Orden Franciscana
orden religiosa fundada por San Francisco de Asís, caracterizada por la pobreza extrema (1209-1517)
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Los franciscanos —conocidos lato sensu como Orden Franciscana— conforman en sentido estricto un conjunto de órdenes religiosas mendicantes relacionadas entre sí, en el marco de la Iglesia católica y según el ideario de San Francisco de Asís. Los franciscanos se adhieren a las enseñanzas y disciplinas espirituales del fundador y de sus principales colaboradores y seguidores, como Clara de Asís, Antonio de Padua y Isabel de Hungría. Desde finales del siglo XIX también se han establecido varias órdenes franciscanas protestantes más pequeñas, especialmente en las tradiciones luterana y anglicana.[1][2] Ciertas comunidades franciscanas son de naturaleza ecuménica, ya que cuentan con miembros que pertenecen a varias denominaciones cristianas.[3]
| Orden de Frailes Menores | ||
|---|---|---|
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Escudo | ||
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San Francisco confortado por un ángel músico, por Francisco Ribalta. H. 1620. | ||
| Siglas | O. F. M, O. F. M Conv., O. F. M. Cap., T.O.R, O.F.S. | |
| Nombre común | Franciscanos, minoritas | |
| Tipo | Mendicante | |
| Regla | Regla de san Francisco | |
| Hábito |
Gris o negro (O. F. M. Conv. = conventuales, T.O.R.). Marrón (O. F. M y O. F. M Cap. = capuchinos) | |
| Fundador | San Francisco de Asís | |
| Fundación | 1209 | |
| Lugar de fundación | Asís | |
| Aprobación | Aprobación verbal en 1209 por el papa Inocencio III. Aprobación por la bula Solet Annuere de 1223 por el papa Honorio III | |
| Sitio web | http://www.ofm.org/ http://www.francescani.net/ http://www.ofmcap.org | |
Francisco comenzó a predicar hacia el año 1207 y viajó a Roma en 1209 para solicitar la aprobación del papa Inocencio III con el fin de fundar una orden religiosa. La Regla de San Francisco original, aprobada por el papa, no permitía la posesión de bienes, por lo que exigía a los miembros de la orden mendigar para alimentarse mientras predicaban. Esa austeridad tenía por objeto emular la vida y el ministerio de Jesucristo. Los franciscanos viajaban y predicaban por las calles, mientras se alojaban en propiedades de la Iglesia. Clara, bajo la guía de Francisco, fundó las Clarisas (Orden de Santa Clara) de los franciscanos.
La extrema pobreza exigida a los miembros se suavizó en la revisión final de la regla en 1223. El grado de observancia exigido a los miembros siguió siendo una importante fuente de conflicto dentro de la orden, lo que provocó numerosas escisiones.[4] [5] La Orden de los Hermanos Menores, anteriormente conocida como la rama «Observante», es una de las tres Primeras Órdenes franciscanas dentro de la Iglesia católica, siendo las otras la «Conventuales», formada en 1209, y la «Capuchinos», fundada en 1520.
La Orden de los Hermanos Menores, en su forma actual, es el resultado de una fusión de varias órdenes más pequeñas llevada a cabo en 1897 por el Papa León XIII.[6] Los capuchinos y los conventuales siguen siendo institutos religiosos distintos dentro de la Iglesia católica, que observan la Regla de San Francisco con diferentes énfasis. A los franciscanos conventuales se les denomina a veces «minoritas» o «franciscanos grises» debido a su hábito. En Polonia y Lituania se les conoce como «bernardinos, en honor a Bernardino de Siena, aunque en otros lugares el término se refiere a los cistercienses.
Esas órdenes abarcan:
- la Primera Orden (1209) que incluye a su vez:
- la Orden de Frailes Menores —conocidos anteriormente como «observantes»—
- la Orden de Frailes Menores Conventuales,
- y la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos;
- la Segunda Orden, que incluye entre otras a la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara (1212), la orden de las Clarisas Capuchinas, las Clarisas descalzas, las hermanas franciscanas de la Inmaculada y las clarisas adoradoras.
- la Tercera Orden (hacia 1221) en sus ramas:
- Tercera Orden Regular de Penitencia de San Francisco (Franciscanos TOR).
- Orden Franciscana Seglar
Si bien cada una de ellas presenta características propias, todas ellas se adhirieron a las enseñanzas y espiritualidad de san Francisco de Asís, junto con las de seguidores tales como santa Clara de Asís, san Antonio de Padua o santa Isabel de Hungría, entre muchos otros.
Nombre y datos demográficos

El nombre de la orden original, Ordo Fratrum Minorum (Hermanos Menores, literalmente «Orden de los Hermanos Menores»), proviene del rechazo de Francisco de Asís al lujo y la riqueza. Francisco era hijo de un rico comerciante de telas, pero renunció a su riqueza para dedicarse más plenamente a su fe. Había cortado todos los lazos que le quedaban con su familia y se dedicó a una vida de solidaridad con sus hermanos en Cristo.[7]
En otras palabras, abandonó su vida entre las clases ricas y aristocráticas (o «majori») para vivir como los pobres y los campesinos («minori»). Francisco adoptó la sencilla túnica que vestían los campesinos como hábito religioso para su orden e hizo que los demás que deseaban unirse a él hicieran lo mismo. Los que se unieron a él se convirtieron en la Orden de los Frailes Menores original.[8]
Primera Orden
La Primera Orden fue fundada por san Francisco de Asís. Se divide en tres ramas: hermanos menores —conocidos anteriormente como «observantes»— (O. F. M.), hermanos menores conventuales (O. F. M. Conv.) y capuchinos (O. F. M. Cap.).
En 1206 san Francisco empezó a llevar una vida religiosa centrada en la pobreza y la caridad.[9] El 16 de abril de 1208 el noble italiano Bernardo de Quintaval se interesó por su forma de vida y se reunió con él en Porciúncula. Juntos leyeron Mateo 19:21, Mateo 16:24 y Lucas 9:3. San Francisco decidió que aquellos versículos fuesen la base de las reglas de su orden, de la que Bernardo fue el primer hermano.[10] El 24 de febrero de 1209, festividad de San Matías, escuchó en misa el texto del Evangelio de Mateo 10:5-10 y dejó de usar el bastón y las sandalias.[11][12]
Posteriormente se unieron otros hermanos. Se llamaron Varones Penitentes de Asís.[13] En 1209 viajó a Roma con varios hermanos de la orden. Primero se entrevistó con el obispo Guido de Asís, que también se encontraba en Roma y que era defensor de su obra, y luego con el cardenal Juan de San Pablo. El cardenal Juan le recomendó que se dedicase solamente a vivir de forma monástica o eremítica, pero Francisco le pidió que intercediese por la causa de su orden ante el papa. Francisco se reunió con Inocencio III, que aprobó de forma no escrita las reglas de su orden.[14] Hacia 1210 Francisco le puso el nombre de Orden de Frailes Menores.[13]
Francisco conoció al cardenal Hugolino, obispo de Ostia y Velletri, en 1216.[15] En 1217, durante la festividad de Pentecostés, se celebró el primer capítulo general en Porciúncula y la orden dividió su territorio en 12 provincias. En 1220, por petición de san Francisco, el cardenal Hugolino fue nombrado protector de la orden por el papa Honorio III.[16] En el capítulo general de 1221 se estudió la primera regla de san Francisco y se acordó la realización de una más breve. Francisco escribió la nueva regla en 1223 y esta fue aprobada por bula de Honorio III.[17]
A comienzos del siglo XVI, debido al aumento de los franciscanos observantes, más centrados en la pobreza, en el capítulo general de los franciscanos que tuvo lugar en Roma en 1517 se creó una diferenciación específica entre franciscanos conventuales y franciscanos observantes (actualmente como Orden de Frailes Menores). Esto fue aprobado por el papa León X con la bula Ite et vos in vineam meam de 1517.[18][19]
En el siglo XVI el beato Mateo de Bascio se hizo franciscano observante. Como deseaba vivir con una mayor humildad, en 1525 abandonó el convento de Montefiorentino, en Montefalcone Appennino, para vivir como eremita. Posteriormente, otros religiosos lo acompañaron en su modo de vida. Estos frailes fueron conocidos como los capuchinos.[20] Fueron aprobados por Clemente VII en 1528.[20] En 1619 el papa Paulo V les otorgó a los capuchinos un ministro general autónomo.[21][22]
Segunda Orden
Se trata de una orden femenina, fundada por san Francisco de Asís y santa Clara de Asís. En la actualidad se compone de las siguientes ramas: hermanas pobres de santa Clara (O. S. C.), clarisas capuchinas (O. S. C. Cap.), clarisas descalzas (O. S. Cl. Col.), hermanas franciscanas de la Inmaculada y clarisas adoradoras (O. C. P. A.).
A partir de 1210 san Francisco de Asís tuvo su residencia habitual en la iglesia de Porciúncula, en Asís. Santa Clara, una joven muchacha noble de Asís, y su amiga Pacífica se hicieron seguidoras de san Francisco en 1212. Posteriormente, otras mujeres siguieron su ejemplo. La Segunda Orden de San Francisco fue fundada para las religiosas. El obispo Guido de Cortona entregó a estas monjas la iglesia de San Damián en Asís.[23][24] En 2011 había unas 20 000 monjas clarisas en 75 países.[25]
El IV Concilio de Letrán de 1215 indicaba que todas las órdenes que no estaban aprobadas canónicamente debían tomar la regla de una orden ya aprobada. Las clarisas tomaron la regla benedictina. No obstante, Clara obtuvo de Inocencio III un singular "privilegio de pobreza".[26]
Francisco conoció al cardenal Hugolino de Segni, obispo de Ostia y Velletri, en 1216. El cardenal Hugolino aprobó la regla de las clarisas de San Damián en 1219.[15] Fue la primera mujer que escribió una regla para una comunidad.
El papa Honorio III aprobó la regla de la Primera Orden de San Francisco con la bula Solet annuere del 22 de noviembre de 1223.[27] En 1227 Hugolino fue escogido papa como Gregorio IX. El papa Inocencio IV aprobó unas reglas para las clarisas con la bula Quoties a nobis del 23 de agosto de 1247. No obstante, posteriormente el pontífice dijo en la bula Inter personas del 6 de julio de 1250 que esta no era obligatoria para las monjas.[24][28]
El 16 de septiembre de 1252 el papa Inocencio IV aprobó otra regla para la orden. El cardenal Reinaldo de Conti di Segni fue protector de los franciscanos desde 1227 y desde 1248 también lo fue de las clarisas.[28] El 27 de abril de 1253 logró que el papa Inocencio IV visitase a santa Clara en Asís, donde pasaba el final de su vida.[29]
Durante su pontificado, Alejandro IV continuó siendo protector de franciscanos y clarisas. Cuando fue sucedido por Urbano IV en 1261, los franciscanos pidieron al papa que les asignase como protector al cardenal Juan Cayetano Orsini, lo que les fue concedido, aunque las clarisas tuvieron de protector a Esteban de Hungría, obispo de Palestrina.[30] El papa Urbano IV, en la bula Inter personas del 19 de agosto de 1262, confirmó que en las circunstancias que se daban los franciscanos debían ser los que atendiesen las necesidades espirituales de las clarisas. Para tratar la jurisdicción franciscana de las clarisas y el papel del cardenal protector, el cardenal Cayetano de Orsino preparó una nueva regla para las clarisas, que fue aprobada por Urbano IV por bula del 18 de octubre de 1263.[30] En esta regla el cardenal protector asignaba a las comunidades clarisas un visitador o un capellán, sin que este tuviese que ser necesariamente franciscano.[31] También se consiguió la unificación con el mismo cardenal protector de todos los conventos de religiosas seguidoras de santa Clara, incluidos los fundados con la regla de la beata Isabel de Francia.[31] La regla urbanista permitía que los conventos de clarisas tuvieran propiedades y rentas.[32] También añadía el uso del escapulario.[32]
En el siglo XV, santa Colette Boylet, nacida en la ciudad francesa de Corbie, decidió hacerse religiosa y pasó por diversas órdenes religiosas buscando alguna que satisficiera sus necesidades espirituales. Primero se hizo beguina, luego benedictina, luego clarisa y, posteriormente, se hizo de la Tercera Orden de San Francisco. El fraile franciscano Enrique de Baume le recomendó que volviese a las clarisas, haciéndose monja de clausura de esta orden. En 1406 obtuvo un permiso para ir a Niza para encontrarse con Benedicto XIII de Aviñón para exponer sus planes de reforma de la orden. El papa le dio autorización para fundar conventos de la orden reformada. Ella consiguió fundar una comunidad reformada en un monasterio de Besanzón y, posteriormente, pasó a haber unos 17 monasterios reformados o fundados nuevos. Santa Colette redactó unas constituciones que fueron aprobadas por el ministro general de los franciscanos en 1434 y en 1458 por el papa Pío II. Santa Colette falleció en Gante, Bélgica, en 1477 y fue canonizada por Pío VII en 1807.[33] Las religiosas seguidoras de santa Colette son conocidas como clarisas descalzas.
En el siglo XV la española venerable María Lorenza Longo se casó con Juan Llonc y tuvo varios hijos. Cuando Juan Llonc fue a Nápoles con Fernando el Católico en 1506 ella acompañó a su marido. El esposo falleció en 1509 y en 1510 ella se unió a la Tercera Orden de San Francisco.[34] En 1519 fundó el hospital de los Incurables, que fue una de las instituciones religiosas más importantes de toda la península itálica.[35] Los capuchinos llegaron a Nápoles en 1529 y se instalaron en el hospital. María Lorenza Longo les hizo directores espirituales de la comunidad. En 1533 esta dirección fue de san Cayetano de Thiene, fundador de los teatinos. San Cayetano logró que Roma aprobase la creación de las Hermanas Franciscanas de la Tercera Orden en 1535. Estas monjas fueron conocidas como clarisas capuchinas. En 1538 María Lorenza Longo fundó el convento de Santa María en Jerusalén. Paulo III confirmó la creación de este monasterio un breve del 10 de diciembre de 1538, dándoles las reglas de las clarisas y limitando el número de monjas a 33, por lo que fue conocido como convento de las Treinta y tres.[36]
En el siglo XX los franciscanos Stefano Maria Manelli y Gabriel Maria Pellettieri, seguidores de la espiritualidad acerca de la Inmaculada del fraile franciscano san Maximilian Kolbe,[37] fundaron la Casa Mariana en Frigento, Italia, en 1982. La congregación tiene frailes y monjas. En 1990 contaban con 14 casas. En 1990 el papa Juan Pablo II aprobó la creación de la Congregación de Frailes Franciscanos de la Inmaculada como instituto diocesano y en 1998 lo aprobó como instituto de vida religiosa.[38]
Tercera Orden
La Tercera Orden de San Francisco es una orden terciaria fundada por san Francisco de Asís. Tiene dos ramas: la seglar (O.F.S.) y la regular (T.O.R.), para la vida conventual.
San Francisco de Asís fue un ejemplo para clérigos y laicos y muchos siguieron esa forma de vida. En 1221 el papa Honorio III aprobó el Memorial del propósito de los hermanos y hermanas de penitencia que viven en sus propias casas, que fue para todas las órdenes de penitencia en general y que fue la primera norma usada por la orden de penitencia franciscana.[39] Fue aprobada canónicamente en 1223 y fue llamada Tercera Orden Regular en 1230.[40] La primera regla particular de la Tercera Orden Regular fue aprobada por el papa Nicolás IV con la bula Supra montem del 18 de agosto de 1289.[39] León XIII aprobó unas nuevas reglas con la bula Misericors Dei Filius de 1889.[41] Pablo VI aprobó unas nuevas reglas con la bula Seraphicus Patriarcha de 1978.[42]
En el siglo XIII algunos terceros franciscanos empezaron a vivir en conventos para liberarse de las cosas mundanas y para realizar obras de caridad en comunidad. Este fue el origen de los terceros regulares. Los terceros de los distintos países fueron gestionándose como una orden regular en el siglo XV, con capítulos generales para los siguientes lugares: Utrecht en 1401, Flandes en 1413, Colonia en 1427, España en 1442, Lieja en 1443, Italia en 1447, Irlanda en 1456 y Dalmacia en 1473. En 1480 el papa Sixto IV decretó que todos los votos que fuesen emitidos por varones y mujeres de los terceros eran válidos.[43] León X aprobó las reglas para las comunidades de varones y de mujeres terceros con la constitución apostólica Inter cetera de 1521.[43] Pío XI aprobó unas nuevas reglas con la bula Rerum condicio de 1927. Las reglas actuales fueron aprobadas por Juan Pablo II con la bula Franciscanum vitae propositum.[43][44][45]
Entre los franciscanos terciarios famosos destacan Miguel de Cervantes,[46] Santo Tomás Moro,[47] Cristóbal Colón,[48] Papa San Juan XXIII,[49] Santa Margarita de Cortona,[50] San Luis IX de Francia (Patrono de la T.O.R y O.F.S), Santa Isabel de Hungría (Patrona de la T.O.R y O.F.S), San Carlos Borromeo, Santa Rosa de Viterbo y Gabriela Mistral
Símbolos franciscanos
Los franciscanos se ciñen el hábito a la cintura con el cordón franciscano[51] con tres o cinco nudos. En el primer retrato de san Francisco lleva un cordón con tres nudos. Posteriormente, la tradición le ha dado a los tres nudos el significado de los votos de pobreza, castidad y obediencia, mientras que los cinco nudos serían las Cinco Llagas de Jesucristo.[52] Los franciscanos menores conventuales y TOR llevan un hábito de color negro o gris, mientras que los franciscanos menores y los capuchinos llevan un hábito de color marrón.
También son símbolos franciscanos la Tau franciscana[53] y el Cristo de San Damián.[54]
Historia

Los comienzos
En 1209, un sermón que Francisco escuchó sobre Mateo 10:9 le causó tal impresión que decidió dedicarse por completo a una vida de pobreza apostólica. Vestido con un holgazán, descalzo y, siguiendo el precepto evangélico, sin bastón ni alforja, comenzó a predicar el arrepentimiento.[55]
Pronto se le unió un destacado conciudadano, Bernardo de Quintavalle, que aportó todo lo que tenía a la obra. Se unieron otros compañeros, y Francisco llegó a tener 11 compañeros en menos de un año. Los hermanos vivían en la desierta colonia de leprosos de Rivo Torto, cerca de Asís. Pasaban gran parte de su tiempo viajando por las zonas montañosas de Umbría, siempre alegres y cantando, causando una profunda impresión en sus oyentes con sus sinceras exhortaciones. Su vida era extremadamente ascética. Probablemente ya en 1209, Francisco les dio una primera regla, una recopilación de pasajes de las Escrituras que enfatizaban el deber de la pobreza.[56]
A pesar de algunas similitudes entre este principio y algunas de las ideas fundamentales de los seguidores de Pedro Valdo, la hermandad de Asís logró obtener la aprobación del papa Inocencio III.[57] Lo que parece haber impresionado primero al obispo de Asís, luego al cardenal Giovanni di San Paolo y finalmente a Inocencio, fue su absoluta lealtad a la Iglesia católica y al clero. El papa Inocencio fue responsable de ayudar a construir la Iglesia que Francisco estaba llamado a reconstruir. Inocencio y el Cuarto Concilio de Letrán contribuyeron a mantener la Iglesia en Europa.[58]
Probablemente, el papa Inocencio vio en ellos una posible respuesta a su deseo de contar con una fuerza predicadora ortodoxa que contrarrestara la herejía. En torno a la decisiva audiencia de Francisco con el papa se han tejido numerosas leyendas. El relato realista de Matthew Paris —según el cual el papa envió inicialmente al desaliñado santo a cuidar cerdos y solo reconoció su verdadero valor por su pronta obediencia— tiene, a pesar de su improbabilidad, cierto interés histórico, ya que muestra la natural antipatía del antiguo monacato benedictino hacia las órdenes mendicantes plebeyas. El grupo recibió la tonsura y Francisco fue ordenado diácono, lo que le permitía proclamar pasajes del Evangelio y predicar en las iglesias durante la misa.[58]
Los últimos años de Francisco

En 1219, tras una intensa actividad apostólica en Italia, Francisco se dirigió a Egipto con la Quinta Cruzada para anunciar el Evangelio a los sarracenos. Se reunió con el sultán Malik al-Kamil, iniciando un espíritu de diálogo y entendimiento entre el cristianismo y el islam. La presencia franciscana en la Tierra Santa comenzó en 1217, cuando se estableció la provincia de Siria, con el hermano Elías como ministro. En 1229, los frailes tenían una pequeña casa cerca de la quinta estación de la Vía Dolorosa. En 1272, el sultán Baibars permitió a los franciscanos establecerse en el Cenáculo del Monte Sión.[59]
En 1309, también se establecieron en el Santo Sepulcro y en Belén. En 1335, el rey de Nápoles Roberto I de Nápoles (Roberto d'Angiò) y su esposa Sancha de Mallorca (Sancia di Maiorca) compraron el Cenáculo y lo cedieron a los franciscanos. En 1342, el papa Clemente VI, mediante las bulas «Gratias agimus» y «Nuper charissimae», declaró a los franciscanos custodios oficiales de los Lugares Santos en nombre de la Iglesia católica. La Custodia de Tierra Santa sigue vigente en la actualidad.[59]
La controversia sobre cómo vivir la pobreza evangélica, que se prolongó a lo largo de los tres primeros siglos de la historia franciscana, comenzó ya en vida de Francisco. Los hermanos ascéticos Mateo de Narni y Gregorio de Nápoles, sobrino del cardenal Ugolino, fueron los dos vicarios generales a quienes Francisco había confiado la dirección de la orden durante su estancia en Egipto. En un capítulo que celebraron, aprobaron ciertas normas más estrictas en materia de ayuno y recepción de limosnas, que se apartaban del espíritu de la regla original. A Francisco no le llevó mucho tiempo, a su regreso, sofocar esta tendencia insubordinada.
Tuvo menos éxito con respecto a otra tendencia de naturaleza opuesta que pronto surgió. Elías de Cortona inició un movimiento para aumentar la consideración mundana de la orden y adaptar su sistema a los planes de la jerarquía. Esto entraba en conflicto con las ideas originales de Francisco y contribuyó a provocar los sucesivos cambios en la regla ya descritos. Francisco no estaba solo en su oposición a esta tendencia laxa y secularizadora. Por el contrario, el grupo que se aferró a sus ideas originales y que, tras su muerte, tomó su «testamento» como guía, conocido como observantes o Zelanti, era al menos igual en número y actividad a los seguidores de Elías.

En 1219, exasperado por las exigencias de dirigir una orden en crecimiento y conflictiva, Francisco pidió ayuda al papa Honorio III. El papa le asignó al cardenal Ugolino como protector de la orden. Francisco renunció a la gestión diaria de la orden. Francisco conservó el poder de elaborar la legislación, redactando una regla en 1221 que revisó y hizo aprobar en 1223. A partir de 1221, la gestión cotidiana de la orden quedó en manos del hermano Elías de Cortona, quien fue elegido líder de los frailes unos años después de la muerte de Francisco en 1232, pero que suscitó mucha oposición debido a su estilo de liderazgo autocrático.[60] Planificó y construyó la Basílica de San Francisco de Asís, en la que está enterrado Francisco, un edificio que incluye el convento Sacro Convento, que sigue siendo hoy en día el centro espiritual de la orden.[61]
Los éxitos externos de los hermanos, tal y como se informaba en los capítulos generales anuales, eran motivo de gran aliento para Francisco. César de Espira, el primer provincial alemán, ferviente defensor del estricto principio de pobreza del fundador, partió en 1221 desde Augsburgo con 25 compañeros para ganar adeptos a la orden en la región del Rin y el Danubio. En 1224, Agnellus de Pisa condujo a un pequeño grupo de frailes a Inglaterra. La rama que llegó a Inglaterra pasó a conocerse como los «greyfriars».[62] Comenzando en Greyfriars, en Canterbury, la capital eclesiástica, se trasladaron a Londres, la capital política, y a Oxford, la capital intelectual. Desde estas tres bases, los franciscanos se expandieron rápidamente hasta abarcar las principales ciudades de Inglaterra.
Evolución tras la muerte de Francisco
1232–1239

Elías era un fraile laico y animaba a otros laicos a ingresar en la orden. Esto provocó la oposición de muchos frailes ordenados y ministros provinciales, que también se oponían a una mayor centralización de la Orden. El Gregorio IX declaró su intención de construir una espléndida iglesia para albergar el cuerpo de Francisco y la tarea recayó en Elías, quien de inmediato comenzó a trazar planes para la construcción de una gran basílica en Asís, con el fin de consagrar los restos del «Poverello».[60] Para construir la basílica, Elías procedió a recaudar fondos de diversas maneras con el fin de sufragar los gastos de la obra. De este modo, Elías también se ganó la antipatía de los más fervientes de la orden, quienes consideraban que esto no se ajustaba a las opiniones del fundador sobre la cuestión de la pobreza.
El primer líder del partido estricto fue fray Leo, un compañero cercano de Francisco durante sus últimos años y autor del Speculum perfectionis, una fuerte polémica contra el partido más laxo. Tras protestar contra la recaudación de fondos para la construcción de la basílica de San Francisco, fue León quien rompió en pedazos la caja de mármol que Elías había colocado para las ofrendas destinadas a la finalización de la basílica en Asís. Por ello, Elías lo mandó azotar, y esta afrenta contra el discípulo más querido de San Francisco consolidó la oposición a Elías. León fue el líder en las primeras etapas de la lucha dentro de la orden por el mantenimiento de las ideas de San Francisco sobre la pobreza estricta.[63] En el capítulo celebrado en mayo de 1227, Elías fue rechazado a pesar de su prominencia, y Giovanni Parenti, ministro provincial de España, fue elegido ministro general de la orden.
En 1232, Elías le sucedió, y bajo su mandato la orden desarrolló significativamente sus ministerios y su presencia en las ciudades. Se fundaron muchas casas nuevas, especialmente en Italia, y en muchas de ellas se prestó especial atención a la educación. Los asentamientos algo anteriores de profesores franciscanos en las universidades (en París, por ejemplo, donde enseñaba Alejandro de Hales) continuaron desarrollándose. Las contribuciones para la promoción de la obra de la Orden, y especialmente para la construcción de la basílica de Asís, llegaron en abundancia. Solo se podían aceptar fondos en nombre de los frailes para necesidades determinadas, inminentes y reales que no pudieran satisfacerse mediante la mendicidad. Cuando en 1230 el Capítulo General no pudo ponerse de acuerdo sobre una interpretación común de la Regla de 1223, envió una delegación que incluía a Antonio de Padua al papa Gregorio IX para obtener una interpretación auténtica de este texto legislativo papal. La bula Quo elongati de Gregorio IX declaró que el Testamento de San Francisco no era jurídicamente vinculante y ofreció una interpretación de la pobreza que permitiría a la Orden seguir desarrollándose. Gregorio IX autorizó a los agentes de la Orden a tener la custodia de dichos fondos cuando no pudieran gastarse inmediatamente. Elías persiguió con gran severidad a los principales líderes de la oposición, e incluso Bernardo di Quintavalle, el primer discípulo del fundador, se vio obligado a esconderse durante años en el bosque de Monte Sefro.
El conflicto entre ambas partes se prolongó durante muchos años y los zelanti obtuvieron varias victorias notables a pesar del favor que la administración papal mostraba hacia sus oponentes, hasta que finalmente se consideró imposible la reconciliación de ambos puntos de vista y la orden acabó dividiéndose en dos.
1239–1274


Elías gobernó la Orden desde el centro, imponiendo su autoridad sobre las provincias (al igual que había hecho Francisco). Desde las provincias de Inglaterra y Alemania se lideró una reacción contra este gobierno centralizado. En el capítulo general de 1239, celebrado en Roma bajo la presidencia personal de Gregorio IX, Elías fue destituido en favor de Alberto de Pisa, el antiguo provincial de Inglaterra,[64] un observante moderado. Este capítulo introdujo los Estatutos Generales para gobernar la Orden y transfirió el poder del Ministro general a los Ministros Provinciales reunidos en capítulo. Los dos Ministros Generales siguientes, Haymo de Faversham (1240-1244) y Crescentius de Jesi (1244-1247), consolidaron esta mayor democracia en la Orden, pero también la condujeron hacia una mayor clericalización. El nuevo papa Inocencio IV les apoyó en ello. En una bula del 14 de noviembre de 1245, este papa incluso sancionó una ampliación del sistema de agentes financieros y permitió que los fondos se utilizaran no solo para aquellas cosas que eran necesarias para los frailes, sino también para aquellas que resultaban útiles.
El partido observante adoptó una postura firme en oposición a esta decisión y agitó con tanto éxito contra el general laxo que, en 1247, en un capítulo celebrado en Lyon, Francia —donde residía entonces Inocencio IV—, fue sustituido por el estricto observante Juan de Parma (1247–1257) y la Orden se negó a aplicar cualquier disposición de Inocencio IV que fuera más laxa que las de Gregorio IX.
Elías, que había sido excomulgado y acogido bajo la protección de Federico II, se vio ahora obligado a abandonar toda esperanza de recuperar su poder dentro de la Orden. Murió en 1253, tras haber logrado, mediante la retractación, que se le retiraran las censuras. Bajo el mandato de Juan de Parma, que gozaba del favor de Inocencio IV y del papa Alejandro IV, la influencia de la Orden aumentó notablemente, especialmente gracias a las disposiciones de este último papa en lo que respecta a la actividad académica de los frailes. No solo autorizó los institutos teológicos en las casas franciscanas, sino que hizo todo lo posible por apoyar a los frailes en la Controversia Mendicante, cuando los maestros seculares de la Universidad de París y los obispos de Francia se unieron para atacar a las órdenes mendicantes. Fue gracias a la intervención de los enviados de el Alejandro IV, que se vieron obligados a amenazar a las autoridades universitarias con la excomunión, que finalmente se concedió el título de doctor en teología a dominico Tomás de Aquino y al franciscano Boanaventura (1257), quienes anteriormente solo habían podido dar clases como licenciados.
El franciscano Gerardo de Borgo San Donnino publicó en esta época un tratado joaquimita y se consideraba que Juan de Parma favorecía la teología condenada de Joaquín de Fiore. Para proteger a la Orden de sus enemigos, Juan se vio obligado a dimitir y recomendó a Buenaventura como su sucesor. Buenaventura vio la necesidad de unificar la Orden en torno a una ideología común y, además de escribir una nueva biografía del fundador, recopiló la legislación de la Orden en las Constituciones de Narbona, llamadas así porque fueron ratificadas por la Orden en su capítulo celebrado en Narbona, Francia, en 1260. En el capítulo de Pisa tres años más tarde, se aprobó la Legenda maior de Buenaventura como la única biografía de Francisco y se ordenó la destrucción de todas las biografías anteriores. Boaventura gobernó (1257-1274) con un espíritu moderado, que también se refleja en diversas obras producidas por la Orden en su época – , especialmente en la Expositio regulae escrita por David de Augsburgo poco después de 1260.
Siglo XIV
1274–1300
El sucesor de Buenaventura, Jerónimo de Ascoli o Girolamo Masci (1274–1279), (el futuro papa Nicolás IV), y su sucesor, Bonagratia de Bolonia (1279–1285), también siguieron una línea moderada. Se tomaron medidas severas contra ciertos espirituales extremistas que, basándose en el rumor de que el papa Gregorio X tenía la intención, en el Concilio de Lyon (1274-1275) obligar a las órdenes mendicantes a tolerar la posesión de bienes, amenazaron tanto al papa como al concilio con renunciar a su lealtad. Sin embargo, se hicieron intentos por satisfacer las demandas razonables del partido espiritual, como en la bula «Exiit qui seminat»[65] del papa Nicolás III (1279), que declaraba que el principio de la pobreza total era meritorio y santo, pero lo interpretaba mediante una distinción algo sofística entre posesión y usufructo. La bula fue recibida con respeto por Bonagratia y los dos generales siguientes, Arlotto de Prato (1285-1287) y Matteo d'Acquasparta (1287-1289); pero el partido espiritual, bajo el liderazgo del discípulo de Buenaventura y apocalíptico Pierre Jean Olivi, consideró que sus disposiciones sobre la dependencia de los frailes respecto al papa y la división entre los hermanos dedicados al trabajo manual y los empleados en misiones espirituales constituían una corrupción de los principios fundamentales de la Orden. No se dejaron convencer por la actitud conciliadora del siguiente general, Raymond Gaufredi (1289–1296), ni del papa franciscano Nicolás IV (1288–1292). El intento del siguiente papa, Celestino V, un viejo amigo de la orden, de poner fin a la contienda uniendo al partido observante con su propia orden de ermitaños (véase Celestinos) apenas tuvo más éxito. Solo una parte de los espirituales se unió a la nueva orden, y la secesión apenas duró más allá del reinado del papa ermitaño. El papa Bonifacio VIII anuló la bula fundacional de Celestino junto con sus demás actos, destituyó al general Raymond Gaufredi y nombró en su lugar a un hombre de tendencia más laxa, Giovanni da Morrovalle. La sección benedictina de los Celestinos se separó de la sección franciscana, y esta última fue suprimida formalmente por el papa Bonifacio VIII en 1302. El líder de los observantes, Olivi, que pasó sus últimos años en la casa franciscana de Tarnius y allí murió en 1298, se había pronunciado en contra de la actitud «espiritual» más extrema y había expuesto una teoría de la pobreza que fue aprobada por los observantes más moderados y que durante mucho tiempo constituyó su principio.
Persecución
Bajo el mandato del papa Clemente V (1305-1314), este partido logró ejercer cierta influencia en las decisiones papales. En 1309, Clemente convocó una comisión en Aviñón con el fin de reconciliar a las partes en conflicto. Ubertino de Casale, líder del partido más estricto tras la muerte de Olivi y miembro de la comisión, indujo al Concilio de Vienne a tomar una decisión que, en lo esencial, favorecía sus puntos de vista. La constitución papal de 1313 Exivi de paradiso fue concebida, en general, en el mismo sentido.
El sucesor de Clemente, el papa Juan XXII (1316-1334), favoreció al partido más laxo o conventual. Mediante la bula Quorundam exigit modificó varias disposiciones de la constitución Exivi y exigió la sumisión formal de los espirituales. Algunos de ellos, animados por el general Miguel de Cesena, firme observante, se atrevieron a disputar el derecho del papa a tratar así las disposiciones de su predecesor. Sesenta y cuatro de ellos fueron convocados a Aviñón y los más obstinados entregados a la Inquisición, siendo cuatro de ellos quemados en 1318. Poco antes de esto, todas las casas separadas de los observantes habían sido suprimidas.
Nueva controversia sobre la cuestión de la pobreza

Unos años más tarde estalló una nueva controversia, esta vez de carácter teórico, sobre la cuestión de la pobreza. En su bula del 14 de agosto de 1279 Exiit qui seminat,[66] el papa Nicolás III había confirmado el acuerdo ya establecido por el papa Inocencio IV, por el cual todas las propiedades cedidas a los franciscanos pasaban a ser propiedad de la Santa Sede, que concedía a los frailes el mero uso de las mismas. La bula declaraba que la renuncia a la propiedad de todas las cosas «tanto individualmente como en común, por amor a Dios, es meritoria y santa; Cristo, asimismo, mostrando el camino de la perfección, lo enseñó con la palabra y lo confirmó con el ejemplo, y los primeros fundadores de la Iglesia militante, al haberlo extraído de la propia fuente, lo difundieron a través de sus enseñanzas y su vida a aquellos que deseaban vivir perfectamente».[67][68][69]
Aunque la «Exiit qui seminat» prohibía la controversia sobre su contenido, en las décadas siguientes se produjeron disputas cada vez más encarnizadas sobre la forma de pobreza que debían observar los franciscanos, con los Espirituales (llamados así por su asociación con la Era del Espíritu que, según Joaquín de Fiore, comenzaría en 1260)[70] se enfrentó a los franciscanos conventuales.[71] La bula del papa Clemente V Exivi de Paradiso del 20 de noviembre de 1312[72] no logró alcanzar un compromiso entre las dos facciones.[70] El sucesor de Clemente V, el papa Juan XXII, estaba decidido a reprimir lo que consideraba excesos de los Espirituales, quienes defendían con fervor la idea de que Cristo y sus apóstoles no poseían absolutamente nada, ni por separado ni en conjunto, y que citaban Exiit qui seminat para respaldar su punto de vista. [73]
En 1317, Juan XXII condenó formalmente al grupo conocido como los Fraticelli.[70] El 26 de marzo de 1322, con Quia nonnunquam, levantó la prohibición de debatir la bula de Nicolás III[74][75] y encargó a varios expertos que examinaran la idea de la pobreza basada en la creencia de que Cristo y los apóstoles no poseían nada. Los expertos discreparon entre sí, pero la mayoría condenó la idea alegando que ello negaría el derecho de la Iglesia a poseer bienes.[70] El capítulo franciscano celebrado en Perugia en mayo de 1322 declaró, por el contrario: «Declaramos corporativa y unánimemente que no es herético, sino verdadero y católico, decir o afirmar que Cristo, al mostrar el camino de la perfección, y los apóstoles, al seguir ese camino y dar ejemplo a otros que deseaban llevar una vida perfecta, no poseían nada, ni individualmente ni en común, ya fuera por derecho de propiedad y dominium o por derecho personal».[70]
Mediante la bula Ad conditorem canonum, de 8 de diciembre de 1322,[76] Juan XXII, declarando ridículo pretender que cada migaja de comida dada a los frailes y consumida por ellos pertenecía al papa, se negó a aceptar la propiedad de los bienes de los franciscanos en el futuro y les concedió una exención de la regla que prohibía absolutamente la propiedad de cualquier cosa, incluso en común, obligándoles así a aceptar la propiedad.[77] Y, el 12 de noviembre de 1323, promulgó la breve bula Quum inter nonnullos[78] que declaró «errónea y herética» la doctrina de que Cristo y sus apóstoles no tenían posesión alguna.[69][73][79] Las acciones de Juan XXII derribaron así la estructura ficticia que daba una apariencia de pobreza absoluta a la vida de los frailes franciscanos.[80] Miembros influyentes de la orden protestaron, como el ministro general Miguel de Cesena, el provincial inglés Guillermo de Ockham y Bonagratia de Bérgamo. En 1324, Luis el Bávaro se puso del lado de los Espirituales y acusó al papa de herejía. En respuesta al argumento de sus oponentes de que la bula de Nicolás III Exiit qui seminat era definitiva e irrevocable, Juan XXII promulgó la bula Quia quorundam el 10 de noviembre de 1324[81] en la que declaró que no se puede deducir de las palabras de la bula de 1279 que Cristo y los apóstoles no tuvieran nada, añadiendo: «De hecho, se puede deducir más bien que la vida evangélica que llevaron Cristo y los apóstoles no excluía algunas posesiones en común, ya que vivir “sin propiedades” no exige que quienes viven así no tengan nada en común». En 1328, Miguel de Cesena fue convocado a Aviñón para explicar la intransigencia de la Orden al rechazar las órdenes del papa y su complicidad con Luis de Baviera. Miguel fue encarcelado en Aviñón, junto con Francesco d'Ascoli, Bonagratia y Guillermo de Ockham. En enero de ese año, Luis de Baviera entró en Roma y se coronó emperador. Tres meses después declaró destituido a Juan XXII e instaló al franciscano espiritual Pietro Rainalducci como antipapa. El capítulo franciscano que se inauguró en Bolonia el 28 de mayo reeligió a Miguel de Cesena, quien dos días antes había escapado con sus compañeros de Aviñón. Pero en agosto, Luis de Baviera y su papa tuvieron que huir de Roma ante un ataque de Roberto de Nápoles. Solo una pequeña parte de la Orden Franciscana se unió a los oponentes de Juan XXII, y en un capítulo general celebrado en París en 1329, la mayoría de todas las casas declararon su sumisión al Papa. Con la bula Quia vir reprobus del 16 de noviembre de 1329,[82] Juan XXII respondió a los ataques de Miguel de Cesena contra Ad conditorem canonum, Quum inter nonnullos y Quia quorundam. En 1330, el antipapa Nicolás V se sometió, seguido más tarde por el exgeneral Miguel y, finalmente, justo antes de su muerte, por Ockham.[70]
Congregaciones independientes

De todas estas disensiones del siglo XIV surgieron varias congregaciones separadas, o casi sectas, por no hablar de los grupos heréticos de los begardos y los fraticelli, algunas de las cuales se desarrollaron dentro de la Orden siguiendo principios tanto ermitaños como cenobíticos y que cabe mencionar aquí:
Clareni
Los Clareni o Clarenini eran una asociación de ermitaños fundada a orillas del río Clareno, en la marca de Ancona, por Angelo da Clareno (1337). Al igual que otras congregaciones más pequeñas, en 1568, bajo el pontificado del papa Pío V, se vio obligada a unirse al cuerpo general de los observantes.
Minoritas de Narbona
Como congregación independiente, se originó a partir de la unión de varias casas que siguieron a Olivi después de 1308. Se limitaba al suroeste de Francia y, al ser acusados sus miembros de la herejía de los begardos, fue suprimida por la Inquisición durante las controversias bajo Juan XXII.
Reforma de Johannes de Vallibus
Esta se fundó en la ermita de San Bartolomé en Brugliano, cerca de Foligno, en 1334. La congregación fue suprimida por el capítulo general franciscano en 1354; restablecida en 1368 por Paolo de' Trinci de Foligno; confirmada por Gregorio XI en 1373, y se extendió rápidamente desde el centro de Italia a Francia, España, Hungría y otros lugares. La mayoría de las casas observantes se unieron a esta congregación de forma gradual, de modo que pasó a conocerse simplemente como los «hermanos de la Observancia regular».
Se ganó el favor de los papas por su enérgica oposición a los heréticos Fraticelli, y fue reconocida expresamente por el Concilio de Constanza de 1415. Se le permitió tener un vicario general propio y legislar para sus miembros sin consultar a la parte conventual de la Orden. Gracias a la labor de hombres como Bernardino de Siena, Giovanni da Capistrano y Dietrich Coelde (n. ¿1435? en Münster; fue miembro de los Hermanos de la Vida Común, fallecido el 11 de diciembre de 1515), alcanzó gran prominencia durante el siglo XV. A finales de la Edad Media, los observantes, con 1.400 casas, constituían casi la mitad de toda la Orden.
Su influencia provocó intentos de reforma incluso entre los conventuales, incluidos los hermanos cuasi-observantes que vivían bajo la regla de los ministros conventuales (martinianos u «Observantes sub ministris»), como los colletanos masculinos, liderados más tarde por Bonifacio de Ceva en sus intentos de reforma, principalmente en Francia y Alemania; la congregación reformada fundada en 1426 por el español Felipe de Berbegal y que se distinguía por la especial importancia que concedían a la capucha pequeña (cappuciola); los Neutri, un grupo de reformadores surgido hacia 1463 en Italia, que intentaron adoptar una postura intermedia entre los conventuales y los observantes, pero se negaron a obedecer a los superiores de ninguno de ellos, hasta que el papa les obligó a afiliarse a los observantes regulares o a los de la Vida Común; los Caperolani, una congregación fundada hacia 1470 en el norte de Italia por Pedro Caperolo, pero disuelta de nuevo a la muerte de su fundador en 1481; los Amadeistas, fundados por el noble portugués Amadeo, quien ingresó en la orden franciscana en Asís en 1452, reunió a su alrededor a varios seguidores de sus principios bastante estrictos (llegando finalmente a contar con veintiséis casas) y murió en olor de santidad en 1482.
Unificación

Los proyectos para la unión entre las dos ramas principales de la Orden fueron propuestos no solo por el Concilio de Constanza, sino también por varios papas, sin que se obtuviera ningún resultado positivo. Por orden del papa Martín V, Juan de Capistrano redactó unos estatutos que debían servir de base para la reunificación, y que de hecho fueron aceptados por un capítulo general celebrado en Asís en 1430; pero la mayoría de las casas conventuales se negaron a aceptarlos, por lo que quedaron sin efecto. A petición de Juan de Capistrano, el papa Eugenio IV promulgó una bula (Ut sacra minorum, 1446) destinada al mismo fin, pero tampoco se logró nada.
Igualmente infructuosos fueron los intentos del franciscano Papa Sixto IV, quien otorgó un gran número de privilegios a ambas órdenes mendicantes originales, pero precisamente por ello perdió el favor de los observantes y fracasó en sus planes de reunificación. El papa Julio II logró reducir algunas de las ramas más pequeñas, pero dejó intacta la división entre las dos grandes facciones. Esta división fue legalizada por el León X, después de que un capítulo general celebrado en Roma en 1517, en relación con el movimiento reformista del Quinto Concilio de Letrán, hubiera declarado una vez más la imposibilidad de la reunificación. Los principios menos estrictos de los conventuales, que permitían la posesión de bienes inmuebles y el disfrute de ingresos fijos, se reconocieron como tolerables, mientras que los observantes, en contraste con este usus moderatus, se mantuvieron estrictamente fieles a su propio usus arctus o «pauper».
Todos los grupos que seguían literalmente la Regla franciscana se unieron a los Observantes, y el derecho a elegir al Ministro general de la Orden, junto con el sello de la Orden, fue otorgado a esta agrupación unida. A este grupo, dado que se adhería más fielmente a la regla del fundador, se le permitió reclamar cierta superioridad sobre los conventuales. El general observante, elegido ahora por seis años, y no de por vida, heredó el título de «Ministro General de toda la Orden de San Francisco». Se le concedió el derecho a confirmar la elección de un superior para los conventuales, conocido como «Maestro General de los Frailes Menores Conventuales» —aunque este privilegio nunca llegó a ser operativo en la práctica.


Características distintivas



Espiritualidad
La teología franciscana se ajusta a la doctrina general de la Iglesia católica, pero incluye varios énfasis únicos. Los teólogos franciscanos consideran la creación, el mundo natural, como algo bueno y alegre, y evitan insistir en la «mancha del pecado original». Francisco expresó un gran afecto hacia los animales y los objetos naturales inanimados como compañeros habitantes de la creación de Dios, en su obra Cántico de las criaturas (Laudes Creaturarum, también conocido como el Cántico del hermano sol).
Se hace especial hincapié en la Encarnación de Cristo, vista como un acto especial de humildad, ya que Francisco quedó impresionado por la gran caridad de Dios al sacrificar a su hijo por la salvación de la humanidad. También muestran una gran devoción por la Eucaristía. La Regla de San Francisco exhorta a los miembros a practicar una vida sencilla y el desapego de las posesiones materiales, imitando la vida y el ministerio terrenal de Jesús. El estilo de vida sencillo ayuda a los miembros de la orden, en cualquiera de sus ramas, a experimentar la solidaridad con los pobres y a trabajar por la justicia social. La espiritualidad franciscana también hace gran hincapié en trabajar para preservar la Iglesia y permanecer leales a ella. [83][84]
Visiones y estigmas
Entre los religiosos católicos, los franciscanos han registrado proporcionalmente un mayor número de casos de estigmas y han afirmado tener proporcionalmente un mayor número de visiones de Jesús y María. El propio Francisco de Asís fue uno de los primeros casos documentados de estigmas, y quizás el estigmático más famoso de la era moderna sea el Padre Pío, un capuchino, quien también afirmó tener visiones de Jesús y María. Los estigmas de Pío persistieron durante más de cincuenta años y fue examinado por numerosos médicos en el siglo XX, quienes confirmaron la existencia de las heridas, pero ninguno de ellos pudo dar una explicación médica al hecho de que sus heridas sangrantes nunca se infectaron. Según la Enciclopedia Británica, sus heridas se curaron una vez, pero reaparecieron.[85]
Según la Columbia Encyclopedia[86] algunas autoridades médicas que examinaron las heridas del Padre Pío se inclinaban a creer que los estigmas estaban relacionados con una histeria nerviosa o cataléptica. Según Answers.com[87] las heridas fueron examinadas por Luigi Romanelli, médico jefe del Hospital Municipal de Barletta, durante aproximadamente un año. Giorgio Festa, un médico privado, las examinó en 1920 y 1925. Giuseppe Bastianelli, médico del Papa Benedicto XV, reconoció la existencia de las heridas, pero no hizo ningún otro comentario. El patólogo Amico Bignami observó las heridas, pero no realizó ningún diagnóstico.
Contribuciones a los estudios bíblicos
Los franciscanos fundaron el Studium Biblicum Franciscanum como una sociedad académica con sede en Jerusalén y Hong Kong dedicada al estudio de las Escrituras. La sede de Hong Kong, fundada por Gabriele Allegra, publicó en 1968 la primera traducción completa de la Biblia católica al chino, tras cuarenta años de trabajo.[88] La Traducción del Studium Biblicum se considera a menudo la Biblia china de referencia entre los católicos.
Los primeros esfuerzos de otro franciscano, concretamente Juan de Montecorvino, quien había intentado una primera traducción de la Biblia en Pekín en el siglo XIV, proporcionaron la chispa inicial para la empresa de 40 años de Gabriele Allegra, cuando, a la edad de 21 años, asistió por casualidad a la celebración del sexto centenario de Monte Corvino.
Miembros destacados
La orden franciscana cuenta con numerosos miembros ilustres. De su primer siglo pueden citarse los tres grandes escolásticos Alejandro de Hales, Boanaventura y Juan Duns Scoto, el «Doctor de las Maravillas» Roger Bacon, y los conocidos autores místicos y predicadores populares David de Augsburgo y Bertoldo de Ratisbona.
Durante la Edad Media, entre los miembros destacados se encontraban Nicolás de Lira, el comentarista bíblico Bernardino de Siena, el filósofo Guillermo de Ockham, los predicadores Juan de Capistrano, Oliver Maillard y Michel Menot, y los historiadores Luke Wadding y Antoine Pagi.
En el ámbito del arte cristiano durante la Baja Edad Media, el movimiento franciscano ejerció una influencia considerable, especialmente en Italia. La influencia de los ideales franciscanos se manifiesta en varios grandes pintores de los siglos XIII y XIV, especialmente Cimabue y Giotto, quienes, aunque no eran frailes, eran hijos espirituales de Francisco en un sentido más amplio. También se aprecia en las obras maestras plásticas de Giotto, así como en las concepciones arquitectónicas tanto del propio artista como de su escuela. El estilo gótico italiano, cuyo primer monumento importante es la gran iglesia conventual de Asís, construida entre 1228 y 1253, fue cultivado, por regla general, principalmente por miembros de la orden o por hombres bajo su influencia.
La poesía espiritual temprana de Italia se inspiró en parte en el propio Francisco, a quien siguieron Tomás de Celano, Boaventura y Jacopone da Todi. A través de una tradición que lo consideraba miembro de la Tercera Orden Franciscana, incluso Dante puede incluirse dentro de esta tradición artística; véase especialmente Paraíso, xi. 50.
Franciscanos en la ciencia
Los franciscanos han tenido un papel destacado en el desarrollo de las ciencias en Europa.[89] Hubo autores franciscanos en las principales universidades de Europa, como Bolonia, Padua y Nápoles en Italia; Oxford y Cambridge en el Reino Unido; Salamanca y Palencia en España y París en Francia.[90]
- Luis de Alcalá (1490?–1549): Economista y franciscano español. Sus obras influyeron en grandes cambios en la cultura económica moderna. Tratado sobre préstamos.
- Bartolomeo Ánglico (h. 1203–1272): autor de una enciclopedia de 19 libros llamada Sobre las propiedades de las cosas. Traducida en la Edad Media del latín al italiano, francés, español e inglés.
- Francisco Antonio de Arrábida (1771–1850): obispo de Anemuria, botánico, tutor de Pedro II de Brasil.
- Roger Bacon (1214–1292): descubridor del foco de los espejos cóncavos, matemática de espejos parabólicos, descubrió el principio de la cámara oscura y estudió la visión y otros estudios de óptica. Pionero en el método científico.
- Buenaventura de Bagnoregio (1217–1274): Teólogo, catedrático, doctor de la iglesia, sacerdote franciscano y santo francés. Aporta conocimiento al hileformismo. Se le conoce como el “Doctor seráfico”. (relativo a serafines). Amplia es su obra escrita.
- Lorenzo Calzavarini (1939–2012): sociólogo, autor de varios libros sobre las comunidades indígenas bolivianas y la historia de laxaciones interculturales. Recuperó el archivo colonial y republicano del Convento de San Francisco con documentación que va de 1606 a 1936. Creó el Museo Franciscano.
- Bartolomé da Colle di Val d´Elsa (141?–1478): Teólogo y traductor franciscano. Fundó “El monte de Cristo” como réplica y fin del “Monte de Piedad” en Orvieto
- Vicenzo María Coronelli (1650 – 1718): Cartógrafo, cosmógrafo, historiador y sacerdote franciscano. Fundador de la primera sociedad geográfica del mundo. Creador de los primeros globos terráqueos.
- Carlos Crespi Croci (1891–1982): Antropólogo, cineasta y sacerdote franciscano italiano en proceso de beatificación. Documentó a la tribu de los shuaras del Ecuador. Más de 20 obras, en múltiples idiomas, se dedican a su trabajo misional y documental.
- Luigi Galvani (1737–1798): Médico, fisiólogo, físico y franciscano seglar italiano. Sus estudios le permitieron descifrar la naturaleza eléctrica del sistema nervioso. El galvanismo es una de sus teorías que permitieron la galvanización fundando así la electroquímica. Por otro lado se funda la biofísica según la cual el cerebro de los animales produce electricidad que es transferida por los nervios, acumulada en los músculos y disparada para producir el movimiento de los miembros. Influyó para el proceso de Galvanizado Galvanómetro, así como lo denominado Galvanismo y Corrosión galvánica.
- Juan Gil de Zamora (1241–1318): Naturalista, musicólogo, escritor, biógrafo y sacerdote franciscano español. Al menos 25 obras se le conocen en muy variados temas.
- Roberto Grosseteste (1175–1253): obispo de Lincoln y fundador de la escuela experimental de Oxford. Matemático, astrónomo, meteorólogo, físico y uno de los primeros en incorporar la matemática a las ciencias naturales. Aportó el método de investigación reducción a absurdo, hipótesis sobre el arco iris, cosmología de la luz, sobre olas y mares, lentes convexos.
- Alejandro de Hales (1185–1245): Teólogo, catedrático y sacerdote franciscano inglés. Denominado Monarca de teólogos.
- José Gregorio Hernández (1864–1919): Beato, Médico y científico franciscano venezolano Introdujo el microscopio y otros instrumentos científicos en Venezuela, siendo un gran impulsor y pionero de la docencia científica en su país.
- Francisco Jiménez de Cisneros (1436–1517): Franciscano, arzobispo de Toledo. Elaboró una la Biblia políglota complutense con sus idiomas originales, hebreo, arameo, griego, junto a su traducción latina. Cada página está dividida en tres columnas paralelas de texto: En hebreo la exterior, la Vulgata latina en el medio y la Septuaguinta griega en el interior. De las 600 copias publicadas, se estima que subsisten unas 120. En 1501 instituyó la obligatoriedad de la identificación personal con un apellido fijo. Hasta entonces las personas se identificaban con su nombre y un apellido o mote que reflejaba el lugar de procedencia, u oficio.
- Ramon Llull (1232–1316): escritor de Mallorca que fue tutor de Jaime II de Mallorca. Hoy en día se conservan 250 títulos escritos en latín, provenzal, catalán y árabe con temas sobre astronomía, geometría, náutica y lógica.[91]
- Ricardo de Mediavilla (1249–1308): Teólogo, físico, químico y monje franciscano inglés. Precursor de la ciencia moderna. Al menos, 5 obras le son reconocidas.
- Guillermo de Ockham (1280–1349): Matemático filósofo y fraile franciscano. Aportó trabajos sobre las posteriores Leyes de Morgan y lógica ternaria, es decir, un sistema lógico con tres valores de verdad, concepto que sería retomado en la lógica matemática de los siglos XIX y XX. Asimismo, concibió el principio de acción y reacción, empirista. En el empirismo es célebre el término La navaja de Ockham.
- Pedro Juan Olivi (1248–1298): investigó sobre la dinámica, la inercia, el impulso posteriormente llamado ímpetu. Descubridor de la teoría subjetiva del valor, compuesto por siete cuestiones, entre el valor natural de las cosas, utilidad y su valor económico.
- Luca Pacioli (1445–1517): matemático, en 1494 publica un compendio de toda la matemática disponible en su tiempo con innovaciones en geometría y matemática financiera y creando el método de la partida doble se le considera el padre de la contabilidad moderna.
- Antonio de Padua (1191–1231): Teólogo, sacerdote franciscano, santo y doctor de la Iglesia. Luchó contra la usura, y “abogados, leguleyos y sanguijuelas que chupan la sangre de los pobres, que tejen argucias para engañar; “gentuza maldita que infesta la tierra”, reptiles al acecho, árboles.
- Juan Peckham (1220–1292): arzobispo de Canterbury. Trabajó en óptica y su obra más célebre es: Perspectiva communis.
- Bernardino de Sahagún (1499–1590): escribió la Historia general de las cosas de la Nueva España, una suma sobre los conocimientos que recogió décadas después de la Conquista de México. Se considera como pionero en la antropología.
- Juan Duns Scoto (1266–1308): Teólogo, fraile y beato franciscano inglés. Hace reflexiones sistemáticas sobre la economía, sobre el valor y el precio de los bienes, o sobre la moneda. Habla de la separación total del dinero y procede una nueva síntesis económica, el reconocimiento de que la verdadera riqueza no está en el tener, sino en la auténtica comunidad, que se presenta como alternativa radical a la immunitas (independencia o autonomía). Entre sus 11 obras hay de diversas disciplinas.
- Bernardino de Siena (1380–1444): Economista y fraile franciscano y santo católico. Describió el valor del trabajo, el de comerciante, los abusos del dinero y negocios. (San Bernardino California tiene su nombre en honor a éste santo).
Franciscanos en América

Los franciscanos llegaron al virreinato de Nueva Granada en 1519, al de Nueva España en 1524 y al del Perú en 1532. Fundaron nuevos conventos por Centroamérica a partir de 1536.[92]
En marzo de 1535 los franciscanos Jodoco Ricke, Pedro Gosseal y Pedro Rodeñas se instalaron en Quito, en el actual Ecuador. En este lugar, Ricke fue el primero en plantar cultivos de trigo en América. Al igual que en otros lugares, los franciscanos realizaron en Quito una labor educativa y misionera.[93]
En el capítulo general de Valladolid de 1565 se crearon las provincias franciscanas de: San Francisco de Quito, en Ecuador; San Antonio de los Charcas, en Bolivia; la Santísima Trinidad, en Chile; Santa Fe de Bogotá, en Colombia; y Santísimo Nombre de Jesús, en Guatemala.[94] Posteriormente, crearon las provincias de San Jorge de Nicaragua (1575) y Santa Elena de la Florida, actuales Estados Unidos (1611).[95][96]
México
La primera orden religiosa en llegar y establecerse en México en el siglo XVI, en el virreinato de Nueva España, fue la de los franciscanos.[97] Después llegaron los jesuitas, los agustinos y los dominicos. Se reconoce a los Los doce apóstoles de México, también conocidos como los doce apóstoles de Nueva España, fue un grupo de doce misioneros franciscanos españoles que llegaron al recién fundado reino de Nueva España el 13 de mayo de 1524 con el objetivo de convertir al cristianismo a la población indígena. El grupo estaba compuesto por: Fray Martín de Valencia, Francisco de Soto Marne, Martín de Jesús (o de la Coruña), Juan Juárez, Antonius de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente (Motolinía), García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Fray Francisco Jiménez, Andrés de Córdoba y Juan de Palos (estos dos últimos hermanos legos). El superior era Martín de Valencia, y fundaron el convento de San Francisco en Ciudad de México. En 1532 el papa Clemente VII creó la provincia franciscana de Santiago de México.[98] Posteriormente, los franciscanos tuvieron las siguientes provincias: El Santo Evangelio de México (1536), San Pedro y San Pablo de Michoacán (1565), San José de Yucatán (1536), provincia descalza de San Diego (1599), San Francisco de Zacatecas (1603) y Santiago de Jalisco (1606).[99]
Inicialmente los franciscanos elaboraron un proyecto que incluía el estudio de las lenguas nativas, de forma de enseñar el cristianismo en las lenguas propias de los indígenas. En principio lograron el apoyo de la Corona española. Emplearon además otros medios didácticos, que incluían el uso de cuadros de imágenes, el canto y la música.[100] Ese proyecto franciscano fue atacado por los encomenderos, quienes buscaban que las comunidades indígenas permanecieran sujetas de manera definitiva a los intereses y necesidades de los criollos y peninsulares, para lo cual operaron de forma que la enseñanza se desarrollase en idioma español.[97] Finalmente, en 1550 se expidió una orden para que los religiosos enseñaran la lengua castellana a todos los naturales.[97] El imperial colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, creado en 1536 para ser el centro de educación superior más importante de la Nueva España y dirigido a la formación de un clero indígena, terminó por desaparecer en 1576.[97]
Perú
En 1531 fray Marcos de Niza llegó a Santo Domingo. Posteriormente, fue a Perú con los conquistadores españoles de Francisco Pizarro y a Quito con Sebastián de Belalcázar.[101]
Los primeros conventos franciscanos fundados en Perú fueron los de Cuzco y Lima en 1534.[102] En 1534 Jodoco Ricke estuvo en Piura con Pedro Gosseal y Alonso de Baena.[93] En 1553 se creó la provincia de los Doce Apóstoles del Perú, con su sede principal en el convento de San Francisco de Lima.[103]
En la labor educativa franciscana destacó fray Luis Jerónimo de Oré, autor de Símbolo católico indiano, publicado en Lima en 1588, que incluye una gramática en quechua y aimara, una descripción geográfica del Perú e informaciones sobre las antiguas costumbres prehispánicas. Oré es también autor de un ritual de oraciones en lenguas nativas. En 1620, Oré fue nombrado obispo de Concepción, en Chile.[104]
En el siglo XVIII Juan Santos, originario de Cuzco y educado como cristiano, fue desterrado por el virrey Castelfuerte. Se instaló en el Gran Pajonal, en la selva peruana, donde se convirtió en un líder insurgente. Estableció en su grupo varias teorías heréticas y dijo que era heredero del emperador inca Atahualpa, por lo que fue conocido como Juan Santos Atahualpa. Llevó a cabo una rebelión contra las misiones franciscanas del cerro de la Sal entre 1742 y 1756.[105]
Estados Unidos
José de Gálvez encargó a los franciscanos la fundación de nuevas misiones en la Alta California, en los actuales Estados Unidos.[106]
El fraile san Junípero Serra fundó las misiones de San Diego de Alcalá (1769), San Carlos de Monterrey (1770), San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771) y San Luis Obispo de Tolosa (1782). También participó en la fundación de la misión de San Juan Capistrano (1776) y de San Buenaventura (1782).[107] Los franciscanos también fundaron las misiones de: San Francisco de Asís (1776), Santa Clara de Asís (1777), Santa Bárbara (1782), la Purísima Concepción (1787), Santa Cruz (1791), Nuestra Señora de la Soledad (1791), San José (1797), San Juan Bautista (1797), San Miguel Arcángel (1797), San Fernando Rey de España (1797), San Luis Rey de Francia (1798), Santa Inés (1804), San Rafael Arcángel (1817) y San Francisco Solano (1823).[106]
Entre 1769 y 1823 los franciscanos fundaron 21 misiones en la Alta California.[106]
Brasil
Durante el periodo de la Unión Ibérica, franciscanos, benedictinos y carmelitas, apoyados por la corona, comenzarán a fundar conventos y monasterios en los territorios de los brasiles (Brasil y Gran Pará Maranhão a partir de 1621). Los franciscanos habían llegado con los primeros conquistadores. Entre 1500 y 1549 fueron los únicos religiosos en tierras brasílicas. Pero será con la unión ibérica, en el periodo de Felipe II (I de Portugal) que fundarán residencias y misiones fijas. Primero será la fundación de la "Custodia de Santo Antonio", Brasil, en 1584, bajo las órdenes del ministro general de la orden en Lisboa, Fray Francisco Gonzaga, muy próximo al monarca. Serán construidos en este periodo los conventos de Nuestra Señora de las Nieves en Salvador de Bahía en 1587, Igarassu en 1588, reforma de la sede de Vitoria en 1589, Río de Janeiro en 1592, Recife entre 1606 y 1613, João Pessoa en 1608, São Luiz do Maranhão (antes de la fundación del estado, en 1621) en 1626, en Belém do Pará en 1624, en São Francisco do Conde (Bahia) en 1629, Sirinhaem en 1630; Convento de São Francisco de Marechal Deodoro en 1635, São Paulo en 1639 y Santos en 1640. Después de la unión ibérica los franciscanos seguirán expandiéndose por Brasil con fundaciones como Cairu (Bahia) en 1654, São Cristóvão (Sergipe) en 1657, la Orden Tercera en São Paulo en 1676, o el Convento de Nossa Senhora do Desterro, en Salvador de Bahía, en 1677, el de Cabo Frío en 1684 y finalmente en Cachoeira y São Félix en 1686, Penedo (Alagoas) en 1689 e Ipojuca (Pernambuco), 1690