Clitemnestra
esposa de Agamenón en la mitología griega
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En la mitología griega, Clitemnestra o Clitemestra[1] (en griego, Κλυταιμνήστρα, Κλυταιμήστρα)[2] fue una hija de Tindáreo y esposa de Agamenón.[1] Se trata de una reina trágica, definida por su determinación y sed de venganza. Tras el sacrificio de su hija Ifigenia a manos de Agamenón,[3] toma el control de Micenas como reina regente, gobierna con mano de hierro junto a su amante Egisto[4] y asesina despiadadamente a su marido cuando este regresa de la guerra de Troya.[5] A pesar de no ser una víctima pasiva al final pagó su crimen al morir a manos de su propio hijo, Orestes.[6]

Clitemnestra es ante todo un personaje vinculado a la tragedia. La obra que más nos habla de ella es el Agamenón de Esquilo, en donde tiene más líneas de diálogo. La Electra de Sófocles nos muestra una versión más oscura y despiadada de Clitemnestra, a través de los ojos de su hija Electra. La Ifigenia en Áulide de Eurípides nos muestra a Clitemnestra como una madre desesperada y destrozada que suplica en vano por la vida de su hija mayor.[1]
En la poesía épica Clitemnestra no es definida como un personaje femenino típico y pasivo.[7] Cuando Odiseo se encuentra con la sombra de Agamenón en el inframundo, este destaca el profundo desprecio hacia su conducta por subvertir el rol femenino, llamando a su mujer «terrible y desvergonzada por concebir tal crimen».[8] En realidad Clitemnestra es presentada como la ejecutora material de un destino trágico superior: la maldición hereditaria que pesaba sobre los Atridas y que demandaba el derramamiento de sangre, ya profetizada en boca de Casandra.[9]
Nacimiento y familia
En el Catálogo de mujeres se nos habla del origen de Clitemnestra. Tindáreo y Leda engendraron a Timandra, Clitemnestra y Filónoe.[10] Helena y Clitemnestra también eran hermanas,[11] incluso gemelas según la tradición tardía.[1] La tradición clásica, no obstante, dice que Zeus y Leda engendraron a Pólux y a Helena, en tanto que Tindáreo y Leda fueron padres de Cástor y a Clitemestra.[12] El Primer Mitógrafo Vaticano dice que Leda puso dos huevos, uno contenía a los Dioscuros y el otro a Helena y Clitemnestra.[13] Estesícoro dice que Tindáreo al hacer sacrificio a los dioses se olvidó de Afrodita y que, irritada por ello la diosa, hizo a sus hijas abandonadoras de maridos. Por eso Tindáreo engendró una estirpe de hijas marcadas para la censura y de mala fama a través de la Hélade: Helena, Clitemnestra y Timandra.[14] También se dice que en ausencia de Menelao, que había marchado a Troya para intentar recuperar a Helena, Clitemnestra guardó a su sobrina Hermíone, que contaba nueve años.[1][15]
Matrimonio y descendencia con Agamenón
Tindáreo entregó a Agamenón a su hija Clitemnestra temiendo que la pudiera repudiar por el incidente de los pretendientes de Helena.[16] En la versión trágica Agamenón y Clitemnestra se encontraban inmersos en una pelea, pues Agamenón había decidido sacrificar a Ifigenia. Clitemnestra, indignada, le recrimina su pasado:
«En primer lugar, para enunciar mis reproches contra ti desde el comienzo, me desposaste contra mi voluntad y me conseguiste por la violencia, después de asesinar a mi anterior marido, Tántalo, y tras haber estrellado contra el suelo a mi pequeño hijo, que arrancaste brutalmente de mis pechos. Entonces los dos hijos de Zeus [los Dioscuros], hermanos míos esplendentes sobre sus corceles marcharon contra ti. Pero mi padre, el viejo Tindáreo, te protegió cuando viniste a él como suplicante, y otra vez obtuviste mi lecho. Desde entonces quedé reconciliada contigo, y confirmarás que hacia ti y tu casa fui una mujer sin reproche».[17]
La versión de la poesía épica dice que por su belleza, el rey de hombres Agamenón desposó a Clitemestra de sombría mirada. Clitemestra dio a luz en palacio a Ifímede, a Electra y más tarde a Orestes.[10] Homero dice las hijas fueron Crisótemis, Laódica e Ifianasa.[18] Pero la Ifianasa homérica y la Ifímede hesiódica es más conocida como Ifigenia, como la nombran los trágicos.[19][20] En algunas tradiciones, sin embargo, se decía que Ifigenia era en realidad hija de Helena y de Teseo, pero había sido criada por Clitemnestra como si fuese su propia hija.[21]
Sacrificio de Ifigenia
Cuando toda la flota aquea estaba en el puerto de Áulide dispuesta a partir a luchar en la guerra de Troya, Agamenón se había ganado la cólera de la diosa Artemisa. Debido a esto, la flota estaba detenida sin poder partir por la ausencia de vientos favorables.[22] Calcante revela el remedio contra la calma chicha: derramar la sangre de Ifigenia, la hija del general en jefe, como ofrenda purificadora para la diosa.[23] Agamenón al principio se negó pero, presionado por su hermano Menelao, tuvo que enviar un mensaje a Clitemnestra para que hiciera enviar a su hija Ifigenia desde Micenas hasta Áulide con el pretexto de casarla con Aquiles.[24] Luego Agamenón se arrepiente y trata de impedir el sacrificio enviando secretamente otra carta a Clitemnestra en la que le decía que no enviara a su hija, pero esta carta fue interceptada por Menelao. Al no haber otra solución, Agamenón consintió en hacer el sacrificio.[25]
En algunas versiones, Clitemnestra acompañó a sus hijos Ifigenia y Orestes en ese viaje.[26] Según cuenta la versión más conocida, cuando Ifigenia llegó y el sacrificio se iba a realizar, Artemisa se apiadó de la joven y puso en su lugar una cierva. Se llevó a Ifigenia a Táuride, donde la convirtió en su sacerdotisa.[27][28][29] Sin embargo, existen variaciones sobre el tema: según la versión de Sófocles, el sacrificio sí ocurre, y justifica que Clitemnestra, en venganza por la muerte de su hija, mate a Agamenón al volver este de la guerra de Troya.[30]
Con Télefo
En las versiones tardías Clitemnestra actúa como una estratega política clave en el palacio de Micenas al aliarse secretamente con el héroe extranjero Télefo, quien buscaba desesperadamente una cura para la herida incurable que le había infligido la lanza de Aquiles. Ante la desesperación de Télefo, es Clitemnestra quien concibe y aconseja el audaz plan de secuestrar a su propio hijo lactante, el príncipe heredero Orestes, directamente de su cuna. Con este consejo, la reina instruye a Télefo para que amenace de muerte al niño ante el rey Agamenón, utilizando la vida de su hijo como una herramienta de presión política. Esta maniobra calculada por Clitemnestra obliga a los líderes aqueos a negociar, desatascando el conflicto y permitiendo que Aquiles cure finalmente a Télefo a cambio de que este guíe a la flota griega hacia Troya.[31]
Con Egisto
En la Orestíada de Esquilo, Clitemnestra toma a Egisto como amante mientras su esposo está en la guerra,[32] y asesina a Agamenón y a la princesa troyana Casandra, a quien Agamenón había tomado como botín de guerra tras el saqueo de Troya.[33] Clitemnestra fue luego asesinada por su hijo, Orestes, con la ayuda de su hermana Electra, en venganza por el asesinato de su padre.[34]
Agamenón había puesto a Clitemnestra bajo la vigilancia de un aedo, pero Egisto, primo de Agamenón, se lo llevó a una isla desierta y sedujo a Clitemnestra, que se convirtió así en su amante.[35] Clitemnestra había sido predispuesta a cometer adulterio debido a que Nauplio había recorrido Grecia para difundir noticias a diversas reinas de que sus maridos estaban tomando concubinas durante la guerra de Troya.[36]
Agamenón regresó a Micenas con Casandra y fue asesinado por Egisto y Clitemestra: esta le dio una túnica sin mangas ni escote y, mientras se la ponía lo mataron, y Egisto reinó en Micenas. También dieron muerte a Casandra.[37] Clitemnestra y Egisto tuvieron una hija, Erígone, pero varios años más tarde murieron a manos de Orestes, que había sido puesto a salvo por su hermana Electra y vengó así la muerte de su padre.[38] Otros, en cambio, a la niña la llaman Helena la segunda.[39] O que Erígone al final se salvó porque Artemisa la puso a salvo.[40] En el Aletes de Sófocles, tragedia hoy día perdida, también se menciona a Aletes, un hijo de Egisto (e implícitamente también pudiera serlo de Clitemnestra) que fue muerto a manos de Orestes.[40]
Clitemnestra mata a Agamenón
La muerte de Agamenón a su regreso a Micenas cuenta con dos grandes variantes en la tradición clásica. Según la versión de Homero, el cerebro y ejecutor del crimen fue Egisto, quien dispuso un vigía para controlar la llegada del rey, preparó una emboscada con veinte hombres armados e invitó al monarca y a sus compañeros a un supuesto banquete de bienvenida donde los asesinó a traición.[41] En esta línea, el propio espectro de Agamenón confirma en el inframundo que pereció junto a las mesas de comida y acusa a Clitemnestra de complicidad por no cerrarle los ojos tras caer herido, aunque sin precisar una participación material directa de ella en el ataque.[42]
Por el contrario, la tradición trágica de Esquilo da un giro absoluto y sitúa a Clitemnestra como la única estratega y ejecutora del regicidio, reduciendo a Egisto a un cómplice cobarde. La reina aguarda a que su esposo entre en el palacio y se disponga a tomar un baño para sanar las heridas de la guerra; en ese instante, lo enreda con una túnica o red sin salidas y lo golpea tres veces hasta causarle la muerte.[5] Esta misma tela ensangrentada, descrita como una trampa mortal para alguien que carecía de defensa en la bañera, es exhibida más adelante por su hijo Orestes como prueba del crimen.[43]
Espectro de Clitemnestra
Después de morir, habitando en inframundo, Clitemnestra se define por su orgullo inquebrantable, su furia activa y la defensa absoluta de sus actos. No es una sombra pasiva; su identidad e impacto permanecen intactos tras la muerte. Su fantasma aparece físicamente para despertar a las Erinias, exigirles que persigan a su hijo Orestes y quejarse de la humillación que sufre entre los muertos por no haber sido vengada.[44] Es descrita por el fantasma de Agamenón como una mujer despiadada que, tras asesinarlo a traición, le negó los ritos fúnebres básicos de cerrarle los ojos y la boca al morir.[45] El espectro de Clitemnestra mantiene la postura de que el asesinato de su esposo no fue un crimen, sino un acto legítimo de justicia y retribución por el sacrificio previo de su hija Ifigenia.[46]
Tumba de Clitemnestra

Existía la tradición de que la tumba de Clitemnestra estaba situada, como la de Egisto, en un lugar fuera del recinto de las murallas de Micenas.[47] A principios del siglo XIX se descubrió fuera de las murallas de Micenas una tumba de cúpula que ha sido datada en el siglo XIII a. C. y que más tarde fue llamada «tumba de Clitemnestra». Esta tumba se encuentra al sudeste del llamado Círculo de tumbas B.[48]
La alfombra roja
El término moderno «alfombra roja» es un símbolo ceremonial utilizado para recibir y honrar a personas de especial importancia. Su origen simbólico se relaciona con la tradición antigua de emplear tejidos rojos o púrpuras como señal de poder, prestigio y distinción, cuyo primer antecedente literario aparece en el Agamenón de Esquilo. Al regresar de la guerra de Troya, la reina Clitemnestra ordena extender ante su esposo un sendero de tapices de púrpura para conducirlo al interior del palacio de Micenas. El rey duda en caminar sobre ellos porque considera que semejante honor está reservado exclusivamente a los dioses y teme cometer un acto de hibris (soberbia). Finalmente acepta tras ser persuadido por la reina, sin saber que Clitemnestra lo conduce directamente hacia su asesinato en la bañera. Este episodio es considerado el antecedente literario más antiguo de la tradición de recibir con una alfombra roja a personajes de especial dignidad.[49]
La reconversión de este mito trágico en el homenaje moderno a las celebridades ocurrió en el siglo XX. El empresario cinematográfico Sid Grauman materializó físicamente esta idea en Hollywood en 1922, desplegando por primera vez una alfombra roja para el estreno de Robín de los bosques en el Teatro Egipcio. De este modo, el protocolo de la industria del entretenimiento transformó lo que en Grecia era una trampa mortal y un tabú religioso en el símbolo supremo de estatus, consagrando a los actores como los nuevos «dioses» de la cultura de masas.[50][51][52]