Ate (mitología)

la Ofuscación, personificación de la mitología griega From Wikipedia, the free encyclopedia

En la mitología griega, Ate o Atea (en griego antiguo, Ἄτη: ‘desvarío, ofuscación, ruina, calamidad o desastre’) era la personificación de un concepto moral griego asociado al error que causa la ruina.[1] Aunque generalmente no se recomienda traducir el concepto,[2] los traductores españoles prefieren la forma «Ofuscación» (‘ceguera mental’) y, dependiendo del contexto, «Ruina» o «Fatalidad».[3] Se trata de una divinidad ligera cuyos pies delicados sólo se posan sobre la cabeza de los mortales.[4]

En la poesía griega Ate era una alegoría de la ofuscación: la ceguera que se apodera del juicio de los mortales cuando actúan movidos por su hibris (‘orgullo desmedido’). Esta pérdida de discernimiento conducía inevitablemente a la perdición o la muerte, convirtiéndose en la fuerza que vinculaba orgullo, error y destino trágico en la mitología griega.[5] Paniasis dice que el exceso de bebida provoca que Hibris y Ate acarreen males a los hombres.[6] Apolonio de Rodas refiere que incluso los dioses son a veces visitados por Ate.[7]

En latín se traduce como Error (el «Error»)[8] y además los literatos latinos tenían un concepto similar, nefas, esto es, “acto contrario a la ley divina”. Se usa para describir acciones prohibidas por los dioses o moralmente ofensivas, comparadas con la idea de fas (lo lícito o permitido por la divinidad). Nefas nos ha dado la voz «nefasto».[9]

Mitología

Familia y cubil

Ate apenas participa en relatos mitográficos y nunca superó su estado como abstracción personificada. No obstante, la versión hesiódica nos dice que Ate era hija de Eris, sin unión,[10] mientras que la tradición homérica la presenta como hija primogénita de Zeus.[11] En la tragedia se dice que Ate fue la madre de Peito («Tentación»).[12] Los poetas griegos dicen que en un principio Ate moraba en el Olimpo[11] pero los romanos ubicaban al Error en el inframundo. Séneca la asocia con otros daimones afines, entre ellos Discordia, Scelus («Crimen»), ImpietasImpiedad») y FurorDemencia»); todos ellos invocados por Juno para causar la ruina de Hércules.[8]

En Homero

En la Ilíada se menciona a Ate en dos ocasiones. Primero se dice que las Súplicas (Litaí), hijas del excelso Zeus, son cojas, arrugadas y bizcas de ambos ojos, y siempre se cuidan de seguir detrás de la Ofuscación (Ate). Esta, vigorosa y ágil, corre por toda la tierra adelantándose a todos y burlando a la gente. Las Súplicas, en cambio, las siguen, curando el mal que esta provoca. Quien respeta a las hijas de Zeus cuando se acercan recibe gran beneficio, ya que ellas escuchan sus plegarias. Pero quien las rechaza con rudeza, ellas van a suplicar a Zeus Cronión que la Ofuscación lo persiga, para que pague con su propio daño.[13]

Más tarde se describe a Ate como la fuerza que ciega y confunde tanto a mortales como a dioses. Hija mayor de Zeus, Ate camina sobre las cabezas de los hombres, atrapándolos en sus grilletes y provocando errores irreparables. Incluso Zeus mismo se dejó engañar por Hera debido a su influencia, cometiendo un juramento que alteró el destino de Alcmena y Euristeo. Tras percibir su error, Zeus la agarró de sus trenzas y la expulsó del Olimpo, pero su acción no impidió que continuara causando confusión y desgracia entre los hombres, demostrando cómo la Ofuscación encarna la ceguera moral y la inevitabilidad de la perdición que acompaña a la hibris.[11]

En la tragedia

Ate aparece con mayor protagonismo en los dramas de Esquilo, y con menor relevancia en los de Eurípides, donde la idea de Dice (Justicia) está más completamente desarrollada. En la tragedia Ate venga los actos malvados e inflige justos castigos a los delincuentes y su posteridad, de tal forma que su personalidad es casi la misma que la de Némesis y las Erinias.[14] Nono, autor tardío, cuenta que Hera incita a Ate para persuadir a Ámpelo, un joven a quien Dioniso amaba apasionadamente, para que impresionase a este cabalgando un toro. Ampelo acabó por caerse del mismo, rompiéndose el cuello, siendo entonces transformado en vid.[15]

Colina de Ate

Apolodoro nos habla de una colina llamada Ate, en Frigia.[16] Cuando fue arrojada por Zeus, Ate cayó en ese lugar. Más tarde Ilo, persiguiendo una vaca, fundó allí la ciudad de Ilión, esto es, Troya.[17] Tzetzes nos aclara que la colina de Ate, identificada con Troya, simboliza la presencia de la fatalidad y la ruina desde la creación de la propia ciudad. Incluso los más prudentes están expuestos a sus efectos: decisiones y acciones equivocadas nacen bajo su influencia, trayendo desgracia y error que pueden extenderse a generaciones. Así, la advertencia del oráculo de Apolo a Ilo muestra a Ate como la fuerza inevitable que induce al error y a la perdición, marcando los lugares y los destinos con su sombra.[18]

Menciones ulteriores

En su obra Julio César, Shakespeare presenta a Ate como una invocación de la venganza y la amenaza. Marco Antonio, lamentando el asesinato de César, imagina así al espíritu del occiso:[19]

[...] pidiendo venganza, con Ate a su lado llegará ardiendo del Infierno, gritará en estos confines con voz de monarca “¡Caos!” y soltará los perros de la guerra [...]

Referencias

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos

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