Batalla de Calama
La batalla de Calama fue un enfrentamiento bélico que tuvo lugar en mayo de 430 cerca de la colonia romana de Calama en la provincia del Imperio romano de Numidia. Se enfrentaron el ejército vándalo y alano encabezado por Genserico, que un año antes había cruzado las Columnas de Hércules con el fin de conquistar la diócesis de África, y el ejército romano comandado por el comes de África Bonifacio. La victoria fue para Genserico y Bonifacio y sus tropas supervivientes se refugiaron en Hipona, en la provincia de África proconsular. La batalla formó parte de la conquista vándala del norte de África.
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La batalla de Calama fue un enfrentamiento bélico que tuvo lugar en mayo de 430 cerca de la colonia romana de Calama en la provincia del Imperio romano de Numidia (actual Argelia). Se enfrentaron el ejército vándalo y alano encabezado por Genserico, que un año antes había cruzado las Columnas de Hércules con el fin de conquistar la diócesis de África, y el ejército romano comandado por el comes de África Bonifacio. La victoria fue para Genserico y Bonifacio y sus tropas supervivientes se refugiaron en Hipona, en la provincia de África proconsular. La batalla formó parte de la conquista vándala del norte de África.
Genserico atravesó el estrecho de Gibraltar desde Hispania en mayo de 429. Según el historiador bizantino Procopio de Cesarea, autor en el siglo VI de una Historia de la guerra de los vándalos, Genserico habría sido llamado por el comes de la diócesis de África Bonifacio, pero, como ha comentado Pierre Cosme, «los vándalos, hambrientos, no tenían sin duda ninguna necesidad de que se les sugiriera dirigirse hacia el granero de trigo del Imperio de Occidente».[1]
Ciertamente, advierte Cosme, el comes Bonifacio estaba enemistado con la corte de Rávena, capital desde 404 del Imperio de Occidente, porque no lo habían nombrado comandante supremo del ejército romano y por eso había desobedecido la orden que le había dado en 427 la emperatriz Gala Placidia, que actuaba en nombre de su hijo de corta edad Valentiniano III, de que acudiera a la capital de Occidente. La respuesta fue el envío a África para reducirlo de un contingente de tropas al mando de Sigisvulto, un godo al servicio del Imperio. ¿Fue entonces cuando Bonifacio habría llamado en su ayuda al vándalo Genserico? Numerosos historiadores actuales lo ponen en duda. Pero si fue ese el caso, puntualiza Pierre Cosme, enseguida debió darse cuenta de su error al conocer que unos ochenta mil vándalos asdingos y alanos, incluidos mujeres, niños y ancianos, habían cruzado las Columnas de Hércules (el nombre dado en la Antigüedad al estrecho de Gibraltar). De ellos unos quince mil guerreros.[1][2] El paso del estrecho había durado cerca de un mes y se utilizó una flotilla formada por unas quinientas embarcaciones.[1] No hay duda de que el propósito de Genserico era apoderarse de la rica diócesis de África.[2]
