Batalla de Șcheia
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La batalla de Șcheia tuvo lugar el 6 de marzo de 1486 entre las tropas de Esteban III Moldavia y fuerzas del Imperio otomano que avanzaban por el valle del Siret hacia Suceava, con el objetivo de instalar en el trono al pretendiente Hronoda. Aunque Esteban fue protagonista de un incidente que pudo costarle la vida, el pretendiente terminó siendo asesinado mediante una estratagema.
La batalla fue el último enfrentamiento conocido entre Moldavia y el Imperio otomano, poniendo fin a la guerra de 13 años librada por Esteban para eliminar la soberanía de la Sublime Puerta.
Contexto
De regreso de Polonia, el príncipe Esteban III de Moldavia tuvo que enfrentar una invasión otomana. Un cuerpo expedicionario, comandado por el beylerbey de Rumelia, Hadım Ali Pasha, traía consigo a un pretendiente al trono, Hronoda, devastando numerosas localidades, incluida la capital, Suceava.[1] Su ejército, movilizado apresuradamente y reforzado con 3.000 jinetes puestos a disposición por Casimiro IV Jagellón de Polonia, no logró alcanzar al ejército otomano, pero en Cătlăbuga (16 de noviembre de 1485), Esteban infligió una dura derrota a las fuerzas dirigidas por Malkoçoğlu Bali Bey, pachá de Silistra, que habían entrado a saquear el sur de Moldavia.[1][2][3][4] Las fortalezas de Chilia y Cetatea Albă no pudieron ser reconquistadas, aunque él no renunció a ese objetivo tan importante, siendo esencial el apoyo del reino del norte.[1][3]
En la primavera de 1486, Esteban se enfrentó a una situación especialmente difícil. Un cuerpo expedicionario dirigido por Malkoçoğlu e Skender Pasha entró en el país en febrero, algo inusual, ya que los otomanos normalmente no combatían desde otoño hasta primavera. El objetivo era instalar a Hronoda en el trono de Suceava.[1][5][6][7] El ejército otomano avanzó por el valle del Siret, y Esteban salió a enfrentarlo con parte de sus cortesanos en Șcheia (localidad situada a unos 25 km al norte de Roman).[8][1]
Desarrollo
La lucha fue difícil y el príncipe fue derrotado en la primera fase. Además, protagonizó un incidente que pudo costarle la vida: cayó de su caballo y permaneció varias horas entre cadáveres y heridos, mientras Hronoda era proclamado príncipe por sus seguidores bajo el nombre de Pedro.[9] Su salvación vino gracias a dos boyardos. Uno de ellos fue el aprod Purice, quien, según una leyenda muy conocida, lo reconoció y le ofreció su caballo. Por esta hazaña fue ennoblecido, y su familia, los Movilă, llegaría a ser muy poderosa en el siglo siguiente.[10]
Un segundo boyardo, al que Esteban debió en parte su victoria, fue Pântece. Según las fuentes, este habría insistido ante el recién proclamado príncipe Pedro para que abandonara la zona de batalla, al considerarse ya vencedor. Aprovechando esta estratagema, Esteban capturó a Hronoda y le cortó la cabeza. Ambos episodios muestran la solidaridad entre el príncipe y la nobleza boyarda, que reunía tanto funciones políticas como de alto mando militar. Tras la muerte de Hronoda, el ejército moldavo se reorganizó y ganó la batalla. La situación había cambiado mucho: menos de dos décadas antes, Esteban había tenido que asegurar con la espada la fidelidad de los grandes boyardos.[11]
Consecuencias
En el período siguiente, especialmente después de la firma de la paz entre el Reino de Polonia y el Imperio otomano (21 de marzo de 1489), sin que Moldavia recuperara las fortalezas de Chilia y Cetatea Albă, Esteban reorientó su política exterior, estableciendo buenas relaciones tanto con el Reino de Hungría como con el Imperio otomano. Como consecuencia, las relaciones con Polonia, incapaz de cumplir las obligaciones asumidas, empeoraron.[12][8][13][14]