Caída (accidente)
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| Caída | ||
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Caerse es habitual en los bebés que empiezan a andar, pero caerse desde una altura significativa o sobre una superficie dura puede ser peligroso. | ||
| Especialidad | Medicina de emergencia | |
| Complicaciones | herida en la cabeza, conmoción cerebral, fractura ósea,[1] abrasión de la piel, contusión | |
| Frecuencia | 226 millones (2015)[2] | |
| Tasa de letalidad | 527 000 (2015): 1 de cada 429 caídas resulta mortal[3] | |
Una caída ocurre cuando una persona o animal en movimiento pierde el equilibrio y termina en una posición más baja, a menudo en el suelo. Es la segunda causa principal de muerte accidental en todo el mundo y una causa importante de lesiones personales, especialmente en las personas mayores.[4] Las caídas en adultos mayores constituyen una categoría importante de lesiones prevenibles. Trabajadores de la construcción, electricistas, mineros y pintores son ocupaciones con altas tasas de lesiones por caídas. La práctica de ejercicio físico parece disminuir a largo plazo la tasa de caídas en personas mayores.[5] Las personas mayores se caen más que las jóvenes, pero también sus caídas tienen peores consecuencias, especialmente fracturas que pueden requerir hospitalización y rehabilitación, porque la osteoporosis ha debilitado sus huesos.[6] Alrededor de 226 millones de casos de caídas significativas ocurrieron en 2015. Provocaron 527 000 muertes.
Accidentes
La causa más común de caídas en adultos sanos son los accidentes. Pueden producirse por resbalones o tropiezos en superficies estables o escaleras, calzado inadecuado, entornos oscuros, terrenos irregulares o falta de ejercicio.[7] [8] Los estudios sugieren que las mujeres, en todos los grupos de edad, son más propensas que los hombres a sufrir caídas.
Edad


Las personas mayores, y en particular aquellas con demencia, tienen mayor riesgo de sufrir lesiones por caídas que las jóvenes. Este riesgo se debe a accidentes, alteraciones de la marcha, trastornos del equilibrio, alteraciones de los reflejos por deterioro visual, sensorial, motor y cognitivo, medicamentos y consumo de alcohol, infecciones y deshidratación.
Debe destacarse que el miedo de los ancianos a caerse, incluso si no han sufrido ninguna caída, hace que restrinjan su movilidad, lo que debilita sus huesos y sus músculos y causa en su organismo los habituales problemas de la falta de ejercicio.[9]
Enfermedad
Las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular corren mayor riesgo de sufrir caídas debido a alteraciones de la marcha, disminución del tono muscular y debilidad, efectos secundarios de los medicamentos, hipoglucemia, hipotensión y pérdida de visión.
Las personas con enfermedad de Parkinson padecen mayor riesgo de sufrir caídas debido a alteraciones de la marcha, pérdida del control del movimiento (incluidos bloqueos y sacudidas), trastornos del sistema nervioso autónomo (como hipotensión ortostática, síncope y síndrome de taquicardia ortostática postural), alteraciones neurológicas y sensoriales (como debilidad muscular en las extremidades inferiores, alteración de la sensibilidad profunda, crisis epilépticas, deterioro cognitivo, deterioro visual o alteración del equilibrio) y efectos secundarios de los fármacos contra el Parkinson.
Los pacientes con esclerosis múltiple corren el riesgo de sufrir caídas debido a trastornos de la marcha, pie caído, ataxia, propiocepción reducida, uso inadecuado o reducido de dispositivos de asistencia, visión reducida, cambios cognitivos y efectos secundarios de sus medicamentos.
Lugar de trabajo

En el ámbito laboral, los incidentes por caídas se conocen comúnmente como resbalones, tropiezos y caídas. Las caídas son un tema importante para los servicios de seguridad y salud laboral. Cualquier superficie para caminar o trabajar puede representar un riesgo potencial de caída. Si un lateral de esa superficie no tiene protección y está a más de 1,8 metros de altura sobre otra superficie, debe protegerse contra caídas mediante barandillas, redes de seguridad o un sistema anticaída individual.[10]
El Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos ha recopilado varios factores de riesgo que se han identificado como principales causantes de las caídas al mismo nivel en el lugar de trabajo. Estas caídas al mismo nivel son menos probables que las caídas a distinto nivel, pero generalmente causan menos daño.[11]
Factores en el lugar de trabajo: derrames en superficies de tránsito, hielo, precipitaciones (nieve, aguanieve o lluvia), tapetes o alfombras sueltas, cajas o contenedores (con los que se tropieza), iluminación deficiente, superficies de tránsito irregulares.
Factores de organización del trabajo: ritmo de trabajo rápido, tareas que implican el manejo de líquidos o grasas.
Factores individuales: edad; fatiga del empleado; problemas de visión/uso de gafas bifocales; calzado inadecuado, suelto o mal ajustado.
Medidas preventivas: señales de advertencia
Para ciertas profesiones, como la de especialistas de acrobacias y patinadores, caerse y aprender a caer es parte del trabajo.[12]

Caídas intencionadas
Las caídas con lesiones pueden ser causadas intencionadamente, como en los casos de defenestración (una persona es empujada al vacío por otra u otras) o saltos deliberados (una persona, normalmente intentando suicidarse, se arroja al vacío).
Altura y severidad del daño
La gravedad de las lesiones aumenta con la altura de la caída, pero también depende de las características de la superficie contra la que se impacta y de la forma en que el cuerpo impacta contra ella (no es lo mismo caer de pie que caer de costado).[13] La probabilidad de sobrevivir aumenta si se aterriza sobre una superficie muy deformable (una superficie que se dobla, comprime o desplaza fácilmente), como la nieve o el agua.[13]
Las lesiones causadas por caídas desde edificios varían según la altura del edificio y la edad de la persona. Las caídas desde el primer piso de un edificio suelen causar lesiones, pero habitualmente no son mortales. La altura a la que fallece el 50 % de los niños (que son propensos a caerse por ventanas y balcones) se sitúa entre el quinto y el sexto piso.[14]
Prevención

El ejercicio a largo plazo parece disminuir la tasa de caídas en personas mayores.[5] La tasa de caídas de personas mayores en hospitales puede reducirse hasta un 72 % mediante diversas intervenciones.[15] En residencias de ancianos, los programas de prevención de caídas, que incluyen varias intervenciones, evitan las caídas recurrentes.[16]
Las caídas también pueden prevenirse instalando pavimentos con la resistencia al deslizamiento (antideslizantes) adecuada para el uso previsto. Por ejemplo, una terraza de piscina y una rampa exterior requieren un pavimento con mayor resistencia al deslizamiento en mojado que el suelo de una sección de una tienda que vende únicamente conservas. Los ensayos de resistencia al deslizamiento de pavimentos son muy útiles para prevenir resbalones y caídas en zonas que se prevé que se mojen o se ensucien durante su uso.
Epidemiología

En 2013, las caídas accidentales provocaron aproximadamente 556 000 muertes en todo el mundo, un aumento considerable respecto a las 341 000 muertes registradas en 1990.[17] Son la segunda causa más común de muerte por lesiones no intencionadas después de los accidentes de tráfico.[18]

Estados Unidos
Las caídas fueron la causa más común de lesiones atendidas en los servicios de urgencias de Estados Unidos. Un estudio reveló que se produjeron casi 7,9 millones de visitas a urgencias relacionadas con caídas, lo que representa casi el 35,7 % del total. Entre los niños y jóvenes menores de 19 años, se registran aproximadamente 8 000 visitas diarias a urgencias por este motivo.
En el año 2000, en Estados Unidos, 717 trabajadores fallecieron a causa de lesiones provocadas por caídas desde escaleras, andamios, edificios u otras alturas. Datos más recientes mostraron que las caídas supusieron el 14 % de todas las muertes por accidente laboral en Estados Unidos en 2011.[20]
Sobrevivir a una caída
Una persona que cae a baja altura suele alcanzar una velocidad terminal de 190 km/h después de unos 12 segundos, cayendo unos 450 m. A partir de ese momento, la persona mantiene esta velocidad, salvo que altere su perfil aerodinámico (por ejemplo, abriendo un paracaídas). La velocidad terminal a mayor altura es superior, porque el aire es menos denso y, por tanto, ofrece menor resistencia.
La auxiliar de vuelo de JAT, Vesna Vulović, sobrevivió a una caída de 33 000 pies (10 058,4 m) El 26 de enero de 1972 quedó atrapada en el fuselaje destrozado del DC-9 del vuelo 367 de JAT. El avión fue derribado por explosivos colocados por los Ustaše croatas sobre Srbská Kamenice, en la antigua Checoslovaquia (actualmente República Checa). La azafata serbia sufrió una fractura de cráneo, tres vértebras rotas (una de ellas completamente aplastada) y permaneció en coma durante 27 días. En una entrevista, comentó que, según el hombre que la encontró: «…Estaba en la parte central del avión. Me encontraron con la cabeza hacia abajo y a mi compañero encima. Parte de mi cuerpo, incluyendo mi pierna, estaba dentro del avión y mi cabeza fuera. Un carrito de catering estaba atrapado contra mi columna vertebral y me mantenía dentro del avión. El hombre que me encontró dice que tuve mucha suerte. Había sido médico en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial . Sabía cómo atenderme en el lugar del accidente».[21]
Durante la Segunda Guerra Mundial hubo varios informes de tripulaciones aéreas militares que sobrevivieron a largas caídas desde aviones gravemente dañados: el sargento de vuelo Nicholas Alkemade saltó desde 18 000 pies (5486,4 m) sin paracaídas y sobrevivió al impactar contra pinos y nieve blanda. Sufrió un esguince en la pierna. El sargento Alan Magee saltó de su avión a 22 000 pies (6705,6 m) sin paracaídas y sobrevivió al estrellarse contra el techo de cristal de la estación de tren de Saint-Nazaire. El teniente Ivan Chisov saltó de su avión a 23 000 pies (7010,4 m). Aunque tenía paracaídas, no quiso abrirlo de inmediato, porque se encontraba en medio de un combate aéreo y temía ser alcanzado mientras colgaba del paracaídas. Pero perdió el conocimiento por falta de oxígeno, no pudo abrir el paracaídas y se estrelló contra una ladera nevada mientras aún estaba inconsciente. Aunque sufrió heridas graves, pudo volver a volar tres meses después.
Se informó de que 2 de las víctimas del Vuelo 103 de Pan Am (siniestrado sobre la localidad de Lockerbie debido a una bomba) sobrevivieron durante un breve período después de impactar contra el suelo (se encontraban en la sección delantera del fuselaje, que cayó a plomo sobre el suelo), pero murieron a causa de sus heridas antes de que llegara la ayuda.
Juliane Koepcke sobrevivió a una larga caída libre tras el accidente del vuelo 508 de LANSA (un avión comercial Lockheed Electra OB-R-941 de LANSA ) el 24 de diciembre de 1971 en la Amazonía del Perú. El avión fue alcanzado por un rayo durante una fuerte tormenta eléctrica y se desintegró a 3,2 km de altura. Köpcke, que entonces tenía 17 años, cayó sujeta a su asiento. La adolescente germano-peruana sobrevivió a la caída con solo una clavícula rota, una herida en el brazo derecho y el ojo derecho cerrado por una hinchazón.[22]
Como ejemplo de "supervivencia en caída libre" que no fue tan extrema como a veces se informa en la prensa, se dijo que un paracaidista de Staffordshire, James Boole, se había precipitado 1 800 m en Rusia y había sobrevivido. Boole declaró que otro paracaidista le había dado 2 segundos tarde la señal para que abriera su dispositivo. Boole, que estaba filmando al otro paracaidista para un documental de televisión, aterrizó sobre rocas cubiertas de nieve y sufrió fracturas de espalda y costillas.[23] Si bien tuvo la suerte de sobrevivir, no se trató de un caso de verdadera supervivencia a una caída libre, ya que llevaba un traje aéreo (que permite planear), lo que redujo considerablemente su velocidad. Además el impacto se produjo sobre una pendiente con abundante nieve, y justo cuando su paracaídas comenzaba a desplegarse.
A lo largo de los años, otros paracaidistas han sobrevivido a accidentes en los que la prensa informó que no tenían el paracaídas abierto, cuando en realidad estaban siendo frenados por una pequeña sección del paracaídas enredada (para funcionar bien, el paracaídas debe desplegarse completamente;[24] aun así, si solo se despliega parcialmente, también reduce la velocidad de caída, aunque quizá no lo suficiente para un aterrizaje sin daños).
El paracaidista y especialista de cine Luke Aikins saltó con éxito sin paracaídas desde unos 25 000 pies (7620,0 m) sobre una red de 930 metros cuadrados en California el 30 de julio de 2016.[25]
Caídas de ascensores
Los accidentes por caídas relacionadas con ascensores son extremadamente raros (menos de 1 por cada 6,66 millones de viajes en ascensor).[26] Pueden ser de 2 tipos:
- La cabina cae con al menos un pasajero dentro, como los 7 fallecidos del accidente del Hospital de Bellvitge (España) en 1989[27]
- Una persona abre la puerta del ascensor, no se da cuenta de que no está ahí y cae por el hueco.[28]
Si el ascensor se revisa adecuadamente y con la periodicidad establecida, estos accidentes se vuelven imposibles.