Alpargata
tipo de calzado de hilado de fibras naturales
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La alpargata o esparteña es un tipo de calzado confeccionado con fibras hiladas, puede tratarse de vegetales como el algodón, mimbre o bien de lona, con suela de esparto, fique, cáñamo, yute, caranday o una mezcla de algunas de estas. Se asegura al pie por ajuste o con cintas.[1]



Es de uso común en España, el sur de Francia y varias regiones de América.[2]
Etimología
Descripción


Las alpargatas se fabrican empleando una lona fuerte adherida a una suela de cuerda de yute o cáñamo, si bien en la producción industrial se utilizan hilos de nailon y suela de caucho, cocuiza u otra fibra vegetal. Están compuestas de las siguientes partes: «capellada», parte superior que cubre el empeine, «talonera» y «atadero» para sujetar la capellada a la talonera.[1]
Las alpargatas se dividen entre aquellas que se ajustan con cintas o cordones y las que encajan en el pie, también entre las de suela plana y aquellas con talón alto, que suelen incorporar una cuña.
Origen
Las esparteñas tienen su origen en tiempos prehistóricos; se han hallado en la cueva de los Murciélagos, en Albuñol, Granada, las cuales datan del neolítico y se las considera las más antiguas de Europa.[5] En América se usaban antes del contacto con Europa, la más antigua corresponde a la cultura Anasazi en Nuevo México.[6]
Usos tradicionales

La alpargata ha formado parte del traje típico en América, la península ibérica y el sur de Francia, cuyo principal centro de producción ea Mauleón, capital del territorio histórico de Sola, en el país vasco francés.
En España se usó como calzado obrero urbano. En los países del Plata, Argentina y Uruguay, fue adoptada por los trabajadores rurales en sustitución de la bota de potro. En la primera mitad del siglo XX, la principal proveedora de este calzado era la Fábrica Argentina de Alpargatas, la cual promocionada sus productos con calendarios de pared ilustrados por Florencio Molina Campos. Las alpargatas tuvieron una importancia simbólica como elemento de la clase obrera a partir de la década de 1940. Entre 1943 y 1944 el movimiento estudiantil opuesto a Juan Domingo Perón y los sindicatos que apoyaban sus medidas laborales, utilizó el lema: «no a la dictadura de las alpargatas», en alusión al origen popular, y supuestamente inculto, de estos; quienes, a su vez, respondieron con otra frase que se hizo célebre: «alpargatas sí, libros no».[7][8]
En Uruguay también se elaboran alpargatas con suela de goma, a las que se denomina comercialmente como «rancheritas».
En Colombia es parte de la indumentaria de la mayoría de los trajes típicos, siendo, en algunos casos, de fique o cocuiza y en otros de cuero. Los habitantes de la cuenca del río Orinoco las fabrican también en piel de animal y las llaman «cotizas».
En Venezuela es un calzado ligero y cómodo, muy apropiado para el clima tropical, usado sobre todo por los guajiros, aunque también la alpargata es utilizada en la región de los llanos venezolanos y en muchas áreas rurales del país. En algunas regiones presentan variedades de bordes y formas del tejido, así como una «amapolita» en la tela, de color contrastante, detalle que corresponde a la cultura wayú oriunda de la península de La Guajira. En el baile del tamunangue del Estado Lara, este calzado es típico del atuendo femenino.