Astroturismo
From Wikipedia, the free encyclopedia

El astroturismo o turismo astronómico es un término reciente que cataloga una modalidad de turismo orientado a satisfacer los intereses de aquellas personas interesadas en la astronomía a nivel recreativo, cultural o científico.[1] El astroturismo toma el cielo nocturno como recurso turístico para explotar una actividad hasta hace unos años reservada al ámbito científico.[2]

Desde que el desarrollo industrial comienza a llenar nuestros núcleos residenciales de luminarias, se hace necesario desplazarse hacia entornos naturales protegidos de la contaminación lumínica para poder observar el cielo celeste. Estos desplazamiento son el germen del astroturismo, aún sin un término específico para ello. Con el tiempo, y el avance tecnológico la contaminación lumínica de nuestros pueblos y ciudades ha sufrido un exponencial aumento, por lo que estos desplazamientos son cada vez mayores y a lugares más alejados.
El astroturismo como concepto comienza su andadura en torno a 2003 cuando la UNESCO pone en marcha un proyecto sobre el patrimonio astronómico mundial. Desde entonces, varias instituciones, entre las que destaca la Isla de la Palma (Islas Canarias, España) y Chile, comienzan a desarrollar el turismo astronómico como recurso.[3]
Desde entonces el astroturismo ha crecido exponencialmente, tanto como término, como actividad económica. Actualmente no dispone en España de un marco legislativo y regulador, pero comienzan a eclosionar las empresas y profesionales dedicados al turismo de estrellas.
El astroturismo se asocia a la astronomía desde un punto de vista divulgativo, pero también con un componente científico y cultural. Abarca desde la observación del cielo nocturno hasta las visitas a enclaves astronómicos relevantes, museos tematizados o rutas guiadas. El astroturismo aprovecha los recursos naturales, culturales y científicos para crear un maco de experiencias para el público general. Se combina con facilidad con otras modalidades de turismo, como el turismo activo, el ecoturismo, enoturismo etc.
El astroturismo ha contribuido a la divulgación científica de la astronomía como ciencia y a la difusión cultural, natural y turística de los lugares en donde se desarrolla la actividad.[2] Se ha convertido en un instrumento de desarrollo en zonas rurales, especialmente las más despobladas y vírgenes, donde el cielo nocturno se plantea como recurso económico aportando valor añadido a las pocas zonas que quedan libres de o con escasa contaminación lumínica.[2]
Características
El astroturismo conjuga un conjunto de actividades relacionadas con la astronomía. Estas actividades se centran en la divulgación de la astronomía y utiliza los cielos nocturnos como recurso natural. El abanico de experiencias abarcan los viajes y excursiones que pueden involucrar visitas a observatorios astronómicos, planetarios, museos o estructuras orientados a la astronomía, tales visitas pueden o no incluir servicio de guías astronómicos.[2]
El astroturismo se desarrolla principalmente en lugares sin contaminación lumínica producida por las ciudades y zonas habitadas, por esta razón es considerado un tipo de turismo sostenible con el medio ambiente.[2]
Los destinos turísticos con paisajes de cielos de noches oscuras y libres de contaminación por luz artificial son especialmente apreciados como el recurso principal para el desarrollo de esta actividad turística.[4]
Las personas se reúnen normalmente en grupos que viajan con el fin de observar eventos astronómicos particulares tales como eclipses lunares, eclipses solares, lluvias de estrellas, el paso de cometas, entre otros. Esta observación puede ser hecha con dispositivos ópticos como telescopios o binoculares o a ojo desnudo Para este efecto se han implementado observatorios fijos con fines turísticos o se generan excursiones especiales a espacios naturales abiertos donde se ocupan telescopios móviles.[2][4]
Quienes viajan, lo hacen en forma deliberada con el fin de participar en actividades turísticas relacionadas con la astronomía, son los llamados astroturistas, incluyen a científicos, astrónomos profesionales y aficionados y público en general. Puede tratarse de turistas nacionales o internacionales que al menos pernocten una noche.[4]
Orígenes

Se considera que el concepto de astroturismo es relativamente moderno aunque la astronomía, la ciencia en la que basa dicha actividad, está considerada como una de las ciencias más antiguas que existen.[5]
Se considera que el astroturismo nace junto a la astronomía amateur, que es una actividad que practican las personas como un hobby o solo por placer, consistente en actividades muy similares a la que realizan los astroturistas.[5]
Es así que el astrónomo francés Camille Flammarion fue quien popularizó la astronomía tras la publicación de su libro Astronomie Populaire (Astronomía popular): además fundó un observatorio astronómico en Juvisy-sur-Orge, y en 1887 también creó la Sociedad Astronómica Francesa.[5]
Otro paso importante fue la creación del primer planetario en el año 1923 por Walther Bauersfeld y fabricado por la empresa Carl Zeiss en Jena, Alemania y que abrió sus puertas en 1926 y pronto se abrieron otros dos en la misma ciudad.[5][6]
Poco tiempo después de la aparición nuevos planetarios en Europa comienzan a extenderse.[6] Una nueva ola de creación de planetarios se genera tras la Segunda Guerra Mundial.[7] A lo anterior se suma la creación de sociedades de aficionados a la astronomía comienzan a desarrollarse.[5]
La llegada del hombre a la luna en julio de 1969, tuvo un impacto mediático de 600 millones de telespectadores, la quinta parte de la población mundial. Marcó un antes y un después en la divulgación de la carrera espacial y la astronomía.[8] Otro aspecto importante en el desarrollo de audiencias ha sido el impacto de internet en la divulgación científica de la astronomía, especialmente la difusión de imágenes espaciales como la NASA y la Agencia Espacial Europea. Un aspecto importante es la campaña que tuvo lugar en julio de 1994 con el impacto del cometa Shoemaker-Levy con Júpiter, nunca un acontecimiento astronómico había sido divulgado de forma tan rápida y eficaz.[9]

Finalmente, tras la constante degradación de la calidad de los cielos producto de la contaminación lumínica, comienza a ponerse en valor los lugares más adecuados para la observación astronómica y el surgimiento de normativas para su protección que llevan a la creación de la Declaración en defensa del cielo nocturno y el derecho a observar las estrellas en abril de 2007.[10][11]
Este hecho marca la puesta en valor de alternativas turísticas en territorios de interior, especialmente desérticos para aprovechar esta condición y sustentar actividades económicas alternativas y sustentables.[5] Surge de esta manera la creación de observatorios astronómicos especialmente habilitados para la atención de visitantes.
La Isla de La Palma fue el primer destino de astroturismo del mundo. Un plan de Reposicionamiento de la Isla realizado por LEO Partners en 2004 descubrió el potencial del astroturismo como recurso y producto turístico e identificó una corriente turística hasta entonces no contemplada ni gestionada profesionalmente por los operadores turísticos. El éxito del plan dio lugar a una reorientación hacia una tematización de la isla y una transformación radical del negocio turístico. Para ello, fue clave obtener el reconocimiento de los cielos de la isla como Reserva de la Biosfera UNESCO y su posterior certificación, la primera en el mundo, como Destino Starlight.
Amenazas para el astroturismo

Una de las amenazas a las que se enfrenta actualmente el desarrollo del astroturismo como actividad es la de cómo encontrar cielos lo bastante oscuros para que sea posible contemplar las estrellas y otros astros. Esto ha llevado a revalorizar el concepto de parques astronómicos tanto en Europa como en Estados Unidos bajo el concepto de la “reserva de cielo estrellado”, un sistema de certificación desarrollado el año 2007. Sin embargo, agencias de viajes y tour operadores especializados en astroturismo están poniendo cada vez más interés sobre territorios despoblados que quedan lejos de la contaminación de luz artificial generada por las ciudades, las carreteras y los proyectos de explotación minera. Existe un mayor interés en zonas de desierto, tales como Atacama, Botsuana, Namibia e Irán donde la contaminación por luz artificial es muy baja o nula.[12] De esta manera, las noches oscuras o noches negras se han constituido en un argumento de venta.[13]
Uno de los temas principales abordados en la Feria de Turismo de Berlín del año 2007 fue justamente la amenaza de la contaminación lumínica sobre el astroturismo, considerado una actividad valiosa pero amenazada.[14]
En Europa, España encabeza los países con mayor contaminación lumínica y es el segundo país en términos absolutos: desde finales de los años 90 no existe ninguna zona en todo el territorio español desprovista de luz artificial, siendo Madrid la capital europea más brillante en cuanto a contaminación lumínica.[15] Por su parte Francia comenzó a aplicar medidas para apagar las luces de escaparates desde las ciudades.
En febrero de 2019, nace en Europa el proyecto “Night Light” para evitar la contaminación nocturna. Fue así como los Países Bajos, Hungría, España, Luxemburgo, Dinamarca, Eslovenia e Italia se unieron en esta iniciativa que busca revertir los daños que genera la contaminación lumínica en Europa y proteger los escasos espacios que presentan cielos nocturnos naturalmente oscuros.[16]
Los cielos nocturnos se encuentran protegidos por la UNESCO en la Declaración de los Derechos de las Generaciones Futuras desde 1994.[15]



