Arte abyecto

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Se denomina arte abyecto (también abject art en inglés) a un movimiento artístico centrado sobre todo en el arte corporal (body art), la fotografía y la performance, en que el cuerpo se muestra profanado y mancillado, con referencias a heridas físicas, psíquicas o emocionales, con cierto carácter impúdico y obsceno, a menudo con referencias sexuales o de actos de violencia y un uso frecuente de fluidos corporales (orina, sangre, excrementos) o productos en descomposición. En pintura o escultura, se emplea la figuración, pero generalmente con figuras deformadas, grotescas. Se desarrolló sobre todo entre los años 1980, 1990 y 2000.[1]

Come and See, de Jake y Dinos Chapman

Uno de sus referentes teóricos fue Julia Kristeva y su concepto de «abyección» (Poderes de la perversión, 1980), para la que esta forma de expresión mostraba la vulnerabilidad del ser humano.[2] En el arte del siglo XX existieron algunos precedentes, como Francis Bacon, autor de obras donde la figura humana aparecía deformada; Piero Manzoni, autor de Mierda de artista (1961), donde envasó sus propios excrementos en latas de conserva; Vito Acconci, algunas de cuyas performances (como Seedbed, 1972) mostraban actos sexuales; Andy Warhol, cuyas Pinturas oxidadas estaban realizadas con orina; y los accionistas vieneses (Hermann Nitsch, Otto Muehl), autores de acciones transgresoras en las que llegaban a emplear sangre y otros elementos de carácter obsceno.[2] El arte feminista recurrió en ocasiones a la categoría estética de lo abyecto, especialmente en lo relativo a la sangre menstrual (The red flag, 1971, de Judy Chicago; Blood work diary, 1972, de Carolee Schneemann).[2]

Algunos de sus representantes fueron:

  • Cindy Sherman, artista que utilizó sobre todo la fotografía como medio de expresión, realizando habitualmente autorretratos en que solía disfrazarse.[3] En series como Cuento de hadas (1985), Desastres (1985) o Imágenes repugnantes (1986-1990), mostró imágenes impactantes de malformaciones, de tabús sexuales o enfermedades como la bulimia y la anorexia, empleando elementos como vómitos, excrementos, basura, sangre menstrual o flujos sexuales. En las series Imágenes de sexo y Horror e imágenes surrealistas (1994-1996) sustituyó su cuerpo por muñecas o prótesis, en escenas de carácter sexual.[4]
  • Kiki Smith, escultora que estudió en profundidad el cuerpo humano en todas sus facetas, incluidos actos de violencia.[5]
  • Nan Goldin, fotógrafa que retrató la vida a su alrededor de forma cruda y sin censura, especialmente en relación al mundo de la droga, el travestismo y los efectos del SIDA, o como cuando se autorretrató después de haber recibido una paliza por parte de su novio (Nan un mes después de ser maltratada, 1984).[6]
  • Robert Gober, autor de esculturas irónicas y sorprendentes de reminiscencias surrealistas y estética kitsch, muchas de ellas basadas en partes de cuerpos humanos (Untitled Leg, 1989-1990).[7]
  • Paul McCarthy, autor de performances en las que se embadurnaba de productos como ketchup, mayonesa, mostaza y chocolate, simulando sangre, esperma, sudor y excrementos.[8] También fue habitual en sus obras las connotaciones sexuales y escatológicas, como en Train, Pig Island (2007), donde mostraba a George W. Bush sodomizando unos cerdos; en 2005 realizó una escultura autorretrato donde aparecía tumbado en un colchón medio desnudo de cintura para abajo; y en 2008 expuso en el Museo Paul Klee de Berna un hinchable de tamaño gigante con la forma de unos excrementos.[9]
  • Orlan se hizo famosa por sus performances en las que se realizaba intervenciones quirúrgicas, afirmando ser «la primera artista que ha utilizado la cirugía como medio y que ha alterado el propósito de la cirugía estética».[10]
  • Jake y Dinos Chapman, hermanos considerados unos de los artistas más polémicos de su tiempo, como por sus esculturas de niños desnudos y deformados, o sus obras sobre la guerra y el Holocausto, aunque siempre con el propósito de reflexionar sobre los males de nuestra sociedad.[11]
  • Andres Serrano, famoso por su obra El Cristo del pis (1987), un crucifijo sumergido en un recipiente lleno de orina, obra que levantó una fuerte polémica.[12]

Referencias

Bibliografía

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