Arnulfo de Orleans
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Profesor
| Arnulfo de Orleans | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
Primera mitad s. xii Orleans, Francia | |
| Lengua materna | Francés antiguo | |
| Información profesional | ||
| Ocupación |
Escritor Profesor | |
| Obras notables | Comentarios a las obras de Ovidio | |
Arnulfo de Orleans (Orleans, siglo xii) fue un literato francés, autor de comentarios a las obras de Ovidio y Lucano, que enseñó en las escuelas de Orleans durante la segunda mitad del siglo xii.[1]
La polémica con Mateo de Vendôme
No tenemos datos precisos sobre su vida: solo podemos decir con certeza que nació en Orleans, pues él mismo se define como Aurelianensis, es decir, oriundo de la ciudad francesa. Otras noticias nos llegan por el eco de los odios y polémicas que suscitó, no sabemos si con razón o sin ella. Su controversia con Mateo de Vendôme, su contemporáneo, y los violentos ataques que sufrió, permiten datar con cierta precisión el período en el que ejerció como maestro: la segunda mitad del siglo xii.[2] También Ugo Primate, otro gran nombre del ambiente cultural de Orleans, era enemigo suyo.[3]
No hay duda de que Mateo ataca a Arnolfo en su Ars versificatoria: el autor quiere señalar que cada vez que usa la denominación Rufus o Rufinus, es decir, 'rojo, leonado, rojizo', quiere referirse a Arnulfo de Saint-Euverte, que no deja de ofenderlo, a pesar de la distancia, ya que la envidia envenena su lengua. Ciertamente, Mateo no duda en aprovechar la creencia popular que reconoce un rasgo negativo en el cabello o la tez pelirroja. Del atributo rufus el Ars propone toda ejemplificación posible, incluso obscena: el apelativo se extiende también a la mujer y la madre de Arnulfo.[4]
La razón de la discordia entre ellos puede haber sido la forma diferente de interpretar y presentar los auctores a los estudiantes, un campo didáctico por el que la escuela de Orleans fue famosa. Mateo se proponía como innovador, ofendiendo así las tendencias conservadoras imperantes: en su opinión, el estudio debía ir acompañado de la creación y exigía que para ello fueran suficientes los modelos, la imitación y las normas retóricas de su Ars, no glosule ni alegorías, sino obras inspiradas en la admiración por el arte de Ovidio. Todo esto debe de haber tenido como consecuencia que no gustara a los maestros de la ciudad francesa, pero en particular a Arnulfo: en esta época, definida por Ludwig Traube como aetas ovidiana, el poeta clásico se presenta en la Battaile des septs arts de Henri d' Andeli como uno de los puntos de referencia de Orleans y, considerando la extensa lista de comentarios destinados a introducir las obras preparadas por Arnulfo, debió de ser el autor preferido por él y más utilizado durante la enseñanza. Al progresismo de Mateo se oponía el conservadurismo de Arnulfo: analizaba gramaticalmente al autor, proponía una paráfrasis continua del texto anotado por repetidas y extensas glosas de historia, mitología, ciencia y aducía alegremente interpretaciones moralizantes. Mateo fue, en cambio, un modelo de retórico-poeta que desprecia la pedantería. No podía haber acuerdo entre los dos.[5]
Respecto a la teoría, aceptada por algunos estudiosos, según la cual Mateo de Vendôme habría abandonado Orleans por culpa de Arnulfo, Orlandi escribe: «Algunos llegan a imaginar que el traslado de Mateo de Vendôme a París fue consecuencia de su disputa con Arnolfo; por lo tanto una especie de exilio... en la capital. Aparte de esta broma...».[6]
Obras de atribución segura
Todas las obras[7] que nos llegan con su nombre están vinculadas a la escuela y la enseñanza: para ello compuso sus comentarios a los clásicos, especialmente a Ovidio, cuya difusión fue extraordinaria. Sin embargo, también se atribuye a Arnulfo[8] la comedia elegíaca Lidia.
Fasti
Parece que el comentario a Fasti de Arnulfo gozó de cierta circulación. Las glosas que nos han llegado son solo el sustrato de su lectio pública y probablemente no correspondan a todo el desarrollo. La glosa clara y anecdótica sigue líneas muy sencillas y se contenta con conocimientos generales, haciendo así la obra más fácil y accesible. Arnolfo es consciente del objetivo de Ovidio: contribuir con su musa a la voluntad de restaurar el culto religioso planeado por el imperio, aplacar la ira de los conciudadanos más sobrios y atraerse el favor de Germánico. El comentario evita ir demasiado lejos en aclaraciones elementales de la carta, centrándose principalmente en la historia, la mitología y, si es necesario, la astrología, rara vez en la gramática. No hay intentos de crítica textual, aunque Arnulfo muestra un modesto interés en la recolección de variantes.[9]
Ars Amatoria, Remedia Amoris, Amores
En el comentario a Ars Amatoria y a Remedia Amoris la glosa es continua pero sucinta, y se limita a aclarar las particularidades y alusiones más notables del texto. La segmentación impuesta por el método lemático sugiere que los diversos lemas enmarcaban el texto de Ovidio, o bien que el maestro, antes del momento de la lectura, hubiera realizado una paráfrasis general no destinada a ser transcrita. Se nota una incertidumbre general en su conocimiento histórico y geográfico, pero al mismo tiempo también la prudencia que le impide entregarse a explicaciones fantásticas.
Con respecto a Ars, hay que señalar que un comentario sobre los infames libelos amatorios en el siglo xii es algo único. Este de Arnulfo es probablemente uno de los primeros ataques al ostracismo antiguo. Sin embargo, la crudeza con que quita todos los velos a las alusiones de Ovidio, incluso en los pasajes más lascivos, y el interés que muestra por ilustrar detalles indecentes —aunque es sabido el uso poco comedido que los doctos medievales hacían de tales licencias— haría pensar que estas anotaciones están extraídas de un códice anotado por Arnulfo y que no son el resultado de sus conferencias públicas.
El comentario de Arnulfo a Remedia amoris es el primer ejemplo de una glosa metódica continuada de todo el poema, a pesar de que existen alusiones y citas de la obra en la Edad Media. Según una extendida tradición medieval, el gramático de Orleans creía que constaba de dos libros, pero intuyó correctamente que no se trataba de una palinodia del principal poema erótico. Su interpretación se muestra generalmente precisa y su mente es abierta y penetrante. La incertidumbre mostrada en algunos pasajes controvertidos, y la yuxtaposición, sin elección decisiva, de varias interpretaciones, debe atribuirse más a la escrupulosidad del maestro que a la falta de espíritu crítico. Si omitimos algunos defectos menores, como etimologías extravagantes y algunos otros detalles incorrectos, el resultado final sigue siendo valioso.[10]
Arnulfo también escribió un comentario sobre Amores de Ovidio.[11]
Las Metamorfosis
Las Metamorfosis fue un texto fundamental en el currículo de las escuelas de Orleans. En el comentario de Arnulfo a la obra maestra de Ovidio encontramos el habitual accessus al principio, incluyendo noticias de carácter general, como la biografía del poeta, evitando, como harán los biógrafos posteriores del siglo xiii y sobre todo del xiv, etimologizar de cualquier modo sobre su nombre y fantasear sobre las causas del destierro. Arnulfo obtiene información para su vida Ovidii a través de las propias obras del autor, especialmente Fasti y Tristia. El canon establecido por él incluye, en orden cronológico: Heroidas, Amores, Ars amatoria, Remedia amoris, Metamorphoseis, Fasti, Tristia (escrito en parte mientras viajaba en parte en el exilio), Epistulae ex Ponto e Ibis (escrito durante el período de confinamiento). Más interesante es la segunda parte del accessus, donde Arnulfo, habiendo aclarado el sentido y el porqué del título helenizante del poema, se ocupa de los diversos tipos de transformación, distinguiendo tres: la natural, que se produce cuando la materia es transformada por disolución; la mágica, cuando el cuerpo cambia pero el espíritu permanece inmutable (Licaone, Io); y la espiritual, cuando el espíritu cambia pero el cuerpo permanece inalterado (Agave, Autonoe). Se aclara entonces la intentio de la obra, que no consiste solo en describir la transmutación de las formas corporales, sino también las del espíritu. Ovidio nos muestra, a través de sus fábulas, la transformación irracional del alma en el error y la posible recuperación de su forma anterior con el abandono de los vicios: Arnulfo atribuye así a la ética la filosofía subyacente del poema.
Arnulfo no se desvía mucho del modo de proceder que se encuentra en las glosas a Fasti: aclaraciones de las alusiones y construcciones menos evidentes, sin cita de autores, sin paráfrasis expositiva y escaso aparato doctrinario. En el estado en que nos han llegado, no son más que una serie suelta de glosulae interlineales escritas una tras otra. Muy poco queda de esa parte más viva y personal, que no debió de faltar en las lecciones del maestro. El material sobreviviente revela una interpretación siempre cercana al texto, clara y sensata; en algunos lugares se yuxtaponen al texto variantes de lecciones; escaso conocimiento de la toponimia antigua pero conocimiento geográfico respetable. En cuanto a su preparación sobre mitos y constelaciones, debió formarse principalmente a través de Servio Mario Onorato y los Mitógrafos Vaticanos.[12] El mismo códice que transmite el comentario a las Metamorfosis presenta al final las Allegoriae, que Arnulfo compuso reinterpretando el poema y que obtuvieron un éxito extraordinario, dadas las continuas citas y transcripciones que se han hecho.[13] A través de ellos Arnulfo propone una justificación ética del mito con la religión.[14]
Glosulae super Lucanum
El comentario de Arnulfo a la Farsalia de Lucano no aparece como una mera colección de glosas, sino como una obra continua, coherente y original, caracterizada por un marcado platonismo, perceptible sobre todo en las frecuentes referencias a Platón, y a Timeo en particular.[15]
Obras de dudosa atribución
Heroidas, Tristia, Epistulae ex Ponto y Commentum ad Horatium
Arnolfo también podría haber comentado sobre Heroidas, Tristia pero, con nuestro conocimiento actual, no tenemos elementos para poder afirmarlo con certeza.[15] También pudo haber preparado un Commentum ad Horatium y un comentario sobre las Epistulae ex Ponto. [16]
Lidia y Miles gloriosus
Una o ambas de estas obras elegíacas también se han atribuido, con o sin razón, a Arnulfo de Orleans.