Junto a su primo Carlos de Paz, se alistó en la compañía de Gonzalo de Córdoba, el Gran Capitán, a tiempo de participar en la tercera guerra italiana en 1501. Pedro de Paz era deforme de cabeza y cuerpo, muy bajo y jorobado, hasta el punto de que al montar a caballo debía echarse sobre la silla y resultaba poco visible de lejos, lo que provocaba bromas de que su caballo iba vacío. Sin embargo, ello no le impidió convertirse en un capitán de caballería sanguinario y temible, de increíble habilidad marcial.[1]
En marzo de 1503, después de ser tomado el pueblo de San Giovanni Rotondo, Paz y Diego Hurtado de Mendoza tendieron una emboscada a una cercana compañía francesa, tomando para ello 300 hombres de a pie y 100 jinetes. Los franceses fueron vencidos con facilidad, y sólo 70 de sus mercenarios suizos lograron escapar y refugiarse en una torre. Mendoza les ofreció rendición honrosa, pero al no recibir más que insultos por respuesta, penetraron y los tomaron por la fuerza, tras lo cual los defenestraron por las almenas uno a uno sobre una pica sostenida por Paz, gritando éste "¡echad otro cabrón!" cada vez que un suizo era empalado. Dejaron vivo a uno para que informase a los suyos.[2]
El mes siguiente Paz participó en la batalla de Ceriñola, dirigiendo junto con Fabricio Colonna la caballería española contra los franceses después de ser rotas sus fuerzas por la arcabucería. Luego hostigó a los franceses en su retirada hacia su nuevo emplazamiento, tras lo que tomó Melfi, aunque sus tropas se amotinaron por falta de pagas e hizo falta la presencia del Sansón Extremeño, Diego García de Paredes, para sofocarlo. El campo francés fue invadido y destruido en la batalla del Garellano, culminando con la victoria castellanoaragonesa en la guerra.
La reputación de Paz estaba entonces en auge. Giovanni Battista Cantalicio le dedicó una poesía como parte de su Consalvia, en la que le atribuía llevar a Marte en las venas y partir yelmos enemigos con hacha o maza, con mayor paradoja dado su apellido.[3]
Tras el retiro forzoso del Gran Capitán, Paz combatió una vez más, ahora bajo el almirante Ramón de Cardona, en la batalla de Rávena. En su transcurso Paz cayó en combate junto el también veterano Cristóbal Zamudio.[4] Los franceses fueron victoriosos al coste de una gran masacre y la muerte de su general, que les impidió continuar con la campaña. Una generación más tarde, el cronista francés Pierre de Brantôme escribiría una corta biografía sobre Paz y le pondría entre los mejores combatientes de Europa en su tratado sobre los duelos.[1][5]
No debe ser confundido con el posterior Pedro de Paz, que fue maestre de campo de Alejandro Farnesio y cayó en el sitio de Amberes.