Conquista normanda de Sicilia

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Fecha 1061 - 1091
Resultado Victoria normanda y conquista de Sicilia
Conquista normanda de Sicilia
Parte de Conquista normanda del sur de Italia

El sur de Italia en 1112, al momento de la ascensión del rey normando Ruggero II de Sicilia. La conquista del Mezzogiorno se había concluido aproximadamente dos décadas antes.
Fecha 1061 - 1091
Lugar Emirato de Sicilia
Resultado Victoria normanda y conquista de Sicilia
Beligerantes
Kalbiti Normandos
Comandantes
Ibn al-Ḥawwās
Ibn Hamud de Castrogiovanni
Abdullah Ibn Hawqal de Trapani
Benavert
Roberto Guiscardo
Ruggero de Altavilla
Serlo II de Hauteville
Jordan de Altavilla
Ibn al-Thumna

La conquista normanda de Sicilia fue una larga serie de campañas mediante las cuales los normandos, ya comprometidos en la conquista normanda del sur de Italia, lograron imponerse en todo el emirato musulmán de Sicilia. A pesar de estar marcada por diversas rebeliones internas, la isla cayó únicamente tras una prolongada serie de batallas libradas entre 1061 y 1090, año en que tuvo lugar la toma de Noto, último bastión sarraceno. Los enfrentamientos afectaron prácticamente a todos los rincones de Sicilia, aunque raramente implicaron un gran número de hombres en las operaciones.

Con el establecimiento del Condado de Sicilia, la isla vivió al término de los combates una gran etapa de renacimiento, beneficiándose de las políticas de tolerancia adoptadas por Rogelio I y luego por su hijo Rogelio II. Bajo este último, tuvo lugar la reunificación de todos los territorios que su padre y sus tíos habían conquistado en la parte meridional de la península.

Los Normandos habían llegado a comienzos del siglo XI al sur de Italia como mercenarios y, a partir de aproximadamente 1020, comenzaron gradualmente a adquirir cada vez más peso en la península.[1] Fue a finales del verano de 1038 cuando 300 soldados normandos se dirigieron por primera vez a Sicilia, atraídos por la promesa de ricos botines.[2] Tras la conquista islámica de Sicilia, la isla había pasado a manos musulmanas, si bien conservando un amplio margen de autonomía respecto a la Ifriqiya, donde se encontraba el corazón de la dinastía kalbí.[3] Sin embargo, persistían divisiones entre los distintos poderes islámicos.[4] A las órdenes del general Jorge Maniaces, los bizantinos y los mercenarios extranjeros a su servicio habían intentado atacar Sicilia, aunque fracasaron en su propósito de invadirla.[2][5]

El sur de Italia entre 1039 y 1047

Aprovechando las crisis que afligían al Imperio bizantino en Apulia y en el Ducado de Calabria, así como la fragilidad de los principados lombardos en Campania, los normandos rechazaron la autoridad de cualquier señor y comenzaron a expandirse autónomamente a gran velocidad, derrotando incluso en la batalla de Civitate de 1053 a una vasta coalición anti-normanda formada por el papa León IX.[6] Desde entonces, nadie osó ya cuestionar la autoridad de los normandos, encabezados por la familia de los Hauteville y, en particular, por Roberto Guiscardo.[7]

Revolucionando la política del Estado Pontificio hasta ese momento, en agosto de 1059, tras establecer contactos con Roberto, el papa Nicolás II se dirigió personalmente al sur para presidir un concilio en Melfi convocado por él mismo.[8] Tras jurarle fidelidad, el normando fue investido «por gracia de Dios y de san Pedro, duque de Apulia y de Calabria y, con la ayuda de ambos, futuro duque de Sicilia».[8][9] El título ducal que le fue otorgado lo colocaba por encima de los condes normandos, pero esta designación fue mal recibida por la nobleza bajo su mando, que en varias ocasiones se rebeló socavando su autoridad.[9] Además, la fórmula utilizada no se limitaba a sancionar lo ya conquistado, pues dejaba entrever el consentimiento de Nicolás II a futuras conquistas.[8] La mención a Sicilia, donde por otra parte Roberto nunca había estado, confirma según los historiadores lo antes señalado: la esperanza del papa de que la isla volviera a abrazar el cristianismo.[8] Cabe añadir que, en esa fase histórica, Roberto ni siquiera había tomado toda Calabria, pues Regio y Squillace caerían en 1060.[8] En realidad, tampoco podía extender toda su autoridad sobre Apulia, ya que algunas ciudades escapaban a su control y aún eran fieles a Bizancio. Lo cierto es que el concilio dejó satisfechas a todas las partes y que el Tratado de Melfi sancionó inequívocamente, una vez más, que los normandos habían llegado al sur de Italia para quedarse.[10]

La conquista

El desembarco en Sicilia

En ese contexto, al sur de Italia llegó Rogelio, hermano menor de Roberto, quien deseaba labrarse un espacio propio en el Mezzogiorno.[11] A pesar de algunas disputas, al final los dos se concentraron en la conquista de la Calabria bizantina y lograron someterla; al término de estas operaciones, Rogelio se estableció en Mileto, elevándola a su capital, donde se adaptó gradualmente a la cultura local.[12] El único centro aún en manos griegas era la gran Bari, pero Roberto y Rogelio estaban demasiado ansiosos por emprender la empresa siciliana para darse cuenta de ello.[13]

Allí, el emirato de los kalbitas, fundado en la isla más de un siglo antes, atravesaba una fase de declive gradual agravado por disputas de poder entre tres emires (qāʾid) independientes. El primero era un tal Ibn al-Thumna, que dominaba la región suroriental y contaba con poderosas guarniciones en Catania, Noto y Siracusa.[13] Luego estaba Abdullah Ibn Hawqal, señor del noroeste y en particular de Trapani y Mazara del Vallo.[13] Finalmente, entre ambos se encontraba el emir Ibn al-Ḥawwās, cuñado de al-Thumna y cuya residencia estaba en Enna (entonces conocida como Castrogiovanni).[14] Los tres se habían rebelado contra la autoridad del califa zirí de Qayrawan, quien había sido expulsado de su capital uno o dos años antes y ahora se hallaba ocupado, en el norte de África, en una cruenta lucha entre las distintas facciones de las tribus.[15] Se podía pensar que una tierra tan fragmentada sería presa fácil, considerando que los normandos habían sometido un territorio mucho más amplio en tiempos relativamente breves.[16] Al contrario de lo esperado, la conquista de Sicilia resultó ser la más larga de todas y requirió nada menos que treinta y un años.[14] Pronto los normandos tuvieron que reconocer la imposibilidad de maniobrar tropas y asignar recursos tanto al frente apulio como al siciliano.[17] Las frecuentes revueltas en Apulia obligaban a menudo a Roberto a viajar hacia el norte, mientras que su hermano debía gestionar las tropas apostadas en la parte más meridional de la península.[16] El ejército en Sicilia quedaba bajo la gestión de Rogelio, que ya prestaba escasa atención a los acontecimientos en otros lugares.[16] No debe olvidarse un dato fundamental: a fines de 1058, los dos hermanos, pese a sus disputas, ya se habían puesto de acuerdo en la repartición de tierras, previendo que a Rogelio le correspondería la mitad de Calabria (parte de la cual aún estaba en manos de Bizancio) y la totalidad de Sicilia.[18]

Capo Peloro, donde los normandos derrotaron a una flota sarracena antes de alcanzar y asegurarse Mesina.

Rogelio había realizado una infructuosa incursión contra Mesina, pero al menos había podido constatar la fuerza de los sarracenos.[19] En enero de 1061, una insurrección que había alcanzado incluso Melfi, uno de los principales asentamientos normandos, llevó a Roberto a exigir la intervención de su hermano, una petición que parecía postergar indefinidamente las operaciones en Sicilia.[19] Al contrario, ya en febrero el caudillo normando regresó a Calabria, a la espera de conocer los detalles de la abierta lucha entre Ibn al-Thumna e Ibn al-Ḥawwās.[19] Rogelio se hallaba en Mileto cuando, durante ese mismo mes, Ibn al-Thumna acudió en persona a verlo y le pidió apoyo, llegando, según una fuente árabe, a prometer incluso la cesión de toda Sicilia si lograba neutralizar a su odiado enemigo.[20] Rogelio no se detuvo a reflexionar sobre esta invitación, considerándola la ocasión más propicia para desencadenar, en mayo de ese mismo año, una invasión en toda regla.[10] La experiencia previa en Mesina y los consejos del emir árabe convencieron a Rogelio de la necesidad de apoderarse de una cabeza de puente segura y estable, siendo el objetivo elegido Milazzo, que capituló tras breve resistencia.[20] Allí se produjo una afortunada serie de coincidencias. Una flota sarracena zarpó de Mesina para atacar a los enemigos, pero los vientos contrarios le impidieron aprovechar el efecto sorpresa.[21] Esto permitió a los normandos, que habían sido informados de los movimientos hostiles por sus exploradores, no ser tomados desprevenidos en el desembarco musulmán en Capo Peloro, pues un ejército avanzó desde Milazzo y otro cortó la vía de escape hacia Mesina; pocos sarracenos sobrevivieron.[21] Eliminados los obstáculos, al llegar a las puertas de la ciudad los atacantes se sorprendieron de la ordenada y eficaz resistencia de los ciudadanos, tanto hombres como mujeres.[21] Poco después, los invasores emprendieron una retirada desordenada y ni siquiera pudieron zarpar hacia Calabria, pues los fuertes vientos reinantes los obligaron a soportar las represalias sarracenas.[21] Aunque finalmente se dieron las condiciones para navegar hacia Regio, los normandos fueron perseguidos por los musulmanes, que causaron graves daños a muchas naves y el hundimiento de una de ellas, con el resultado de que la misión de Rogelio se reveló como un fracaso.[21] Consciente de las dificultades, Ibn al-Thumna prefirió apartarse y refugiarse en su castillo de Catania.[22]

Dificultades militares y disensiones internas

Recreación histórica de una batalla normanda. En la fotografía se observa la disposición tradicional de los infantes y arqueros normandos en el siglo XI. Falaise, Francia.

Mesina había mostrado cuán crucial era el arte de la paciencia y cuánto importaba seguir las enseñanzas de los primeros mercenarios normandos, quienes atacaban solo cuando estaban seguros de la victoria.[21] En mayo, Roberto se reunió con Rogelio, tras haber conseguido calmar los ánimos en Apulia recuperando Bríndisi, Oria y, sobre todo, Melfi.[23] Como los bizantinos se habían refugiado en Bari, se preveía disponer de varios meses para reintentar el asalto a Mesina.[23] Esta vez, en lugar de emular la ruta anterior, las tropas desembarcaron en mayo en una costa más lejana, a ocho kilómetros de la ciudad, y luego avanzaron a pie.[24] La estrategia resultó tan eficaz que, a pesar de que las guarniciones habían sido notablemente reforzadas porque Ibn al-Ḥawwās había comprendido las ambiciones normandas sobre Sicilia, algunas secciones de las murallas quedaron insuficientemente vigiladas o incluso totalmente desguarnecidas, sorprendiendo a todos los defensores.[25] Al enterarse del asalto en curso, los soldados apostados fuera de las murallas optaron prudentemente por huir hacia el interior, con el resultado de que Mesina capituló de inmediato.[26] Ibn al-Thumna reapareció repentinamente y se apresuró a rendir homenaje a los vencedores reiterando las promesas hechas en febrero; pero, fueran cuales fueran las opiniones normandas sobre su controvertida figura, el emir podía aportar medios, recursos y guías que no se podían rechazar.[22]

Desde Mesina, dos rutas conducían a los dominios de Ibn al-Ḥawwās: la más corta seguía la costa hacia el sur hasta casi Taormina, desviándose luego hacia el interior para remontar el valle del Alcántara, a lo largo de las laderas septentrionales del Etna, y llegar finalmente a la meseta del Argimusco.[22] Ibn al-Thumna prefirió un segundo camino a través de tierras, al menos en teoría, fieles a él y que recientemente habían mostrado signos de insubordinación.[27] Confiaba en calmar a los posibles rebeldes con el paso del ejército normando, mientras que el Guiscardo se centró en Rometta, el bastión desde el que partían las rutas que desde Mesina iban hacia el oeste.[28] Tras resistir valientemente al asalto bizantino de 1038, la fortaleza sarracena no fue atacada en 1061, ya que el gobernador abrió las puertas y acogió con gusto a los guerreros extranjeros.[28] Las hostilidades comenzaron camino al interior, más allá del Simeto, pero mientras en Centuripe no se logró prevalecer, Paternò se rindió sin luchar, allanando el camino hacia la fortaleza de Enna.[28] La ciudad era una presa difícil, ya que contaba con robustas murallas y era capaz de resistir largos asedios.[29] Con el verano a punto de terminar, Rogelio no quería empantanarse en una ofensiva extenuante, por lo que decidió empujar al enemigo fuera de las murallas y provocarlo con escaramuzas en las zonas aledañas.[29] Al quinto día de la llegada de los normandos, el ejército sarraceno se presentó en número muy superior.[29] Es imposible cuantificar las cifras, pues las fuentes, en particular Godofredo Malaterra, hablan de 15 000 soldados contra 700, frente a los aproximadamente 2000 del inicio de la expedición.[30] Más allá del número real de combatientes, los normandos obtuvieron una gran victoria demostrando coraje y audacia, obligando a los fugitivos a refugiarse tras las murallas de Enna.[29] El eco de la empresa impulsó a muchos jefes locales a apresurarse a ofrecer dones al Guiscardo, que entretanto había intentado atacar de inmediato Enna, considerando las escasas pérdidas sufridas.[31] Sin embargo, no hubo señales de una caída inminente y, en el otoño de 1061, Roberto prefirió atender el llamamiento de varios griegos cristianos de Aluntium, al pie de los montes Nébrodes, que deseaban mayor protección, y convenció a algunos de sus hombres de establecerse allí permanentemente.[32] En Mesina, Roberto fue persuadido por su esposa Sichelgaita de volver a Apulia para pasar la Navidad; alcanzada Mileto, su hermano Rogelio sintió nuevamente el llamado de la conquista y se dirigió a Sicilia al frente de una pequeña guarnición, avanzando hasta Troina, célebre por su inexpugnabilidad.[32] Sin embargo, al estar habitada mayoritariamente por cristianos, las puertas se le abrieron y allí pasó la Navidad.[32] Mientras tanto, Rogelio supo que Judith de Évreux, a quien conocía desde Normandía, había decidido trasladarse a Calabria junto con algunos clérigos.[33] Roberto el Guiscardo los había animado a establecerse definitivamente en Calabria, complacido de reducir la influencia de los monjes griegos en la región.[33] Rogelio se encontró en persona con Judith en San Martino d’Agri: los dos se habían enamorado desde jóvenes y las conquistas del Altavilla habían elevado considerablemente su estatus; sin embargo, la luna de miel no duró mucho, pues el llamado de Sicilia lo empujó pronto a regresar, pese a las súplicas de la recién casada.[33]

Retrato de fantasía de los hermanos Roberto el Guiscardo (a la izquierda) y Rogelio de Altavilla (a la derecha)

A comienzos de 1062, una campaña de un mes llevó a la toma de Petralia.[33] Pronto, sin embargo, Rogelio tuvo que regresar al continente debido a las disputas con su hermano. Cuando reiteró su voluntad de infeudar Sicilia para él y su esposa, siguiendo la tradición matrimonial del morgengabio, Roberto interpretó la petición de Rogelio como una amenaza a su supremacía y, probablemente, también fue presa de los celos.[34] La noticia de la muerte de Ibn al-Thumna, conocida en ese mismo periodo, anuló los progresos alcanzados en Sicilia, pues las guarniciones normandas de Petralia y Troina, presas del pánico y temiendo por sus vidas, se retiraron tras las murallas de Mesina.[34] En un arrebato de ira, Roberto llegó a Mileto, donde se hallaba Rogelio, y la puso bajo asedio.[34] Finalmente, tras una serie de acontecimientos rocambolescos, los dos hermanos se abrazaron y se reconciliaron, logrando poco a poco aceptar mejor la convivencia.[12] No está claro cómo se dividió Calabria tras el altercado, pero se cree que se repartieron cada ciudad y castillo en dos zonas de influencia separadas.[35]

Las disputas hicieron que Rogelio pudiera regresar a Sicilia solo en agosto, esta vez llevando consigo a su esposa, donde descubrió que, afortunadamente para los normandos, Troina no había sufrido ningún ataque pese a la retirada de las guarniciones.[36] Los habitantes lo recibieron con menos entusiasmo que la primera vez, pues los normandos no se habían mostrado muy distintos de los sarracenos, resultando incluso más agresivos y bárbaros, especialmente con las mujeres.[36] Cuando Rogelio partió hacia Nicosia, en la actual provincia de Enna, los habitantes de Troina aprovecharon para tomar prisionera a su esposa Judith.[37] Enterado de ello, el comandante normando regresó de inmediato a Troina, donde se encontró obligado a enfrentar una revuelta mucho más amplia de lo que pensaba, apoyada por los sarracenos, que forzaron a los guerreros extranjeros a replegarse en la ciudadela.[38] Rogelio, en la insólita condición de asediado, tuvo que soportar durante cuatro meses las incursiones enemigas y convivir con el frío invernal.[38] Una noche de enero, exhausto por la escasez de alimentos y el gélido clima (el asentamiento se encuentra a más de 1000 metros sobre el nivel del mar), Rogelio organizó una salida nocturna atravesando las barricadas que separaban a los dos bandos.[39] Con este ardid tomó totalmente desprevenidos a los insurrectos y los sofocó rápidamente, imponiendo penas severísimas a los principales cabecillas y recuperando el control de Troina a la mañana siguiente.[39] Según los historiadores, este fue el momento más crítico vivido por los normandos en Sicilia.[38]

Cerami, primera campaña contra Palermo y Misilmeri

Lo ocurrido había demostrado que la carencia de hombres nunca podría consolidar el predominio normando en la isla.[14] Los enemigos se habían compactado tras la muerte de Ibn al-Thumna y el efecto sorpresa había desaparecido.[40] En la primavera de 1063, Rogelio, que no podía contar con ninguna ayuda de su hermano desde Apulia, regresó a Calabria y llevó consigo caballos y provisiones, aunque no un número considerable de refuerzos.[41] Junto a él estaba su sobrino Serlo, que se había distinguido por sus habilidades de mando y su tenacidad.[41] Partiendo de Troina, se realizaron incursiones en todo el territorio que desde Butera en el sur se extendía hasta Caltavuturo en el norte, lo que permitió acumular ricos botines.[41] A mediados del verano, los normandos se toparon con el grueso del ejército sarraceno, reforzado con nuevos contingentes africanos que acababan de salir de Palermo y avanzaban hacia el este en dirección a las plazas fuertes cristianas.[41] A unos diez kilómetros al oeste de Troina, en una hondonada entre las colinas que dominan el río Cerami y cerca de la ciudad homónima, los normandos se encontraron una vez más frente a un ejército numéricamente superior, estimado por Malaterra en 30 000 hombres, aunque los estudios modernos lo reducen a unos pocos miles.[41] El ejército invasor, en cambio, solo disponía de 500 o 600 hombres; tras tres días de observación y estudio, al cuarto comenzó la llamada batalla de Cerami.[42] Probada la fuerza enemiga, los sarracenos lanzaron un asalto frontal contra Rogelio esperando superarlo con ímpetu y fuerza, y por poco no lo consiguieron.[42] Por alguna razón desconocida, quizá ligada a la intervención del destacamento de Serlone, hasta entonces no implicado en los choques, el muro normando resistió y, al caer la noche, rechazaron a los adversarios persiguiéndolos hasta sus campamentos.[42] La victoria de Cerami tuvo importantes consecuencias: en primer lugar, salvo esporádicas revueltas, el control entre Cerami y Mesina se volvió incontestable.[42] En segundo lugar, la escaramuza demostró una vez más que la cohesión y disciplina normanda en combate no tenían igual, y los hombres empezaron probablemente a creer que contaban con el favor divino.[43] Esto se refleja particularmente en los cuatro camellos que Roberto donó al papa Nicolás II como fastuoso obsequio.[44] El Santo Padre, por su parte, concedió la absolución a todos los partidarios de los normandos porque necesitaba aún de su apoyo para reforzar su precaria posición.[45] Dado que la conquista de Sicilia sin duda beneficiaría y consolidaría el predominio normando en el sur y garantizaría protección al papado, su propaganda transformó la expedición de la isla en una suerte de precursora de las cruzadas.[45]

Rogelio de Altavilla combate a los sarracenos en la batalla de Cerami de 1063. Óleo sobre lienzo de Prosper Lafaye, hacia 1860

Durante el resto de 1063, sin embargo, no se produjeron avances significativos, aunque Rogelio había logrado ocupar cerca de una cuarta parte de Sicilia.[45] Es posible que se hubiera difundido cierto descontento y malestar entre las tropas, que además habían recibido a menudo la ayuda de los cristianos locales, esperanzados en recibirlos como salvadores.[45] La grave escasez de hombres obstaculizaba cualquier avance, aunque este factor no era comprendido por quienes observaban las maniobras normandas desde fuera, como el almirante de la República de Pisa Giovanni Orlandi.[46] En agosto de 1063, había recibido la encomienda de enviar una flota contra Palermo para vengarse de las continuas incursiones marítimas de los sarracenos y deseaba contar con el apoyo de Rogelio, quien se lo negó afirmando no estar todavía en condiciones de sostener un ataque de semejante envergadura.[46] Molesto por la negativa, Giovanni Orlandi decidió ejecutar de todos modos el saqueo de Palermo, pero más allá de algunas incursiones en la zona portuaria, el objetivo de penetrar más allá de las murallas fracasó y los pisanos lograron milagrosamente limitar los daños.[46] Aunque no tenía gran estima por los pisanos, la intervención de una flota amiga era una propuesta tentadora para Rogelio, pero fue asaltado por dudas y prefirió desistir, quizá también porque había sabido de una gran campaña que su hermano Roberto planeaba emprender con él.[46] Tras recuperar nuevamente Oria, Bríndisi y Tarento, a comienzos de 1064 el Guiscardo había alcanzado Cosenza, donde se discutieron los preparativos.[47] Esta vez, se descartó la idea de dirigirse hacia Enna y las zonas interiores y se optó por avanzar rápidamente a lo largo de la costa hacia Palermo.[48] Aunque no encontraron resistencia, el lugar en que los guerreros acamparon resultó especialmente funesto, pues estaba infestado de tarántulas.[48] Tras trasladarse a un sitio más saludable, los Altavilla comprendieron que la Conca d’Oro, la cadena montañosa que rodea Palermo, ofrecía una protección natural considerable y exponía el avance de cualquier ejército a la vigilancia de las centinelas sarracenas, frustrando el efecto sorpresa.[48] Además, a diferencia de Enna, los musulmanes no se enfrentaron en combate campal y, aunque estaban sitiados, recibían regularmente barcos que entraban y salían del puerto con suministros militares y víveres.[49] Tras tres meses de asaltos inútiles, seguidos de algunos ataques fallidos contra la robusta Agrigento, la campaña terminó en un completo fracaso, rindiendo solo algunos pequeños puestos como Bugamo, casi totalmente abandonado desde hacía tiempo.[50] Para enfrentar la férrea resistencia de la Sicilia occidental, Rogelio ordenó realizar constantes incursiones contra las localidades sarracenas, trasladando su capital a Petralia, conquistada ya en 1062, para facilitar esta tarea.[50] La única consolación era la aparición de disensiones entre los jóvenes príncipes que auxiliaban a Ibn al-Ḥawwās, pero Rogelio era demasiado débil para intervenir.[50]

La moderna Misilmeri, en cuyas cercanías se libró en 1063 la batalla homónima, vista desde las colinas circundantes

Una serie de amplias revueltas estalló nuevamente en Apulia y mantuvo ocupados a los normandos en ese frente sobre todo entre 1064 y 1068. Cuando finalmente se lograron sofocar los tumultos, las facciones ziríes rivales de Ibn al-Ḥawwās y Ayub, hijo del señor africano Tamim ibn al-Mu'izz, se enfrentaron en Sicilia y el segundo prevaleció.[51] Unificadas así Enna, Agrigento y Palermo, Ayub no perdió tiempo en prepararse para enfrentar la amenaza normanda.[51] Es probable que Roberto, de camino a Palermo para realizar una de las clásicas incursiones con las que solía minar la moral enemiga, se sorprendiera al encontrarse frente a un ejército sarraceno reunido en Misilmeri.[51] El caudillo cristiano no se desanimó y, en una mañana de verano de 1068, motivó a sus tropas y lanzó el ataque en la batalla de Misilmeri, prevaleciendo en poco tiempo.[51] La reputación de Ayub quedó tan comprometida tras el conflicto que decidió embarcarse hacia África y no regresar jamás, dejando a la población en pánico y a los normandos a solo quince kilómetros de Palermo.[52] Esto hizo que la zona nororiental de la isla pasara firmemente a manos normandas, incluyendo una buena mitad de la costa septentrional.[53]

La caída de Palermo

Desde hacía ya tres años, el núcleo principal del ejército normando estaba incesantemente ocupado en acciones de guerra.[54] Tras concluir el largo sitio de Bari de 1068-1071, Roberto, quien había solicitado la ayuda de su hermano en las fases finales del asalto, envió de inmediato a Roger a Sicilia, mientras él mismo se apresuraba hacia el sur a lo largo de la costa hasta Otranto.[55] Al llegar a Mesina, los dos discutieron cómo proceder en la conquista de la isla, considerando que, exactamente como en el caso de Bari, el avance parecía haberse empantanado a las puertas de otro gran asentamiento: Palermo.[53] Aunque se confirmaba como el objetivo principal, Roger propuso en cambio dirigirse a Catania, un puerto estratégicamente importante en la costa oriental y situado a corta distancia de Mesina.[55] El plan preveía un estratagema sencillo: fingir el atraque de algunas naves normandas en la ciudad, con el pretexto de que se detenían allí en ruta hacia Malta, y así conquistar Catania desde dentro.[56] Funcionó a la perfección, pues los habitantes no sospecharon el engaño y se rindieron tras cuatro días de lucha desigual.[57] Reforzada la ciudad, los dos hermanos decidieron dirigirse hacia Palermo, pero mientras Roger avanzaba por tierra, su hermano navegaba hasta el destino.[57] Hacia mediados de agosto, Roger llegó a las inmediaciones de lo que era una de las mayores metrópolis musulmanas del mar Mediterráneo.[57] Era necesario asegurar un lugar de desembarco, por lo que se dirigieron hacia el castillo de Yahya, cerca de la desembocadura del río Oreto.[58] La estructura perseguía el doble propósito de proteger la vía de acceso oriental de Palermo y bloquear el curso del río para impedir el ascenso de naves hostiles.[58] Dominada sin grandes dificultades la guarnición local, el castillo fue convertido después en iglesia. Apenas cuatro meses después del sitio de Bari, los normandos (menos de 10 000 hombres)[59] se encontraron emprendiendo un nuevo asedio.[53] Coordinando los ataques terrestres y navales, Roberto y Roger derrotaron con éxito a los refuerzos enviados por naves sicilianas y norteafricanas en el otoño de 1071, tras lo cual cercaron la ciudad cortando todo abastecimiento.[53] El plan original era rendirla por agotamiento, pero la situación cambió cuando Roberto supo que en diciembre su sobrino Abelardo, siempre resentido con su tío por haberlo excluido de la línea sucesoria, se había aliado con su hermano menor Ermanno y con los señores de Giovinazzo y Trani, recibiendo además el apoyo de Ricardo de Capua, de Gisulfo II de Salerno y, probablemente, también de los bizantinos.[60] La insurrección había estallado en Apulia, pero pronto se extendió también a Calabria, obligando a Roberto a elegir entre retirarse o forzar el ataque en curso en Palermo.[60] Prefiriendo la segunda opción, en enero de 1072 los normandos simularon primero un ataque a la ciudadela por tierra, atrayendo a varias tropas enemigas, y luego lanzaron la ofensiva real con un grupo menor contra las murallas situadas en el lado costero.[53] El estratagema funcionó porque, aunque Roger tuvo que replegarse, Roberto y sus hombres lograron escalar las murallas y abrir las puertas.[53] Los sarracenos retrocedieron y se lanzaron a una desesperada defensa de la muralla interna, en la Ciudad Vieja (o al-Qasr, el Castillo).[53] Sin embargo, tras solo veinticuatro horas se rindieron a Roberto, con la condición de obtener salvoconducto y poder seguir practicando la fe musulmana.[53]

La entrega de Palermo por parte de los musulmanes, fresco en la bóveda de la "Sala Amarilla" del Palacio de los Normandos en Palermo. Obra de Giuseppe Patania, hacia 1830

A la entrada triunfal de Roberto en la ciudad vieja, el 10 de enero, siguió la eliminación de todos los ornamentos islámicos de la mezquita principal, que fue convertida en catedral cristiana.[53] Este gesto coincidía simbólicamente con un cambio religioso, pero también con el paso de una aristocracia islámica a otra de distinta fe.[53] En los hechos, gran parte de la población permaneció musulmana y fue, según los estudiosos con gran visión, dejada libre para practicar su religión.[53] Además de carecer de sentido provocar la hostilidad de los sarracenos hacia los nuevos señores, Levi Roach recordó que no se trataba de «una guerra santa», sino que, «como la conquista de Inglaterra por parte del duque Guillermo, fue una apropiación oportunista de tierras con el beneplácito del papa».[61] Conviene tener presente, por tanto, que, aunque Guillermo de Apulia y Godofredo Malaterra enfatizan el aspecto religioso de estos conflictos, escribían cuando ya había tenido lugar la primera cruzada.[61] Al juzgar estos acontecimientos, John Julius Norwich comentó:[62]

Para los sarracenos de Sicilia fue el fin de su independencia política, pero también el inicio de una era de orden y de paz sin precedentes, durante la cual, bajo la guía de un gobierno central fuerte pero benévolo que nunca habían podido realizar, sus dotes artísticas y científicas serían alentadas y apreciadas como nunca antes había ocurrido. Para los normandos, el acuerdo se convirtió en la piedra angular de su nueva filosofía política, gracias a la cual pudieron edificar un Estado que, durante los cien años siguientes, fue ejemplo mundial de cultura y de gobierno ilustrado, del cual obtuvieron una comprensión y una amplitud de miras que debía causar envidia a toda la Europa civilizada.
John Julius Norwich, Los normandos en el Sur: 1016-1130, p. 168

Con Palermo en manos normandas, se pensaba (erróneamente) que el resto de la isla seguiría pronto la misma suerte, tal vez evitando las fatigas de Apulia.[61] Sin embargo, no estaba aún completamente sometida, pues continuaban existiendo los emiratos independientes de Trapani y Siracusa, así como Enna, cerca de la cual el joven Serlo II de Hauteville estaba conduciendo una guerrilla desde hacía más de seis meses que había impedido la llegada de refuerzos a Palermo mientras estaba bajo ataque.[62] También debía resolverse el problema de las investiduras feudales: Roberto el Guiscardo había confirmado su soberanía sobre el recién creado condado de Sicilia y se había reservado como dominios directos la ciudad de Palermo, la mitad de la ciudad de Mesina y del Val Demone, la región montañosa del noreste cuya conquista había dirigido personalmente.[63] Todo lo demás correspondería a su gran vasallo Roger, desde entonces investido con el título de gran conde de Sicilia, a quien se reconocería además la posesión de todo lo que conquistara en adelante.[64] La misma suerte debería haber tocado a sus dos lugartenientes principales, Serlón de Altavilla y Arisgoto de Pozzuoli, pero el primero murió en agosto de 1072, causando gran tristeza a Roberto.[65] Ese mismo verano, Roberto permaneció en Palermo e invistió a uno de sus principales lugartenientes con el título de emir, adoptando así una costumbre local.[65] La toma de la mayor ciudad de Sicilia, gradualmente arrebatada a los musulmanes en el transcurso de una década, coincidió con el punto culminante de las conquistas de Roberto.[66]

Rendición de la Sicilia árabe

En el otoño de 1072, Roberto se alejó de Sicilia y nunca más regresó, al no tener interés en residir en una tierra prometida a su hermano.[61] Para Roger esta noticia era sin duda grata, pues probablemente se había enamorado también de la isla y se había apegado obsesivamente a su plan de invasión de toda Sicilia.[67] Desde el punto de vista administrativo, Roger había confirmado la organización anterior en varios ámbitos, preocupándose de proclamar un período de leva militar obligatoria de un año.[67] Para congraciarse con los súbditos griegos, que habían cambiado de opinión sobre el dominio normando, decidió financiar las iglesias de rito griego, lo que impulsó a muchas comunidades a trasladarse a la isla, en especial porque en otros lugares eran discriminadas a raíz del clima generado por el Gran Cisma.[63]

Panorama del valle visto desde Erice

Cuando Roberto el Guiscardo murió en Cefalonia en 1085, su hermano Roger estaba asediando Siracusa.[68] Habían transcurrido trece años desde que Palermo había caído en 1072 y, desde entonces, Roger había logrado reducir los dominios musulmanes al área central y sudoriental de la isla.[68] La lucha resultaba extenuante, tanto que el caudillo normando, crónicamente falto de hombres, prefirió adoptar tácticas de guerrilla en vez de sostener insostenibles batallas campales.[68] Las iniciativas de Roger se veían complicadas por las continuas insurrecciones en el continente que debía sofocar; la más peligrosa fue la de 1075, nuevamente orquestada por el ya citado Abelardo.[61] Si el frente bélico permanecía estancado, no ocurría lo mismo con la organización administrativa que Roger trataba de garantizar en la parte de Sicilia ya conquistada. Como es de imaginar, el elemento islámico había dominado durante mucho tiempo en la isla y su influencia se hacía inevitablemente sentir también en las instituciones, que emulaban las de cualquier país musulmán (piénsese en la figura de los emires, el cuerpo de policía o los jueces que aplicaban la Sharía).[69] Los normandos efectuaron cambios solo parciales a nivel administrativo, así como tampoco alteraron en exceso otros ámbitos, como por ejemplo la política monetaria (las inscripciones de las monedas áureas del rey permanecieron en idioma árabe incluso bajo el hijo de Roger I, Roger II) o la economía agrícola, profundamente ligada a las tradiciones del Mediterráneo meridional.[70] En particular, era muy renombrada la producción de seda, tejidos, cítricos, algodón, caña de azúcar y dátiles, cuya desaparición de la isla solo ocurrió cuando, en el siglo XIII, se completó definitivamente el éxodo musulmán.[71] Sin embargo, debe recordarse que esta gran tolerancia no garantizó a las numerosas comunidades musulmanas y judías una igualdad perfecta frente a los cristianos.[72] Aunque se reconocía la libertad religiosa, los no cristianos estaban obligados al pago de un impuesto especial (djizya); una medida práctica como esta, unida a otros incentivos menores para quienes optaban por la conversión y continuada también por los sucesores de Roger, evidenciaba claramente la intención de frenar el grado de arabización de Sicilia respecto al pasado.[73]

Las dificultades militares cesaron en 1077, cuando Roger conquistó Trapani y poco después Erice, arrebatando así las dos principales fortalezas enemigas en la parte occidental de la isla.[68] En 1078 le tocó a la fortaleza de Castronovo, cuya inexpugnabilidad era proverbial.[61] La ofensiva continuó durante el año siguiente con el asedio de Taormina, a unos cincuenta kilómetros al sur de Mesina, que capituló tras seis meses gracias a la ayuda de veintidós torres de madera y al tradicional bloqueo terrestre y marítimo de suministros.[74] Esta victoria permitió la conquista de la zona situada al norte del Etna.[61] El papel de las flotas en los ataques a Trapani y Taormina demuestra cuánto se habían acostumbrado los normandos y Roger a estrategias antes poco familiares.[61] Una vez más, tras estos éxitos surgieron disensiones que ralentizaron el avance normando.[61] En 1079 estalló una gran revuelta musulmana en la zona occidental, en particular en Giano y Cinisi, a la que Roger tuvo que dedicarse el resto del año y buena parte de 1080.[75] Restablecida la calma, en la primavera de 1081 Roger fue llamado al continente para encargarse del ducado cuando el Guiscardo zarpó hacia su expedición al otro lado del Adriático (culminada con la batalla de Dirraquio de 1081).[76] Mientras cumplía con esta tarea, seguramente lo embargaba la frustración, sobre todo al ser consciente de que no podía controlar en solitario dominios tan extensos, dada la escasa confianza que tenía en el hijo de Roberto, Ruggero Borsa.[77] Tras pocas semanas, sus temores se materializaron cuando recibió noticias de disturbios en Gerace, en Calabria, y en Catania, que había sido reconquistada por el emir de Siracusa Benavert.[78] Afortunadamente para Roger, mientras atendía Gerace, su hijo Jordan había recuperado el puerto perdido.[79] Tras reforzar las defensas de Mesina en invierno, en la primavera de 1082 tuvo que reunirse con su hermano y se ausentó de Sicilia por más de un año, regresando de prisa en el verano de 1083 por una rebelión paradójicamente incitada por su propio hijo Jordan, a quien había dejado temporalmente el mando.[79] Se dice que la chispa fue la decepción por las escasas recompensas asignadas.[76] Jordan ya se había apoderado de Mistretta y San Marco d'Alunzio, sede del primer castillo normando construido en suelo siciliano, y se dirigía a Troina, donde se guardaba el tesoro de su padre.[79] Acudiendo contra los rebeldes, Roger temió seriamente que, desesperados, buscaran apoyo entre los musulmanes.[79] Fue entonces cuando convenció a los principales instigadores de acudir a él, asegurándoles que serían fácilmente perdonados.[79] En realidad, los doce cómplices fueron cegados y el propio Jordan encarcelado por unos días, hasta que fue liberado y aceptó jurar fidelidad a su padre, a quien nunca más traicionó.[79] Fue la última ocasión en que la autoridad de Roger fue contestada.[79]

Restos del castillo de San Marco d'Alunzio, el primero construido por los normandos en Sicilia. Fue ocupado brevemente por Jordan de Altavilla, hijo de Roger, antes de ser reconducido a la obediencia

El emir Benavert, quien en 1081 había retomado Catania por un breve periodo, decidió lanzar un nuevo ataque contra los invasores en 1084, esta vez más allá del estrecho de Mesina, golpeando Nicotera y otras ciudades costeras.[80] Como había saqueado santuarios cristianos y secuestrado monjas de un convento en Rocca d'Asino (localidad desconocida), Roger temió seriamente que resurgieran viejas tensiones religiosas, un problema que había trabajado por resolver en Sicilia con cierto éxito.[80] Decidido a evitar cualquier revuelta que enfrentara a sarracenos y cristianos, Roger organizó de inmediato los preparativos para atacar Siracusa, partiendo finalmente de Mesina el 20 de mayo de 1085.[80] Los espías normandos informaron que el emir planeaba sacar barcos al mar y librar una batalla naval.[76] El combate fue feroz, pero los ballesteros normandos jugaron un papel crucial y permitieron prevalecer; el propio Benavert intentó acercarse a la nave insignia donde se hallaba Roger, pero al tratar heroicamente de abordarla, cayó al mar y se ahogó.[81] Esto minó la moral de los siracusanos, que se atrincheraron en su ciudad e intentaron resistir como pudieron.[81] Cuando la esposa del emir, junto a su guardia personal, abandonó la ciudad de noche en una pequeña embarcación, los habitantes se convencieron de rendirse.[81] La desaparición de Benavert, ocurrida curiosamente el mismo día que el papa Gregorio VII (25 de mayo de 1085), hizo que la caída definitiva de los sarracenos fuese prácticamente inevitable.[82] La contemporánea muerte de Roberto obligó a Roger a desplazarse nuevamente al continente, circunstancia que animó a algunos focos de insurgentes a enfrentarse a los normandos.[76] Roger había declarado su apoyo a Ruggero Borsa en la sucesión, a cambio del reconocimiento de los territorios en Calabria compartidos anteriormente con el Guiscardo, además de los de Sicilia (Mesina y el Val Demone).[76] El sobrino necesitaba este acuerdo y por ello aceptó, aunque preservó un control sobre Mesina y el Val Demone que resultó meramente nominal.[83]

Noto, el último bastión sarraceno, se rindió a los normandos en 1091

Mientras Ruggero Borsa reducía su influencia tras firmar una precaria paz con su hermano Bohemundo, su tío regresaba a Sicilia para completar la conquista de la isla. El 10 de abril de 1086 Roger atacó Agrigento, importante localidad de la costa sur, y la conquistó el 25 de julio, capturando en esa ocasión a Ibn Hamud, último emir de Enna.[76][84] El resto del año lo dedicó a recibir a su sobrino Ruggero Borsa (en su primera visita a Sicilia como duque reinante), reconstruir las fortificaciones de Agrigento y consolidar el control normando sobre el territorio recién conquistado.[84] Todo lo que quedaba en manos sarracenas, excluida Enna, eran Butera y Noto, ambas incapaces de resistir un ataque a gran escala.[84] Como el emir ya no podía contar con ningún apoyo, Roger consideró prudente entablar negociaciones con Ibn Hamud, quien fue llevado a Enna y persuadió a sus habitantes de evitar combates.[84] A cambio, se le concedió un vasto señorío, Ibn Hamud se convirtió al cristianismo y se trasladó a Calabria con su esposa.[85]

Mientras tanto, en la península, la vieja disputa entre Ruggero Borsa y Bohemundo resurgió en el otoño de 1087 y se prolongó durante nueve años, con el resultado de que pocas regiones del sur de Italia no sufrieron sus consecuencias.[76][86] Roger permanecía en la pacificada Sicilia, donde en las dos décadas transcurridas desde la conquista de Palermo había aprendido a convertirse en «un estadista maduro y responsable», deshaciéndose de aquella impetuosidad que caracterizó a su hermano Roberto durante toda su vida.[83] Había aprendido a recurrir a la guerra solo cuando era necesario, privilegiando en lo posible la diplomacia.[83] Los últimos episodios militares que lo vieron como protagonista fueron el ataque a Butera (caída en 1088 o 1089), una localidad cercana a la costa meridional, y la toma de Noto, situada junto a la costa oriental y a unos treinta kilómetros al sureste de Siracusa, ocurrida en la primavera de 1091 sin grandes derramamientos de sangre.[76] Ese mismo año, para asegurarse aún más contra incursiones desde el sur, Roger ordenó la invasión de Malta, donde la población y las guarniciones locales prefirieron no oponer resistencia.[87] Aunque impuso al archipiélago maltés el pago de un tributo, permitió a los gobernadores árabes seguir administrando sin trabas.[83]

Consecuencias

Detalle de un mosaico que muestra a Ruggero II (Rogerios Rex en alfabeto griego) mientras es investido con la corona directamente por Jesucristo (IC). Iglesia de la Martorana, Palermo

Los normandos habían sometido en menos de un siglo al sur de Italia, imponiéndose con el tiempo en un área comprendida entre los Abruzos y la propia Sicilia.[86] Década tras década, encontraron una nueva dimensión adquiriendo cada vez más fuerza e imponiéndose en toda la porción meridional de la península, sin perder impulso, salvo en los últimos años de la conquista.[86] El proceso de expansión normanda había sido lento y fragmentado, alcanzado principalmente gracias a victorias en los campos de batalla, pero por primera vez en casi medio milenio, todo el sur de Italia había quedado bajo una sola bandera.[88] Resulta llamativo constatar que este resultado fue casi colateral; como afirmó Levi Roach, «ninguno [de los normandos] partió con la intención de conquistar el Sur, y fue solo una suma de circunstancias imprevistas lo que determinó este resultado».[89] Sin embargo, al repartirse cada uno una parte, los hijos de Tancredo de Altavilla lo conquistaron, propagando el eco de sus gestas y su influencia también en otras regiones del Mediterráneo.[88]

El hijo de Ruggero I, el gran conde Ruggero II de Sicilia, quiso unificar todos los territorios normandos ocupados en el sur de Italia. En julio de 1127, el duque Guillermo II de Apulia murió sin hijos, y Ruggero reclamó todos los dominios de los Altavilla y la señoría de Capua.[90] Desembarcó entonces en el continente y conquistó sin dificultad Amalfi y Salerno; en 1128 fue coronado duque de Apulia y Calabria. En septiembre de 1129, Ruggero II fue públicamente reconocido como duque por Nápoles, Bari, Capua y otras ciudades del sur.[91]

Unió estos territorios con la Gran Condado de Sicilia y, en diciembre de 1130, fue proclamado en la catedral de Palermo rey de Sicilia.[92] En 1139 derrotó definitivamente a los últimos feudatarios rebeldes, pacificando así el Reino de Sicilia.[93] Al año siguiente el propio soberano convocó las Asambleas de Ariano, durante las cuales promulgó, con toda probabilidad, las constitutiones ("constituciones") del nuevo reino.[94]

Referencias

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos

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