Adonis
dios menor amante de Afrodita en mitología griega, de origen semítico
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En la mitología griega, Adonis (en griego clásico: Ἄδωνις, Ádōnis; en latín: Adonis)[1] era un amante de Afrodita considerado el ideal de belleza masculina desde la Antigüedad. Desde finales del s. XIX se le considera el arquetipo del dios que muere y resucita. Su naturaleza estaba atada al calendario y la vegetación: nació de la planta de la mirra y de su sangre brotó la anémona, la rosa o el granado. Ha dado la voz «adonis», que se refiere a ‘un hombre joven extremadamente atractivo’, a menudo también ‘vanidoso’.
Los griegos consideraban que el culto a Adonis tenía su origen en Oriente Próximo, especialmente en el Levante, desde donde se extendió a todos los países del Mediterráneo con diversas modificaciones. Hesíodo dice que proviene de Fenicia y Cicerón que de Siria. Siempre retuvo aspectos semíticos, constituyendo una de las figuras de culto más complejas de la época clásica. Tuvo múltiples papeles, y su significado y propósito en las creencias religiosas griegas han sido objeto de mucha investigación a lo largo de los siglos.
Muchos estudiosos creen que la historia de Adonis y Afrodita es una versión derivada del mito mesopotámico de Inanna y Tammuz. Para los etruscos era equivalente a Atunis y para los germanos, Baldur. Sus festividades, las Adonias, conmemoraban la muerte del dios y las mujeres lo celebraban en pleno verano. El testimonio más antiguo de Adonis en los textos griegos antiguos aparece en un fragmento de Safo.
Culto
Luciano de Samosata y las Adonias
El relato de Luciano de Samosata en De Dea Syria (Sobre la diosa siria) es el texto más amplio y detallado sobre el culto de Adonis que nos ha legado la Antigüedad. En Fenicia había un gran templo que tenían los sidonios y en él se veneraba a Astarté. Astarté es, en opinón de Luciano, la Luna,[2] y en opinión de Cicerón, la diosa Venus.[3] En Biblos hay un gran templo de Afrodita de Biblos, en el que celebran ceremonias en honor de Adonis. Este templo, en el que había una piedra de betilo, está representado en monedas. Para los habitantes de Biblos su diosa era Baalat («Señora») y para otros semitas, Baalat Gebal («Señora de Biblos»). Para ellos, Adonis era simplemente Adón («Señor»), un nombre antiguo o quizá un epíteto.[4]
En las ceremonias del templo de Afrodita de Biblos, los lugareños afirman que el suceso de la muerte de Adonis frente a un jabalí ocurrió en su propia tierra, y en recuerdo de esta desgracia cada año se dan golpes y se lamentan y celebran ceremonias y declaran grandes duelos en el país. Y cuando dejan de golpearse y de gemir, primero ofrecen sacrificios a Adonis como si hubiera muerto y luego, al día siguiente, cuentan que está vivo y lo sacan al aire y se afeitan las cabezas, como los egipcios cuando muere Apis. Las mujeres que no quieren afeitarse, pagan la siguiente multa: en un día determinado se ofrecen para la venta de su belleza; el mercado sólo está abierto a los extranjeros, y el sueldo se convierte en ofrenda a Afrodita.[4]
Por otra parte, algunos hombres de Biblos afirman que Osiris el egipcio —que Luciano parece equiparar a Dioniso— está enterrado entre ellos, y todos los duelos y las ceremonias se celebran en honor de Osiris y no de Adonis. Sobre el motivo de estas creencias, dicen que una cabeza llega cada año de Egipto a Biblos en una navegación de siete días y los vientos la llevan con gobernación divina. No tiene ninguna desviación, sino que arriba únicamente a Biblos; es todo maravilloso y ocurre cada año.[5]
Todavía hay otra maravilla en la comarca de Biblos. Un río que se llama Adonis —el actual Nahr Ibrahim— desemboca en el mar desde el monte Líbano. El río todos los años se pone rojo como la sangre y después de perder su color natural irrumpe en el mar y enrojece la mayor parte del litoral y señala el duelo a los de Biblos. Cuentan que en estos mismos días Adonis es herido en el alto Líbano y su sangre al correr enrojece al río y da nombre a la corriente. Esto es lo que dice la mayoría. Un hombre de Biblos, que parecía decir la verdad, le contó otra causa a Luciano: «El río Adonis, ¡oh, extranjero!, atraviesa el Líbano, y la tierra del Líbano es completamente rojiza; cuando se levantan en estos días vientos tempestuosos, arrastran hacia el río la tierra, que es como el bermellón, y la tierra lo hace sanguinolento. Y la causa de este suceso no es la sangre, como dicen, sino la tierra». A juicio de Luciano, aunque el relato fuera cierto, a él le parecía solo una coyuntura.[6]
Estudios de Walter Burkert y Marcel Detienne
Adonis estaba ciertamente basado en gran parte en Tammuz. Su nombre es semítico; probablemente su etimología se remonta al antiguo semítico ādōn, ‘señor’, que también fue usada como «Adonai» para referirse a Yahveh en el Antiguo Testamento. Cuando los hebreos llegaron a Canaán, se les opuso el rey de los jebusitas, Adonizedek, cuyo nombre significa ‘señor de Zedek’ (Justicia). Pero como no hay rastro de culto semítico alguno directamente relacionado con Adonis, ni tampoco ningún mitema específico relacionado con su mito griego en las lenguas semíticas, investigadores griegos y de Oriente Próximo han cuestionado esta relación (Burkert, p. 177 nota 6 bibliografía). La relación en las prácticas religiosas es con su equivalente mesopotámico, Tammuz:
Las mujeres se sientan en la puerta llorando por Tammuz, u ofrecen incienso a Baal en los tejados y siembran agradables plantas. Estas son las únicas características del culto a Adonis: un culto confinado a las mujeres que se celebra sobre tejados planos en los que se ponían fragmentos sembrados con verde ensalada que germina rápidamente, jardines de Adonis... el clímax es el ruidoso luto por el dios muerto.Burkert, pág. 177
Adonis era adorado en religiones mistéricas secretas: hasta la época del Imperio romano (en De Dea Syria VI) ninguna fuente escrita menciona que las mujeres eran consoladas por un Adonis revivido. Las mujeres atenienses plantaban «jardines de Adonis», hierbas de crecimiento rápido que crecían de las semillas y morían. El Festival de Adonis era celebrado por mujeres a mediados del verano plantando hinojo y lechuga, y granos de trigo y cebada. Las plantas brotaban pronto y se marchitaban rápidamente, y las mujeres lloraban la prematura muerte del dios de la vegetación (Detienne 1972).
«En Grecia», concluye Burkert, «la función especial del culto a Adonis es como oportunidad para la expresión incontrolada de emociones en la estrictamente restringida vida de las mujeres, en contraste con el rígido orden de la polis y la familia en los festivales femeninos oficiales en honor de Deméter». El nacimiento de Adonis está envuelto de confusión para los que necesitan una única versión autorizada. Los helenos buscaron un padre, y lo encontraron en Biblos y Chipre, fieles indicadores de la dirección desde la que procedía su culto. Walter Burkert cuestiona si Adonis no habría llegado desde el mismo principio a Grecia con Afrodita (Burkert 1985, p.177).
Mitología

Higino nos resume las características más conocidas del mito de Adonis. Se lo considera uno de los muchachos más bellos que jamás hayan existido,[7] murió abatido por un jabalí[8] y finalmente regresó del inframundo.[9] Cicerón recuenta a varias diosas Venus (Afrodita). Una de ellas es la que los romanos dicen nacida de Siria y Chipre, y que se llama Astarté; esta fue la que se casó con Adonis.[3]
Nacimiento
La tradición más común nos dice que Adonis había nacido fruto del incesto. La Biblioteca mitológica, no obstante, dice que Cíniras fundó Pafos; y habiéndose desposado allí con Metarme, hija de Pigmalión, engendró a Adonis y a su hermano Oxíporo.[10] No obstante, Hesíodo, dándonos pistas de su origen fenicio, dice que era hijo de Fénix y una tal Alfesibea. Paniasis, por su parte, refiere que nació de Tíante y su hija Esmirna.[11]
El relato más común dice que Esmirna era hija de Cíniras y de su esposa Cencreide. Esta alardeó orgullosamente que su hija excedía a Afrodita en belleza[12] o bien la propia Esmirna no honraba a Afrodita.[11] Sea como fuere Afrodita, indignada, insufló un amor prohibido a Esmirna, quien se enamoró de su propio padre. La nodriza previno que no se ahorcase presa de la vergüenza, y sin el conocimiento de su padre, la ayudó a yacer con él.[12] Yació con él durante doce noches sin que él se diera cuenta. Pero cuando se enteró la persiguió con la espada desnuda.[11]
Esmirna, levantando las manos al cielo, suplicó el no aparecer nunca más, ni entre los vivos ni entre los muertos. Zeus la convirtió en un árbol, y le puso el mismo nombre que tenía, Esmirna («mirra»). Se cuenta que cada año este árbol deja escapar de su corteza lágrimas de mirra.[13] Pero normalmente se cree que fue la propia Afrodita, apiadada de la muchacha, quien la metamorfoseó.[12]
Adonis, concebido de manera sacrílega, había crecido oculto dentro del árbol que era su madre y, llegado el momento, buscó salida. El tronco se abombó como un vientre encinta y, entre dolores mudos, la madera se abrió. Con la ayuda de Ilitía el árbol se desgarró y dio a luz al niño, que fue depositado por las náyades sobre la hierba. Su hermosura era tal que podía compararse con la de los mismos Erotes.[14]
Afrodita y Perséfone
Adonis creció siendo un muchacho muy hermoso. Por su belleza Afrodita lo ocultó en un arca, siendo aún niño, y a escondidas de los dioses lo confió a Perséfone, pero esta, cuando lo hubo contemplado, no quiso devolverlo. La decisión se puso en manos de Zeus, que dividió el año en tres partes y ordenó que Adonis permaneciera una de ellas a su albedrío, otra con Perséfone y otra con Afrodita. Pero Adonis quiso pasar con Afrodita también su propia parte.[11] Otra versión afirma que ambas diosas pudieron quedarse con él durante medio año cada una, por sugerencia de la musa Calíope, que así lo había dictaminado, juzgando el litigio entre ambas diosas.[15] Luciano relata que Afrodita se quejó ante Selene, quien también había amado a un mortal, sobre la intervención de Eros, que había hecho que Perséfone se enamorara de Adonis. Ante ello, Afrodita no tendría otra opción que compartir al joven con su rival.[16] O bien Adonis había raptado a Perséfone en la colina del Etna.[17]
Pues bien, Adonis, sin darse cuenta, hirió a Afrodita con una flecha, despertando en ella una pasión irresistible. Enamorada, la diosa abandonó sus templos y el cielo por acompañarlo. Lo seguía en sus cacerías por los montes, animándolo a cazar animales inofensivos, pero también le advirtió que evitase fieras peligrosas como jabalíes, leones y lobos. Temerosa de perderlo, le suplicaba prudencia.[14] Afrodita se despidó de Adonis, sin embargo, desoyendo sus consejos, se puso a perseguir un jabalí. Aunque consiguió herirlo con su lanza, el animal, enfurecido, lo embistió, clavándole los colmillos y dejándolo mortalmente herido sobre la arena.[18]
Algunos creen que Cocito era el nombre de un alumno al que Quirón había enseñado medicina y que cuidó de Adonis cuando fue herido por el jabalí.[19] Otros que Adonis había buscado venganza contra Afrodita por causa de la muerte de su madre.[12] Y también que la musa Clío le había reprochado su pasión por Adonis y Afrodita, llena de cólera, provocó que Clío se enamorase de Píero.[20] De entre varios personajes llamados Helena, una de ellas era la que ayudó a Afrodita en su unión con Adonis, hija de un habitante de Epidamno, a quien los habitantes de esa ciudad honran con los atributos de Afrodita porque repartió plata durante una hambruna.[19]
Sobre la roca de Léucade, dicen que aquellos que se lanzaban desde lo alto de la roca quedaban liberados de los efectos del amor. Según la leyenda, tras la muerte de Adonis, Afrodita vagaba desconsolada en su búsqueda. Lo encontró en una ciudad de Chipre, en el santuario de Apolo Eritio, y se lo llevó tras confiarle a Apolo el secreto de su amor por Adonis. Apolo la llevó a la roca de Léucade y le ordenó que se arrojara desde lo alto de la roca; ella lo hizo y dejó de sentir amor por Adonis.[19]
Muerte

Afrodita, que aún no había llegado a Chipre, oyó desde lo alto los gemidos del moribundo y regresó apresuradamente. Al ver a Adonis agonizante y cubierto de sangre, descendió del carro, se rasgó las vestiduras desesperada. Protestó ante los hados, pero aceptó que no todo estaría sometido a su ley: al menos conservaría un recuerdo eterno de su dolor. Entonces derramó néctar sobre la sangre de Adonis, y de ella brotó una flor del mismo color rojo intenso —la anémona—, semejante a la del granado. Sin embargo, la flor era frágil y efímera: apenas nacida, los vientos la arrancaban con facilidad. Así, la transformación del joven en flor perpetuaría cada año el lamento de Afrodita y el recuerdo de su muerte.[18]
Pero los mitógrafos ofrecen variantes sobre la muerte de Adonis. Algunos dicen que el ataque del jabalí y la muerte de Adonis sucedieron causa de la cólera de Artemisa.[11] Se dice que tras la muerte de Hipólito, Artemisa, que lo favorecía, juró vengarse de Afrodita, pues esta despreciaba a Hipólito porque no le rendía culto.[21] Erimanto, hijo de Apolo, fue castigado por haber visto a Afrodita tras su unión con Adonis, y Apolo, irritado, se transformó en un jabalí y mató a Adonis tras atravesar sus defensas.[19] O bien el jabalí era en realidad Ares transformado, celoso de los amores de Adonis y Afrodita.[22] Afrodita, al querer salvar a Adonis, se hirió con una espina de un rosal y la rosa, que antes era blanca, se tiñó de rojo con su sangre.[23] O bien de la sangre de Adonis surgió la rosa.[24]
Otros amantes
Tanto Heracles, como Apolo y también Dioniso gozaron del amor de Adonis. Adonis se comportaba como un hombre con Afrodita en asuntos eróticos pero como una mujer en compañía de Apolo. La misma fuente dice que Heracles también gozó del amor de Adonis y que incluso la propia Afrodita le enseñó a Neso la manera de idear una trampa para atraparlo.[25] También se dice que el propio Dioniso raptó a Adonis, cuando erraba por Chipre, para gozar del amor del muchacho.[26] Servio agrega su propia versión y nos dice que la doncella Erinoma fue presa de una maldición por parte de Juno (Hera) y así fue violada por Adonis. Finalmente la muchacha le dio a Adonis un hijo, Taleo.[27] Otros dicen que la ninfa Mente era amante de Adonis, pero fue presa de los celos cuando este raptó a Perséfone desde la colina del Etna. En su arrogancia, proclamó ser más bella que la hija de Deméter y aseguró que Adonis regresaría a ella. Al oír tales ofensas, Deméter se llenó de ira y la castigó pisoteándola hasta destruirla y de aquí nació la menta.[17]
Textos adónicos
El verso adónico es un metro breve de la lírica griega, llamado así porque aparece en composiciones relacionadas con el lamento por Adonis. El verso adónico suele aparecer como el último verso de la estrofa sáfica (la estrofa empleada por Safo y después por Horacio). Se cree que el nombre “adónico” procede de su uso en cantos fúnebres dedicados a Adonis, aunque el metro no se limita a ese contexto y se empleó ampliamente en la lírica griega y latina.
Epitafio de Adonis
El Canto fúnebre de Adonis más famoso que se conserva en la literatura griega es el de Bión de Esmirna (siglo II–I a. C.), titulado habitualmente Epitafio de Adonis (Ἐπιτάφιος Ἀδώνιδος). Es un poema elegíaco. Se trata del tratamiento poético más elaborado y extenso del duelo por Adonis en la literatura griega conservada. Influyó en la tradición posterior del lamento pastoral y erótico. Contribuyó a fijar la imagen literaria de Afrodita como amante doliente. Es una pieza clave para entender la evolución del mito desde rito oriental a poesía helenística refinada.
El poema es un lamento coral por la muerte de Adonis. Desde el inicio se repite el estribillo: «Murió el hermoso Adonis», al que responden los Amores con su llanto. Adonis yace en las montañas, mortalmente herido por un jabalí. Su sangre oscura contrasta con la blancura de su cuerpo, y su belleza se apaga mientras Afrodita (Cipris, Citerea) lo contempla agonizante. La herida física del joven tiene su reflejo en la herida emocional de la diosa, que sufre aún más profundamente. Afrodita vaga desesperada por el bosque, descalza y desmelenada, hiriéndose con las zarzas mientras busca a su amado. Toda la naturaleza participa en el duelo: montes, ríos, flores y ninfas lloran su muerte. El universo entero se une al lamento. En un momento central del poema, Afrodita se dirige directamente a Adonis y le suplica que despierte un instante para darle un último beso. Reconoce que, siendo diosa, no puede seguirlo al reino de Perséfone y que debe resignarse a perderlo. Se siente viuda y privada de su belleza y de su amor. La sangre de Adonis y las lágrimas de Afrodita se transforman en flores: de la sangre nace la rosa y de las lágrimas, la anémona. Después, el poema describe el ritual funerario: Adonis es colocado en un lecho adornado con flores y perfumes; los Amores ofrecen sus atributos (arcos, flechas, alas) como ofrenda. Incluso Himeneo apaga su antorcha nupcial, transformando el canto de boda en canto fúnebre. El poema concluye con una nota que introduce el motivo del retorno cíclico: Afrodita deberá llorarlo de nuevo el año siguiente, insinuando la renovación anual del mito y su vínculo con los ciclos de la vegetación.[28]
Himno órfico a Adonis
El Himno órfico a Adonis es uno de los himnos conservados que se centra en la figura de Adonis, siguiendo la tradición de la poesía religiosa griega asociada a misterios y ritos de iniciación. Tiene un tono ritual y ceremonial, adecuado a recitación en festividades o cultos. Adapta especialmente motivos helenísticos y sincréticos.
«Escucha mi súplica, deidad gloriosa y óptima, de abundante cabellera, amante de la soledad, con variado repertorio de deleitosos cantos, Eubuleo, multiforme, manifiesto nutridor de todas las cosas. Muchacha y muchacho, a la vez, siempre eres un retoño para todos, Adonis, extinguido y reluciente, por otra parte, en las hermosas estaciones que se renuevan; fomentador de la vegetación, bicorne, encantador, honrado entre lágrimas, de brillante aspecto, que disfrutas con la caza, melenudo. Bondadoso, dulce vástago de Cipris, retoño de Eros, alumbrado en el lecho de Perséfone de encantadoras trenzas; que habitas a veces en el sombrío Tártaro y otras llevas tu perfecta figura al Olimpo. Ven, pues, bienaventurado, aportando los frutos de la tierra a tus iniciados».[29]
En la cultura
El poeta renacentista español Diego Hurtado de Mendoza compuso una Fábula de Adonis, Hipómenes y Atalanta en octavas reales (1553); Juan de la Cueva, su Llanto de Venus a la muerte de Adonis (1582); el poeta culterano Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana, su Fábula de Venus y Adonis (1611-1615); Pedro Soto de Rojas su Adonis, poema inserto en su Paraíso cerrado a muchos y jardines abiertos para pocos; Alonso Castillo Solórzano su romance burlesco Fábula de Adonis en sus Donaires del Parnaso (1624); Lope de Vega su tragedia Adonis y Venus, de 1621; Tirso de Molina, su Fábula de Mirra, Adonis y Venus, incluida en su Deleytar aprovechando; Pedro Calderón de la Barca, su zarzuela La púrpura de la rosa; José Antonio Porcel y Salablanca, ya en el siglo XVIII, cuatro églogas bajo el título de El Adonis.
La obra maestra de Giambattista Marino, L'Adone, publicada en 1623, es un largo y sensual poema que elabora el mito de Adonis y representa la transición en la literatura italiana del Manierismo al Barroco.
Percy Bysshe Shelley escribió el poema titulado Adonaïs para John Keats y usó el mito como una metáfora ampliada de la muerte de este.
Adonis es el pseudónimo de uno de los más importantes poetas sirios modernos, Ali Ahmad Said Esber
Adonis es una de las simulaciones de Assassin's Creed: Odyssey.[30]
Véase también
- (2101) Adonis es el nombre dado a uno de los asteroides Apolo descubiertos.
- Adonias, festival en honor de Adonis
- Jardín de Adonis
- Venus y Adonis
- Complejo de Adonis
- Atis
Bibliografía
- BURKERT, Walter: Religión griega. Arcaica y clásica. Edición de 1985.
- La obra se publicó por primera vez en 1977.
- DETIENNE, Marcel: Les Jardins d'Adonis (1972).
- GRAVES, Robert: Los mitos griegos. 1955.
- KERÉNYI, Károly: Los dioses de los griegos. 1951.