Eclipse solar del 18 de julio de 1860
eclipse total de sol visible en Norteamérica, el Atlántico norte, Europa y África
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El eclipse solar del 18 de julio de 1860 fue un eclipse de Sol total en el que, por primera vez, diversos grupos astronómicos coordinaron sus observaciones y se demostró el origen solar (y no lunar) de las protuberancias solares observadas en los eclipses.
| Eclipse solar del 18 de julio de 1860 | ||
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| Localización | ||
| Coordenadas | 52°30′N 20°18′O | |
| Datos generales | ||
| Tipo | eclipse solar y eclipse solar total | |
| Histórico | ||
| Fecha | 18 de julio de 1860 | |
| Duración | 219 segundos | |
Recorrido y visibilidad

La franja de la totalidad recorrió partes de lo que en la actualidad son el sur de Canadá, el norte de los Estados Unidos, el nordeste de España y Argelia, así como Túnez, Libia, Egipto, Sudán y Eritrea. El eclipse se pudo ver asimismo como parcial en una franja mayor de América del Norte, Europa y el norte y oeste de África.[2]
Observaciones científicas en España
Este eclipse fue observado en España por muchos científicos de distintos países, al tratarse del único país europeo en el que se manifestaba el eclipse en su fase de totalidad con un tiempo de observación interesante. Así, se desplazaron numerosas delegaciones extranjeras a España.[2]
Se convirtió en una cuestión de estado y se creó una comisión gubernamental para coordinar los trabajos e invitar a la colaboración internacional, así como una guía de observación,[3] que incluía una relación de precauciones a seguir, elaborada por el Real Observatorio de Madrid.[2]
Expedición HImalaya

George Biddell Airy organizó y dirigió la expedición científica a España, denominada "Expedición Himalaya". Airy siguió el eclipse desde Hereña.[4] Warren de la Rue situó su observatorio de campaña en el concejo de Quintanilla de la Ribera,[5] desde donde se obtuvieron fotografías del eclipse con un fotoheliógrafo de Kew y la técnica del colodión húmedo, que permitía tiempos de exposición más cortos.[6][7]
Otras expediciones
La expedición británica "Himalaya" no fue la única pues para observar el eclipse. Vinieron a España más de treinta expediciones científicas procedentes de once países.[8]

Angelo Secchi, director del observatorio del Collegio Romano, también realizó fotografías del eclipse. Secchi realizó su trabajo desde el Convento Carmelita del Desierto de las Palmas en el parque natural del Desierto de las Palmas (Castellón).[2][9][10]
También se desplazaron a España astrónomos rusos en la primera expedición al extranjero financiada y organizada por la Academia de Ciencias de Rusia, divididos en tres grupos diferentes. El primero estuvo encabezado por Otto Wilhelm von Struve, director del Observatorio de Púlkovo. El segundo grupo fue dirigido por el profesor Alexei Sawitsch de San Petersburgo. En cuanto al tercero, estuvo encabezada por Johann Heinrich von Mädler, director del Observatorio de Dorpat (Tartu), en Estonia.[11][12]
Las delegaciones francesa y española eligieron el Moncayo como punto de observación.[13] En la expedición francesa estaban figuras como Jean Chacornac, Yvon Villarceau (primer astrónomo del Observatorio de París), Léon Foucault y el director del Observatorio de París Urbain Le Verrier.[14]

Otros lugares de observación
James Melville Gilliss observó el eclipse total de sol en el territorio de Washington.[15]
Resultados científicos
El eclipse de 1860 fue la primera ocasión en que diversos grupos de astrónomos coordinaron sus observaciones. Las primeras fotografías de la historia de la corona solar y de las protuberancias solares –principales temas de investigación para quienes observaron el eclipse– se tomaron en España. Por primera vez en la historia, De la Rue y Secchi realizaron distintas fotografías del eclipse desde lugares que distaban más de 250 kilómetros entre ellos, lo que, por su diferente paralaje junto a observaciones astronómicas directas, contribuyeron a demostrar definitivamente el origen solar (y no lunar) de las protuberancias observadas en esos eclipses.[4][16][17][18][19]
Otros testimonios
A lo largo del camino de la totalidad, algunos ciudadanos ilustrados observaron también el eclipse recogiendo sus impresiones y observaciones siguiendo las indicaciones del Real Observatorio de Madrid. Resulta especialmente curiosa el testimonio de José González Alegre, hijo del exdiputado progresista de igual nombre, recogido en el periódico 'La Discusión' el 2 de agosto de ese mismo año.[20] Se trata de una carta en la que recoge la crónica de un día de observación en el monte ovetense del Naranco. En su crónica de la jornada, José González Alegre deslizó rotundas loas cientifistas en las que ponderaba los triunfos de la razón: «Todo lo que los sabios astrónomos anunciaron se estaba realizando, hasta en sus menores detalles. El eclipse total es una verdad innegable, positiva». Y fustigó a sus detractores por entorpecer el progreso del conocimiento y alimentar la superstición.[21]