Perteneciente a una familia siempre relacionada con las maquinarias técnicas y la fontanería a gran escala, dedicada al suministro del ejército, Charles Delacommune se crio prácticamente en el taller de maquinaria (que estaba en su propia casa), y desde pequeño participó en las pruebas y ensayos sobre avances técnicos. Personaje polifacético, fue también, entre otras cosas, doctor en agronomía a los 18 años,[7] héroe de guerra, aviador, escritor militar,[7] pintor y marchante de cuadros.
Figura relevante en el aspecto inventivo (fueron muchos los inventos que realizó en un corto espacio de tiempo y con medios precarios: entre otros, un primer intento de grabación de sonido en el celuloide ya en 1919 por medio de llamas de gas); o el Procedimiento y dispositivo para la sincronización de una proyección cinematográfica con una audición de telefonía sin hilos con el objeto de compaginar sincronismos de intérpretes en directo con otros sonidos emitidos por radio desde una emisora, simultáneamente en las diversas salas conectadas al sistema; de 1923.[8] Consta también un visor de tiro para aviones (diseñado en la guerra) cuya patente se ha perdido, y un aparato para hacer ruidos diversos (ciné-bruiteur), cuyo diseño está inmerso en una de las complejas modernizaciones de su sistema (con múltiples patentes particulares en cada solicitud).[9]
Fue, por otro lado, muy controvertido y reprobable en el aspecto político al final de su carrera. En 1935 se arruina su compañía y se emprende una campaña nacional para salvarlo del desahucio. Poco después, comienza a acercarse al régimen de Vichy, con el que termina colaborando como ejecutivo de sus nuevos organismos cinematográficos. Parece que en este tiempo suscribe documentales de tintes racistas,[10] aunque no nos han llegado pruebas concretas.
El final de la II Guerra Mundial trae la desaparición de sus dispositivos y la desaparición del personaje, dado por eliminado (depurado) con la llegada de las tropas de liberación. Y, quizás justificadamente, su caída en el total olvido. Sin embargo, la realidad es que se salvó, se escondió en Montmartre donde se convirtió en marchante de cuadros y animador cultural; y murió, al final, en el mismo París, siempre manteniendo un incógnito casi absoluto.[3]