El Ateneo Guipuzcoano, inicialmente de San Sebastián (España), se fundó en 1870 y es la entidad cultural más antigua de la ciudad.[1]
Pío Baroja
Es una sociedad privada que surgió con la idea de educar y crear un foro de debate de los temas que eran y son actualidad, desde la educación pública o los derechos de las mujeres, hasta la expansión de la ciudad tras el derribo de las murallas en 1863.
En el periodo de la transición tuvo años críticos al acumular una deuda insalvable para quedarse sin sede en 1992.
En la actualidad cuenta con unos 100 socios y sigue organizando conferencias, conciertos y proyecciones de cine.[2]
A lo largo del sigloXIX se fueron desarrollando ateneos en diferentes ciudades españolas con características similares.[3]
Las primeras reuniones del Ateneo de San Sebastián se celebraron en el domicilio particular de José Arana, uno de los promotores de los festejos que años más tarde darían origen a la Semana Grande de San Sebastián. El color político de sus fundadores era liberal y moderado.[4]
En sus actividades, participaron a lo largo de su historia gran parte de la intelectualidad de la ciudad: escritores, pintores, médicos, profesores etc.
Los cambios de sede fueron una constante: calle Legazpi, Mayor, Plaza Lasala, la Avenida de la Libertad, el Pequeño Casino o el actual edificio del Koldo Mitxelena, fueron algunos de los emplazamientos.
En 1992 el edificio de la sede fue derribado y el Ayuntamiento de San Sebastián ofreció una sede provisional posteriormente la Caja de Ahorros Municipal cedió su espacio de la Biblioteca del Doctor Camino en la parte vieja de la ciudad.
Los continuos cambios de sede del Ateneo han provocado que la biblioteca que posee la entidad con más de cinco mil ejemplares, muchos de ellos primeras ediciones de libros de principios del sigloXX, haya sufrido muchos cambios de ubicación.
Hoy día este fondo está depositado en la Biblioteca Municipal de San Sebastián, en la plaza de la Constitución.[4]
En definitiva, el Ateneo Guipuzcoano es una institución heredera de la Ilustración. A lo largo de sus más de 150 años de historia ha sufrido múltiples vicisitudes históricas, pero siempre ha mantenido el espíritu abierto y de curiosidad cultural a toda la ciudadanía.