Atarazanas de Sevilla
antiguos astilleros y bién de interés cultural en Sevilla, España
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Las Atarazanas de Sevilla, que se conservan en la actualidad en el barrio del Arenal,[1] constituyeron la base militar naval propiedad de la Corona de Castilla en la ciudad. En ellas se guardaban los barcos de guerra, galeras, entre los siglos siglo XIII y siglo XV.[2] Atarazana es sinónimo de arsenal o astillero.[3][4]
Su función era refugiar la flota de galeras, las cuales jugaron un papel importante en las luchas por el control del estrecho de Gibraltar, así como en la participación castellana en la guerra de los Cien Años.[5] El complejo consistía de un edificio de diecisiete naves junto a una gran explanada de arena que llegaba hasta la orilla del río Guadalquivir.[5]
El 13 de marzo de 1969 el Estado declaró Monumento Histórico Artístico a las Atarazanas,[6] y el 18 de junio de 1985 se aumentó el grado de protección del inmueble declarando a la Maestranza de Artillería (que ocupa las siete naves que se conservan y otras estructuras, como un pabellón delantero) Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.[7]
Antecedentes
La primera noticia que se tiene de unos astilleros en la ciudad data del siglo I a. C., cuando tuvo lugar la guerra civil entre Pompeyo y Julio César:[8]
[Terencio Varrón] practicó un reclutamiento por toda la Provincia [de Hispania Ulterior] y a sus dos legiones completas añadió treinta cohortes auxiliares. Almacenó una gran cantidad de trigo que parte debía enviar a los de Marsella y parte igualmente, a Afranio y Petreyo. Ordenó a los gaditanos construir diez navíos de línea y, además, procuró que se construyeran bastantes en HíspalisJulio César. De bello civili, 49 a.C.
En el siglo IX se produjeron una serie de ataques normandos (vikingos) en las costas peninsulares, uno de ellos en Sevilla. Esto motivó al califa Abderramán II a reforzar la muralla de Isbylia (de origen romano) y a crear una flota de guerra permanente. Con este fin, ordena la construcción de unos astilleros en Sevilla:[9]
[...] que se construyese una atarazana en Sevilla, y que se fabricasen barcos; se preparó la fábrica reclutando a hombres de mar de las costas de España, a quienes dio buenos sueldos y proveyó de instrumentos o máquinas para arrojar betún ardiendo.
Unos 200 años más tarde, en 1184, el califa Abu Yaacub Yúsuf ordenó al entonces gobernador de la ciudad, Abu Dawud Yalul ben Yildasan la fabricación de unos astilleros donde, en un corto espacio de tiempo, construir una gran flota para hacer frente a los reinos cristianos.[10]
No se sabe con certeza donde se encontraban las antiguas atarazanas. De acuerdo con las labores arqueológicas realizadas se sabe que las atarazanas castellanas que hoy se conservan no se edificaron sobre ninguna anterior.[11]
Diseño original
Fernando III, rey de Castilla y León, conquistó Sevilla a los musulmanes en 1248. Tras realizar conquistas por gran parte de la península decidió emprender campañas militares para tomar también el norte de África y prevenir así posibles amenazas que pudieran provenir de esa zona. Para ello decidió construir en Sevilla varios bajeles y galeras.[12] Fernando falleció en 1252 pero su hijo, Alfonso X, concordó con la utilidad de crear una flota y ordenó la construcción de estas atarazanas.[13]
El lugar elegido fue un terreno fuera del recinto amurallado y muy cerca del Guadalquivir, en la zona comprendida entre la torre del Oro, la torre de la Plata, la puerta del Carbón y el postigo del Aceite, junto al cual se encuentra desde el siglo XVIII la capilla de la Pura y Limpia.
Por ello, en el barrio de El Arenal se levantó un edificio de 15 naves, ampliada después a 17 naves, de fábrica de ladrillo en sentido perpendicular al Guadalquivir y delante de la cerca almohade de la ciudad, que cubrían unos 15 000 metros cuadrados.
Las Atarazanas también incluían la denominada Resolana del Río, una gran explanada de arena que llegaba hasta la orilla del Guadalquivir. Se trató de una de las mayores instalaciones militares para naves de la Baja Edad Media en Europa, de extensión comparable a la que tenía por entonces el Arsenal de Venecia.[5]
Arquitectónicamente se trata de una obra gótica construida toda ella en fábrica de ladrillo. Asombran las dimensiones de sus anchas y largas naves adosadas y cubiertas por bóvedas de arista, que sustituyeron a los techos originales de madera, apropiadas para guardar los mayores barcos militares de la época, las galeras. Estas naves se comunican lateralmente a través de gruesos arcos ligeramente apuntados y enfrentados entre sí que arrancan directamente desde el suelo.
Funcionamiento

En 1253 ya había diez galeras construidas y el rey Alfonso designó a diez capitanes o cómitres, algunos de ellos franceses e italianos que habían venido a colaborar en las conquistas del territorio.[14] Los cómitres y sus herederos debían de cuidar y reparar la galera que se les entregase y usarla siempre en nombre del rey y bajo la dependencia del almirante mayor de Castilla (cargo creado por Alfonso en 1254). En 1407, reinando Juan II, en Sevilla ya había 70 cómitres.[15] En el siglo XV el cargo de almirante de Castilla se vinculó al linaje de los Enríquez[16] y, en el siglo XVI, consta que era parte del cabildo municipal de Sevilla.[17]
Por su gran tamaño, sirvieron para albergar asambleas y festejos públicos de forma puntual. También eran un lugar natural para almacenar el botín y los prisioneros capturados por las flotas de los reyes castellanos.
Las Atarazanas fueron capaces de albergar una flota de al menos 30 galeras y, en ocasiones especiales, de hasta 34. Los reyes castellanos las utilizaron en las luchas por el control del estrecho de Gibraltar contra los musulmanes y también en incursiones contra Inglaterra durante la guerra de los Cien Años. Para su construcción y armamento se movilizaba temporalmente una mano de obra de entre 400 y 500 artesanos que, a cambio de trabajar para la Corona por la mitad del salario habitual, gozaban de grandes privilegios fiscales todo el año. Por este motivo se les llamaba "francos". Además la Corona poseía en las Atarazanas un número indeterminado de esclavos, principalmente prisioneros musulmanes, que se encargaban de las tareas más penosas.
Las naves podían albergar también todos los pertrechos para el montaje, reparación y mantenimiento de la flota militar. En su interior trabajaban calafates, carpinteros, herreros y otros artesanos. Los que trabajan ahí estaban bajo la autoridad del alcaide de los Alcázares (el palacio-fortaleza cercano) y de las Atarazanas. Este alcaide era nombrado por el rey. El cargo de alcaide solía recaer en un noble que, a veces, delegaba el ejercicio de su labor en un hombre de confianza.[18]
En el primer tercio del siglo XV las Atarazanas armaron sus últimas grandes flotas de galeras. Quince naves fueron destinadas a una incursión contra Inglaterra en 1420 y un número indeterminado a la guerra contra Aragón en 1430. Tras estas contiendas, los pedidos de los reyes castellanos se volvieron cada vez más escasos. A mediados de siglo se pudrían en sus instalaciones los cascos de unas veinte galeras, construidas pero no armadas.[5]
A finales del siglo XV se realizaron, por mandato de Isabel I de Castilla, algunas obras de reparación de los astilleros. Posteriormente, en 1493, aprobó que la lonja de pescado que se ubicaba en la Plaza de San Francisco fuera trasladada a la primera nave (la más cercana al Postigo del Aceite) de las Atarazanas.[19]
El 14 de febrero de 1503, con motivo de la constitución de la Casa de la Contratación de Indias, se destinó la nave más al sur como sede de la Casa. No obstante, el 5 de junio se trasladaría la sede de la Casa al Alcázar.[20] En 1587 la aduana de la ciudad se situó en las naves 13, 14 y 15, al sur del edificio.[21] A lo largo del siglo XVI una nave fue alquilada como almacén de aceite y otra como almacén de lanas.[20] El alcaide sería el encargado de la vigilancia del recinto y del cobro de todos los alquileres.[18] Otra nave fue destinada a almacén de mercurio, que era traído en sacos de pellejos de cordero de minas de Almadén y que luego se usaba para ayudar a extraer plata en las minas americanas.[22]
Además de la necesidad de almacenes, hubo otras razones para el cese de su uso como astilleros. En primer lugar, tras el final de las guerras con Inglaterra y de las batallas por el estrecho de Gibraltar, el reino de Castilla dejó de necesitar flotas de guerra de manera tan frecuente. En segundo lugar, el diseño arquitectónico de las Atarazanas las hacía capaces de construir únicamente galeras, y este tipo de embarcación fue perdiendo capacidad de combate frente a diseños novedosos de veleros como la carraca y la nao, que eran más rápidos y fuertes y tenían mucha mayor autonomía gracias a sus tripulaciones menos numerosas. Para la Corona además resultaba más ventajoso económicamente alquilar veleros privados a sus propietarios que construir y mantener flotas permanentes de galeras. Por último, la subida al trono en 1475 de Isabel I y su marido Fernando (llamados Reyes Católicos años después) supuso que los soberanos de Castilla pasaron a disponer de los astilleros de galeras de la Corona de Aragón, que posiblemente fueran más baratos que el de Sevilla.[5]
A pesar de que la carga de trabajo de las Atarazanas cada vez era menor, el número de artesanos ligados oficialmente a ellas apenas se redujo. Ello provocó frecuentes protestas del Concejo de Sevilla sobre la injusticia que representaban las exenciones fiscales de estos "francos" así como de otros oficios protegidos.[5] Entre otras labores, hasta 1549 la nave cuarta de las Atarazanas estaba destinada a la fabricación de bombas para achicar agua en los barcos, por lo que era conocida como "nave del bombero".[23]
El 5 de junio de 1593 el rey Felipe II prohibiría por Real Cédula que los barcos construidos en las atarazanas sevillanas se emplearan para los viajes a las Indias aduciendo la peor calidad de la madera empleada en ellos frente a la mejor calidad de la de los astilleros del norte de España.[24]
Poco a poco las Atarazanas durante el siglo XVI dejaron de lado su función de arsenal para ser almacenes comerciales e incluso viviendas. Además de los elementos citados también se almacenó azúcar, jengibre, canela, plantas medicinales y maderas nobles provenientes de las Indias.[24] En el siglo XVIII se rotularon con un cartel que decía: "La Real Casa de Atarazanas de Azogues de Indias".[22]
Transformaciones y destrucción parcial

A lo largo de su historia el edificio de las Atarazanas Reales ha sufrido transformaciones importantes. En la actualidad quedan en pie solo siete de las diecisiete naves originales.
La primera gran intervención arquitectónica sobre el edificio de las Atarazanas tuvo lugar en el año 1641 con la construcción del Hospital de la Caridad y su iglesia, los que ocupó cinco de las naves. Estos arcos todavía pueden vislumbrarse hoy día.[5]
En 1719 el Gobierno dispuso que cinco naves pasasen a almacenar material de artillería.[25] En 1762 comenzó una gran reforma del Cuerpo de Artillería que llevaría al cabo de los años a que la Maestranza de Artillería sita en las Atarazanas contase con un gran depósito de carruajes y pertrechos para suministrar a las tropas, lo que acabó traduciéndose en una ampliación en la capacidad de talleres y almacenes con la anexión de dos naves más para completar las siete que ocuparía el Ejército hasta el siglo XX. En 1782, las Maestranzas de Cádiz y Málaga se fusionaron en la de Sevilla, quedando esta como abastecedora única para toda Andalucía y Extremadura y, un año más tarde, también para las Indias. En 1786 se terminó la construcción de un pabellón delantero, orientado hacia el oeste, que fue realizado por Francisco Jiménez Bonilla.[25]
Aparte de la construcción de la Caridad en el siglo XVII, el resto de la estructura del edificio original sobrevivió completa hasta 1945, cuando cinco de las naves fueron derribadas para dejar sitio a la construcción del actual edificio de la Delegación de Hacienda.[5]
Protección y rehabilitación
Las Atarazanas de Sevilla están declaradas Bien de Interés Cultural y catalogadas como Monumento Nacional desde 1969. En 1993 pasaron a ser propiedad de la Junta de Andalucía, cuya Consejería de Cultura realizó obras de rehabilitación hasta 1995. En 2009 la Junta le cedió el edificio a la entidad financiera La Caixa por un periodo de 75 años a fin de que construyera en él un centro de difusión cultural denominado CaixaForum Sevilla.[26][27] A finales de 2012 La Caixa anunció que construiría el CaixaForum en otro lugar de la ciudad, lo cual desató un conflicto con la Junta de Andalucía que concluyó con un acuerdo por el que la entidad financiera invertiría 10 millones de euros en otro proyecto cultural distinto en las Atarazanas.[28]
En febrero de 2022 comenzó la rehabilitación de las Atarazanas de Sevilla, con la idea de construir un gran centro cultural en su interior.[29] Estas obras, llevadas a cabo por el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, terminaron en 2025.[30]
Escenario de series y películas
Las Atarazanas fueron usadas como escenario de la serie Juego de Tronos para recrear las criptas de la Fortaleza Roja. El rodaje se llevó a cabo en noviembre de 2016 para la séptima temporada.[31]
Entre mayo y junio de 2017 también se grabaron en su interior escenas de la serie española La Peste.[32] En junio de 2017 también se convirtió en el escenario principal del fashion film Integración de la firma María Magdalena, dirigido por J. J. Torres.[33]
En 2016 se rodo en ellas Gurumbé. Canciones de tu memoria negra, documental sobre la presencia negra en España de gran repercusión nacional e internacional.