Apoteosis de Hércules
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La apoteosis de Heracles o Hércules (en griego antiguo: ἀποθέωσις Ἡρακλέους, en latín: Apotheosis Herculis) es el episodio final en la mitología clásica del héroe Heracles (o Hércules), en el que, tras su muerte, es elevado al Olimpo y recibe la inmortalidad divina (θεία ἀθανασία).[1][2][3][4]
Este acontecimiento marca la culminación de su vida heroica y simboliza el tránsito definitivo del ámbito humano al divino, convirtiéndolo en uno de los pocos héroes mortales que alcanzaron el estatus de dios. Según la tradición más difundida, la apoteosis tiene lugar tras la muerte de Heracles en el monte Eta.[5] Pese a su divinización, Heracles continuó recibiendo en muchos lugares un culto heroico junto al culto divino, reflejando su naturaleza dual como héroe y dios. Esta ambigüedad fue ya reconocida en la Antigüedad y constituye un rasgo distintivo de su figura religiosa.[6]
Una de las primeras referencias que hacen alusión a la doble naturaleza de Heracles —héroe en el inframundo y dios en el Olimpo— se encuentra en la Odisea:
«Después de ellos vi a Heracles el fuerte, mas solo en su sombra, ya que él de los dioses al lado se goza en festines con su Hebe de lindos tobillos, que el supremo Zeus engendrara con Hera inmortal de doradas sandalias».[7]
Los sucesos que conducen a la muerte de Heracles se inscriben en el ciclo final de su vida y están estrechamente ligados a su matrimonio con Deyanira, hija de Eneo. Se casó con ella cuando ya había muerto Meleagro. Tras dar muerte al centauro Neso, que había intentado violarla, este engañó a Deyanira antes de morir, asegurándole que su sangre actuaría como un filtro amoroso. Tiempo después, temiendo perder el afecto de Heracles, Deyanira impregnó con esa sangre una túnica y se la envió al héroe. Al ponérsela, el veneno —mezclado con la ponzoña de la Hidra— le causó un sufrimiento insoportable e irreversible.[8]
Incapaz de librarse del tormento, Heracles ordenó ser llevado al monte Eta, donde mandó construir una pira funeraria. Tras despedirse de sus allegados y disponer su propia muerte, el fuego consumió su cuerpo mortal. Este acto voluntario, interpretado en la tradición mítica como una aceptación consciente del destino y como culminación de sus trabajos y sufrimientos, precede inmediatamente a su apoteosis.[8]
En Diodoro Sículo
En la mitología clásica, la narración más extensa y sistemática del último episodio en la mitología de la vida de Heracles se encuentra en Diodoro Sículo, quien ofrece un relato continuo que abarca desde el engaño de Neso hasta la apoteosis del héroe.[9]
Antes de la muerte: Deyanira; la túnica de Neso; la pira en el monte Eta
Después de hacer prisionera a Yole, Heracles partió de Eubea en dirección al promontorio llamado Ceneo.[10] Allí, deseoso de realizar un sacrificio, Heracles envió a Licas, su asistente, a Traquis con la orden de pedir la túnica y el manto que solía usar en los sacrificios a su mujer Deyanira. Pero esta, advertida por Licas del amor de Heracles por Yole y con el propósito de ser querida ella misma más que la otra, untó la túnica con el filtro dado por el centauro para la perdición del héroe. Así pues, Licas, sin saber nada de esto, se llevó las vestiduras para el sacrificio. Heracles se puso la túnica untada y, al hacer su efecto poco a poco el poder séptico del veneno, padeció el sufrimiento más terrible. La punta del dardo, en efecto, había sido recubierta con veneno de la serpiente —la Hidra de Lerna—, y por esto la túnica, con el calor, ulceró la carne de su cuerpo. Heracles se vio acometido por un dolor inmenso y mató a Licas, que había sido su asistente, y luego licenció su ejército y regresó a Traquis.[11]
Cada vez más agobiado por el mal, envió a Licimnio y a Yolao a Delfos para preguntar a Apolo qué debía hacer para vencer el mal. Deyanira, conmovida por la magnitud del infortunio de Heracles, y consciente de su error, puso fin a su vida colgándose con un lazo. El dios respondió que se debía trasladar a Heracles al Eta, con su armadura de guerra, y levantar a su lado una gran pira; del resto, dijo, se cuidaría Zeus. Una vez que los que estaban con Yolao hubieron ejecutado las órdenes y se hubieron situado a cierta distancia para observar lo que iba a ocurrir, Heracles, ya sin esperanza respecto a su curación, se acercó a la pira y se puso a pedir a cada uno de los que se aproximaban que encendiera la hoguera. Al no atreverse nadie a obedecerle, solo Filoctetes se dejó convencer; y así, tras recibir como regalo el arco y las flechas de Heracles en correspondencia a su ayuda, prendió el fuego. Inmediatamente los rayos también cayeron del cielo por todas partes, y la pira se consumió completamente. A continuación los compañeros de Yolao fueron a recoger los huesos, pero, al no encontrar ni uno solo, pensaron que Heracles, de acuerdo con los oráculos, había dejado el mundo de los hombres para estar en compañía de los dioses.[12]
Después de la muerte: honores divinos; matrimonio con Hebe; Heracles en el Olimpo
Por esta razón le dedicaron sacrificios funerarios como a un héroe, le construyeron un túmulo y luego regresaron a Traquis. Siguiendo este ejemplo, Menecio, el hijo de Áctor, que era amigo de Heracles, le sacrificó un jabalí, un toro y un carnero como a un héroe e instituyó que cada año en Opunte se ofrecieran sacrificios a Heracles y se le honrara como a un héroe. Algo semejante hicieron también los tebanos, pero los atenienses fueron los primeros de todos en honrar a Heracles con los sacrificios que se tributan a un dios, y, ofreciendo a los demás hombres el ejemplo de su piedad hacia este dios, indujeron primero a todos los griegos, y a continuación a todos los hombres de la tierra habitada, a honrar a Heracles como a un dios.[13]
Debemos añadir a lo dicho que, después de su apoteosis, Zeus persuadió a Hera para que adoptase a Heracles como hijo y le diese un afecto maternal durante todo el resto de los tiempos. Esta adopción se realizó, dicen, del modo siguiente: Hera se subió al lecho y, tras atraer junto a su cuerpo a Heracles, dejó que se deslizara al suelo a través de sus vestidos, imitando un verdadero nacimiento. Esto precisamente es lo que hacen los bárbaros hasta nuestros días cuando quieren adoptar un hijo. Después de la adopción, Hera, cuentan los mitos, unió a Heracles en matrimonio a Hebe. A este hecho el poeta de la Nekyía, escribió que «pues él entre los inmortales se complace en los festines y tiene a Hebe de hermosos tobillos».[14] Dicen asimismo que Heracles fue inscrito por Zeus en la lista de los doce dioses, pero que él no aceptó este honor, puesto que era imposible esta inscripción sin la exclusión previa de uno de los doce dioses, por lo que le parecía fuera de lugar aceptar un honor que comportaba el deshonor de otro dios.[15]
Sufrimiento del héroe
Sófocles
En la tragedia Las Traquinias de Sófocles, se presenta el episodio final de Heracles centrado en su sufrimiento y muerte tras recibir la túnica envenenada enviada por Deyanira. La obra ofrece un relato intenso y detallado de la agonía del héroe y de las consecuencias del engaño de Neso, pero no llega a narrar su apoteosis; la tragedia se detiene en la destrucción física del héroe. Esta representación destaca por su riqueza psicológica, mostrando el dolor, la desesperación y las emociones de Heracles en sus últimos momentos, así como la participación activa de los personajes que lo rodean, como Deyanira y Licas.[16]
Ovidio
En Las Metamorfosis de Ovidio, el último episodio de Heracles se presenta como una narración amplia y detallada que incluye tanto su agonía causada por la túnica envenenada como su posterior elevación al Olimpo. La obra, escrita en latín durante el período augusteo, constituye una reelaboración literaria del mito griego, con un marcado énfasis retórico y filosófico que subraya la separación entre la parte mortal y la parte divina del héroe y la idea de purificación a través del fuego.[17]
Un ejemplo lo podemos apreciar cuando dice que Heracles, tras arder en la pira del Eta, ya no tenía parecido alguno con Alcmena, sino que, como una serpiente que ha mudado su piel, aparecía con toda la majestad de su padre divino. Una nube lo ocultó a la vista de sus compañeros, mientras, entre truenos, Júpiter lo transportaba en su carro de cuatro caballos al cielo, donde Minerva lo tomó de la mano y lo presentó solemnemente a los otros dioses.[18]
Pausanias
En su Descripción de Grecia, Pausanias ofrece un relato del último episodio de Heracles centrado en la geografía y los cultos asociados, más que en la acción narrativa. Señala que Heracles murió en el monte Eta, donde se erigieron altares y santuarios en su honor, y describe la tradición de que fue consumido en la pira construida según su propio deseo. Pausanias también menciona la apoteosis del héroe y su matrimonio con Hebe, así como la coexistencia de cultos heroicos y divinos en diversos lugares de Grecia. Su obra preserva versiones locales y tradiciones rituales que complementan las narraciones literarias de Diodoro, Sófocles y Ovidio, proporcionando un testimonio etnográfico y cultual del mito.[19]
Así se expresa Pausanias en el libro I (Ática):
«Hay un santuario de Heracles llamado Cinosarges. También hay altares de Heracles y Hebe, la hija de Zeus que, según la tradición, se casó con Heracles. Está también edificado un altar de Alcmena y de Yolao, que colaboró con Heracles en la mayoría de sus trabajos».[20]
Y así describe una estatua honoraria en el libro III (Laconia):
«En cuanto a Dioniso y Heracles, al primero, todavía niño, lo está llevando al cielo Hermes, y Atenea conduce a Heracles a vivir a partir de entonces con los dioses».[21]
Autores tardíos
De acuerdo con Clemente de Alejandría: «entre el reinado de Heracles en Argos y la deificación del propio Heracles y de Asclepio hay comprendidos treinta y seis años, según Apolodoro el cronista, y de ese momento a la deificación de Cástor y Pólux treinta y tres años, y en algún momento de este tiempo sucedió la captura de Troya».[22] Dado que Heracles gobernó Tirinto en Argos al mismo tiempo que Euristeo gobernó Micenas, y puesto que en esa época Lino era el profesor de Heracles, puede concluirse que estableciendo la fecha en que Lino enseñaba a Heracles en el 1264 a. C. La muerte y deificación de Heracles ocurrió aproximadamente en 1226 a. C. Los antiguos griegos celebraban el 12 de octubre la fiesta de la Herakleia en conmemoración de la muerte de Heracles.[23]
Tzetzes nos da una narración que no se vuelve a repetir en ninguna otra fuente. Dice que Hera era «siempre reflexiva» con Heracles; primero lo odiaba, pero luego lo convirtió en su yerno a través de su hija Hebe. Algunos dicen que Hera lo amamantó pero un tal Sotas de Bizancio, en sus palabras, dice que Heracles se convirtió en dios al matar al gigante Pronomo, que quería obligar a Hera a casarse con él.[24]