Curación de un niño poseído por un demonio

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Exorcizando a un niño poseído por un demonio de Las muy ricas horas del Duque de Berry, siglo XV.

La curación de un niño poseído por un demonio, o de un niño con un espíritu mudo,[1] es uno de los milagros atribuidos a Jesús relatados en los evangelios sinópticos, consistente en la curación de un niño poseído por un demonio a través del exorcismo. El relato aparece primero en el Evangelio de Marcos y se repite, ligeramente modificado, en el Evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos evangélicos, esta curación tiene lugar después de la Transfiguración.

Al llegar donde la multitud, se acercó a él un hombre, se puso de rodillas y le suplicó: —Señor, ten compasión de mi hijo, porque está lunático y sufre mucho; muchas veces se cae al fuego y otras al agua. Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido curar. Jesús contestó: —¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo aquí. Le increpó Jesús y salió de él el demonio, y quedó curado el muchacho desde aquel momento. Luego los discípulos se acercaron a solas a Jesús y le dijeron: —¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? —Por vuestra poca fe —les dijo—. Porque os aseguro que si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este monte: «Trasládate de aquí allá», y se trasladaría, y nada os sería imposible. [2]
Al llegar junto a los discípulos vieron una gran muchedumbre que les rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos. Nada más verle, todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle. Y él les preguntó: —¿Qué estabais discutiendo entre vosotros? A lo que respondió uno de la muchedumbre: —Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo; y en cualquier sitio que se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espumarajos y rechinar los dientes y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido. Él les contestó: —¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, hizo retorcerse al niño, que cayendo a tierra se revolcaba echando espumarajos. Entonces preguntó al padre: —¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Le contestó: —Desde muy pequeño; y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua, para acabar con él. Pero si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos. Y Jesús le dijo: —¡Si puedes…! ¡Todo es posible para el que cree! Enseguida el padre del niño exclamó: —¡Creo, Señor; ayuda mi incredulidad!. Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu impuro diciéndole: —¡Espíritu mudo y sordo: yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él! Y gritando y agitándole violentamente salió. Y quedó como muerto, de manera que muchos decían: —Ha muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie. Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas: —¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? —Esta raza —les dijo— no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración.[3]
Sucedió al día siguiente que, al bajar ellos del monte, le salió al encuentro una gran muchedumbre. Y en medio de ella un hombre clamó diciendo: —Maestro, te ruego que veas a mi hijo, porque es el único que tengo: un espíritu se apodera de él, y enseguida grita, le hace retorcerse entre espumarajos y a duras penas se aparta de él, dejándolo maltrecho. Y les he rogado a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido. Jesús contestó: —¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros y soportaros? Trae aquí a tu hijo. Y al acercarse, el demonio lo revolcó por el suelo y le hizo retorcerse. Entonces Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño, devolviéndolo a su padre. Todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios.[4].

Interpretación de la Iglesia católica

Véase también

Referencias

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