Asesinato del teniente Castillo

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Ermita del Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad en la esquina de las calles Fuencarral y Augusto Figueroa. A sus puertas fue asesinado el teniente Castillo.

El asesinato del teniente Castillo tuvo lugar en Madrid (España) el domingo 12 de julio de 1936, durante el periodo de gobierno del Frente Popular. José del Castillo era un teniente de la Guardia de Asalto muy conocido por su compromiso con los socialistas, cuyas milicias entrenaba y además era miembro de la UMRA. Fue asesinado por unos pistoleros de derechas que nunca fueron encontrados cuando hacia las diez de la noche se dirigía a pie al Cuartel de Pontejos para iniciar su guardia. En represalia por su muerte un grupo de guardias de Asalto y de miembros de las milicias socialistas encabezado por el capitán de la Guardia Civil de paisano, Fernando Condés, se presentaron en el domicilio del líder monárquico José Calvo Sotelo con el pretexto de conducirlo a la Dirección General de Seguridad y en el trayecto el socialista Luis Cuenca le disparó dos tiros en la nuca, llevando a continuación su cuerpo al depósito de cadáveres del cementerio de la Almudena. El asesinato de Calvo Sotelo abrió una crisis política sin precedentes en la historia de la Segunda República española y dio el impulso definitivo a la conspiración golpista que desde abril estaba urdiendo un sector del Ejército, apoyado y alentado por las derechas antirrepublicanas. Solo cuatro días después se producía el golpe de Estado de julio de 1936 cuyo fracaso parcial iba a dar inicio a la guerra civil española.

El teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo había recibido numerosas amenazas de muerte, sobre todo desde su intervención en los incidentes durante el entierro de Anastasio de los Reyes en 1936 en los que habían resultado muertos varios falangistas y derechistas (entre ellos un primo hermano de José Antonio Primo de Rivera) y otros fueron heridos de gravedad, como el carlista José Luis Llaguno Acha (quien en la refriega había recibido un disparo del teniente Castillo). La víspera del día de su boda, que había celebrado por lo civil el 20 de mayo, la novia recibió una carta anónima en la que le preguntaban por qué se casaba «con alguien que, dentro de un mes, será un cadáver».[1][2][3][4]

Las amenazas de muerte las había sentido más cercanas cuando hacia las diez de la noche del 8 de mayo el capitán Carlos Faraudo, también instructor de las milicias socialistas y asimismo miembro de la UMRA, recibió un tiro por la espalda en la céntrica calle de Lista de Madrid mientras regresaba a su domicilio junto a su esposa. El autor del disparo huyó en un automóvil en el que había otras personas. El capitán Faraudo fue llevado inmediatamente a una clínica donde fallecería a la mañana siguiente, 9 de mayo.[5] El autor del disparo nunca fue identificado,[5][6] aunque parece seguro que el atentado fue obra de unos falangistas.[7] Su nombre aparecía en una lista de militares socialistas, supuestamente confeccionada por la UME, que debían ser asesinados, siendo Faraudo el objetivo número uno. El segundo en la lista era el teniente Castillo.[8] Uno de los militares que también figuraba en la lista, el capitán de artillería Urbano Orad de la Torre, estaba convencido de que el atentado no había sido obra de Falange sino de la UME, por lo que, con la aprobación de sus compañeros de la UMRA, le envió un documento a un miembro de esa organización militar clandestina antirrepublicana en el que se decía que «si volvía a tener lugar otro atentado semejante, replicaríamos con la misma moneda, pero no en la persona de algún oficial del Ejército, sino en la de algún político. Pues eran los políticos los responsables de semejante estado de cosas».[9]

La capilla ardiente del capitán Faraudo se instaló en una dependencia del cementerio del Este y milicianos socialistas y comunistas uniformados formaron la guardia de honor. Acudió mucha gente y destacados dirigentes socialistas y comunistas, así como militares. El teniente Castillo fue uno de los que portaron el féretro, junto con el también teniente de la Guardia de Asalto Máximo Moreno. Ante la tumba el teniente coronel Julio Mangada, «visiblemente emocionado» —era íntimo amigo de Faraudo—, declaró «la necesidad de exigir al Gobierno que obre más enérgicamente contra las provocaciones fascistas y reaccionarias y si no lo hace debemos juramentarnos para hacer pagar ojo por ojo y diente por diente». Terminó su discurso con un viva al pueblo y gritando: «¡Arriba los corazones!».[5][10] En sus memorias No fue posible la paz José María Gil Robles escribió que Mangada había dicho «Tenemos el deber de juramentarnos para exigir ojo por ojo y diente por diente», tergiversando así sus palabras al suprimir la frase «y si no lo hace».[11]

Al entierro también asistió el capitán Federico Escofet, que se encontraba en Madrid por haber sido elegido compromisario para la elección del presidente de la República, que se celebraría al día siguiente, 10 de mayo. Junto a él un hombre joven le dijo que había que vengar la muerte del capitán Faraudo tomando represalias contra algún alto dirigente de la derecha. Era el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés que dos meses más tarde encabezaría el grupo que asesinó al líder monárquico José Calvo Sotelo.[12]

El sábado 11 de julio, veinticuatro horas antes de que el teniente Castillo fuera asesinado, un grupo de falangistas armados había ocupado la emisora Unión Radio de Valencia desde la que habían lanzado la siguiente proclama: «Aquí Falange Española de Valencia que habla desde los estudios de Unión Radio, tomada militarmente por ella, así como las manzanas próximas. Españoles, dentro de breves días se llevará a cabo la revolución nacional sindicalista que nos redimirá a todos. ¡Arriba España!». Los falangistas abandonaron las instalaciones antes de la llegada de los Guardias de Asalto. La reacción de las izquierdas de la capital valenciana fue muy violenta: fueron saqueadas las sedes de partidos de derecha y de la patronal, así como varios periódicos y locales frecuentados por derechistas. Los desmanes se extendieron por toda la ciudad hasta que intervino una unidad de caballería.[13]

El crimen

Antiguo cuartel de Pontejos situado en la plaza de Pontejos, justo detrás de la Puerta del Sol. El grupo de la Guardia de Asalto de Pontejos, uno de los cuatro grupos que había en Madrid, estaba bajo las órdenes del comandante Ricardo Burillo. Constaba de cuatro compañías. A la 2.ª, llamada de Especialidades, pertenecía el teniente Castillo. Su capitán era Antonio Moreno Navarro y el otro teniente de la compañía era Alfonso Barbeta.

El teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo fue asesinado el domingo 12 de julio cerca de las diez de la noche en una céntrica calle de Madrid.[14][15][16] Acababa de despedirse de su esposa Consuelo Morales en su domicilio de la calle Augusto Figueroa. Cuando se dirigía a pie vestido de uniforme al cuartel de Pontejos, cerca de la Puerta del Sol, donde a las diez de la noche entraba de guardia la 2.ª Compañía a la que pertenecía, cuatro individuos le dispararon en la confluencia de Augusto Figueroa con la calle de Fuencarral y después huyeron. Dos transeúntes lo trasladaron en un automóvil al Equipo Quirúrgico de la calle de la Ternera, pero cuando llegaron allí el teniente Castillo ya había fallecido (una de las balas le había dado en el corazón; un segundo proyectil le había dado en el brazo izquierdo rompiéndole el húmero).[17][18]

Según los historiadores Paul Preston[19] y Gabriel Jackson,[20] los autores del asesinato del teniente Castillo fueron cuatro pistoleros falangistas, pero Ian Gibson tras una exhaustiva investigación señala a unos carlistas pertenecientes al Tercio de requetés de Madrid que querían vengar a Llaguno Acha. Gibson descarta la autoría de Falange porque unos días antes, el 9 de julio, un grupo de falangistas lo habían intentado pero habían fallado. Apunta a los carlistas porque unos minutos después de haberse producido el asesinato del teniente Castillo el padre de Llaguno Acha recibió la siguiente llamada telefónica: «Dígale usted a su hijo que le hemos vengado». La otra prueba que aporta Gibson es el testimonio de J.A. (los únicos datos que da de él es que era requeté y que entonces tenía dieciséis años), quien le confesó que había participado en el atentado vigilando una de las bocacalles de Fuencarral y que después de oír los tiros se marchó en metro a su casa. J.A. le dijo a Gibson: «Yo no presencié el asesinato, pero le puedo asegurar que fue una represalia de la Comunión Tradicionalista, del Requeté de Madrid, por el atentado que Castillo hizo contra José Luis Llaguno en el entierro de Anastasio de los Reyes». Gibson también aporta el testimonio del propio José Luis Llaguno quien confirma lo dicho por J.A. de que el autor material del asesinato fue el requeté Antonio Coello, que moriría en la batalla del Ebro, y que habría contado con la colaboración de un carlista de Mondragón. «Por todo ello creemos que, acerca del asesinato de Castillo, ya no quedan dudas. Fue una represalia de los requetés por el episodio en que aquel teniente de Asalto hirió gravemente a Llaguno Acha», concluye Gibson.[21]

Hugh Thomas, por su parte, afirma que «parece ser que los asesinos de Castillo eran falangistas», aunque Thomas especula con la posibilidad de que fueran miembros de la UME.[22] Esta última posibilidad es la que le pareció más verosímil a Julián Zugazagoitia.[23] Por su parte Luis Romero señala que se desconoce la identidad de los agresores y que «sobre quién mató a Castillo ha corrido mucha tinta». Romero se limita a decir que el asesinato fue «perpetrado por la derecha» y que «formaba parte de una cadena de atentados y represalias». También recuerda que en el bando sublevado se difundió la «pura y malévola fantasía» —Ian Gibson la califica de «descabellada tergiversación de los hechos»—[24] de que quienes le había matado habían sido los mismos que asesinaron a Calvo Sotelo como represalia por haberse negado el teniente Castillo a matar al líder monárquico por escrúpulos de conciencia.[25]

En el Equipo Quirúrgico se presentó el director general de Seguridad José Alonso Mallol acompañado del jefe superior de la Guardia de Asalto, teniente coronel Sánchez Plaza, y el comisario general de la Brigada Criminal Antonio Lino, junto con otros policías y guardias de Asalto.[26][27] Los oficiales de la Guardia de Asalto, muchos de ellos amigos y compañeros del muerto, estaban muy exaltados, especialmente el capitán Eduardo Cuevas de la Peña, jefe de la 6.ª Compañía de Pontejos, y el teniente Alfonso Barbeta, de la 2.ª Compañía. Uno de los dos —los testigos difieren—[28] en un gesto desafiante le lanzó su gorra a los pies de Alonso Mallol, quien a pesar de ello no tomó ninguna medida disciplinaria contra él y se limitó a pedir calma. Decidió que el cadáver fuera trasladado a la Dirección General de Seguridad, situada en la calle de Víctor Hugo, donde se instaló la capilla ardiente, concretamente en el llamado salón rojo. Allí acudió la esposa del teniente Castillo acompañada de varios familiares. Guardias de Asalto formaron la guardia de honor del cadáver cuyo ataúd fue semicubierto por una bandera roja.[29] También acudieron miembros de las milicias socialistas de «La Motorizada», de la que el teniente Castillo era instructor,[30] encabezados por su jefe Enrique Puente y entre los que se encontraban Luis Cuenca, hábil en el manejo de la pistola y que en algunas ocasiones había actuado como escolta del líder socialista centrista Indalecio Prieto,[31] y Santiago Garcés, que también había prestado servicios de protección. Todos ellos estaban conmocionados por el asesinato del teniente Castillo, pero sobre todo Luis Cuenca, amigo personal suyo.[32]

Consecuencias

Referencias

Bibliografía

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