Conjunto Histórico de la Ciudad de Palencia

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La Ciudad de Palencia es un conjunto histórico español, ubicado en el núcleo de la ciudad homónima, capital provincial, en Castilla y León. Cuenta con el estatus de bien de interés cultural desde 2018. Situada en la amplia llanura de Tierra de Campos, coronada por el cerro del Cristo del Otero, símbolo de la ciudad, su ubicación entre el río Carrión y el ferrocarril, han determinado su configuración urbana.[1]

Con unos orígenes que se remontan a fechas protohistóricas, su patrimonio y urbanismo es el resultado de su evolución a lo largo de las distintas épocas históricas, la romana y la Edad Media, así como los siglos XVI al XVIII y las importantes transformaciones del siglo XX, periodos todos ellos reconocibles en el conjunto histórico de la ciudad, en la que coexisten junto a monumentos como la catedral, el convento de San Pablo, la iglesia de San Miguel, la iglesia de Santa Clara, San Francisco, San Lázaro o la Virgen de la Calle, un conjunto arquitectónico civil de finales del siglo XIX y principios del XX, como el palacio de la Diputación Provincial, el Casino o la Casa del Cordón, muestras de modernismo, historicismo y eclecticismo, en el que el trabajo de arquitectos como Juan Agapito y Revilla, Jacobo Romero y Jerónimo Arroyo dejó su impronta.[1]

La tradición remite la fundación de la ciudad de Palencia a Palauto, jefe vacceo hijo de Rómulo o a los griegos, quienes darían el nombre de la diosa Pallas a la ciudad, si bien el acercamiento a la realidad sobre los orígenes de Palencia viene determinado por el conocimiento de su subsuelo arqueológico y los importantes vestigios romanos hallados, que confirman su antigüedad y su profunda romanización. A partir de las excavaciones realizadas en el casco urbano de la ciudad, el origen de Pallantia, que ya aparece citada en las fuentes por el geógrafo latino Pomponio Mela como una de las ciudades más importantes de la provincia romana Tarraconense, se remite a un primer asentamiento consolidado de mediados del siglo I d. C., aunque existen evidencias de una ocupación en fechas anteriores.[1]

Una terrible inundación del río Carrión destruyó gran parte de la ciudad y provocó su abandono temporal, posiblemente a comienzos del siglo II d. C., tras el cual y hasta el siglo V, se desarrolló un importante núcleo urbano. La nueva ciudad se extenderá básicamente en el ámbito que hoy se considera casco antiguo. De hecho, los resultados de las últimas excavaciones llevadas a cabo en la zona, señalan que el trazado actual de la ciudad pudiera corresponder con el trazado planificado de época romana.[1]

Escudo de armas en la iglesia de San Pablo

El desarrollo urbanístico de la ciudad se produce, con momentos de mayor o menor intensidad, desde el siglo III hasta el siglo V. Se conoce por fuentes documentales el incendio que asoló la ciudad a partir del 457 tras la invasión de los godos, lo que dará lugar a cambios y desplazamientos de la población; pero, a pesar de que no se han encontrado restos en el subsuelo posteriores a esta fecha, no parece que se produjese su total abandono. De hecho, la construcción de un templo, del que se conserva el primer tramo en la cripta de San Antolín, revela la existencia de una población de cierta entidad y perpetúa este espacio simbólico como una zona de poder religioso, que se ha mantenido hasta la actualidad.[1]

En el momento de la repoblación, la ciudad no estaba totalmente abandonada, si bien la organización de la red urbana medieval y la formación de su estructura urbana se producirá, como en la mayoría de las ciudades de Castilla y León, entre los siglos XI y XIII. En el siglo XI, con Sancho III el Mayor, Palencia ya poseía la condición de ciudad; era sede de un extenso episcopado que englobaba parte de la actual provincia de Valladolid y fue sede de los Concilios de 1113 y 1124, a los que asistieron los reyes de Castilla, pero no será hasta el reinado de Alfonso VIII, que instituyó el primer Concejo, cuando la ciudad alcanza su máximo esplendor.[1]

Calle Mayor
Puente Mayor sobre el río Carrión y torre de San Miguel

Durante los siglos XII y XII, con la construcción de sus murallas y la formación de las instituciones concejiles, la ciudad va desarrollándose espacialmente y adquiriendo un carácter netamente urbano, en un proceso de expansión en el que el Camino de Santiago que cruza la provincia de este a oeste, tendría su importancia. En los siglos XIII y XIV, Palencia siguió representando un importante papel y escenario de los principales acontecimientos políticos de la época, siendo sede de reuniones de Cortes y Concilios, ejerciendo en cierta manera el papel de capital en una corona que carecía de capital política. En 1212, el obispo Tello Téllez de Meneses fundó los «Estudios Generales», entre cuyos alumnos destacaría la figura de Domingo de Guzmán, y en 1255 se promulga el Espéculo, texto legal con el que Alfonso X pretendió la unificación jurídica. De gran importancia para el futuro desarrollo económico de Palencia fue su posicionamiento a favor de Fernando IV en 1296, en plena guerra civil con el infante don Juan, autoproclamado rey de León, Galicia y Sevilla, siendo la ciudad recompensada por el rey Fernando con privilegios tan importantes como la exclusión de los afamados tejidos palentinos del pago del portazgo y una segunda feria franca.[1]

A partir del siglo XIV comienza el inicio de la decadencia y pérdida de protagonismo de la ciudad, que ya solo en contadas ocasiones se va a erigir en escenario de acontecimientos históricos importantes, como la boda celebrada en su catedral entre el infante don Enrique, hijo y heredero de Juan I, y la princesa Catalina de Lancáster; la heroica defensa de la ciudad por las mujeres palentinas contra las tropas del duque de Lancaster, pretendiente a la corona de Castilla, origen del «derecho de tocas», banda de color rojo y dorada símbolo de la ciudad que luce el traje tradicional palentino; o la proclamación como rey del infante Don Alfonso en 1425.[1]

Durante los siglos XV y XVI, Palencia se convirtió en un importante foco de industria pañera, actividad que siempre ha caracterizado la estructura empresarial de esta localidad y que la hizo famosa durante años por la elaboración de sus mantas. La prosperidad de sus ferias y la consolidación del mercado nuevo, dio lugar a un importante desarrollo económico, que trajo como consecuencia un importante aumento de la población y la expansión del núcleo urbano. Poco a poco y de forma gradual, la ciudad fue perdiendo protagonismo. Su participación en la Guerra de las Comunidades y la consecuente pérdida de confianza del emperador Carlos V, marcaron el inicio del declive de Palencia.[1] El destacado papel de la ciudad en la Guerra de la Independencia y la construcción del canal de Castilla, constituyen los dos momentos más significativos en el siglo XIX en la historia de la ciudad.[1]

Descripción

Estatus patrimonial

Referencias

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