Dracaena (mitología)
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En la mitología griega una dracaena, drácena o dragona (en griego: δράκαινα, en latín: dracōna) es la «hembra del dragón».[1][2] La primera vez que se usa δράκαινα (drákaina) es en los himnos homéricos pero fueron los lexicógrafos bizantinos quienes definieron el concepto.[1][2] Equidna, la «víbora» es, sin dudas, la dracaena por antonomasia.[3] Licofrón usa δράκων (drákōn) como sinónimo de dragón, hidra, reptil, sierpe y víbora.[4]
Dragona de Delfos
En el himno homérico a Apolo se dice que Hera llevó al propio Tifón en compañía de una dragona, y que de ellos nació al menos la Quimera. A la dragona la mató Apolo arrojándole saetas.[5] En las versiones posteriores del mito a la dragona se la llama Delfine[6] o bien se trata del dragón Pitón.[7]
«Cerca se hallaba la fuente de hermosa corriente, donde el soberano hijo de Zeus [Apolo] mató con su poderoso arco a la dragona, ahíta, grande, un monstruo salvaje, que causaba muchos daños a los hombres sobre la tierra, muchos a ellos mismos y muchos a sus ovejas de ahusadas patas, pues era un azote cruento».[5]
Dragona de Cilicia
La Biblioteca mitológica, en su relato sobre la Tifonomaquia, dice que Tifón dejó los tendones de Zeus ocultos en la piel de un oso y puso como guardián a la dragona Delfine, medio animal, medio mujer. Pero Hermes y Egipán, sin ser vistos robaron los tendones y se los aplicaron a Zeus. La obra refiere que Delfine moraba en la cueva Coricia de Cilicia.[8]
Léxicos bizantinos
«Drakōn (Δράκων): una serpiente grande. Del verbo dérkesthai (δέρκεσθαι, ‘mirar fijamente’), pues se llama así por su mirada penetrante. La hembra es drákaina».[1][2]
Menciones ulteriores
En la mitología griega podemos encontrar otras criaturas femeninas y serpentinas con comparten rasgos conceptuales con las dracaenas, aunque no se las denomina así. Están asociadas implícitamente con Equidna. Así tenemos a Síbaris o Lamia, para Antonino Liberal, que acechaba en Fócide.[9] También Campe es una ninfa del Tártaro de cuerpo serpentino.[10] Heródoto dice que en Escitia habitaba una criatura «mitad doncella y mitad serpiente (ἄνω γυναικός, κάτω ὄφεος)», que le dio a Heracles a Escites, epónimo de los escitas.[11]
En los Hechos de Felipe (texto apócrifo cristiano griego del s. IV d.C) aparece una «víbora». Llamada dragona (drakaina) y «madre de las serpientes», esta Equidna gobernaba sobre muchos otros dragones y serpientes monstruosos, y vivía en un templo cerrado en Hierápolis, donde era adorada por los habitantes de esa tierra. Ella, junto con su templo y sus sacerdotes, fue tragada por un agujero en el suelo que se abrió debajo de ella, como resultado de la maldición de Felipe.[12]
Referencias
- 1 2 3 Etymologicum Magnum, voz «δράκαινα»
- 1 2 3 Suda, voz «δράκαινα»
- ↑ El papel de Equidna como madre de monstruos y su naturaleza mitad mujer, mitad serpiente la convierten en el modelo arquetípico de la dragona femenina: todos los demás “drakainai” derivan de su concepto. Mientras otros monstruos femeninos aparecen (Campe, Delfine), Equidna es la matriz, el referente canonizado de la categoría de “dragona” en Grecia. Incluso en interpretaciones comparativas modernas, se le atribuyen todos los rasgos esenciales de la drakaina clásica: monstruosidad, serpentinidad, carácter femenino y rol como progenitora de criaturas terribles.
- ↑ Licofrón: Alejandra, 111, 203, 216, 309, 327, 340, 347, 451, 499, 632, 674, 683, 801, 882, 912, 918, 1042, 1114, 1121, 1206, 1223, 1311 y 1313.
- 1 2 Himno homérico III a Apolo 300–306 y 349–369
- ↑ Nono de Panópolis: Dionisíacas, XIII, 27
- ↑ Apolodoro: Biblioteca mitológica I 4, 1
- ↑ Biblioteca mitológica I 6, 3
- ↑ Antonino Liberal: Metamorfosis VIII
- ↑ Nono de Panópolis: Dionisíacas XVIII, 257
- ↑ Heródoto: Historias IV 9-10
- ↑ Hechos de Felipe, 8.17 (V); Martirio 26–27 (V); Bovon, p. 79; Ogden 2013b, p. 208. Daniel Ogden propone que la drakaina y víbora es al menos un recuerdo del mito de Equidna (Drakon: Dragon Myth and Serpent Cult in the Greek and Roman Worlds, Oxford University Press, 2013). El título «madre de las serpientes» probablemente influyó en la concepción de Equidna como madre de los monstruos.
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