Baile del Mono
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Venezuela
| Baile del Mono | ||
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| Localización | ||
| Localidad |
Caicara de Maturín Venezuela | |
| Datos generales | ||
| Tipo | Fiesta folclórica | |
| Fecha | 28 de diciembre | |
| Costumbres | Desfiles, caravanas, disfraces, conciertos | |
El Baile del Mono es una fiesta típica de Venezuela que se celebra cada 28 de diciembre en la ciudad de Caicara de Maturín.[1][2]Según la tradición la fiesta tuvo su origen en antiguos ritos de cosecha en honor a una deidad con forma de mono realizada por los pueblos chaima, kariña y otros grupos caribes. Sin embargo, diversos historiadores coinciden en que la festividad es producto de un sincretismo de las culturas africanas, europeas e indígenas.[1]
No existe certeza sobre el origen del Baile del Mono. De acuerdo a la tradición oral la festividad sería de origen indígena asociada a ritos de cosecha de los pueblos chaima, kariña y otros pueblos de origen caribe donde se ponían en práctica cantos y danzas para celebrar las cosechas por los cultivos de maíz y algodón.[1][2][3] Sobre la asociación del mono con el festival existen varias teorías. Se ha documentado en parte de los pueblos indígenas caribes la presencia del mono como un símbolo de anticultura.[1]
Según algunos relatos y leyendas el uso de la figura del mono en la danza podría deberse a que este animal ahuyentaba a los pájaros de la cosecha por lo que fue convertido en una deidad a la que los indios rendían tributo.[1][4] Otra versión afirma que previo a la conquista la zona estaba habitada por una tribu indígena liderada por el cacique Caicuara que practicaba el culto a un dios de la lluvia con forma de mono. Los 27 de diciembre el día transcurría soleado y el 28, momento del rito, amanecía nublado.[1]
Aunque varios historiadores han cuestionado la versión del origen indio de la festividad. El antropólogo David Guss afirma que la fiesta puede ser una invención moderna en la que se sincretizaron elementos africanos, europeos e indígenas.[1][5]
Al momento de la llegada de los españoles la zona estaba poblada por indígenas pariagotos, coacas, cores, kariñas y, los más numerosos, chaimas. Según algunos historiadores estos pueblos no se dedicaban principalmente a la agricultura, sino a la caza, pesca y recolección.[1][2] Entre 1728 y 1731 tuvo lugar la fundación de Santo Domingo de Guzmán de Caicara como un pueblo de indios por parte de misioneros capuchinos que tenían por objetivo tratar de convertirlos al cristianismo.[1][3]
El nombre del poblado se debió a la presunta aparición de Guzmán que logró persuadir a un grupo de indígenas que se preparaban para atacar a los habitantes un 4 de agosto.[1] De forma similar a este relato los religiosos asociaban festividades indígenas a tradiciones católicas para tratar de asimilarlos.[3]
Durante la época colonial el pueblo fue creciendo lentamente y debido a su locación sirvió como zona de descanso para los viajeros que se dirigían a ciudades más pobladas. Durante este periodo no existieron menciones explícitas que hicieran referencia a la festividad. En un documento sin fecha atribuido al obispo de Caracas Diego Antonio Díez Madroñero se denunciaban la existencia de varias «danzas diabólicas» entre las que se mencionaba a un «baile del mono», pero no se hacía referencia al lugar de donde provenía.[1]

Desde finales del siglo XIX existen registros sobre la celebración en el pueblo de una festividad el 28 de diciembre con participaciones de la comunidad y las autoridades civiles y eclesiásticas.[3]Algunos historiadores y cronistas locales afirmaron que esta fiesta hacía referencia al Baile del Mono.[3]De acuerdo al escritor Juan José Ramírez la tradición que se había perdido fue recuperada en 1895 cuando un grupo de pobladores se pusieron de acuerdo para honrar a Domingo de Guzmán frente a la iglesia del pueblo bailando la danza tradicional. Posteriormente se popularizaría entre todo el pueblo y las aldeas cercanas.[1][6]Para Ramírez el baile estaba estrechamente relacionado con la danza de origen kariña conocida como el mare mare y fue posible que ambas fueran combinadas.[6]
Según el cronista oficial de Caicara, Jesús Guevara Febres, la fiesta se celebraba el 4 de agosto coincidiendo con la celebración en honor a Guzmán. En 1899 el sacerdote Eurípides Serrano decidió cambiar la fecha al 28 de diciembre debido a que la mayoría de las personas no asistían a la iglesia a la festividad del santo, sino que se iban a la fiesta del mono.[2][7]
Otros historiadores por su parte han negado estas versiones y han atribuido el origen de la festividad a la fiesta de los locos y al Día de los Santos Inocentes celebrada el 28 de diciembre.[1][4]En la época colonial la celebración de los Santos Inocentes se extendió rápidamente, creándose festividades tradicionales como las Zaragoza de Sanare o los Locos y Locainas de la zona andina del país.[1]
Según el relato de algunos de los antiguos pobladores del pueblo en Caicara se celebraba el Día de los Santos Inocentes con varios desfiles que recorrían el pueblo cantando y bailando hasta llegar a la plaza para comer y beber. Las personas que participaban en las comparsas no llevaban ningún tipo de referencias a un mono sino sombreros adornados con frutas y flores o máscaras hechas de auyama.[1]Aunque durante la celebración también era común el uso de elementos indígenas. Se interpretaba la danza de origen kariña mare mare y se empleaban instrumentos musicales indios.[1][2]
Esta tradición se mantuvo por lo menos hasta 1925 cuando según relatos orales se presentó una innovación en la festividad. Existe varias versiones sobre la modificación de la tradición.[1]En una de ellas se menciona que durante una de las celebraciones un grupo de indígenas de la comunidad de El Cerezo marcharon en fila agarrados unos a otros dando saltos. Según un testigo visual se agarraron por temor a separarse y mientras iban desfilando alguien grito en tono de burla «¡Aquí viene el mono!». A pesar de esto, la forma de bailar agradó a los presentes y pronto se popularizó.[1]
En otra versión del cultor José Rafael «Chilo» Rojas se afirma que dentro de un grupo familiar extenso que participaba en la celebración tomando ron comenzaron a gritar «¡Caramba, el que no salte de aquí para allá, no bebe!». Las personas comenzaron a saltar agarrándose por la cintura mientras iban en la marcha popularizando el nuevo estilo. Rojas también manifestó que la tradición de pintarse el cuerpo se debió a que el grupo Los Negros de Chilo Rojas que participaba en la fiesta solía pintarse el cuerpo de negro.[1]
A pesar de la diversidad de los relatos, para la década de 1920 el Baile del Mono pasó de ser una moda pasajera a consolidarse como un importante festival local.[1] Empezaron a formarse grupos de músicos y bailarines conocidos como parrandas y sus miembros como «moneros». Estos grupos eran nombrados con topónimos, que indicaban la aldea o barrio al que pertenecían sus miembros, mientras que otros recibían sus nombres en honor a «moneros» reconocidos. Entre las parrandas más conocidas se encontraban Garibaldo, Zanjón, Gavilán, Eufracio Guevara y Viento Fresco.[1][3]
En sus principios la festividad era organizada por los pobladores y hacendados, pero luego se encargó la Junta del Mono que tenía funciones similares a la de una cofradía.[6]Los cultores del pueblo mantuvieron la tradición de confeccionar máscaras y trajes así como el uso y fabricación de instrumentos musicales tradicionales.[3]
En sus orígenes la fiesta se solía acompañar con el carrizo, un instrumento indígena similar a una flauta de pan, pero con los años se fueron incorporando otros instrumentos indígenas y criollos como cuernos de animales, guaruras, furrucos, maracas, tambores, mandolinas, bandolas y cuatros.[2][8]Musicalmente las parrandas interpretaban melodías de origen indígena como la marisela, el maremare y el matachí.[1][2][9]Otras de las tradiciones de la fiesta que se mantuvo fue emular la práctica indígena de pintar el cuerpo con diversos pigmentos como el carretolendo, conopia, onoto, hollín y el añil.[2][6][9]
Dentro de las parrandas se desarrollaron personajes que cumplían diversas funciones durante los desfiles.[2][6]El personaje principal fue El Mono encargado de dirigir el desfile y animar a los participantes. Otro de los personajes que se creó fue La Mayordoma una mujer que ponía orden entre los participantes e incluso podía entregar a algún parrandero pasado de tragos a las autoridades. La mujer encargada de este puesto debía solicitar permiso para ejercer esta función ante las autoridades civiles y policiales.[2][10]Entre otros de los personajes principales se encontraban Los Morochos, el Mono Brujo y La Negra y sus Negritos.[2][6][10]Además desde inicios del siglo se mantuvo la tradición de incorporar desfiles de caballería iniciados por el general Manuel Ledesma.[6]
Según «Chilo» Rojas durante este periodo comenzó a sentirse la influencia africana. Muchos músicos y bailarines migrantes de Trinidad solían acudir a la celebración en la que dejarían su influencia en los cantos, desfiles y máscaras. También es posible que el instrumento conocido como ciriaco atribuido a los indígenas fuera un derivado del carángano un instrumento de África occidental.[1]
Mientras se popularizaba la festividad se consolidó localmente la idea de que su origen era exclusivamente indígena. Varios historiadores, cronistas locales y cultores negaban la influencia de aspectos europeos o africanos en la tradición. Hacían énfasis en el uso de pintura facial, estilo de baile colectivo e instrumentos y melodías indígenas.[1]En varias obras escritas comenzó a surgir la tradición que vinculaba el Baile del Mono con el pasado indígena.[1]
Para el antropólogo David Guss el realce de la singularidad indígena de la festividad por encima de la influencia europea responde a la lucha de una población mayoritariamente mestiza sometida a un blanqueamiento cultural y pérdida de tradiciones por la modernidad.[1][7]Según Guss al igual que otros países de Latinoamérica la población mestiza al ser excluido por una minoría de élite blanca recurrió a promover la etnicidad, en este caso particular la indianidad. A través de este proceso se resaltaban los valores tradicionales y de pertenencia de un determinado grupo étnico discriminado logrando apropiarse y redefinir la festividad del Día de los Santos Inocentes impuesta por los colonizadores para trasformarla bajo la mirada de una nueva identidad basada en valores culturales indígenas.[1]
Aunado a las tensiones socioculturales algunos autores han mencionado un carácter anticlerical en el Baile del Mono.[1][11]A lo largo de los años ha existido cierta tensión entre autoridades religiosas y la comunidad en torno al festival.[1][11][12]Si bien la iglesia ha tratado de involucrarse creando una misa especial dedicada a los «moneros» difuntos, varios de los «moneros» han criticado el papel asumido por la institución frente a la festividad. Incluso en referencia a un conflicto anterior entre autoridades religiosas y miembros del festival, uno de los participantes llegó a manifestar que debían «dad al César lo que es del César, y al Mono lo que es del Mono».[1]
El festival logró consolidarse localmente y comenzaría un proceso de masificación y folclorización a lo largo del siglo XX por lo que alcanzaría reconocimiento nacional atrayendo a miles de turistas anualmente.[1]
Desde 1960 varios artistas y cultores locales comenzaron a difundir la fiesta a nivel nacional. El músico Perucho Luces junto con el Conjunto Típico Caicara iniciaron la difusión de la manifestación cultural por varias regiones del país.[6]Por su parte autores como Juan José Ramírez en su obra «Remembranzas Caicareñas» y Jesús Guevara Febres en «Las Huellas de El Mono» plasmaron por escrito la historia de la tradición.[1][6]Para 1975 la cultora Argelia Cardiel creó el Centro Cultural Caycura y el Grupo Folklórico Garibaldo, que en años posteriores participó en festivales nacionales de música folklórica organizados por el Ministerio de la Juventud ganando varios de ellos.[6]
A nivel local la fiesta se convirtió en un elemento fundamental de la vida cultural del pueblo.[1] En la entrada de la población se colocó una enorme valla que decía lo siguiente:
- Esta llegando a Caicara
- Tierra del Mono
- Máxima Expresión
- Folklórica del Oriente
- Salud Amigo[1]
Por el pueblo comenzaron a realizarse varios murales en alusión al Baile del Mono donde se hacía énfasis de su carácter indígena, la historia del festival y sus personajes. Muchos de estos murales eran encargados por particulares, parrandas, organizaciones culturales, empresas y partidos políticos.[1]En algunos de ellos se exhortaba «cuidar del mono» o «mantener la tradición», incluso se usaba la figura del mono con fines de propaganda política.[1]
En 1990 se construyó la escultura Tótem del Mono diseñada por el escultor José Roca Zamora, ubicada en la plaza principal del pueblo frente a la iglesia. La escultura colocada sobre una base piramidal representaba a un mono de dos cabezas una sonriendo y otra frunciendo el ceño.[1][13]También se construyó la Casa Museo del Mono donde se conservan fotografías, trajes e instrumentos musicales típicos.[13]
Con el paso de los años la festividad logró reconocimiento nacional. Emisoras de radios y programas de televisión y cine comenzaron a dar cobertura al evento.[1] De igual forma grupos de parranda que tomaban parte en el baile fueron invitados a participar en diversos festivales juntos con grupos de otras tradiciones culturales consolidadas del país como los sanjuaneros de Curiepe o los tamunangueros.[1] Además reconocidos músicos y artistas tanto nacionales como internacionales participaban en las festividades y en algunas de sus canciones y presentaciones hicieron referencia al Baile del Mono como la Billo's Caracas Boys, Oscar de León, Wilfrido Vargas y Yolanda Moreno.[1][6]

En 1998 el concejal de la Cámara Municipal del Municipio Cedeño, Gustavo Tillero, promovió la creación de la Fundación Mono de Caicara encargada de preservar la tradición cultural y organizar a los grupos musicales que participaban en ella.[2][6][14]Debido al número de visitantes en el evento la Fundación Mono de Caicara gestionó ante las autoridades la construcción del «monodromo» en 2005. El complejo estaba formado por una amplia plaza para albergar las comparsas una vez terminadas los desfiles.[2][9]Dentro del espacio se incluía un lago artificial en honor al río Guarapiche y la «Torrentera» una escultura que simula a una cascada ubicada en el municipio.[6]
La festividad y varios de sus participantes lograron diversos premios y reconocimientos locales y nacionales. En 2013 la Fundación Mono de Caicara fue galardonada por el Consejo Legislativo del estado Monagas con la Orden Andrés Eloy Blanco en su Segunda Clase. Mientras que el cultor José Rafael «Chilo» Rojas fue calificado como Patrimonio Cultural Viviente del Estado Monagas y Argelia Cardiel como Patrimonio Cultural Viviente del Estado Monagas y galardonada con el Premio Nacional de Cultura mención Cultura Popular.[6][15][16]
En 2013 la fiesta fue declarada como Patrimonio Cultural del Municipio Cedeño y Patrimonio Cultural del estado Monagas y 2025 fue declarado como Patrimonio Cultural de Venezuela.[4][6][14][17]
Fiesta
Previo al inicio de las festividades, el 26 de diciembre se realiza una presentación en una noche cultural y se inauguran ferias artesanales y gastronómicas.[2][6]El 27 se lleva a cabo un desfile acompañado con músicos y una misa en honor de los «moneros» difuntos, término usado para definir a los miembros de las parrandas.[1][2][8]
La fiesta comienza el 28 de diciembre, día de los santos inocentes, desde las 12 de la madrugada con el repique del tambor de las parrandas.[1][2][10]Desde las primeras horas de la mañana comienzan los desfiles que recorren sitios emblemáticos de la población como el Tótem del Mono, la Plaza Bolívar, la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, la Casa Museo del Mono, la Redoma de los Indios y el río Guarapiche hasta llegar al «monodromo».[2][13]

Durante el desfile centenares de personas marchan bailando agarrados por la cintura y formando una cadena humana.[1][2][10]La mayoría de los participantes van disfrazados con máscaras de monos o con las caras pintadas de negro. Las comparsas son acompañadas por los músicos que van interpretando canciones y relatando historias en verso sobre aventuras ficticias del mono.[2][10][8]Durante el evento es común que se arrojen pintura entre los presentes y se suele dibujar un 28 en la frente.[1][2][6]
El recorrido transcurre por las principales calles del pueblo siendo lideradas por el mono mayor quien con correa en mano va dando órdenes de los pasos de baile y lanzando leves correazos a los que no sigan el ritual.[2][10]Mientras que La Mayordoma es la encargada de imponer el orden durante el trayecto. Ataviada con un vestido largo de flores o un liquiliqui lleva una bandera y una peinilla, un tipo de machete usado por militares y policías en Venezuela durante los siglos XIX y XX.[2][10][6] Aunque este papel es representado por mujeres también suele ser interpretado por hombres disfrazados.[1]
El trayecto culmina una vez llegan las comparsas al «monódromo» donde se reúnen cientos de personas comienzan a gritar «mono, monito, mono». Posteriormente las parrandas y artistas se presentan en una tarima donde interpretan diversidad de temas para culminar las festividades.[2][9]Anteriormente luego de los desfiles se realizaba una fiesta de gala privada con conciertos, pero a partir de 1993 pasó ser pública y a realizarse en la plaza principal y luego en el «monódromo».[6]