Aída de la Fuente era militante en las Juventudes Comunistas y una de sus principales misiones era recabar dinero para enviarlo a los presos de las huelgas de obreros que sacudían Asturias a comienzos de los años 30. Cuando estalló la Revolución de Octubre de 1934 participó en ella activamente, función en la que trabajaba el 13 de octubre, cuando el ejército ya había entrado en Oviedo. Sabía que la Estación del Norte iba a ser tomada por las fuerzas del Tercio y decidió subir ella misma a defender la posición, una idea que le costó la vida en el parque San Pedro de los Arcos con tan solo 16 años.[2]
«Mis películas documentales nacieron, y en De la Fuente creo que se transmite, de un encuentro personal con quien está delante la cámara. Es siempre es la base. Yo no hago una entrevista para que el espectador la vea: registro y lo que quiero transmitir es lo que el protagonista cuenta, en ese segundo momento yo ya no pinto nada. Yo soy el canal simplemente. (...) Hay tres elementos en juego: el protagonista que escojo, yo que soy el que provoca la cita y un aparato, que no tiene capacidad de decisión. Entonces lo que hago es registrar el encuentro con la frialdad de ese aparato, como decía Bresson. Yo provoco eso y sin mí es no existiría, pero una vez puesto en marcha el dispositivo, yo debo desaparecer.»[3]