Ejército perdido de Cambises
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El ejército perdido de Cambises fue, de acuerdo con una leyenda del antiguo Oriente Próximo, un enorme ejército de 50 000 soldados persas que desapareció en el desierto occidental de Egipto en el año 525 a. C. Según la leyenda, habían sido enviados por Cambises II a subyugar el Oráculo de Amón en el oasis de Siwa, pero nunca más se volvió a tener noticia de ellos tras quedar envueltos en una tormenta de arena. Alrededor de este tiempo, Cambises, quien había sucedido a Ciro el Grande como Sahansah («Rey de reyes») del Imperio aqueménida, se encontraba liderando la primera conquista aqueménida de Egipto.
Cambises II, rey aqueménida de Persia (r. 529-522 a. C.), conquistó Egipto en el año 525 a. C, desde donde planeó expediciones contra Etiopía y Cartago.[1] Según el historiador griego Heródoto, Cambises II envió un ejército de 50 000 soldados a amenazar el Oráculo de Amón situado en el Oasis de Siwa alrededor del año 525 a. C.[2] El destacamento había recorrido la mitad del desierto occidental egipcio cuando se encontraron con una catastrófica tormenta de arena que los sepultó.[3]
De las tropas que fueron destacadas contra los amonios, lo que de cierto se sabe es que partieron de Tebas y fueron conducidas por sus guías hasta la ciudad de Oasis, colonia habitada, según se dice, por los samios de la fila Escrionia, distante de Tebas siete jornadas, siempre por arenales, y situada en una región a la cual llaman los griegos en su idioma Isla de los Bienaventurados.Hasta este paraje es fama general que llegó aquel cuerpo de ejército; pero lo que después le sucedió, ninguno lo sabe, excepto los amonios o los que de ellos lo oyeron: lo cierto es que dicha tropa ni llegó a los amonios, ni dio atrás la vuelta desde Oasis.
Cuentan los amonios que, salidos de allí los soldados, fueron avanzando hacia su país por los arenales: llegando ya a la mitad del camino que hay entre su ciudad y la referida Oasis, prepararon allí su comida, la cual tomada, se levantó luego un viento Noto tan vehemente e impetuoso, que levantando la arena y remolinándola en varios montones, los sepultó vivos a todos aquella tempestad, con que el ejército desapareció: así es al menos como nos lo refieren los amonios.
Aunque muchos egiptólogos consideran que se trata de una historia apócrifa, y que Heródoto exageró o inventó detalles para hacer ver a Cambises como un déspota,[1][5] durante años se han buscado los restos de tales legendarios soldados persas, incluyendo al explorador húngaro László Almásy, en quien se basa la novela de 1992 El paciente inglés. En enero de 1933, el oficial militar británico Orde Wingate buscó infructuosamente los restos del Ejército Perdido en lo que para la época entonces se conocía como el desierto Líbico.[6]
Investigaciones en la década de 1980
Entre septiembre de 1983 y febrero de 1984, el periodista y escritor estadounidense Gary S. Chafetz dirigió una expedición patrocinada por la Universidad de Harvard, la National Geographic Society, el Servicio Geológico y Minero de Egipto y el Instituto de Investigación Ligabue, para buscar al Ejército Perdido. El proyecto, de seis meses de duración, se llevó a cabo a lo largo de la frontera entre Egipto y Libia, en una región remota de 100 km² de dunas complejas al suroeste del deshabitado oasis de Bahariya, aproximadamente a 161 km al sureste del oasis de Siwa. La expedición, que costó un cuarto de millón de dólares, contaba con 20 geólogos y trabajadores egipcios, un fotógrafo de la National Geographic, dos documentalistas de Harvard Film Studies, tres camellos, un ultraligero y un georradar. Si bien se descubrieron aproximadamente 500 túmulos, no se encontró ningún artefacto. Varios túmulos contenían fragmentos óseos. Con el uso de datación por termoluminiscencia los fragmentos fueron fechados posteriormente como del año 1500 a. C., aproximadamente 1 000 años antes del tiempo del Ejército Perdido. Se descubrió también una esfinge alada reclinada tallada en caliza oolítica en una caverna del deshabitado oasis de Sitra (situado entre los oasis de Bahariya y Siwa), que parecía de procedencia persa. A su regreso a El Cairo en febrero de 1984, Chafetz fue arrestado por «introducir de contrabando un avión en Egipto», a pesar de contar con el permiso escrito del Servicio Geológico y Minero de Egipto para entrar el ultraligero al país. Tras ser interrogado durante 24 horas, los cargos le fueron retirados tras prometer «donar» el ultraligero al gobierno egipcio. El avión se exhibe actualmente en el Museo Egipcio de la Guerra en El Cairo con una leyenda en la que se afirma que era de un espía israelí.[7][8]

Investigaciones después del año 2000
En el verano del 2000, un equipo geológico de la Universidad de Helwan en Egipto, que buscaba petróleo en el desierto occidental, encontró fragmentos textiles bien conservados, trozos de metal que parecían armas y restos humanos que se pensó podían ser vestigios del Ejército Perdido. El Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto anunció entonces que organizaría una expedición para investigar el yacimiento, sin divulgar más información.[9]
En noviembre de 2009, dos arqueólogos italianos, Angelo y Alfredo Castiglioni, anunciaron haber descubierto restos humanos, armas, un brazalete de plata y pendientes de los tiempos del ejército persa. Los artefactos fueron hallados cerca del oasis de Siwa.[2][10] De acuerdo con estos dos arqueólogos, esta es la primera evidencia arqueológica de la historia narrada por Heródoto. Mientras trabajaban en la zona, los investigadores encontraron una vasija semienterrada, algunos restos humanos y lo que podría haber sido un refugio natural.[11] Sin embargo, estos «dos arqueólogos italianos» presentaron sus descubrimientos en un documental en lugar de una revista científica, y sus resultados han sido puesto en duda en tanto los hermanos fueron también los productores de cinco controvertidos documentales «mondo» africanos (incluyendo Addio ultimo uomo, Africa ama y Africa dolce e selvaggia) en la década de 1970.[12] El Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Zahi Hawass, afirmó en un comunicado de prensa que los reportes de los medios respecto al descubrimiento «son infundados y engañosos» y que «los hermanos Castiglioni no han recibido permiso del CSA para excavar en Egipto, de manera que no hay que creer nada de lo que afirmen encontrar».[13]
En 2015, el arqueólogo Olaf E. Kaper de la Universidad de Leiden en los Países Bajos, afirmó como resultado de sus excavaciones en el oasis de Dakhla que el Ejército Perdido no fue de hecho destruido por una tormenta de arena, sino emboscado y derrotado a manos de un líder rebelde egipcio y autoproclamado faraón, Petubastis III, que se rebeló contra el gobierno persa de Egipto. De acuerdo con Kaper, Heródoto pudo haber confundido el oasis de Siwa con el de Dakhla, que se encuentra a 10 días de distancia de Tebas (ajustándose a la descripción de Heródoto) y que tenía un centro de culto de Amun-Re (Amón Ra) en Karnak.[14] Petubastis fue a la postre derrotado por Darío el Grande, sucesor de Cambises, quien al parecer inventó la historia de la tormenta de arena para borrar a Petubastis y su rebelión de la memoria egipcia.[15][16][17]
Sin embargo, la teoría de Kaper no ha sido completamente aceptada, y se han señalado fallas e inconsistencias en su argumento. Por ejemplo, algunos han cuestionado la fiabilidad e interpretación de las inscripciones que utilizó como evidencia, señalando que no mencionan a Cambises ni a su ejército por su nombre, y que podrían referirse a un evento o lugar diferente. Otros han cuestionado la cronología y la logística del escenario de Kaper, argumentando que es improbable que Cambises hubiera enviado un ejército tan grande tan lejos de su base principal en Menfis, o que Petubastis hubiera sido capaz de reunir un ejército tan grande y efectivo en tan poco tiempo. El asunto se mantiene por tanto sin decidir.