Amaru Aranway

orígen mitológico de las cadenas de montañas del Valle del Mantaro, Perú From Wikipedia, the free encyclopedia

Los Amarus de Junín o Amaru Aranway[1] son deidades hermanas mitológicas que forman parte de un relato dentro del folclore del Departamento de Junín en el Perú. Esta historia se ha mantenido perenne en la memoria de los pobladores de dicha zona y se ha transmitido de generación en generación de manera oral. Dicha historia es la explicación del origen mitológico de los dos conjuntos de montañas que guarecen al Valle del Mantaro.[2]

El mito reza de grandes fieras que atemorizaban a la población huanca, por lo que el gran Viracocha ordenó el nacimiento de dos gigantescas y majestuosas serpientes para dar solución al problema; no obstante, una vez solucionado el conflicto, ambas se muestran rebeldes y luchan entre sí. Entre ambas y sus descomunales batallas, generaron más destrucción que una definitiva solución. A raíz de ello, los huancas volvieron a implorar por ayuda a Viracocha. Una vez resuelto dicho problema, se originan los conjuntos de montañas mencionados anteriormente como memoria de los hechos.[2]

Etimología

El nombre del mito es una combinación de dos términos quechuas: Amaru (dragón y/o serpiente cósmica de enormes proporciones) y de Aranway (drama, teatro, fábula o comedia).[3]

Historia

Serpiente Amaru representado en un kero (vaso ceremonial). En él, se puede ver un arcoíris sobre la criatura.

Cuentan los Wancas, que sus ancestros vivían en cavernas, porque en los alrededores de un gran lago, habitaban unas terribles fieras que los atacaban.

Los Huancas imploraron ayuda al dios Wiracocha, quien a su vez ordenó al Tulumanya (el primer arcoíris) que les enviara ayuda. Fue así que este hizo brotar de su pecho, con un gran estruendo, a una bestia fabulosa de colosal tamaño: este poseía una cabeza de wanaku, alas y garras de águila, patas de uturunku (jaguar) en un cuerpo ofídico, cubierto de escamas, que terminaba en una cola de anaconda. A esta gigantesca criatura se le conoció como Yana Amaru (de color oscuro).

Esta criatura fue enviada para acabar con aquellas fieras que no permitían a los pobladores ir al lago; no obstante, todo se descontroló. El Yana Amaru ahora atacaba por placer a los pobladores y demás criaturas del mundo; de esta manera, el Yana Amaru se adueñó del lago.

La suplica de los Huancas volvió a llegar a los oídos del dios Wiracocha, entonces fue engendrado de la misma forma otro Amaru. Este tenía escamas plateadas, a diferencia de su hermano antes creado. El segundo Amaru fue conocido como Yuraq Amaru (serpiente blanca).

Ambos Amarus se enfrentaron; sin embargo, estos causaban mayores estragos. La batalla entre ambas sierpes parecía interminable y solamente trajo una profunda destrucción al mundo en lugar de una definitiva solución.

Es entonces que Wiracocha envió a Illapa (el Rayo) y a Wayra (el Viento) a combatirlos (en otras variantes del mito, Wiracocha envia solamente a Illapa para aniquilar a las mastodónticas serpientes).[4]

Las dos bestias intentaron atacar a los dioses. Sin embargo, ambas bestias no tuvieron éxito en dicho cometido. Al verse perjudicados, en un fútil intento, los dos Amarus trataron de huir hacia una laguna, pero Illapa destruyó la orilla y Wayra hizo que el agua se desbordase, haciendo que la laguna se seque. Acto seguido, ambos Amarus quisieron huir al cielo, pero Wayra con el poder de los vientos, los arrastró de vuelta a la tierra e Illapa batalló frente a frente a las dos criaturas, dándoles así, el combate definitivo.

Poco antes de morir, ambos Amarus se estiraron y crecieron aún más, transformándose en las dos cadenas montañosas que amurallan el valle. El mayor hacia el poniente, convirtiéndose en una cordillera de fértiles tierras de cultivo y amplias pasturas, mientras que el menor lo hizo hacia el saliente, con nieves perpetuas.[5]

El mito en la actualidad

El antedicho mito explica muchas de las creencias que aún perduran en la memoria de los pueblos andinos. Se dice que, cuando el Amaru ve acercarse una nube cargada de tormenta, este intenta llegar a ella para así esparcir su granizo sobre los sembradíos. Solamente en esos momentos es vulnerable. Es cuando se le puede ver, bajo la forma de una inmensa serpiente sinuosa que busca alcanzar lo alto del cielo. Apenas logra distinguirlo, el campesino agitará su sombrero para dar aviso a los dioses salvadores. Entonces, raudamente llegan el rayo y el viento para enfrentar a la enorme sierpe. En el acto, ambos dioses parten al monstruo en dos y lo confinan otra vez en las profundidades del lago.[6]

También se menciona que, al levantarse el Amaru sobre la Tierra, turbulentos remolinos cubren completamente su casi infinito cuerpo. Acto seguido, el Amaru desplaza su colosal y robusto cuerpo sobre los cielos; no obstante, adónde quiera que vaya lo persigue el rayo, la nube y el granizo (manifestaciones de Illapa). En el acto, el rayo aniquila al Amaru partiéndolo en dos; sin embargo, el cuerpo del Amaru se vuelve a unir y este vuelve a surcar los cielos, ocultándose entre las infinitas nubes y pasando por las más altas montañas. Este proceso se repite en un ciclo de lucha eterno donde el Amaru es vencido por el rayo y su derrota lo hace replegarse en el cielo. Asimismo, la presencia de estas criaturas advierten a los pobladores si el año será fructuoso o infructuoso para las cosechas.[7]

Es menester resaltar que, debido al sincretismo religioso que surgió tras la conquista española, el dios Illapa fue asimilado con la figura de Santiago Apóstol. Esto último se ve reflejado en algunas creencias que giran en torno a Illapa o al rayo, el cual ha sido reemplazado por la figura del santo.[8]

Al igual que muchos mitos andinos, el mito de Illapa y el Amaru tiene distintas versiones. Una de ellas menciona que el Amaru tiene la imperiosa necesidad de ocultarse entre las nubes. Esto último lo hace con el propósito de eludir la ira de San Santiago (Illapa), pero su cuerpo gigantesco le impide pasar inadvertido. A pesar de ello, el Amaru hace supremos intentos para lograr esconderse de su perseguidor, pero sus esfuerzos son en vano. El pavor, la desesperación y los esfuerzos de la sierpe son a tal grado de que la piel de su extensa cola comienza a despedazarse. En el acto, la piel descamada de la criatura se convierte en pálido granizo.[7]

Mitología comparada

El mito que reza el enfrentamiento entre el dios del rayo y una serpiente y/o dragón cósmico está presente en otras mitologías del mundo. Se puede comparar el mito de Illapa y los Amarus con: el dios Thor y la serpiente Jörmundgander (mitología nórdica), el dios Indra y la serpiente dragón Vritrá (mitología hinduista), el dios Susanoo-no-Mikoto y el dragón Yamata-no-Orochi (mitología japonesa), entre otros.

Véase también

Referencias

Related Articles

Wikiwand AI