Batalla de Rávena (1512)
librada en el contexto de la guerra de la Liga de Cambrai durante las guerras italianas en 1512
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La batalla de Rávena del 11 de abril de 1512, librada en el contexto de la guerra de la Liga de Cambrai durante las guerras italianas, enfrentó a las tropas francesas y ferraresas dirigidas por Gastón de Foix contra el ejército de la Santa Liga liderado por Ramón de Cardona, formado por tropas españolas y papales.
| Batalla de Rávena | ||||
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las Guerras italianas Parte de guerra de la Liga de Cambrai | ||||
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La muerte de Gastón de Foix en la batalla de Rávena el 11 de abril de 1512. Óleo sobre lienzo de Ary Scheffer, h. 1824 | ||||
| Fecha | 11 de abril de 1512[1] | |||
| Lugar | Cerca de Rávena, Italia.[1] | |||
| Coordenadas | 44°25′00″N 12°12′00″E | |||
| Resultado | Victoria franco-ferraresa | |||
| Beligerantes | ||||
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| Comandantes | ||||
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| Fuerzas en combate | ||||
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Protagonizó la batalla un uso sin precedentes de la artillería móvil por parte de ambos bandos. Los cañones y carros artillados españoles dominaron la batalla, infligiendo grandes bajas, hasta que el general ferrarés Alfonso I de Este volvió las tornas iniciando un flanqueo con sus propios cañones, golpeando el deficientemente dispuesto orden aliado en su vulnerable caballería. Aunque la infantería española hizo retroceder al frente francés, el ejército hispanopapal fue rodeado por la caballería y artillería del enemigo y terminó por colapsar. La batalla terminó con Gastón de Foix siendo muerto por los españoles al tratar de perseguirles en su retirada.
El encuentro fue uno de los más cruentos de la guerra.[1] Según el historiador Niccolò Capponi, 8.000 aliados y 4.000 franceses perdieron la vida, mientras que Francesco Pandolfini estima que fueron 12.000 y 4.000 muertos respectivamente.[5] Como consecuencia de ello y de la muerte del popular Gastón, los franceses no consiguieron afianzarse en el norte de Italia, de donde deberían retirarse en agosto del mismo año.[6]
Movimientos previos
En febrero los franceses invadieron el norte italiano con un ejército de 23.000 hombres (incluyendo 8500 lansquenetes), poniendo sitio a Rávena, defendida por 5.000 combatientes.[2] Un ejército hispano-pontificio marchó a liberarla, así que el comandante francés, Gastón de Foix, dejó 2.000 hombres para mantener el asedio y salió al encuentro del enemigo. El cabecilla español, Ramón de Cardona, se mantuvo a la defensiva y ordenó a Pedro Navarro apoyarse en el río Ronco y construir un semicírculo de trincheras y obstáculos.[7] Marcantonio I Colonna, por entonces al servicio español, logró colarse en la ciudad para actuar de enlace.
Los franceses contaban con la ventaja de la artillería de Alfonso de Este, considerada la mejor de toda Italia, que le había ganado a su dueño el sobrenombre del "Duque Artillero". Entre ellos había ocho cañones especialmente grandes, de balas de 15kg.[8] Por su parte, los españoles colocaron junto con su propia artillería una treintena de ingeniosos carros de guerra equipados con largas guadañas y cañones de órgano, que se habían usado alguna vez en las guerras ibéricas.[9][10]
Tras enardecer a los franceses con un discurso, el impetuoso Gastón de Foix se aproximó al campamento enemigo en compañía de treinta caballeros y retó a duelo singular al virrey Cardona, afirmando que de esa manera resolverían la batalla entera, pero el aragonés lo rechazó, tal y como se esperaba. El francés volvió a sus filas, donde dejó el casco y el brazal del brazo derecho como parte de sus ideales caballerescos.[11]
Batalla
Intercambio artillero
Avanzando con la artillería en los flancos, el ejército de Gastón rodeó el campamento fortificado aliado y bombardeó sus defensas. Los respondieron, provocando un intercambio de fuego de tres horas de una potencia nunca vista en los campos de batalla europeos.[12] La mitad de la artillería francesa falló su objetivo, ya que la infantería de Navarro estaba protegida por los terraplenes, pero la caballería de Ávalos resultó haber quedado desprotegida y comenzó a sufrir bajas. Por el contrario, toda la artillería hispanoaliada, concentrada en la masa del ejército francés, dio en el blanco, diezmando las compañías de gascones y alemanes hasta el punto de que las filas anteriores tuvieron que contener por la fuerza a las delanteras para no retirarse.[13]
El giro de la batalla llegó con Alfonso I, que se dio cuenta de que sus cañones tenían muy poco efecto porque los carros de guerra españoles hacían de trinchera móvil. Por ello, el ferrarés tomó toda su sección de artillería y la reposicionó hasta quedar directamente apuntando a la caballería aliada.[14] Probablemente inspirado por él, desde el otro flanco, Yves d'Alègre llevó dos de sus cañones por el río Ronco hasta quedar a la espalda de la caballería de Colonna.[15] El fuego cruzado dañó severamente a los jinetes aliados, sin que Cardona, poco experimentado en la guerra terrestre y especialmente en la artillería, supiera que debía reorientar sus propios cañones para repeler las nuevas amenazas.[16]
El fuego ferrarés caía tan alto que llegó a pasar el campamento español y acertar a los mismos franceses de d'Alègre en el otro flanco. Según un rumor recogido por Paulo Jovio, cuando los artilleros de Alfonso le advirtieron de que estaban hiriendo también a sus aliados, el duque replicó que continuaran disparando porque los franceses eran para él tan enemigos como los hispanopapales.[17] En las filas opuestas, un conflicto estalló entre Fabricio Colonna y Pedro Navarro. El italiano trataba de hacerle ver que no tenía sentido para la caballería seguir encajando bajas sin moverse, y ante la negativa del español, llegó a tildarle de marrano y a clamar "¿Dónde están nuestras numerosas victorias contra los franceses? ¿Se ha perdido el honor de España e Italia por culpa de un navarro?"[18]
Salida de la caballería
En todo caso, no pudiendo resistir más en aquella posición sin plantar batalla, la caballería aliada escapó y cargó contra los homólogos franceses, con desacuerdo sobre si esta iniciativa vino de Colonna, Ávalos, Alfonso Carvajal o el propio Cardona, o si alguno de ellos tan sólo intentó salvar al resto. La caballería de Ávalos dio contra los gendarmes de Foix, haciéndolo de frente Carvajal y el marqués de la Palude y por el flanco el mismo Ávalos. Sin embargo, romperla a pesar de su empujea, afectados por los daños que sus compañías ya habían recibido de los bombardeos enemigos y por el entorpecimiento que provocaban los diques y la vegetación del terreno,[19] Mientras tanto, Colonna intentaba lo mismo contra los de La Palice, pero por motivos similares, y con la llegada de refuerzos franceses de d'Alègre, se vio completamente abrumado.[20]
En respuesta a la caballería enemiga, Foix ordenó que la infantería francesa avanzase y acometiese a los españoles, aprovechando que el terreno les permitió aproximarse a las mismas fortificaciones. Sin embargo, Navarro y los españoles (incluyendo los continos) les detuvieron inmediatamente con fuego intenso de arcabucería y de artillería ligera. Los alemanes al servicio de Francia, aun viendo morir a sus comandantes Jacob Empser, por la mano del español Cristóbal Zamudio, consiguieron penetrar y llegar al cuerpo al cuerpo, pero con el mismo resultado. Los rodeleros españoles se metieron por entre las picas de sus enemigos y comenzaron a abatirles con espadas y dagas prácticamente a voluntad, ocasionando que las líneas de alemanes comenzasen a retroceder tras haber perdido millares de hombres en poco rato.[21]
Colonna, que había desistido de la perdida lucha de jinetes, se unió y cargó contra el flanco de la infantería francesa, con la creencia, según escribió más tarde, de que "con cien lanzas más podría haber rescatado la victoria aquel día".[21] Sin embargo, en ese momento se unió también d'Alègre, que vio morir a su hijo Viverois y se lanzó enloquecidamente contra las filas italianas, matando a muchos antes de morir él mismo. Tras él llegaron ambas alas de la caballería francesa, que rodearon a la infantería aliada por todos lados, y con su ayuda, la infantería francesa se rehizo y comenzó a hacer retroceder a la hispánica. Cardona, así mismo, huyó de la batalla. Los españoles sufrieron grandes bajas, pero las compañías que seguían intactas empezaron a retroceder ordenadamente por el río hacia Forli.[22]
Muerte de Foix
Habían caído varios capitanes españoles, como Cristóbal Zamudio y Pedro de Paz, mientras que Navarro y Ávalos fueron capturados. Viéndose perdido, Colonna se entregó voluntariamente a Alfonso I a cambio de que no ser entregado a los franceses, que el ferrarés cumplió.[23] A pesar de ello, la escuadra española seguía retirándose de manera compacta, protegida por una línea de arcabuceros que impedían a los franceses perseguirles y les causaban aún graves pérdidas. Tratando de quebrarles, Foix cargó con su caballería contra ellos, sólo para ser fácilmente derribado y muerto por los infantes ibéricos, que dejaron su cadáver con más de cien heridas. Su primo Odet de Foix, también derribado, sobrevivió milagrosamente con otras veinte heridas.[24] Los españoles que se retiraron del campo se toparon con el caballero Pierre Terrail de Bayard, que al no tener manera de romperles, les dejó marchar sin saber que acababan de dar muerte a su general.[25]
Consecuencias
La batalla había durado ocho horas y dejado más de 10.000 muertos entre ambos bandos. Junto con todos los demás comandantes caídos, la muerte de Gastón de Foix supuso un golpe demoledor para los franceses, que habían perdido al mayor capitán y estratega de Francia, hasta el punto de que Guicciardini escribiría que "con él se perdió por completo el valor y la ferocidad de ese ejército". El francés Bayard se hizo eco de lo mismo en sus cartas, escribiendo que parecía que no era sino Francia la que había sido derrotada.[26]
Intimidados por la victoria francesa, los notables de Rávena decidieron rendir la ciudad a pesar de las súplicas de Marcantonio Colonna, que les advirtió del peligro que se avecinaba si lo hacían. Cuando las puertas de Rávena finalmente se abrieron, los franceses desahogaron sus pérdidas contra la población local, en gran medida precisamente porque la mayoría de sus capitanes yacían muertos y ya no podía restablecerse el orden. Se cometieron saqueos, asesinatos en masa e incendios, y se esclavizó sexualmente sin rescate a casi todas las mujeres, llevando al cronista Menzocchi a contar que resultó peor que un ataque de los turcos. El número de civiles muertos en el saqueo varía según la fuente, pero algunas fuentes lo dan casi el doble de las pérdidas de ambos bandos en la propia batalla.[26]
La Palice asumió el mando del ejército francés, pero las pérdidas sufridas en la batalla le impidieron continuar el avance hacia Roma, donde Julio II ordenó al cardenal Schiner que aprovechase la tesitura para conquistar las plazas francesas en la Lombardía, contando con la ayuda de los refuerzos que Cardona pudo reunir. Los franceses fueron llamados a socorrerlas, pero sus fuerzas ya eran demasiado pequeñas, y por agosto ya habían tenido que retirarse de Italia. Cardona, entre tanto, desalojó a los partidarios de los franceses de Florencia tras el saqueo de Prato, tras el que los Médicis fueron instalados de nuevo en su trono.