Arqueología de Ecuador

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Sol de oro de Estrada

La arqueología de Ecuador es la historia de esta disciplina científica en dicho país. Se divide en tres partes tomando en cuenta la sofisticación de la investigación, desde los primeros coleccionistas, la arqueología de transiciüon y finalmente la contemporánea. También se describe su interacción con la historia y la sociología.

Inicios y primeras colecciones

El estudio del periodo prehispánico ecuador empezó a finales del siglo XIX con los estudios del historiador y arqueólogo ecuatoriano Federico González Suárez, quien ha sido señalado como el padre de la arqueología ecuatoriana. El pensaba en la historia como una forma de "enseñanza moral", y este pensamiento también se extendió a la arqueología. Entre 1902 y 1903 González Suárez investigaría varios sitios arqueológicos y publicaría libros como Los aborígenes del Carchi e Imbabura o Advertencias para buscar, coleccionar y clasificar objetos arqueológicos pertenecientes a los indígenas, antiguos pobladores del territorio ecuatoriano.

El arqueólogo estadounidense Marshall Saville también fue en personaje importante en los inicios de la arqueología ecuatoriana. Estudió varáis culturas de la costa ecuatoriana, especialmente en la provincia de Manabí.[1][2]

Periodo de transición

La investigación del pasado arqueológico del Ecuador continuó en manos de estudiosos como el ecuatoriano Jacinto Jijón y Caamaño o los extranjeros Max Uhle, Paul Rivet y René Verneau. Estos instrodujeron una metodología más rigurosa.[1]

Jijón y Caamaño dedicaría varios años de su vida al estudio de las culturas aborígenes. En 1952 libro Antropología Prehispánica del Ecuador en el cual dividió la historia prehispánica del ecuador en distintos periodos: las "culturas medias" entre 100 y 1000 AD, y "culturas modernas", a las que se entre 1000 y 1500 AD. Esta divició la logró sobre la base de la estratigrafía de varios sitios multicomponentes, así como el uso de métodos de datación relativa. Sin embargo, las limitaciones técnicas de la época limitaron su trabajo a la descripción sucesiva de las culturas precolombinas.[1]

Este periodo de transición se llevaría a cabo hasta el año 1970 y se caracterizaría por la ausencia de un centro de formación de arqueólogos. Sí existían sin embargo sociedades como el Instituto de Antropología e Historia que impulsaban los estudios científicos.[1]

Arqueología contemporánea

Venus de Valdivia

Quien tomaría la batuta sería Emilio Estrada Icaza junto a los arqueólogos Clifford Evans y Betty Meggers, quienes estudiarían las culturas formativas de la región litoral. Estrada tendría ahora a su disposición más recursos metodológicos como la datación absoluta, el uso más adecuado de la estratigrafía, así como una tipología cerámica más coherente. A partir de ello pudo llegar a niveles de interpretación más sofisticados para definir cosas como el ritual, el intercambio y las relaciones extraregionales. De esta forma se logró una nueva periodización basado en el esquema Steward que presentaría en 1948: los períodos Precerámico, Formativo, Desarrollo Regional e Integración. Esto no solo tomó en cuenta el trabajo de Caamaño sino que también corregiría algunas falencias en su trabajo con lo que se terminaría construyendo gracias al trabajo de Betty Meggers la periodización oficial en 1966 en su libro Ecuador. Esta sería la primera síntesis moderna de la arqueología en ese país. Con esto además se introdujo métodos de datación como el Carbono-14 y la hidratación de la obsidiana. También usaron la técnica de análisis cerámico "seriación fordiana".[1]

A partir de esto empieza la arqueología contemporánea y la institucionalización de la disciplina. La Universidad Católica incluyó cursos de arqueología dentro del Departamento de Antropología. así como la fundación del Centro de Investigaciones Arqueológicas. La ESPOL fundó su Escuela de Arqueología, que ahora se conoce como Centro de Estudios Arqueológicos y Antropológicos. Se lleva a cabo el proyecto Ecuabel, en colaboración con Bélgica con el objetivo investigar las culturas prehispánicas y dar asistencia al Instituto de Patrimonio Cultural. Por último se funda el Museo del Banco Central que buscó repatriar y comprar una serie de piezas arqueológicas que antes se encontraban en manos de coleccionistas privados.[1][3]

Relación con otras disciplinas

Véase también

Referencias

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