En la mitología griega podemos encontrar otras criaturas femeninas y serpentinas con comparten rasgos conceptuales con las dracaenas, aunque no se las denomina así. Están asociadas implícitamente con Equidna. Así tenemos a Síbaris o Lamia, para Antonino Liberal, que acechaba en Fócide.[9] También Campe es una ninfa del Tártaro de cuerpo serpentino.[10] Heródoto dice que en Escitia habitaba una criatura «mitad doncella y mitad serpiente (ἄνω γυναικός, κάτω ὄφεος)», que le dio a Heracles a Escites, epónimo de los escitas.[11]
En los Hechos de Felipe (texto apócrifo cristiano griego del s. IV d.C) aparece una «víbora». Llamada dragona (drakaina) y «madre de las serpientes», esta Equidna gobernaba sobre muchos otros dragones y serpientes monstruosos, y vivía en un templo cerrado en Hierápolis, donde era adorada por los habitantes de esa tierra. Ella, junto con su templo y sus sacerdotes, fue tragada por un agujero en el suelo que se abrió debajo de ella, como resultado de la maldición de Felipe.[12]