Antonio de los Reyes
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Antonio de los Reyes (11 de septiembre de 1729, Aspe, Orihuela, España –6 de marzo de 1787, Álamos Sonora) ó Antonio Vicente Gorgonio de los Reyes Carrasco, fue un sacerdote, misionero franciscano español, en el noroeste de la Nueva España, vicario, procurador de su congregación y el primer obispo de la Diócesis de Sonora con sede en Arizpe y Álamos. Reformador y el primer constructor de escuelas en Sonora.
Sus padres fueron Antonio Vicente de los Reyes y Josefa María Carrasco. A los 12 años entró al colegio de los franciscanos en Gandía; a los 17 tomó el hábito en el monasterio de San Ginés de la Jara en Cartagena. En 1754 se trasladó e inscribió en el convento franciscano de Santa Ana en Orihuela, provincia de Alicante; en 1756 ya se le había encargado el noviciado de Cehegín en la región de Murcia, España. En 1762 fue destinado a las misiones franciscanas de México. El 1 de agosto de 1763, de los Reyes más 12 misioneros partieron hacia Nueva España desde Cádiz, acompañando a una misión dirigida por Domingo Elizondo. Desembarcaron en el Puerto de Veracruz ese noviembre, y de los Reyes hizo un circuito de visitas por las misiones de la zona antes de llegar a radicar al monasterio de Santa Cruz de Querétaro, en la primavera de 1765.[1] Allí mismo, en 1766, de los Reyes fue nombrado vicario superior.
Tras la expulsión de los jesuitas de México en 1767, de los dominios españoles por parte de Carlos III, las misiones del noreste de la Nueva España que San Francisco de Borja había conseguido para ellos en el siglo XVI, quedaron abandonadas y fueron reasignadas en su mayoría a los franciscanos por José de Gálvez, Visitador General en la Nueva España y responsable de llevar a cabo en dicho virreinato todas las reformas administrativas, políticas y económicas propugnadas por Carlos III y sus ministros. Por ello los misioneros franciscanos reemplazaron a los jesuitas en las misiones sonorenses y bajacalifornianas. Desde Querétaro fue enviado el 5 de agosto, a de los Reyes con 14 frailes a la provincia de Sinaloa, Sonora y California al noroeste de la Nueva España.
Llegando al lugar el gobernador de Sonora, Juan Claudio de Pineda, asignó a de los Reyes a la Misión de los Santos Reyes de Cucurpe, a donde llegó el 6 de junio de 1768. El 27 de enero de 1769, envió 9 cartas al gobernador donde expuso los problemas, carencias y miserias de la población indígena.
En 1771, de los Reyes fue nombrado procurador de su congregación, por lo que se trasladó a la Ciudad de México para el ejercicio de sus funciones, vía Querétaro, llegando a su destino final a principios de 1772. Una vez en su destino y para concretar el Evangelio en la vida de los nativos de la Pimería Alta, el río de Sonora, y la provincia en general, que la había visitado y misionado, para mayor efectividad en la conservación de las colonias, consideró conveniente informar al virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa de la situación actual que conoció en Sonora, para lo cual escribió sus ideas en dos informes mismo que ya había presentado al directorio de su colegio para su opinión siendo aprobada en lo general, con tres observaciones en lo particular; el primer informe del 20 de abril de 1772, fue el “Manifiesto estado de las Provincias de Sonora”, y un segundo informe con fecha, 6 de julio del mismo año, “Noticias del estado actual de las Misiones de la Gobernación de Sonora”,[2] donde describió con franqueza los problemas los errores que se habían cometido tanto por las potestades civiles como la eclesiástica, para lo cual incluyó datos de los pueblos de visita de cada partido, número de habitantes, razas, cultivos, bienes, y otras particularidades locales, tribus, y economía y proponía remedios concretos de manera meticulosa, mostrando certero conocimiento de la situación.[3]
Criticó el abuso de los españoles sobre los indígenas y su mercantilismo en la imposición de prácticas comerciales abusiva sobre los indios, al comprarle sus productos agrícolas a precios muy baratos, y venderles productos muy caros como telas, y otros productos manufacturados.
Al poder civil, les dice con rotundidad:
“Para esto debemos suponer que la Provincia de Sonora en el estado presente es de poca o casi ninguna utilidad a nuestro Amado Soberano y al común de la nación. En esta suposición parece conveniente y preciso formar un nuebo [sic] establecimiento o colonia con leyes y ordenanzas particulares, conducentes a precaber y corregir los desórdenes en los [sic] político, civil, económico y eclesiástico que arruinan esta tan útil e importante Provincia; con atención y distinción de muchos establecimientos o conversiones de infieles, doctrinas antiguas y pueblos de españoles”.
Asimismo, planteó cambios y soluciones, para tratar de poner orden en la zona a su cargo y mantener en proceso la sedentarización de los indios y su protección, así como aumentar la efectividad en su evangelización. La crítica fue en pro de la defensa de los poblados y reales de minas pasajeros edificados sólo para el tiempo de duración de las explotaciones mineras.
Era de esperarse, encontrar resistencia a la división diocesana de las provincias franciscanas a su cargo, y también oposición del poder civil a su propuesta de cambiar las prácticas comerciales abusivas de las relaciones comerciales de españoles e indios.
En 1777, de los Reyes partió de México rumbo a España, desembarcando en La Coruña. Desde allí viajó por tierra a Madrid, donde se fue a informar al Rey Carlos III de España pcon quien se reunió, para discutir el estado de las misiones de Sonora. De los Reyes permaneció en Madrid, varios años, cultivando influencia en la corte.
El rey de España le asignó una dotación anual y le concedió una de las peticiones de dividir, y le otorgó comisión real para que se encargara de instituir 4 nuevas custodias de la Orden de San Francisco de Asís: la de San Carlos de Sonora, la de Nuestra Señora de la Concepción de Nuevo México, la de San Antonio de la Nueva Vizcaya y la de San Fernando de Californias.
El 17 de agosto de 1780, se nombró a De los Reyes obispo de la recién creada diócesis de Sinaloa, Sonora y California. Fue aprobado por el consistorio papal el 11 de diciembre, partió de Málaga el 20 de marzo de 1782, y desembarcó en Veracruz el 5 de agosto de 1782.
Aprovechando su presencia en España, animó a irse con él a otros sacerdotes de su tierra, entre ellos a su sobrino, José Almada. También fue con él a hacer las Américas, otro sobrino, Antonio Almada, ingeniero de minas y patriarca y fundador de la reconocida familia Almada de Álamos Sonora.
Obispo reformador
El 15 de septiembre, Alonso Núñez de Haro y Peralta consagró a de los Reyes como obispo. Tomó posesión de la mitra en el Mineral del Rosario el 25 de febrero de 1783. Llegó a Álamos, el 13 de mayo de 1783 y a su nueva sede de Arizpe el 22 de septiembre de ese año, portando una carta real que declaraba la pequeña ciudad. Después de menos de un mes, de los Reyes solicitó que su sede fuera trasladada a Álamos, donde fijó su residencia hacia enero de 1784.
Los procuradores de los colegios franciscanos de Santa Cruz de Querétaro, Guadalupe de Zacatecas y Santiago de Jalisco opinaron en contra de la fundación de las custodias citadas anteriormente, a cuyas opiniones replicó el obispo desde Álamos a los eclesiásticos con contundencia el 20 de junio de 1783:
“Se han poblado provincias enteras y se ha imposibilitado la reducción de los gentiles sin haber podido encontrar otra causa que, el método por mejor decir, fatal gobierno de las Misiones que con tanto empeño defienden. ¿Qué ha de creer y se podrán persuadir de que los indios se reduzcan y vivan gustosos en los pueblos, obligándolos por la fuerza y el azote al trabajo diario que llaman de comunidad? En estas Misiones no se les permite a los indios bienes propios, raíces o inmuebles, porque todos se les administra por común de la Misión. Los Misioneros ocupados en el manejo de las Haciendas y en hacer traer de México las subsistencia y vestuario de sus pueblos, no pretenden atender su obligación, ni cumplir con su instituto...5. En vista de todo pide el Obispo a V. E. haga saber a los Padres Procuradores y a sus Colegios con todos sus individuos, cumplan y obedezcan como es debido las soberanas disposiciones y finalmente pide la debida y justa satisfacción del agravio hecho a su persona y episcopal dignidad, mandándoles repongan todo su falso informe e injuriosa representación”.
El virrey intervino y dispuso el 14 de enero de 1784 que se acelerara el establecimiento de las custodias autorizadas por el rey. En lo educativo del obispo de los Reyes, Francisco R. Almada afirmó:
“Fue el señor [sic] de los Reyes el precursor de la educación pública en el Estado pues cuando llegó a tierras sonorenses no existía ninguna escuela y durante los pocos años que duró su gestión fundó siete escuelas primarias en distintos lugares y dos cátedras de gramática castellana y latina, una en Arizpe y otra en Álamos. Esta última la atendió personalmente en unión de los presbíteros José Almada y Reyes y provisor Miguel Antonio Cuevas.
A los 57 años, en marzo de 1787, de los Reyes murió de una "fiebre maligna".