Colonización de la selva central

From Wikipedia, the free encyclopedia

Colonización de la selva central
Fecha Siglo XV - Actualidad
Beligerantes
Perú (desde 1821)

Bandera del Imperio Español Imperio español (entre 1533-1824)

Imperio incaico
(hasta 1533)
Indígenas Amazónicos

La Colonización de la selva central o colonización del Perú meridional y actualmente como peruanización de la selva central fue un proceso largo y complejo que comenzó con las primeras tribus seguidas por el periodo incaico, virreinal, y la actual época republicana, todos con el objetivo de reclamar para sí la selva central.

Mapa de la expansión Inca, la etnia inca siempre fue un simple y pequeño señorío hasta que Pachacútec empezó con las verdaderas expansiones (a partir de 1438).

Los primeros vestigios muestran que la selva central estuvo habitada originalmente por nativos de los grupos étnicos Piro, Amuesha y en mayor número Asháninka.[1]

Sobre la base de la etimología de los nombres que predominan en la zona, se puede fácilmente deducir que la selva central estuvo originalmente habitada por nativos de los grupos étnicos Piro, Amuesha y en mayor número Asháninka, aunque de acuerdo a los numerosos restos arqueológicos encontrados en la zona habría sido habitada desde aproximadamente 3500 años atrás por alguna ancestral cultura amazónica hasta hoy no identificada. Los petroglifos, fortines, caminos empedrados, hachas de metal y piedra, agricultura en terrazas, etc. encontrados ocultos entre la tupida vegetación hacen suponer incluso de la presencia Inca por estas tierras, recientes descubrimientos como la ciudad de Vilcabamba y la posible existencia de Paititi indican que los incas llegaron a colonizar partes de la selva.

Cabe destacar que desde épocas remotas existía un intercambio socio – económico y cultural entre los pobladores de la sierra y la selva, razón por la cual es común encontrar nombres cuya raíz etimológica es el quechua. sostiene que hacia el año 1200 a. C. se había desarrollado una importante red comercial entre ellos y tenían como principal punto de encuentro el Cerro de la Sal, puesto que ese producto era el nódulo económico en que se articulaban los intercambios indígenas de la hoy llamada Selva Central.a

Este acercamiento multiétnico y pluricultural permitió la temprana asimilación de algunos rasgos de las culturas pre incas, a la vez que también influenciaban en ellas. En el libro “Historia del Perú” Javier Pulgar Vidal dice al respecto: “No hay cultura, entre todas las descubiertas por la arqueología peruana, que no tenga elementos típicamente selváticos”, evidenciando la importante participación de nuestros ancestros en la historia del país. Posteriormente, con la llegada de los españoles, se inicia la penetración en la selva utilizando las mismas rutas que los Incas abrieron a través de los Andes, trayendo consigo un arma mucho más poderosa y eficaz: La Religión.

Periodo virreinal

Expediciones españolas

Mapa del siglo XVII, donde se muestra El Dorado, tan ansiado por los españoles. La selva central también fue objeto de búsqueda.

Años después de la conquista de la costa a raíz de la caída del imperio de los Incas trajo por correlato una peligrosa amenaza para todos los pueblos de la Amazonía, pues tras dominar la costa marítima y la sierra andina los españoles iniciaron sus famosas entradas, como dio en llamarse a las expediciones que desde diversos puntos partieron hacia el oriente. No lo sabían los grupos étnicos que allí habitaban, pero desde 1533 habían pasado a conformar el vastísimo territorio que a partir de entonces se llamó Virreinato del Perú; y por el solo hecho de desconocer el cristianismo se las calificó de infieles, lo que dio a los españoles justificación o más bien pretexto para pretender sojuzgarlas. Pero muy contados éxitos tuvieron las entradas del siglo XVI, pues ni se encontraron los reinos fabulosos ni fue fácil doblegar la resistencia que presentaron los nativos impidiendo a los invasores asentarse en sus ancestrales territorios. Se fundaron así algunas ciudades, pueblos y villas españolas que en su mayoría no duraron o prosperaron demasiado tiempo por varios factores entre ellos los ataques constantes de los nativos como las inclemencias del clima.[2]

Expediciones misioneras

Convento de Santa Rosa de Ocopa. Es una de las primeras edificaciones de los misioneros en la selva central.
Las tribus amazónicas como los asháninkas fueron unas de las más afectadas, ya que aparte de que les quitaban sus tierras los misioneros y españoles lo consideraban salvajes e incivilizados.

Al arribar los misioneros a la selva trajeron consigo un afán expansionista, basados en la propagación de la fe cristiana e implantaron una nueva forma de organización socioeconómica del comportamiento poblacional, heredero de la colonia, en la que la ideología religiosa constituía la punta de lanza de la intervención y ocupación territorial. Esta mentalidad concibió en que la selva alta y baja eran una zona de frontera abierta destinada a la conquista y explotación de sus recursos, iniciándose consiguientemente una lenta y progresiva ocupación territorial en la que desempeñaron un especial papel histórico los centros poblados de Concepción, Comas, Andamarca y el Convento de Santa Rosa de Ocopa, de donde partían las expediciones.

Los misioneros emprendieron la tarea evangelizadora como una empresa económica. Dos hechos importantes señalan a la economía con sotana: el primero, la paga del llamado “Conversor” de los supuestos infieles. En el Prólogo a “La conquista Franciscana del Alto Ucayali”, Antonio Tibesar dice: “El salario como párroco se calculaba, en parte, a base del número de feligreses”. El tantas veces alabado celo misionero, las obsesiones por incursionar en la selva, la vertiginosa búsqueda de nativos para “Convertirlos” y las inmolaciones, tenían por lo general su acicate en el tintineo del metal. El segundo hecho fue el famoso “Cerro de la Sal”, principal centro de intercambio económico de la región que se encontraba bajo el control de los nativos Asháninkas y Amueshas. Controlar la fuente salinera significaría conquistar el poder económico de la región. Fray Manuel Biedma lo vio así y recomendó: “Que un encomendero debería administrar el Cerro de la Sal”, asimismo, recomendó que “Los indios que vinieran a buscar la sal del cerro deberían de abonar una determinada cantidad de especies al encomendero y entregarle una carta de un misionero que atestiguara su buena conducta y asistencia con regularidad a la misión”. De esta manera se vincularon economía y religión para explotar la necesidad salinera de los aborígenes. Esta actitud puso de manifiesto la ambición de los misioneros y ocasionó la ruptura de las relaciones entre los invasores y los indígenas, iniciándose la Batalla por la Sal en 1637, encabezados por Andrés Sampati y Pedro Bohórquez.[3] Desde el estricto punto de vista de los Asháninkas, el descubrimiento y posterior ingreso a la Amazonía de los misioneros no fue obra española, sino de ellos. El primer contacto con los intrusos, donde las relaciones no eran ni conflictivas ni tensas, fue iniciativa Asháninka. El descubrimiento de estos indígenas ocurrió oficialmente en 1594. En esa fecha histórica para la Nación Asháninka, 6 de sus caciques visitaron Lima. En ese entonces el Virrey era el Marqués de Cañete. Antonio Tibesar dice: “Los Caciques Campas recibieron muy buena acogida, pues ofrecían a los Jesuitas una oportunidad para familiarizarse con otro sector de la frontera hasta entonces desconocido”. El intento de los Jesuitas, comandados por el padre Juan Font para ingresar a la selva fracasó estrepitosamente, ni con ayuda pudieron afincarse los descendientes de Loyola, y eso que estaban recién en la zona selvática de la sierra (Jauja).

En 1631 el cacique “convertido” Antonio Talancho condujo al Misionero Franciscano Fray Felipe Luyando a la región de los Panatahuas. Entre los compañeros de Luyando estaba Fray Jerónimo Jiménez, natural de Lima, quien salió en busca de otras naciones indígenas que todavía no habían recibido el evangelio. Fue en estas circunstancias que al pasar por Huancabamba, Fray Jerónimo Jiménez encontró un camino de nativos que corría paralelo a los ríos y que lo llevaría a través del valle de Huancabamba, la quebrada de Paucartambo, hasta el Cerro de la Sal, al que llegó, ayudado por los nativos en el año de 1635; desde allí remontó al río Chanchamayo de la confluencia del Paucartambo y fundó la primera misión con el nombre de San Buenaventura de Quimiri, muy cerca de la actual ciudad de la Merced, iniciando de esta manera la colonización de la selva central, exactamente 41 años después de la visita de los Asháninkas a Lima y 103 años después de la llegada de los conquistadores españoles encabezados por Francisco Pizarro al Perú (1532)

La infraestructura Asháninka, sus caminos, hospitalidad y fuerza de trabajo, intervinieron decisivamente en la llegada de los invasores a los que ayudaron como guías, trocheros, bogas, etc. Los trabajos de Fray Jerónimo Jiménez en las fértiles tierras de Chanchamyo fueron de corta duración puesto que junto con algunos españoles sedientos de oro, creyendo encontrar grandes depósitos del precioso metal en las zonas recién descubiertas, se aventuraron por Quimiri y navegando por el Perené, río abajo, fueron asesinados en el año de 1637; junto a ellos también fue sacrificado el Padre Cristóbal Larios natural de Ica. Para entonces había estallado ya la primera rebelión Asháninka encabezada por Andrés Sampati y Pedro Bohórquez quienes se levantan en armas contra los franciscanos que se habían apoderado del Cerro de la Sal imponiendo multitud de controles. Estas exacciones y abusos de las autoridades y grupos de poder colonial fueron las causas principales para la rebelión a la cual coadyuvaron, en no poca medida las epidemias de origen europeo (sarampión viruela, gripe) contra las que los nativos no tenían defensas. Fray Manuel Biedna había dicho: “Plantar el evangelio es convocar a la s pestes”. Solo en el siglo XVII se registraron siete periodos de epidemias, las cuales aparecían de improviso como invisibles heraldos de la muerte diezmando pueblos enteros.

Con este suceso se perdieron las conversiones del Cerro de la Sal y de Quimiri, siendo abandonada la región por muchos años. En 1671 el padre Alonso Robles se arriesga a ingresar nuevamente por estas tierras y reedifica la destruida población de Quimiri. En 1674 el padre Izquierdo fundaba más abajo la población de Pichana y poco después, en el transcurso del mismo año, era asesinado e incendiada su misión durante la rebelión del cacique Mangore, quien se rebela cuando los Franciscanos tratan de apoderarse nuevamente del Cerro de la Sal. Luego de este incidente nuevamente las misiones de Chanchamayo fueron abandonadas por un largo periodo. En 1724, estalla la sublevación de Ignacio Toroté, donde aparece el primer intento de confederación nativa: los Asháninkas se aliaron con los Amueshas y los Piros.

La reconquista

Periodo republicano

Referencias

Related Articles

Wikiwand AI