Crisis del Centenario

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La Crisis del Centenario fue un periodo histórico e intelectual vivido en Chile cerca de 1910, con ocasión de celebrar sus primeros años de vida independiente, cuando diversos autores comenzaron a cuestionar los logros, el rumbo moral y la autoimagen de la república por medio de textos publicados, aproximadamente, entre 1899 y comienzos de la década de 1930.[1] La expresión se usa para describir una coyuntura de diagnóstico crítico (sobre el régimen parlamentario, la “cuestión social”, la educación, la economía y la identidad nacional) que influyó en el desarrollo del nacionalismo chileno y en debates reformistas y socialistas de la primera mitad del siglo XX.[2]

Marcha obrera en Iquique en 1907 que terminará en una matanza que tensionará el clima público previo a los festejos del Centenario.

Contexto histórico

Trabajadores salitreros (incluido un niño). Foto de 1909.

El debate del Centenario se desarrolló en el marco del régimen parlamentario (1891–1925), la dependencia de la renta salitrera y la intensificación de la conflictividad social (huelgas, represión y organización obrera). La Matanza de la Escuela Santa María de Iquique (1907) se convirtió en un símbolo del “problema social” y del contraste entre modernización y exclusión. En paralelo, se difundieron diagnósticos sobre precariedad sanitaria y mortalidad infantil, entre ellos el Informe Westenhofer (1911).[3]

Autores y textos

Familia campesina de Marchigüe en 1910.

Autores del ciclo ensayístico

La nómina de ensayistas y textos suele presentarse como un conjunto heterogéneo (por clase, oficio e ideología), más que como una “escuela” coherente.[2] Alberto Edwards:

Francisco Antonio Encina:

Francisco Antonio Encina (1903).
Francisco Antonio Encina (fotografía publicada en 1912).
  • La educación económica y el liceo (1912).
  • Nuestra inferioridad económica (1912).

Carlos Keller Rueff:

Nicolás Palacios:

  • Decadencia del espíritu de nacionalidad (1907).

Tancredo Pinochet (Pinochet Le-Brun):

Tancredo Pinochet Le-Brun.
  • Inquilinos en la hacienda de Su Excelencia (posterior a 1915).

Alejandro Venegas (Dr. J. Valdés Cange):

  • Cartas al excelentísimo señor don Pedro Montt sobre la crisis moral de Chile en sus relaciones con el problema económico de la conversión metálica (1909).[4]

Max Westenhofer (médico alemán):

Luis Emilio Recabarren:

  • Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana (1910).

Agustín Ross Edwards:

  • Sesenta años de cuestiones monetarias y financieras y problemas bancarios (cap. XI, 1910).

Guillermo Subercaseaux:

  • Los ideales nacionalistas ante el doctrinarismo de nuestros partidos políticos históricos (1918).

Emilio Rodríguez Mendoza:

  • Ante la decadencia (1899).

Enrique Mac Iver:

  • Discurso sobre la crisis moral de la República (1900).

Posiciones ideológicas

Los autores coincidieron en denunciar déficits estructurales (morales, institucionales o sociales), pero divergieron en el diagnóstico de causas y prescripciones. Aunque el elenco incluye a un dirigente socialista como Luis Emilio Recabarren, una parte significativa del ciclo ensayístico se asocia a un tono nacionalista o regeneracionista (p. ej., Nicolás Palacios, Francisco Antonio Encina y Guillermo Subercaseaux) y a críticas al parlamentarismo oligárquico; otros, en cambio, articularon el problema como cuestión de explotación y desigualdad (Recabarren) o como crisis de virtud republicana (Mac Iver).[2] Venegas vinculó el diagnóstico moral a la discusión monetaria (curso forzoso y conversión metálica) y a una crítica de la élite política y cultural.[4] Palacios buscó reivindicar al “hombre del pueblo” mediante una tesis racialista sobre el “roto chileno”, influyente y posteriormente discutida por la historiografía.[5] Encina vinculó el “desequilibrio” nacional a educación, cultura económica y formas de modernización imitativa.[6]

Planteamientos

Caricatura crítica sobre la epidemia de fiebre amarilla en 1912.
"Voy a hablaros sobre algunos aspectos de la crisis moral que atravesamos (...) El presente no es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen la intranquilidad. No sería posible desconocer que tenemos mas naves de guerra, mas soldados, mas jueces, mas guardianes, mas oficinas, mas empleados y mas rentas públicas que en otros tiempos; pero, ¿tendremos también mayor seguridad, tranquilidad nacional, superiores garantías de los bienes, de la vida y del honor, ideas mas exactas y costumbres mas regulares, ideales mas perfectos y aspiraciones mas nobles, mejores servicios, mas población y mas riqueza y mayor bienestar? En una palabra: ¿progresamos ?"
El progreso económico que ha conquistado la clase capitalista ha sido el medio más eficaz para su progreso social, no así para su perfección moral,(...). La última clase, como puede considerarse en la escala social, a los gañanes, jornaleros, peones de los campos, carretoneros, etc., vive hoy como vivió en 1810. (...)

Se me dirá que el número de analfabetos es, en proporción, mucho menor que el de antes, pero con esta afirmación no se prueba nada que ponga en evidencia un progreso. Para esta última clase de la sociedad el saber leer y escribir, no es sino un medio de comunicación, que no le ha producido ningún bienestar social. (...) El conventillo y los suburbios, han crecido quizás en mayor proporción que el desarrollo de la población. (...)

¿Dónde está mi patria y dónde mi libertad? ¿La habré tenido allá en mi infancia cuando en vez de ir a la escuela hube de entrar al taller a vender al capitalista insaciable mis escasas fuerzas de niño? ¡Para este progreso no es tiempo aún de festejarle su centenario!
Luis Emilio Recabarren en 1906
"La escuela y la fábrica son las dos palancas que tenemos en nuestras manos, las dos formidables palancas que han de hacer la transformación de Chile, que han de dar al país su riqueza moral y su riqueza material".
Tancredo Pinochet LeBrun
"La comparación de niños muertos con flores secas es digna de un poeta, pero no de un filántropo, un medico o un estadista"
La metamorfosis súbita de un pueblo, hoy sobrio, laborioso, ordenado y sano, que mañana despierta derrochador, desmoralizado y herido hasta en el más vital de sus instintos, el de la nacionalidad, no repugna menos al buen sentido de todo escritor sensato que al criterio del sociólogo, familiarizado con los fenómenos de esta índole.(...)Las grandes causas de esos cambios son (...): la educación y el contacto más intenso con Europa.

Recepción e interpretaciones historiográficas

La caracterización del ciclo como “crisis” ha sido discutida: para algunos autores, la unidad del fenómeno se expresa en el tono diagnóstico-regeneracionista y en la crítica a la autocomplacencia del Centenario; para otros, el rasgo central es la pluralidad de tradiciones (liberales críticos, nacionalistas, socialistas, higienistas) que confluyen en el debate público.[2][7] Entre estudios de referencia se cuentan: Mario Góngora: sistematizó el lugar del ciclo ensayístico en la historia de la noción de Estado en Chile.[1] Cristián Gazmuri: compiló y estudió el fenómeno destacando su heterogeneidad social e ideológica.[2] Bernardo Subercaseaux: abordó el vínculo entre nacionalismo y cultura en el cambio de siglo.[7]

Gonzalo Vial en 2008

Gonzalo Vial: historiador asociado a tradiciones conservadoras y nacionalistas; la bibliografía secundaria lo cita en relación con el uso de la expresión “ensayistas del Centenario” y con interpretaciones amplias del periodo 1891–1973.[8]

Relecturas contemporáneas

Renato Cristi y Carlos Ruiz (El pensamiento conservador en Chile)

La tradición intelectual asociada al conservadurismo chileno ha incorporado (con matices) a autores del ciclo del Centenario, especialmente a Encina y Edwards. Una obra citada en este campo es El pensamiento conservador en Chile. Seis ensayos, de Renato Cristi y Carlos Ruiz Schneider, publicada por Editorial Universitaria, que examina la contribución de Edwards, Encina, Eyzaguirre, Lira y Góngora al discurso de la derecha chilena.[9]

Ensayos de Javier Pinedo

En historia intelectual y ensayística, se citan trabajos de Javier Pinedo sobre identidad, intelectuales y debates del Centenario, incluyendo un “mapa intelectual” del periodo 1900–1925.[10][11]

Hugo Herrera y el paralelo Centenario/Bicentenario

En la discusión contemporánea sobre la tradición intelectual chilena, el filósofo y jurista Hugo Herrera ha propuesto una comparación entre la denominada “Crisis del Centenario” y lo que denomina “Crisis del Bicentenario”. En esta interpretación, ambas coyunturas corresponderían a momentos de tensión entre élites, pueblo e institucionalidad, en que la conmemoración nacional coincide con diagnósticos críticos sobre legitimidad, representación y cuestión social.[12][13] La tesis se desarrolla principalmente en La derecha en la crisis del Bicentenario (Ediciones UDP), donde Herrera recurre a autores asociados al ciclo ensayístico del Centenario —entre ellos Francisco Antonio Encina, Alberto Edwards y Mario Góngora— para interpretar procesos políticos abiertos en torno al Bicentenario de 2010 y las tensiones institucionales posteriores. La propuesta ha sido discutida en literatura secundaria [14][15][16] En estudios recientes sobre intelectuales de derecha y tradición nacionalista también se ha citado el uso que hace Herrera de diagnósticos históricos para interpretar crisis políticas contemporáneas.[17] [18] En la prensa chilena, Hugo Herrera ha desarrollado el paralelo entre la denominada “Crisis del Bicentenario” y la “Crisis del Centenario” en diversas columnas y ensayos, donde interpreta la coyuntura política contemporánea como un problema de legitimidad y representación comparable —en ciertos rasgos— al ciclo crítico de comienzos del siglo XX.[19][20] La publicación y recepción de La derecha en la crisis del Bicentenario generó asimismo comentarios y análisis en medios de comunicación.[21][22]

Gonzalo Vial

El historiador Gonzalo Vial también ha sido vinculado a esta tradición interpretativa. En su Historia de Chile (1891–1973) y en diversos ensayos sobre pensamiento político chileno, Vial abordó el periodo parlamentario, la cuestión social y la formación de corrientes nacionalistas, estableciendo continuidades entre el diagnóstico crítico del Centenario y procesos políticos posteriores del siglo XX.[23][24] La bibliografía secundaria ha señalado la cercanía de Vial con ciertas líneas nacionalistas y conservadoras surgidas o consolidadas a partir del ciclo ensayístico del Centenario.

Trabajos de Cristián Gazmuri

Además de su papel como editor de El Chile del Centenario, los ensayistas de la crisis (2001), Gazmuri ha sido citado en literatura académica posterior como referencia para conceptualizar el ciclo y sus textos, incluyendo reseñas y discusiones historiográficas en revistas especializadas.[25]

Comparación con la Crisis del Bicentenario

Diversos análisis han propuesto leer la Crisis del Centenario como antecedente de crisis cíclicas de legitimidad y representación, contrastándola con debates del Bicentenario (2010) y con el ciclo de movilización social posterior (por ejemplo, las protestas de 2011 y el Estallido social en Chile de 2019). En esta línea se discute el paralelismo entre ambos “centenarios” (1910 y 2010) como momentos en que la conmemoración convive con diagnósticos críticos sobre desigualdad, élites políticas y relato nacional.[26][12]

Véase también

Referencias

Bibliografía

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