Centro Cultural Félix Varona Sicilia

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Centro Cultural Félix Varona Sicilia
Casa de Cultura de Velasco
Monumento Nacional
(según Resolución 07/2013)
Ubicación
País Cuba Cuba
Localidad Velasco, Gibara, provincia de Holguín
Coordenadas 21°04′56″N 76°20′55″O / 21.082316184621, -76.348560260386
Tipo y colecciones
Tipo Público
Información del edificio
Estilo Ecléctico
Construcción 4 de mayo de 1964 - 2 de marzo de 1991
Arquitecto Walter Anthony Betancourt Fernández
Planos y mapas

El Centro Cultural Félix Varona Sicilia, conocido popularmente como Casa de Cultura de Velasco, es una destacada institución cultural ubicada en el poblado de Velasco, en la provincia cubana de Holguín.[1] Obra del arquitecto norteamericano Walter Anthony Betancourt Fernández, constituye el principal patrimonio visual de la comunidad y un símbolo del Movimiento Moderno en la región.

Reconocido como Monumento Nacional, el edificio destaca por su estilo de formas y volúmenes sui géneris y por concebir la belleza de los materiales en su estado original, sin brillos ni pinturas excesivas.[2]

El centro cultural se sitúa en la Avenida 26 de Julio, a la entrada del poblado de Velasco, cerca de la Iglesia Adventista y la Delegación Municipal de Agricultura. Velasco es una localidad perteneciente al municipio de Gibara, en la provincia de Holguín; cuenta con una población aproximada de 24 500 habitantes y se encuentra a una distancia cercana de otros asentamientos como Bocas y Uñas.

Su posición territorial le confiere gran relevancia urbanística: al estar en la entrada del poblado, se integra armoniosamente en el entorno urbanístico y en la historia de sus habitantes.[3]

Promotor cultural

Félix Varona Sicilia (16 de febrero de 1927 – 23 de julio de 1997), nació en Velasco y fue un destacado promotor cultural de la comunidad.[4] Desde el triunfo revolucionario, impulsó múltiples instituciones: la biblioteca pública “Fabio Delgado”, la secundaria básica “José Ávila Serrano”, la escuela de música, una librería y una sala de teatro en el Círculo Social. Todos esos espacios formaron un sistema cultural que finalmente culminó en la construcción del gran complejo cultural que lleva hoy su nombre.[5]

Es profundamente recordado por los velasqueños: en la sala de teatro se conserva una butaca en primera fila conocida como "el asiento de Félix", y se celebra su natalicio y aniversario de fallecimiento con peregrinaciones, representaciones teatrales, décimas, poemas y veladas conmemorativas.[6]

Historia

La idea del centro cultural se inició con la campaña "Pro centro cultural", liderada por Félix Varona. Se recaudaron fondos y materiales mediante bailes populares, veladas artísticas, colectas en la calle, un impuesto de 20 centavos a choferes que cruzaban la calle principal y la iniciativa "Done usted un ladrillo", alcanzando un fondo de 10 000 pesos.

El terreno fue gestionado con el gobierno local, y tras evaluar varios proyectos arquitectónicos sin éxito, Varona conectó con el arquitecto estadounidense Walter Anthony Betancourt Fernández a través de Sergio Ochoa, diseñador del Teatro Lírico de Holguín. El encuentro marcó una coincidencia de ideales humanistas y revolucionarios, y Betancourt aceptó diseñar el edificio sin reparos.[7]

Al inicio hubo críticas provenientes del escepticismo y regionalismo local: se consideraba demasiado ambicioso para un pequeño poblado, tachada incluso de "idea loca de Félix y el americano".

Una vez aprobada la fundación del complejo por la Dirección Provincial de Cultura –que asumió la inversión–, ocurrieron incumplimientos, desvío de recursos y desinterés en la culminación de la obra. Betancourt donó el proyecto, dirigió la ejecución y financió gastos personales, junto al maestro albañil jubilado Nicasio Santana, voluntario y mano derecha en la construcción. El gobierno provincial de Oriente aprobó oficialmente el proyecto.

La construcción comenzó el 4 de mayo de 1964. Durante 14 años, Betancourt enfrentó obstáculos como la indolencia o el desvío de materiales. Tras su fallecimiento el 18 de julio de 1978, el arquitecto habanero Gilberto Seguí asumió la dirección, fiel a las concepciones originales. Finalmente, después de 27 años de trabajo, el edificio fue inaugurado el 2 de marzo de 1991 por el Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos.[8]

Arquitectura y características

La Casa de Cultura de Velasco refleja una fuerte influencia de la arquitectura orgánica, se integra al entorno natural y exhibe materiales en su estado original: ladrillo, metal, madera, roca; pintura y repello solo donde era necesario.[9]

Sus cubiertas inclinadas emplean tejas francesas, y los muros de ladrillo brindan un cromatismo notable. La planta arquitectónica es compleja, combinando rectángulos, cuadrados y trapecios, con presencia destacada del teatro.

Según el arquitecto Luis Lapidus, el clímax de la obra es el "impresionante teatro isabelino" que integra referencias wrightianas. La torre de tramoya, de ladrillos expuestos, remata con un rosetón de gran colorido, que funciona como un canto a Cuba.

El estilo arquitectónico es ecléctico, incorporando elementos formales de construcciones coloniales militares, aleros asiáticos, terrazas incas, detalles precolombinos mesoamericanos y vitrales góticos. Según John Loomis, representa la cultura americana, especialmente cubana, con una mezcla española y local, en un modelo constructivo cubano muy particular.[10]

Otros elementos destacados incluyen techos con tejas criollas de dos y cuatro aguas, herrería, paneles de cristal y un rosetón vitral frontal que da gran carácter al teatro.

Originalmente, el proyecto abarcaba dos manzanas, con dos escenarios interiores y tres exteriores; aunque el resultado final fue algo inferior, aún conserva una sala de teatro/conciertos, un espacio para danza, zonas de enseñanza artística y una biblioteca pública, aunque en deterioro.

Significación cultural y patrimonial

La culminación de esta obra es considerada uno de los monumentos más portentosos dedicados a la cultura cubana en muchos años. Representa el triunfo de ideas democráticas y altruistas: llevar lo mejor a las comunidades pequeñas, rompiendo con cánones tradicionales capitalistas que centralizaban las obras relevantes en grandes ciudades.

Además, el centro cultural se alza como un texto de múltiples lecturas, en el que se fusionan líneas y formas que expresan cubanía, identidad latinoamericana y vocación universalista. Es un monumento que refleja la fuerza creativa y humanista de todo un pueblo en Revolución, emanando altos valores y sentimientos humanos.[11]

El proceso constructivo generó un fenómeno espiritual comunitario: una evolución desde la indiferencia y el desconocimiento, hacia la toma de conciencia de su valor cultural, convirtiéndose en orgullo y símbolo de identidad.[12]

Véase también

Referencias

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