De origen posiblemente noble, Bermúdez se unió a Cortés junto con su esposo, Francisco de Olmos,[2] tras llegar con la partida de Pánfilo de Narváez en 1520.[3] Ganó su reputación durante el asedio de Tenochtitlan, durante el cual arengó a los españoles y a indígenas aliados e impidió la retirada de varios de ellos.[3] Tras la batalla, en la que las tropas aliadas derrotaron a la coalición mexica, sus compañeros hispanos la aclamaron por su oratoria y voluntad, llegando a expresar que probablemente evitaron una derrota ante los mexica gracias sus acciones y a las de otras mujeres soldado españolas.[4][5]
...Beatriz Bermúdez, que acababa de llegar de otro real, viendo así españoles como indios amigos todos revueltos, que venían huyendo, saliendo a ellos en medio de la calzada con una rodela de indios y una espada española y una celada en la cabeza, armado el cuerpo con un escaupil, les dijo: "¡Vergüenza, vergüenza, españoles, empacho, empacho! ¿Qué es esto que vengáis huyendo de una gente tan vil, a quien tantas veces habéis vencido? Volved, volved a ayudar y socorrer a vuestros compañeros que quedan peleando, haciendo lo que deben; y si no, por Dios os prometo de no dejar pasar a hombre de vosotros que no le mate; que los que de tan ruin gente vienen huyendo, merecen que mueran a manos de una flaca mujer como yo".
Cervantes de Salazar,
Crónica de la Nueva España, CLXIX.
[1]
Bernal Díaz del Castillo la menciona entre las mujeres invitadas a la selecta fiesta que Cortés dio para celebrar el triunfo sobre los mexicas, junto con María de Estrada e Isabel Rodríguez.