Batalla de Emesa

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Fecha 272
Lugar Emesa, Siria
Resultado Victoria romana decisiva[1]
Batalla de Emesa
Parte de Guerra de Palmira

Mapa del avance de Aureliano sobre Palmira.
Fecha 272
Lugar Emesa, Siria
Coordenadas 34°43′N 36°43′E / 34.72, 36.71
Resultado Victoria romana decisiva[1]
Consecuencias Colapso del Imperio de Palmira
Combatientes
Imperio romano Imperio de Palmira
Comandantes
Lucio Domicio Aureliano Zenobia
Zabdas
Fuerzas en combate
Desconocidas 70 000 según Zósimo[2]

La batalla de Emesa se libró en el 272 entre los ejércitos romanos liderados por el emperador Aureliano y las fuerzas palmiranas lideradas por su reina, Zenobia, y el general Zabdas.

Ascenso de Palmira

En 269, Claudio el Gótico estaba muy ocupado defendiendo los Balcanes e Italia de invasores germanos, la reina Zenobia de Palmira consolidó su autoridad, atrapando a los funcionarios romanos en Oriente entre la lealtad al emperador y las demandas de sumisión de la monarca.[3] El erudito Gary Young sugiere que las autoridades romanas se negaron a someterse a la reina, lo que motivó las expediciones palmirenas de conquista. El probable motivo de dicha expansión pudo ser la manifiesta incapacidad romana para defender las provincias orientales por parte de Roma, lo que convenció a Zenobia que la única opción para estabilizar el área era someterla directamente a su autoridad.[4]

El historiador Jacques Schwartz relacionó las acciones de Zenobia con su deseo de proteger los intereses económicos de Palmira, que se vieron amenazados por el fracaso de Roma en proteger las provincias.[5] Además, los anteriores conflictos habrían dado mayor importancia a rutas comerciales alternativas a Palmira, aquellas que pasaban por Egipto y Bosra. Los árabes tanújidas y los comerciantes de Alejandría seguramente intentaron librarse de la hegemonía de Palmira, lo que habría motivado la respuesta militar.[6]

En octubre de 270,[7] Egipto fue invadido por un ejército palmireno[8] y declaró a Zenobia reina de Egipto.[9] El general romano Tenagino Probo pudo recuperar Alejandría en noviembre, pero fue vencido y tuvo que huir a la fortaleza de Babilonia, donde fue sitiado y asesinado por Zabdas, un general palmireno, quien siguió hacia el sur y se hizo con todo Egipto.[10] Posteriormente, en 271, Septimio Zabbai, otro general palmireno, avanzó sobre Anatolia y se le unió Zabdas en la primavera de ese año.[11] Ocuparon Ancira (Ankara) y llevaron a su imperio a la máxima extensión.[12]

Respuesta imperial

El Imperio de Palmira en su cenit, antes de las campañas de reconquista de Aureliano

Mientras el emperador Aureliano estuvo en Italia y Panonia, preparó una campaña contra la reina Zenobia, quien se había apoderado de las provincias orientales hasta Egipto y Galacia, y se habría hecho también con Bitinia y Calcedonia si sus habitantes no se hubiera rebelado después de saber que Aureliano era su nuevo augusto.[13] Una vez tranquilizada la situación en Occidente, fue a encargarse de la monarca de Palmira.[14] Durante la marcha, limpió la bárbaros Tracia e Iliria y cruzó el Danubio para derrotar y dar muerte al rey godo Canabaudes (Cannabas) y a 5000 de sus guerreros.[15][16] Por la similitud de nombres, este monarca godo pudo ser Cniva, quien derrotó y dio muerte a Decio en Abrito.[17] Aureliano luego cruzó por Bizancio hacia Bitinia sin luchar,[18] avanzando por Anatolia rápidamente.[9] Entre tanto, el general Marco Aurelio Probo consiguió reconquistar Egipto.[19]

El césar avanzó sobre Ancira y luego Tiana, sometiendo ambas ciudades[20] y al encontrar las puertas cerradas en la segunda, proclamó furioso: «En este pueblo no dejaré ni un perro vivo».[21] Los soldados se emocionaron con la esperanza de obtener botín en el saqueo, mientras que un habitante de la urbe, Heraclamón, entregó la ciudad traicionando a sus compatriotas,[22] para lo cual le mostró un montículo donde se podía escalar y superar fácilmente las murallas.[23] El augusto decidió congraciarse con la gente de Tiana ejecutando al traidor y perdonando al resto de la población.[24] Cuando los soldados se quejaron por romper su palabra y perdonar a la ciudad, ordenó matar a todos los perros, lo que los soldados tomaron a broma y calmaron sus ánimos.[25] También se dice que el filósofo Apolonio de Tiana se le apareció al césar en un sueño y le dijo:[26][27] «Aureliano, si quieres conquistar, no hay razón para deberías planear la muerte de mis conciudadanos. Aureliano, si deseas gobernar, ¡abstente de la sangre del inocente! Aureliano, actúa con piedad si deseas vivir mucho tiempo».[28] La misericordia del emperador animó a muchas otras ciudades a rendirse sin luchar.[27]

Siguió hasta Antioquía, donde el ejército palmirano le presentó batalla en Immae[29] pero los romanos prevalecieron[30] y luego derrotaron a la guarnición de Dafne (Harbiye).[31][32] Los restos de la hueste vencida, a las órdenes del general Zabdas, se retiraron a Antioquía, donde su comandante fingió que había vencido y capturado a Aureliano usando un doble del emperador, evitando así un amotinamiento de la urbe.[33]

A la noche siguiente, los vencidos se retiraron a Emesa, justo antes de la llegada de Aureliano, quien fue recibido con alabanzas por los antioqueños.[34] El ejército palmireno no había sido destruido, aunque si fuertemente debilitado, pero su general era capaz y su monarca aún conservaba su influencia.[32][35]

Al enterarse de que muchos habían huido de la ciudad por haber apoyado la causa de Zenobia, el emperador declaró una amnistía general[36] y, cuando se hizo pública, muchos volvieron masivamente y el augusto les recibió gustoso.[37] Permaneció allí un tiempo, encargándose de sus asuntos administrativos y gubernamentales[32] y posteriormente siguió por Apamea, Larissa y Aretusa, siendo recibido fervorosamente por la población.[38]

Fuerzas enfrentadas

Palmira

Antoniniano emitido por la Reina Zenobia de Palmira en 272, en cuyo anverso aparece su retrato con la leyenda ZENOBIA AUG(usta)

Las fuerzas desplegadas en Emesa habían alcanzado los 70 000 soldados palmiranos, sirios y bárbaros.[2][39] Confiaban mucho en su caballería pesada, considerada muy superior a la infantería romana.[40] Esa misma cifra es mencionada como el tamaño del ejército palmirano que conquistó Egipto en 270, donde dejó una guarnición de 5000 soldados.[39] El historiador Randall T. Saunders considera que esos números son exagerados, imposibles para una pequeña ciudad-estado ubicada en un desierto. Palmira tenía apenas 36 000 habitantes hacia el año 300, y aun considerando la fuerte pérdida de población después de la guerra con Aureliano, es imposible que movilizara tales ejércitos de campaña. Sin embargo, si debieron sumarse numerosos romanos renegados.[41]

Roma

El ejército romano incluía un importante contingente de caballería de Dalmacia, Mesia y Panonia, las legiones de Recia y Nórico,[2] y se le habían unido jinetes de Tiana y Mauritania, destacamentos de las legiones de Mesopotamia, auxiliares Siria y Fenicia y garroteros de Palestina.[42] El único número que las fuentes dan son los 50 000 egipcios que habrían intentado defender su provincia de la invasión de Zabda en 270 y fracasaron.[39] Saunders lo considera exagerado, pues había dos legiones en el norte de África romano y aún si ambas estuvieran completas, algo poco probable, pues estaban dispersas en varias guarniciones, jamás hubieran podido movilizar tamaño ejército de campo, aún si consideramos que los contingentes auxiliares sumaran el equivalente a otras dos legiones.[41] La única aproximación la da el historiador británico John White estima que el «nuevo ejército móvil» que creó Galieno y heredó Aureliano, considerado el núcleo de sus fuerzas de campaña, sumaría un total de 30 000 hombres aproximadamente.[43]

Batalla

Al comienzo del combate, la caballería romana retrocedió ante su rival palmirena, muy superior en número; era una estratagema para repetir la táctica de la batalla anterior,[44] con una falsa retirada que agotara a los jinetes palmirenos, separándolos del resto del ejército para luego cargar sobre ellos.[40][35]

Sin embargo, los palmirenos lograron causarles grandísimas bajas a su caballería.[44] La caballería palmirena se dispersó durante la persecución y eso permitió a los legionarios y auxiliares palestinos armados con garrotes caerles encima.[45] Los jinetes huyeron como pudieron, pisoteando a su propia infantería, refugiándose unos pocos en la ciudad mientras que el campo quedó repleto de soldados y caballos muertos.[46] También las fuentes afirman que durante la batalla, cuando la caballería romana estaba a punto de ceder, una especie de fuerza divina dio nuevas fuerzas a infantes y jinetes, ganando la batalla.[47]

Consecuencias

Referencias

Bibliografía

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