Arte omeya
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Bajo el nombre de arte omeya se agrupa la producción artística durante esta dinastía de califas, que reinó en el mundo islámico entre 661 y 750.
Arquitectura omeya




La arquitectura omeya se desarrolló en el califato omeya (661-750), principalmente en su corazón, en los actuales Siria y Palestina. Combinó elementos de la arquitectura bizantina y sasánida, aunque aportó nuevas combinaciones de esos estilos.[3] La reutilización de elementos del arte clásico romano y bizantino era lógica porque el poder político y el mecenazgo se centraban en Siria, una antigua provincia romana/bizantina.[4] Algunas antiguas edificaciones gasánidas también parecen haber sido reutilizadas y modificadas durante este período.[5] Sin embargo, se produjo una cantidad significativa de experimentación, ya que los mecenas omeyas reclutaron artesanos de todo el imperio y se permitió, o incluso se alentó, a arquitectos y artesanos a mezclar elementos de diferentes tradiciones artísticas y a ignorar las convenciones y restricciones tradicionales.[4] Algunos de sus edificios son reflejo de la diversidad cultural y étnica del Califato, como la Mezquita de los Omeyas, en cuya construcción participaron cientos de artesanos griegos, persas, coptos e indios. En parte debido a esto, la arquitectura omeya se distingue por la extensión y variedad de la decoración, que incluye mosaicos, pintura mural, esculturas y relieves tallados.[6][4] Si bien las escenas figurativas son centrales en monumentos como Qusair Amra, la decoración no figurativa y las escenas más abstractas se volvieron muy populares, especialmente en la arquitectura religiosa.[7][4] El período omeya desempeñó un papel crucial en la transformación y el enriquecimiento de las tradiciones arquitectónicas existentes durante la formación de la cultura visual de la sociedad islámica primitiva.[8]
Los omeyas fueron los primeros en incorporar el mihrab en el diseño de las mezquitas, un nicho cóncavo en el muro de la qibla. Se dice que el primer mihrab apareció en la mezquita de Mahoma en Medina cuando fue reconstruida por al-Walid I en 707. Parece haber representado el lugar donde el Profeta se situaba para dirigir la oración.[9] Se convirtió casi de inmediato en una característica habitual en todas las mezquitas.[9] Entre los primeros monumentos importantes de la arquitectura islámica construidos bajo los omeyas se encuentran la Cúpula de la Roca en Jerusalén (construida por el califa Abd al-Malik) y la Gran Mezquita de Damasco (construida por al-Walid I). La mezquita de Al-Aqsa, ubicada en el complejo de Al-Aqsa, también en Jerusalén, fue reconstruida por al-Walid I, reemplazando una edificación sencilla anterior construida alrededor del año 670.[10]
Varios palacios de este período también han sobrevivido parcialmente o han sido excavados en la época moderna.[4][6] También se desarrolló la arquitectura civil, a través de los numerosos castillos del desierto, erigidos en las ahora llanuras áridas pero previamente extremadamente verdes y fértiles de Siria. Con diferentes funciones (caravasares, residencias de príncipes o gobernadores, etc.), presentan plantas variadas, pero características comunes: todos se construyeron en ladrillo, y los recintos son cuadrangulares rodeados de murallas con torres almenadas. Destacan los de Qasr al-Hayr, el Khirbat al-Mafjar, Qusair Amra, Mushatta. El arco de herradura aparece por primera vez en la arquitectura omeya, para posteriormente evolucionar hasta su forma más avanzada en al-Ándalus (península ibérica).[11]
La Cúpula de la Roca, construida supuestamente en el lugar del Templo de Salomón, es, según el arqueólogo Oleg Grabar, «el primer monumento que quiso ser una gran creación estética del Islam».[12] Presenta una planta centralizada y se organiza alrededor de una cúpula central apoyada en cuatro pilares y doce columnas de mármol coloreado; un primer octógono, hecho de pilares y columnas alternados, encierra el anillo central, y un segundo, limitado por el anterior y los muros, crea un doble deambulatorio. Es probable que esto se inspirara en martyria bizantinos anteriores de la región que tenían una forma similar, como la Iglesia del Kathisma.[13][14] Gran parte del edificio estaba revestido con mosaicos de fondo dorado, de los que apenas se conservan unos pocos interiores. Su iconografía es bastante enigmática: para algunos representan trofeos, para otros ofrendas. Pero la larga inscripción coránica —la primera de toda la arquitectura islámica— y la ausencia de seres vivos ponen de manifiesto un nuevo pensamiento propiamente islámico. A pesar de la importancia religiosa e histórica de la Cúpula de la Roca, su diseño no sirvió frecuentemente como modelo para los principales monumentos islámicos posteriores.[4]
También bajo los omeyas se estableció el tipo de mezquita de planta árabe. En las mezquitas hipóstilas, los omeyas introdujeron la tradición de hacer la nave o pasillo frente al mihrab más ancho que los demás, dividiendo la sala de oración a lo largo de su eje central.[9] Esta innovación probablemente se inspirara en el diseño de las basílicas cristianas existentes en la región.[9][15] Tanto la Mezquita de Al-Aqsa como la Gran Mezquita de Damasco, arquetipo y obra maestra omeya, presentan una sala hipóstila de este estilo, con una cúpula sobre el espacio frente al mihrab, y ambas influyeron en el diseño de mezquitas posteriores en otros lugares,[10] con tres naves cubiertas y paralelas al muro de la qibla y la disposición de un gran patio porticado exterior. Otros ejemplos destacados son la Gran Mezquita de Kairouan, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2013, y la Gran Mezquita de Alepo.
La Cúpula de la Roca y la Mezquita Omeya también son notables por su extenso programa de decoración en mosaico que se inspiró en motivos de la Antigüedad tardía y de la artesanía.[16][17][8][14] La decoración arquitectónica todavía dependía mucho de la tradición bizantina, como evidencia la frecuente reutilización de columnas antiguas o mosaicos con fondo dorado, a veces realizados por artistas bizantinos, a veces por artesanos locales que los imitaban. Sin embargo, la decoración en mosaico finalmente pasó de moda en la arquitectura islámica.[4] La pintura mural también estuvo muy desarrollada, como en Qusair Amra, y se conocen esculturas en estuco, casi las únicas esculturas de bulto redondo en todo el arte musulmán.
- Ejemplos notables de la arquitectura omeya
- Mezquita de Al-Aqsa (705-710), parte del complejo religioso de la Explanada de las Mezquitas de la ciudad santa de Jerusalén
- Gran Mezquita de Kairuán (670-s. IX) en Túnez, considerada como el santuario islámico más antiguo del Occidente musulmán (Magreb).[18]
- Gran Mezquita de Alepo después de su renovación, destruida en 2013.
- Vista exterior de Qasr Kharana (completado ca. 710), uno de los llamados castillos del desierto que hay al este de Amán (Jordania)
Urbanismo omeya

Existen tres tipos de ciudades en el período omeya:
- las amsar ,
- las ciudades helenísticas y romanas transformadas,
- las nuevas ciudades.
Amsar es el plural de misr , que significa ciudad de conquista. Estos centros urbanos, entre los que se cuenta Fustat (antiguo El Cairo), Basra, Kufa y Kairouan, fueron creadas como localidades de invierno y lugares de descanso para el ejército de los conquistadores musulmanes. Seguían un esquema sencillo: la gran mezquita y el dar al-imara , el palacio, ocupaban el centro, y estaban rodeados con zonas de viviendas. Si algunas amsar desaparecieron completamente poco tiempo después de su creación, otras se desarrollaron considerablemente.
El Oriente Próximo, bajo soberanía bizantina hasta la conquista, estaba ya muy urbanizado, por lo que se construyeron menos ciudades en esas regiones. Los recién llegados se instalaron en las ciudades ya construidas, como Damasco, Alepo, Hims, Laodicea, Apamea o incluso Jerusalén. Se construyó allí una gran mezquita, ya fuera en el lugar de la iglesia, como en Damasco y Jerusalén, o en un lugar vacío (Alepo, por ejemplo). La iglesia puede también a veces estar dividida en dos partes, ya que se reservaba una parte al culto cristiano, y otra al de los musulmanes.
También se crearon otras ciudades, sin ser sin embargo del tipo amsar , sino simplemente nuevos centros urbanos civiles. Por ejemplo el caso de Wasit (Irak) o de Shiraz, en Irán, donde resulta imposible distinguir actualmente los elementos omeyas. Ramla, en Oriente Próximo, es conocida solamente por los textos. Capital de Palestina bajo al-Walid I, esta ciudad tenía una extensión de 2,5 km², se abría por doce puertas, incluidas cuatro axiales, e incluía una gran mezquita, un palacio, edificios para los artesanos, cisternas, los mercados, talleres y barrios de viviendas.
En Anjar, en el Líbano, la ciudad omeya es ahora un yacimiento arqueológico, explorado solamente por el emir Shebab en 1950. Una inscripción en siríaco permite datar la construcción en el 846 de la era cristiana. Podría tratarse de un importante centro comercial. Rodeada por una muralla con dos semitorres la ciudad medía 370 x 310 m y se abría por cuatro puertas. Dos calles perpendiculares con soportales, correspondiendo al cardo y al decumanus romanos, dividen el tejido urbano en cuatro partes de igual tamaño. Están bordeados por tiendas, y su centro está señalado con un tetrápilo, un pórtico monumental de planta cuadrada, con cuatro columnas, colocado en la plaza central de algunas grandes ciudades romanas de Oriente Próximo[19] La ciudad contiene un palacio y una mezquita en la zona sureste, otro palacio al noreste y baños al norte. Se excavó también una gran basílica, situada cerca de la plaza central. Sus conjuntos de azulejos y sus juegos de molduras son elementos bastante típicos del primer arte islámico.
Objetos decorativos
Los primeros objetos islámicos son muy difíciles de distinguir de los objetos anteriores a este período: en efecto, se utilizan las mismas técnicas y los mismos motivos.
Cerámica

Se conoce, en particular, una abundante producción de cerámica no barnizada, como da prueba un famoso pequeño cuenco conservado al Louvre, cuya inscripción garantiza su fechado en el período islámico. Los motivos vegetales son muy importantes.
Existen también piezas cubiertas de vidriados monocromos verdes o amarillos. Un vidriado es un recubrimiento vítreo, coloreado o no, a veces transparente, a veces opaco, que cubre una cerámica y la hace brillar; es un elemento muy importante del arte de los países del Islam.
Metales
Los artesanos trabajan ya el metal con maestría, creando toda clase de vajillas. El aguamanil de Marwan II, del museo Islámico de El Cairo es uno de los más impresionantes ejemplos. Compuesto de una panza globular, de un alto cuello sutilmente agujereado, de una boca con forma de gallo, es una de las obras maestras del período omeya. Fue creado para uno de los soberanos de esta dinastía.