El saqueo marcó el comienzo de la «era vikinga de las invasiones».[87]
En 793, cuando el monasterio de Lindisfarne, una isla situada frente a la costa oriental de Inglaterra, fue saqueado por una partida de vikingos el 8 de junio y los sacerdotes y monjes cristianos fueron asesinados y masacrados por los invasores vikingos.[85]
«He aquí que hace casi 350 años que nosotros y nuestros padres habitamos esta tierra tan hermosa, y nunca antes se había producido un terror semejante al que ahora hemos sufrido a manos de una raza pagana, ni se pensaba que pudiera producirse una incursión semejante desde el mar. Contemplad la iglesia de San Cuthbert salpicada con la sangre de los sacerdotes de Dios, despojada de todos sus ornamentos. El arzobispo Alcuino de York sobre el saqueo de Lindisfarne y la masacre de cristianos por parte de los paganos politeístas vikingos.[85]
Cristianos de Escocia asesinados por los vikingos
Al año siguiente, los vikingos paganos saquearon la cercana Abadía de Monkwearmouth-Jarrow.[86] En 795, volvieron a atacar, esta vez saqueando la Abadía de Iona frente a la costa oeste de Escocia.[86] Este monasterio cristiano fue atacado de nuevo en 802 y 806, cuando 68 cristianos que vivían allí fueron asesinados. Tras esta devastación, la comunidad monástica de Iona abandonó el lugar y huyó a Kells en Irlanda. [88]
Califatos
Califato Rashidun
Dado que se les considera «Gente del Libro» en la religión islámica, los cristianos bajo el dominio musulmán estaban sujetos al estatus de «dhimmi» (junto con los judíos, los samaritanos, los gnósticos, los mandeos y los zoroastrianos), que era inferior al estatus de los musulmanes.[89][90] Los cristianos y otras minorías religiosas se enfrentaron así a la discriminación religiosa y a la persecución, ya que se les prohibió el proselitismo (a los cristianos se les prohibía evangelizar o difundir el cristianismo) en las tierras invadidas por los musulmanes árabes bajo pena de muerte, se les prohibía portar armas, ejercer determinadas profesiones y se les obligaba a vestirse de forma diferente para distinguirse de los árabes.[89] Según la ley islámica (sharīʿa), los no musulmanes estaban obligados a pagar los impuestos jizya y kharaj[89][90] junto con un pesado rescate periódico impuesto a las comunidades cristianas por los gobernantes musulmanes para financiar campañas militares, todo lo cual contribuía a una parte significativa de los ingresos de los estados islámicos, mientras que, por el contrario, reducía a muchos cristianos a la pobreza, y estas dificultades financieras y sociales obligaban a muchos cristianos a convertirse al islam.[89] Los cristianos que no podían pagar estos impuestos se veían obligados a entregar a sus hijos a los gobernantes musulmanes como pago, quienes los vendían como esclavos a familias musulmanas, donde se les obligaba a convertirse al islam.[89]
Según la tradición de la Iglesia ortodoxa siria, la conquista musulmana del Levante supuso un alivio para los cristianos oprimidos por el Imperio romano de Occidente.[90] Miguel el Sirio, patriarca de Antioquía, escribió más tarde que el Dios cristiano había «levantado desde el sur a los hijos de Ismael para liberarnos de las manos de los romanos».[90] Varias comunidades cristianas de las regiones de Palestina, Siria, Líbano y Armenia resentían el gobierno del Imperio romano occidental o el del Imperio bizantino, y por lo tanto preferían vivir en condiciones económicas y políticas más favorables como dhimmi bajo los gobernantes musulmanes.[90] Sin embargo, los historiadores modernos también reconocen que las poblaciones cristianas que vivían en las tierras invadidas por los ejércitos árabes musulmanes entre los siglos VII y X d. C. sufrieron persecución religiosa, violencia religiosa y martirio en múltiples ocasiones a manos de los funcionarios y gobernantes árabes musulmanes.[90][91][92][93] Muchos fueron ejecutados bajo la pena de muerte islámica por defender su fe cristiana mediante actos dramáticos de resistencia, como negarse a convertirse al islam, repudiar la religión islámica y posteriormente reconvertirse al cristianismo, y blasfemar contra las creencias musulmanas.[91][92][93]
Cuando Amr ibn al-As conquistó Trípoli en 643, obligó a los bereberes judíos y cristianos a entregar a sus esposas e hijos como esclavos al ejército árabe como parte de su «jizya».[94][95][96]
Alrededor del año 666 d. C., Uqba ibn Nafi «conquistó las ciudades del sur de Túnez... masacrando a todos los cristianos que vivían allí».[97] Fuentes musulmanas informan de que llevó a cabo innumerables incursiones, que a menudo terminaban con el saqueo total y la esclavitud masiva de las ciudades.[98][99]
Las pruebas arqueológicas del norte de África, en la región de Cirenaica, apuntan a la destrucción de iglesias a lo largo de la ruta que siguieron los conquistadores islámicos a finales del siglo VII, y los notables tesoros artísticos enterrados a lo largo de las rutas que conducían al norte de España por los visigodos y hispanorromanos que huían a principios del siglo VIII consisten en gran parte en parafernalia religiosa y dinástica que los habitantes cristianos obviamente querían proteger del saqueo y la profanación musulmanes.[100]
Otras persecuciones hasta el siglo X
Escritos que datan desde el siglo II hasta el siglo XV como el Toledoth Yeshu, Evangelio de Mateo en hebreo de Shem Tob, Piedra de Toque, e inclusive el Talmud hacen referencias negativas y blasfemas contra la figura de Jesucristo y hacia los cristianos.[101]En la escritura rabínica tardía, era común que se referenciara a la cristiandad europea como Edom, y que su ángel guardián era Samael,[102][103] así mismo, era una costumbre desear la muerte y odio hacia el cristianismo temprano en las sinagogas con la oración del Birkat HaMimin.
Persecución en Alejandría (414)
Califato omeya

Según la escuela Ḥanafī de la ley islámica (sharīʿa), el testimonio de un no musulmán (como un cristiano o un judío) no se consideraba válido frente al testimonio de un musulmán en asuntos legales o civiles. Históricamente, en la cultura islámica y la ley islámica tradicional, se ha prohibido a las mujeres musulmanas casarse con hombres cristianos o judíos, mientras que a los hombres musulmanes se les ha permitido casarse con mujeres cristianas o judías[104][105] (véase: Matrimonio interreligioso en el islam). Los cristianos bajo el dominio islámico tenían derecho a convertirse al islam o a cualquier otra religión, mientras que, por el contrario, un «murtad», o un apóstata del islam, se enfrentaba a severas penas o incluso al «hadd», que podía incluir la pena de muerte.[91][92][93] Alejandría era considerada una ciudad importante para los cristianos desde la evangelización de Marcos en el 60 d. C., sin embargo, se tiene data de fuertes tensiones entre cristianos y judíos desde el siglo II,[106] tal violencia llegaría a su clímax en la antesala del asesinato de Hipacia de Alejandría durante el 414-415, uno de esos sucesos, fue cuando una turba de judíos salió a las calles a alertar sobre un falso incendio de la iglesia de San Alejandro, cuando los cristianos salieron, estos fueron golpeados y llevados a la misma iglesia, donde fueron encerrados y quemados vivos,[107][108] estos atacantes se identificaban por llevar anillos.También era común que los judíos poseyeran esclavos judíos y maltratasen a estos,[109] hasta que el Rabino y Nasí Gamaliel VI fue expulsado y se le prohibieran a los judíos poseer esclavos cristianos por un edicto publicado por Teodosio II en 415.
En general, a los cristianos sometidos al dominio islámico se les permitía practicar su religión con algunas limitaciones notables derivadas del apócrifo «Pacto de Umar». Este tratado, supuestamente promulgado en el año 717 d. C., prohibía a los cristianos exhibir públicamente la cruz en los edificios de las iglesias, convocar a los feligreses a la oración con una campana, reconstruir o reparar iglesias y monasterios después de que hubieran sido destruidos o dañados, e imponía otras restricciones relacionadas con las ocupaciones, la vestimenta y las armas. [110] El califato omeya persiguió a muchos cristianos bereberes en los siglos VII y VIII d. C., que poco a poco se convirtieron al islam. [111]
En el Omeya al-Ándalus (la Península Ibérica), la escuela Mālikī de derecho islámico era la más prevalente. [92] Los martirios de cuarenta y ocho mártires cristianos que tuvieron lugar en el Emirato de Córdoba entre los años 850 y 859 d. C.[112] están registrados en el tratado hagiográfico escrito por el erudito cristiano y latinista ibérico Eulogio de Córdoba.[91][92][93] Los Mártires de Córdoba fueron ejecutados bajo el mandato de Abd al-Rahman II y Muhammad I, y la hagiografía de Eulogio describe con detalle las ejecuciones de los mártires por violaciones capitales de la ley islámica, incluyendo la apostasía y la blasfemia.[91][92][93]
Tras las conquistas árabes, varias tribus árabes cristianas sufrieron la esclavitud y la conversión forzosa.[113] A principios del siglo VIII, bajo el dominio de los omeyas, 63 de un grupo de 70 peregrinos cristianos de Iconium fueron capturados, torturados y ejecutados por orden del gobernador árabe de Cesarea por negarse a convertirse al islam (siete fueron convertidos por la fuerza al islam bajo tortura). Poco después, otros sesenta peregrinos cristianos de Amorium fueron crucificados en Jerusalén.[114]
Incidente de Inmestar (Actual Siria)
En el año 415 d. C., según el relato del historiador griego Sócrates el escolástico en su libro XII, capítulo XVI,una turba enfurecida de judíos emborrachados, crucificaron y golpearon hasta la muerte a un niño cristiano, consecuente a ello, la comunidad judía sufrió una severa represión.[115]
Persecución en el reino de Himyar
En el Yemen preislámico, durante el gobierno de Sharhabil Yakkuf, fue capturado el misionero cristiano Azkir; cuando este se disponía a acampar en Najran; la princesa ordenó su arresto, fue juzgado bajo el rey tratando de argumentar que no seguía una "nueva religión". El consejo de rabinos que acompañaba el juicio sugirió que lo decapitaran públicamente. Después de su ejecución, fueron asesinado 40 patríarcas, clérigos y obispos.[116]Tras unas décadas, el rey Yusuf Dhu Nuwas, fervoroso judío, mandó asesinar aproximadamente a 4000 cristianos entre los años 517 y 525; asimismo, envió cartas hacia los reinos Persa y Lajmida instando a hacer lo mismo, sin tener aparente éxito, lo que provocó su posterior desgracia al ser atacado por el reino aksumita.[117] Se estima que entre 22 000 y 70 000 cristianos padecieron martirio durante los reinos judíos de Himyar[118]
Revuelta Judeo-samaritana de 556
El emperador Justiniano I se enfrentó a otra gran revuelta en el año 556. En esta ocasión los judíos y los samaritanos parecen haber hecho causa común, comenzando su rebelión en Cesarea a principios de julio. Cayeron sobre los cristianos de la ciudad, matando a muchos de ellos, tras lo cual atacaron y saquearon las iglesias. El gobernador, Estéfano, y su escolta militar fueron duramente presionados, y finalmente el gobernador fue asesinado, mientras se refugiaba en su propia casa. Amancio, el gobernador de la Diócesis de Oriente recibió la orden de sofocar la revuelta, después de que la viuda de Estéfano llegara a Constantinopla.[119]
A pesar de la participación judía, la rebelión parece haber reunido menos apoyo que la revuelta de Ben Sabar. La Basílica de la Natividad fue incendiada, lo que sugiere que la rebelión se había extendido hacia el sur hasta Belén. Se dice que 100 000 o 120 000 personas fueron masacradas tras la revuelta. Otros fueron torturados o expulsados al exilio. Sin embargo, esto es probablemente una exageración, ya que el castigo parece haberse limitado al distrito de Cesarea.[120]
Asesinato de cristianos en Antioquia y ejecución pública de Anastasio de Antioquía
En el año 609, una turba enfurecida de judíos sirios atacó a cristianos en la ciudad de Antioquia, de quienes quemaron vivos y asesinaron cruelmente al patriarca Anastasio de Antioquía, quien según relato del historiador Teofanes "le destriparon, y le obligaron a comer sus propias vísceras, arrojando sus genitales cercenados en su rostro",[121] según el pólemico relato del historiador judío Graetz menciona "El patriarca Anastasio, objeto de especial odio, fue vergonzosamente maltratado por ellos, y su cuerpo arrastrado por las calles antes de ser ejecutado"[122]
Masacre de cristianos durante el Sitio de Jerusalén (614)
Durante el sitio de Jerusalén a manos de las fuerzas sasánidas, en conjunto con 26 000 sicarios y mercenarios judíos que incendiaron iglesias y asesinaron según los historiadores Sebeos y strategos desde 17 000 a 66 509 cristianos incluso, hasta un número estimado de 90 000 [123]según el crónista griego Teofanes el Confesor, de los cuales 24, 418 fueron hallados en el estanque de mamilla, masacrados, se rumora que algunos fueron comprados como esclavos por mercenarios judíos y posteriormente asesinados.
Persecución en Etiopía
Durante los an̈os 900 d. C., en aras del debilitamiento del reino de Axum, una líder rebelde Judeo-etíope llamada Gudit, destruyó e incendió iglesias,monasterios y lugares sagrados,también asesinó y desplazó a comunidades cristianas, asolando al remanente de Axum.[124][125]Los Beta Israel a menudo se mostraban adversos a los cristianos y a sus gobiernos, tanto que en los años 325-330 hubo una insurrección liderada por un rebelde llamado Pinchas, cuyos insurgentes se rebelaron y se retiraron a las montañas Simien,[126]de ahí era común la persecución cristiana en el siglo XII por el semi-legendario reino de Simien[127]de donde también atacaban a villas cristianas relacionadas con el imperio etíope.[128]En 1329, mientras el emperador Amda Seyon I estaba involucrado en campañas militares contra los musulmanes del Sultanato de Ifat, los informes de inteligencia de sus espías comenzaron a llegar a él. Estos informes indicaron que los judíos habían comenzado a quemar iglesias y llevar a cabo ataques furtivos contra soldados imperiales que ocupaban su tierra natal e intentaban convertir a la población, específicamente en las regiones de Semien, Wagara, Tselemti y Szeged.[129]
En la actualidad
Las poblaciones cristianas en Israel son recurrentemente acosadas por comunidades ortodoxas de judíos quienes llaman a los cristianos con epítetos blasfemos y ofensivos hacia su fe.[130]También existe una tendencia hacia las organizaciones y páginas anti-misioneras como Oraj HaEmet y Judaism for jews que promueven el anticristianismo y conceptos falsos y provocativos contra comunidades religiosas de España e Israel.
Persecución a cristianos en el Imperio romano
Antecedentes
Al principio, los romanos consideraron el cristianismo como una nueva secta judía. Aparte de las esporádicas persecuciones de Nerón y Domiciano, durante el siglo I los cristianos tuvieron que enfrentarse con mayor frecuencia con la animadversión de los escribas y fariseos, rectores del judaísmo, que con las autoridades romanas.
Sobre la base de diversos testimonios[131] se afirma que durante la segunda mitad del siglo I, todo el siglo II y hasta el siglo IV, los cristianos fueron también perseguidos por autoridades del Imperio romano, que consideraba a los cristianos, ya sea como judíos sediciosos (recordando que en el año 70 los judíos armaron una revuelta en Judea que originó la destrucción de Jerusalén y la deportación de los judíos de su territorio a manos romanas), o como rebeldes políticos. El historiador Suetonio menciona la expulsión de los judíos por los altercados habidos en Roma en tiempo del emperador Claudio «por un tal Cresto», a quien cabe identificar con Cristo, cuyas doctrinas debían haber sido divulgadas por emigrantes o esclavos judíos en Roma. Asimismo, Tácito en sus Anales habla de la persecución a los cristianos («nombre que toman de un tal Cristo»), por parte de Nerón. En cuanto a Suetonio, menciona en su "Vida de los doce césares", que, durante el reinado de Nerón, "fueron perseguidos bajo pena de muerte los cristianos, una secta de hombres de una superstición nueva y maléfica".
Tertuliano, en su Apología contra los gentiles, escrita en el año 200, explica cuáles eran los delitos que la fama imputaba a los cristianos:
Que en la nocturna congregación sacrificamos y nos comemos un niño. Que en la sangre del niño degollado mojamos el pan y empapado en la sangre comemos un pedazo cada uno. Que unos perros que están atados a los candeleros los derriban forcejeando para alcanzar el pan que les arrojamos bañado en sangre del niño. Que en las tinieblas que ocasiona el forcejeo de los perros, alcahuetes de la torpeza, nos mezclamos impíamente con las hermanas o las madres. De estos delitos nos pregona reos la voz clamorosa popular, y aunque ha tiempo que la fama los imputa, hasta hoy no ha tratado el Senado de averiguarlos.Tertuliano, Apología, c.7
Los gentiles asimilaban las reuniones nocturnas de los cristianos a ritos orientales de los «misterios», como los de Eleusis y Samos, enraizados en las prácticas mágicas, los misterios de Cibeles, los de Isis, originarios de Egipto, o los de Mitra, procedentes de Persia, que alcanzaron notable difusión incluso en España y en especial en la costa catalana.
En este contexto, hay que recordar que se hizo costumbre entre varios emperadores romanos el erigir estatuas propias en las diversas ciudades del imperio, y en autoproclamarse dioses o hijos de dioses (bajo el título de señor de señores) a los que sus súbditos debían de respetar. Un signo ejemplar de esto era la obligación de adorar o cuando menos arrodillarse ante las estatuas de los emperadores en las ciudades donde se encontraran.
Los cristianos, tomando como principio el que Jesús es el único Señor de señores, y el único hijo del Dios verdadero, se negaban a tomar tales actitudes. Los romanos, antes que juzgar sus creencias, verían en estos gestos las actitudes de una rebelión política contra el imperio, lo cual originó varias persecuciones contra los cristianos en esa época. Los componentes ideológicos potencialmente subversivos de las doctrinas y costumbres cristianas debieron ser tomadas como una amenaza para el statu quo del orden social romano y una amenaza, sobre todo para las clases privilegiadas de ese orden.
Tal es el caso de la creencia en la filiación divina de toda la humanidad («Todos somos hijos de Dios») que implicaba la hermandad universal («todos somos hermanos») y la dignidad humana («cualquier cosa que le hicierais al más pequeño de ellos es como si me lo hicierais a mí»), un alegato a favor de la igualdad que chocaba frontalmente con una sociedad esclavista. También el alegato contra la riqueza y las prácticas comunistas de los primeros cristianos (que ponían a disposición de la «comunidad» todos sus bienes cuando entraban a formar parte de ella) debieron resultar amenazadores para los poderosos y privilegiados del imperio. El cristianismo fue inicialmente una religión dirigida a los humildes, a los que sufren injusticia, los pobres y a los esclavos, los grupos sociales más numerosos en un imperio en crisis, y entre los que se extendió rapidísimamente a pesar de los esfuerzos de las autoridades por evitarlo.
Hubo diez grandes persecuciones romanas contra el cristianismo, denominadas generalmente con el nombre de los emperadores que las decretaron: las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano.
Puesto que el cristianismo era considerado ilegal en el imperio, los cristianos debían ocultarse. Sus reuniones serían entonces secretas y son famosas las catacumbas de la ciudad de Roma, donde se dice que los cristianos se reunían,[132] aunque según los testimonios cristianos conservados, las catacumbas no eran el medio más utilizado para esconderse, ya que la mayor parte de las reuniones de culto, se haría secretamente en las mismas casas de los fieles. Para identificarse habrían utilizado símbolos que a ojos romanos no fueran evidentes, como el símbolo del Pez (Ichthys, o ΙΧΘΥΣ en griego), acrónimo que significaba para ellos Iēsoûs CHristós THeoû hYiós Sōtér, 'Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador'.

La persecución de Nerón, 64-68
Una de las más conocidas e implacables y quizá la más temprana es la originada por el emperador Nerón, en torno al cual se originó la leyenda de su autoría del incendio que acabó con varios barrios de la ciudad de Roma. El historiador Cornelio Tácito escribió a principios del siglo II que ante el rumor popular de que el incendio se había originado por orden superior, halló en los cristianos los chivos expiatorios que en principio satisficieron la ira del pueblo.[133][134] Fueron cruelmente reprimidos, según los Anales de Tácito. Suetonio, otro escritor prominente de principios del siglo II corrobora la versión, señalando que entre las obras públicas de Nerón se contaba «persiguió a los cristianos». Existe un amplio consenso en que el Número de la bestia en el Libro del Apocalipsis , que suma 666, se deriva de una gematría del nombre de Nerón César, lo que indica que Nerón era visto como una figura excepcionalmente malvada.[134]: 269 Esta sería una de las razones que habrán llevado a cristianos como Pedro o Pablo a la muerte en Roma, de lo que hablan escritores cristianos de los primeros siglos como Clemente I.[135][136][137][138][139]
La persecución de Domiciano, 81-96
Otro emperador que se recuerda por su crueldad con los cristianos fue Domiciano, entre los años 81 y 96. Entre los numerosos cristianos martirizados durante esta persecución estaban Simeón, obispo de Jerusalén, que fue crucificado. Flavia, hija de un senador romano, fue asimismo desterrada al Ponto; y se dictó una ley diciendo: «Que ningún cristiano, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión».
La persecución de Trajano, 109-111
Entre 109 y 111 d. C., Plinio el Joven fue enviado por el emperador Trajano (98-117) a la provincia de Bitinia como gobernador. Durante su mandato, Plinio encuentra a los cristianos, y escribe al emperador sobre ellos. El gobernador indicó que había ordenado la ejecución de varios cristianos. Sin embargo, no estaba seguro de qué hacer con aquellos que dijeron que ya no eran cristianos, y pidió consejo a Trajano. El emperador respondió que los cristianos no deben ser buscados y que las acusaciones anónimas deben ser rechazadas como una muestra «indigna de nuestra época», y si se retractan y «adoran a nuestros dioses», deben ser liberados. Los que persistan, sin embargo, deben ser castigados.
La persecución de Marco Aurelio, 161-180
Parte del problema que los cristianos tuvieron durante esta época, fue mayormente provocada por el populacho, que saqueó a las comunidades cristianas de Asia Menor fundadas por el Apóstol Pablo. Sin embargo, la condena de Marco Aurelio al cristianismo, tuvo repercusiones tan conocidas como la condena a muerte de Justino, que ocurrió durante esta época. La Persecución de Lyon, que fue precedida por la violencia colectiva incluyendo asaltos, robos y lapidaciones (Eusebio, Historia eclesiástica 5.1.7), provocó la aniquilación de la floreciente cristiandad de esta ciudad (según se dijo, por ateísmo e inmoralidad). Otros cristianos conocidos fueron torturados y martirizados en este momento, como Potino o Blandina.
La persecución de Septimio Severo, 202-210
Otro emperador bajo quien los cristianos sufrieron fue Septimio Severo, que gobernó desde el 193-211. Durante su reinado, Clemente de Alejandría dejó escrito: «Muchos mártires son quemados a diario, confinados o decapitados, ante nuestros ojos».
Septimio Severo usó la persecución como pretexto para atribuir a los cristianos la peste y el hambre que asolaban el imperio; en esta persecución, especialmente violenta, sufrieron martirio Santa Cecilia y su esposo Valeriano y tuvo lugar el famoso episodio de la Legión fulminante.
El emperador Severo quizás no estaba personalmente en contra de los cristianos, pero la iglesia estaba ganando poder y la adhesión masiva de fieles condujo al sentimiento popular anticristiano y su persecución en Cartago, Alejandría, Roma y Corinto aproximadamente entre 202 y 210.
En el año 202 Septimio promulgó una ley que prohibió la difusión del cristianismo y el judaísmo. Este fue el primer decreto universal prohibiendo la conversión al cristianismo. Estallaron violentas persecuciones en Egipto y África del Norte. Leonidas, defensor del cristianismo, fue decapitado; su hijo Orígenes fue perdonado porque su madre escondió su ropa. Una joven fue cruelmente torturada y luego quemada en una caldera de brea ardiente con su madre. Perpetua y Felicidad fueron martirizadas durante este tiempo, al igual que muchos estudiantes de Orígenes de Alejandría.
La persecución de Maximino, 235
Maximino el Tracio inició una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia en el año 235. Una de sus primeras víctimas fue Ponciano, que con Hipólito fue desterrado a la isla de la Cerdeña.
La persecución de Decio, 249-251
La persecución de Decio arrojó numerosos eremitas a los bosques; entre sus mártires se encuentra el papa San Fabián y Santa Águeda; el célebre Orígenes sufrió tales tormentos que murió después a consecuencia de ellos. La persecución de los cristianos se extendió a todo el Imperio durante el reinado de Decio y marcó de forma duradera a la iglesia cristiana.
En enero de 250, Decio publicó un edicto por el que se requería que todos los ciudadanos hicieran un sacrificio para mayor gloria del emperador en la presencia de un oficial romano y así obtener un certificado (Libellus) que demostrara que lo habían hecho. En general, la opinión pública condenaba la violencia del gobierno y se admiraba de la resistencia pasiva de los mártires con lo que el movimiento cristiano se fortaleció. La persecución de Decio cesó en 251, pocos meses antes de su muerte.
La persecución de Decio tuvo repercusiones duraderas para la iglesia: ¿Cómo deben ser tratados los que habían comprado un certificado o había hecho realmente el sacrificio? Parece que en la mayoría de las iglesias, los apóstatas fueron aceptados de nuevo al seno de la iglesia, pero algunos grupos se les negó la entrada a la iglesia. Esto plantea importantes cuestiones acerca de la naturaleza de la Iglesia, el perdón, y el alto valor del martirio. Un siglo y medio más tarde, san Agustín discutió con un influyente grupo llamados Donatistas, que se separó de la Iglesia católica porque esta abrazó a los que se habían acobardado.
Gregorio de Tours glosa las persecuciones en su Historia de los francos:
Bajo el emperador Decio muchas persecuciones se levantaron contra el nombre de Cristo, y hubo tal masacre de los creyentes que no podían ser contados. Babillas, obispo de Antioquía, con sus tres pequeños hijos, Urban, Prilidan y Epolon, y Sixto, obispo de Roma, Lorenzo, un archidiácono, e Hipólito, se perfecciona por el martirio, ya que confesó el nombre del Señor. Valentiniano y Novaciano eran los jefes herejes más activos en contra de nuestra fe, animando al enemigo. En este momento, siete hombres fueron ordenados como obispos y enviados a los galos a predicar, como la historia del martirio del santo mártir Saturnino refiere. Porque dice: "En el consulado de Decio y Grato, como la memoria fiel, recuerda, la ciudad de Toulouse, recibió al santo Saturnino como su primer y más grande obispo". Estos obispos fueron enviados: Catianus obispo de Tours, Trófimo obispo de Arles, Pablo obispo de Narbona, Saturnino obispo de Tolosa, Dionisio obispo de París; Stremonius obispo de Clermont, Marcial obispo de Limoges.
Los escritos de Cipriano, obispo de Cartago, arrojan luz sobre las consecuencias de la persecución de Decio en la comunidad cristiana cartaginesa.
La persecución de Valeriano, 256-259
Bajo el reinado de Valeriano, que subió al trono en 253, todos los clérigos cristianos fueron obligados a sacrificar a los dioses romanos. En un edicto de 257, el castigo fue el exilio, en 258, el castigo era la muerte. Senadores cristianos, caballeros y damas fueron también obligados a sacrificar, bajo pena de fuertes multas, reducción de rango y, más tarde, la muerte. Por último, se prohibió a todos los cristianos visitar sus cementerios. Entre los ejecutados por Valeriano se encuentran: san Cipriano, obispo de Cartago, y Sixto II, obispo de Roma. Según una carta escrita por Dionisio durante este tiempo, «hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, doncellas y matronas, soldados y civiles, de toda edad y raza, algunos por la flagelación y el fuego, otros por la espada, han conquistado en la lucha y ganado sus coronas». La persecución terminó con la captura de Valeriano por Persia. Su hijo y sucesor Galieno, revocó los edictos de su padre.
Una orden de arrestar a un cristiano, de fecha 28 de febrero 256, se encontró entre los Papiros de Oxirrinco (P. Oxy 3035). En el documento no se detallan los motivos de la detención.
La persecución de Diocleciano, La gran persecución, 303-313
La persecución de Diocleciano fue la más grave, pues este quiso reformar el imperio en todos los aspectos y una parte muy esencial de su política era reforzar el culto imperial. Fue instigado a ella por los césares Maximiano y Galerio; hasta ciudades enteras cristianas fueron arrasadas. Fue tan larga esta persecución que fue llamada la Era de los mártires, y entre los más célebres se cuentan, Sebastián, Pancracio e Inés.
Antigüedad tardía
Imperio romano

La Gran Persecución
La Gran Persecución, o Persecución de Diocleciano, fue iniciada por el anciano augusto y emperador romano Diocleciano (Reinado 284-305) el 23 de febrero de 303.[52] En el Imperio romano de Oriente, la persecución oficial se prolongó de forma intermitente hasta el año 313, mientras que en el Imperio romano de Occidente la persecución dejó de aplicarse a partir del año 306.[52] Según la obra De mortibus persecutorum («Sobre la muerte de los perseguidores») de Lactancio, el emperador menor de Diocleciano, el «césar» Galerio (Reinado 293-311) presionó al «augusto» para que comenzara a perseguir a los cristianos.[52] La Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea relata que se promulgaron edictos imperiales para destruir iglesias y confiscar escrituras, y para destituir a los cristianos que ocupaban cargos gubernamentales, mientras que los sacerdotes cristianos debían ser encarcelados y obligados a realizar sacrificios en la antigua religión romana.[52] Según el relato de Eusebio, un cristiano anónimo (llamado por los hagiógrafos posteriores Euethius de Nicomedia, en griego Εβένσιος της Νικομήδειας, en español Evecio de Nicomedia, en italiano Evezio, en sueco Evesi wa Nikomedia y venerado el 27 de febrero) arrancó un edicto imperial mientras los emperadores Diocleciano y Galerio se encontraban en Nicomedia (İzmit), una de las capitales de Diocleciano; según Lactancio, fue torturado y quemado vivo.[53] Según Lactancio, la iglesia de Nicomedia (İzmit) fue destruida, mientras que el Apéndice de Optato contiene un relato de la prefectura pretoriana de África sobre la confiscación de materiales escritos que condujo al cisma donatista. [52] Según los Mártires de Palestina de Eusebio y el De mortibus persecutorum de Lactancio, un cuarto edicto de 304 exigía que todo el mundo realizara sacrificios, aunque en el imperio occidental esto no se aplicó.[52]
La persecución de Juliano (361-363)
Juliano el Apóstata fue el último emperador pagano del Imperio romano. Se crio en un momento en que el paganismo estaba en declive en Roma. Al ser proclamado augusto en el año 361, Juliano de inmediato declaró su fe a los antiguos dioses romanos y buscó provocar un renacimiento pagano. Sin embargo, fue asesinado en Persia en el año 363 y su intento de restaurar el paganismo finalmente fracasó.
Juliano utilizó muchos métodos para romper sutilmente la Iglesia. Recordó a los obispos que habían sido desterrados por las enseñanzas heréticas, el clero fue despojado de su derecho a viajar por cuenta del Estado (como lo habían hecho anteriormente) y prohibió a los cristianos enseñar obras clásicas tales como la Ilíada o la Odisea. Juliano fue sustituido por el emperador cristiano Joviano.La persecución de Constantino, siglo II mediados del siglo II, las turbas estaban predispuestas a tirar piedras a los cristianos. La Persecución de Lyon fue precedida por la violencia colectiva, incluyendo asaltos, robos y lapidaciones. Además hubo persecuciones de forma inconexa hasta el siglo III, aunque la Apologética de Tertuliano de 197 fue escrita ostensiblemente en defensa de los cristianos perseguidos y dirigida a los gobernadores romanos. El edicto de Septimio Severo, familiar en la historia del cristianismo es puesto en duda por algunos historiadores seculares por conocerse fuera del martirologio cristiano. Según la documentación del Imperio, la primera gran persecución tuvo lugar bajo Maximino el Tracio, aunque sólo afectó al clero. No fue sino hasta Decio a mediados del siglo, que una persecución de los cristianos laicos de todo el Imperio se llevó a cabo. Fuentes cristianas aseveran que se emitió un decreto que requería sacrificios públicos, un trámite equivalente a un testimonio de fidelidad al emperador y al orden establecido. Decio autorizó varias comisiones itinerantes para visitar las ciudades y aldeas y supervisar la ejecución de los sacrificios y para entregar los certificados por escrito a todos los ciudadanos que las efectuasen. Los cristianos a menudo tuvieron oportunidad de evitar el castigo efectuando sacrificios públicos o quemando incienso en honor a los dioses romanos, pero si se negaban eran acusados por los romanos de impiedad. La negativa era castigada con arresto, encarcelamiento, tortura y ejecuciones. Los cristianos huyeron a refugios en el campo, y algunos compraron sus certificados de sacrificio, denominados libelli. Varios municipios próximos a Cartago debatieron la cuestión de en qué medida la comunidad debería aceptar a estos cristianos lapsos.
Persecuciones a cristianos en siglos XV al XVII
Inglaterra
En Inglaterra, al surgir el Anglicanismo con Enrique VIII, en su afán de obtener autorización de divorcio por el Papa, asunto que continuó con Isabel I y otros reyes de Inglaterra entre 1534 y 1681, encontramos una persecución sistemática de cristianos, que resultó en más de 600 mártires registrados, algunos beatificados y otros canonizados. Ejemplo de ello tenemos: Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales, Mártires de Oaten Hill, Ocho mártires de Londres.[140]
Irlanda
17 Mártires Irlandeses[141] fueron ejecutados entre 1579 a 1654, en diversas ciudades de Irlanda bajo la instauración del Anglicanismo en Inglaterra e Irlanda.
Japón
Mártires de Japón. En 1587 se dicta el primer edicto de persecución contra los cristianos. En 1597, ejecutaron a 26 cristianos. Otros 70 en 1614. En 1622, se efectuó el Gran martirio de Nagasaki. Se estima en 5,500 católicos sacrificados en el siglo XVII.
Persecuciones a cristianos en siglos XVIII y XIX
Francia
En el transcurso de la descristianización de Francia durante la Revolución de ese país, se dieron las primeras persecuciones a los cristianos en la época moderna,[142] considerándose mártires a cientos de sacerdotes y religiosos que fueron asesinados en ese periodo de la historia, como en las llamadas Masacres de septiembre y los 191 Mártires de París en la Revolución Francesa (1792).[143][144] Se considera que el primer genocidio moderno se produjo en La Vendée, al oeste de Francia, cuando en 1793 los jacobinos anticlericales de la Revolución mataron a miles de campesinos católicos considerados como contrarrevolucionarios.[145][146] En 1794, durante el período conocido como «El Terror», se guillotinaron 16 monjas en Compiègne por negarse a renunciar a sus votos monásticos (años después este hecho inspiró la obra Diálogos de Carmelitas).[147][148][149]
Corea
Mártires coreanos, fueron contados por miles como víctimas de la persecución religiosa contra la Iglesia católica durante el siglo XIX en Corea. Al menos unos 8000 creyentes fueron asesinados durante esta persecución, 103 de los cuales fueron canonizados en 1984.[150]
Vietnam
Los mártires vietnamitas son contados entre una de las mayores persecuciones contra los cristianos de la historia moderna a lo largo del periodo que va desde 1625 hasta 1886. Se calcula que en esos años fueron asesinados unos 130,000 cristianos.[151]
Uganda
Los mártires de Uganda son un grupo de mártires cristianos (23 anglicanos y 22 católicos) del reino histórico de Buganda, ahora parte de Uganda, que fueron ejecutados entre 31 de enero de 1885 y el 27 de enero de 1887.
Persecuciones del Siglo XX y XXI

Según Antonio Socci, en el siglo XX habrían sido asesinados unos 45,5 millones de cristianos por sus creencias religiosas, aproximadamente el 65 % del total de cristianos asesinados por su fe en dos milenios.[152] Si se considera el término «mártir» en sentido estricto, es decir, aquel que asume voluntariamente la muerte como consecuencia directa de su fe y de su testimonio evangélico, la cifra se calcula en aproximadamente 12000 personas.[153]
España
En el año 1931 tuvo lugar, un mes después de la proclamación de la II República Española, la Quema de conventos de 1931 en España donde algunas iglesias y conventos de Madrid[154] y otras ciudades de Andalucía y Levante[155] fueron incendiadas y saqueadas. Durante la guerra civil española, en la retaguardia republicana tuvo lugar una persecución religiosa en la que fueron asesinados trece obispos, aproximadamente siete mil sacerdotes y frailes y un número indeterminado de laicos.
Irak
Entre los años 2003 y 2009, según informó Asianews en diciembre de 2009, habrían sido asesinados alrededor de 2000 cristianos en Irak.[156] A causa de la inestabilidad y de los ataques dirigidos contra cristianos, muchos de ellos han huido a otros territorios: de los cerca de 800 mil cristianos que había en 2003, se calcula que quedan 450 mil en 2010.[157][158]
India
Por lo que se refiere a la India, entre 2008 y 2010 se registraron más de 1000 episodios anticristianos en el estado de Karnataka, según se informó en marzo de 2010.[159] En el estado de Orissa, entre los años 2008 y 2010, más de 5000 cristianos sufrieron persecución y presiones para convertirse a la religión hindú.[160]
México
La Persecución del cristianismo en México, se ha presentado en varias épocas. En México se prohibió la religión católica entre 1926 y 1929. Cristianos armados se enfrentaron al ejército mexicano, desatándose una Guerra Cristera. Estimaciones sobre sacrificados, ronda en la cifra de 250,000. Entre 1932 y 1941 hubo una segunda guerra cristera. La Iglesia católica, reconociendo la fidelidad, beatificó a 39 personas, Otros cientos fueron asesinados entre 1935 y 1939.
Mundo
Según unas declaraciones de Mario Mauro en agosto de 2010, que fungía entonces como representante de la OSCE contra la discriminación de los cristianos, de 100 personas que mueren al año por persecución religiosa, 75 serían cristianos.[161] Ese mismo mes de agosto de 2010, monseñor Mario Toso, Secretario del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, declaró que los cristianos eran el grupo religioso más perseguido en el mundo. Habría, según los datos de ese año, unos 200 millones de cristianos en situaciones de persecución.[162] En cambio, según un informe publicado también en 2010 por la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas, el número de cristianos perseguidos estaría en torno a la cifra de 100 millones.[163]
En cuanto al número de cristianos muertos anualmente por su fe, según una declaración hecha pública en junio de 2011 por Massimo Introvigne, representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, se trataría de 105,000 muertos al año.[164] La cifra fue puesta en discusión en 2013, sea por la modalidad en la que se obtuvo, sea por lo elevado de la misma.[165] Según otro estudio, el número de cristianos asesinados anualmente durante la primera década del siglo XXI sería de 10,000.[166]
En el presente, se registran ejemplos de intolerancia o persecución hacia cristianos particularmente en países de África, entre ellos, Egipto, Marruecos, Nigeria, Kenia, República Centroafricana, y en Asia, en países como Pakistán, Indonesia, regiones de la India, Laos, y hasta en Arabia Saudita, donde la apertura de templos cristianos está prohibida.[167]
Ortodoxos
La iglesia cristiana, católica ortodoxa, ha sufrido persecución en regiones y países a través de diferentes épocas. Una muestra son los siguientes mártires ortodoxos: Eugene Botkin, Constantino Brancovan, Cirilo Lukaris, Crisóstomo de Esmirna, Pável Florenski, Ilya Fondaminsky, Hermógenes de Moscú, Luarsab II de Kartli, Miguel de Chernígov, Nicolás II de Rusia, Alejandro de Oldenburgo, Pedro el Aleutiano, Yevgueni Rodiónov, Alejandra Fiódorovna Románova, Alexander Schmorell, Maria Skobtsova, Tijon de Moscú y Varvara Yákovleva.
Polonia
En la ciudad Nowogródek, en la Polonia ocupada por los nazis, hoy Bielorrusia, fueron ejecutadas 11 monjas en agosto de 1943. Posteriormente fueron beatificadas. Son conocidas como las Mártires de Nowogródek.
Ucrania
Los Veintisiete mártires ucranianos son un grupo de víctimas de la persecución religiosa llevada a cabo por la Unión Soviética en contra de Ucrania contra la Iglesia católica y, en particular, contra la comunidad greco-católica rutena.
Lista Mundial de la Persecución Cristiana 2022
Países con más persecución en 2022[168]
| N. | País | LMP 2022 | LMP 2021 | Violencia | Vida privada | Vida familiar | Vida comunitaria | Vida nacional | Vida de la iglesia | Total Cristianos | % | Tipo de Persecución |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 98 | 90 | 90 | 100 | 100 | 100 | 100 | 100 | 3 300 | 0,002% | Extrema | |
| 2 | 97 | 92 | 79 | 100 | 100 | 100 | 100 | 100 | 400 000 | 1,5% | Extrema | |
| 3 | 92 | 89 | 51 | 99 | 100 | 100 | 100 | 100 | 500 | 0,0003% | Extrema | |
| 4 | 91 | 89 | 69 | 94 | 93 | 96 | 98 | 98 | 34 600 | 0,5% | Extrema | |
| 5 | 89 | 84 | 32 | 100 | 100 | 99 | 100 | 100 | 3 000 | 0,001% | Extrema | |
| 6 | 88 | 84 | 67 | 88 | 90 | 93 | 96 | 94 | 2 611 000 | 47,2% | Extrema | |
| 7 | 88 | 83 | 100 | 83 | 83 | 86 | 87 | 87 | 98 006 000 | 46,4% | Extrema | |
| 8 | 88 | 85 | 100 | 82 | 84 | 91 | 90 | 79 | 4 080 000 | 1,9% | Extrema | |
| 9 | 86 | 85 | 63 | 87 | 88 | 82 | 95 | 99 | 800 000 | 1,0% | Extrema | |
| 10 | 83 | 80 | 94 | 77 | 77 | 78 | 89 | 80 | 68 863 000 | 4,9% | Extrema | |
| 11 | 81 | 76 | 19 | 91 | 91 | 90 | 96 | 100 | 1 200 000 | 3,4% | Extrema | |
| 12 | 79 | 70 | 89 | 75 | 69 | 83 | 81 | 79 | 4 409 000 | 8,0% | Muy Alta | |
| 13 | 79 | 76 | 51 | 81 | 81 | 86 | 82 | 95 | 1 984 000 | 4,4% | Muy Alta | |
| 14 | 79 | 79 | 42 | 84 | 88 | 84 | 89 | 84 | 166 000 | 0,4% | Muy Alta | |
| 15 | 78 | 79 | 56 | 78 | 83 | 81 | 86 | 84 | 638 000 | 3,3% | Muy Alta | |
| 16 | 78 | 76 | 3 | 93 | 92 | 83 | 95 | 99 | 800 | 0,002% | Muy Alta | |
| 17 | 76 | 69 | 67 | 76 | 59 | 74 | 87 | 93 | 96 700 000 | 7,0% | Muy Alta | |
| 18 | 74 | 68 | 44 | 86 | 85 | 67 | 78 | 86 | 372 000 | 13,1 % | Muy Alta | |
| 19 | 72 | 66 | 53 | 68 | 59 | 77 | 85 | 87 | 9 159 000 | 9,2% | Muy Alta | |
| 20 | 71 | 76 | 60 | 77 | 80 | 69 | 77 | 65 | 16 250 000 | 16% | Muy Alta | |
| 21 | 71 | 67 | 11 | 90 | 77 | 85 | 71 | 94 | 347 000 | 1% | Muy Alta |
Véase también
- Persecución del cristianismo en México
- Persecución nazi a los católicos en Polonia
- Persecución de Diocleciano
- Intolerancia religiosa
- Anticristianismo
- Anticatolicismo
- Catolicismo
- Guerra Cristera
- 103 Mártires coreanos
- Actas de los mártires
- Catacumbas de San Calixto
- Cristianismo
- Los 26 mártires de Japón
- Mártires de Zaragoza
- Martirologio
- Persecución religiosa durante la Guerra Civil Española
- Persecución religiosa en el Bloque del Este
- Mártires de Otranto
- Genocidio asirio, Genocidio griego y Genocidio armenio