Wikiwand AI

Epístola de Policarpo a los Filipenses

escrito epistolar cristiano de los Padres Apostólicos, del s. II From Wikipedia, the free encyclopedia

La epístola de Policarpo a los Filipenses, también conocida como Pol. Phil.,[1] es un escrito epistolar del siglo II, considerado como parte del corpus de los así llamados Padres apostólicos. Se trata de una respuesta que Policarpo de Esmirna habría enviado a la comunidad de Filipos que le pedía una copia de las cartas de Ignacio de Antioquía.[2][3]

Ilustración de San Policarpo de Esmirna.

Se cree que es una recopilación de material escrito en dos momentos diferentes, en la primera mitad del siglo II.[1][4][5] La epístola es descrita por Ireneo de la siguiente manera:[6]

También hay una contundente epístola escrita por Policarpo a los filipenses, de la que aquellos que lo deseen y estén preocupados por su salvación pueden aprender el carácter de su fe y la predicación de la verdad.

La epístola es una de las muchas que se cree que fueron escritas por Policarpo, pero es el único documento que se conserva.[7]

Partiendo de contenidos ya explicitados en la carta de Clemente,[8] da algunos consejos de vida moral acompañados por elementos doctrinales. Se subraya en ella la obediencia que se ha de tener hacia los presbíteros.

Tradición manuscrita

Mosaico de Policarpo en Rávena.

La epístola fue compuesta en griego, pero el texto griego no se ha conservado en su totalidad. Se conocen ocho manuscritos griegos, pero en todos ellos el texto es defectuoso e incompleto. El testimonio griego más antiguo es[9] de los siglos XI-XIII, pero la mayoría son de los siglos XV-XVI.[1]

Existe una traducción completa al latín de la epístola.[10] Se conserva en 13 o 14 manuscritos, el más antiguo de los cuales data quizás del siglo IX. La calidad del texto latino es controvertida, pero se basa en un texto griego más antiguo que el stemma griego existente.[1]

Se conservan algunos extractos de la epístola en siríaco.[11] Entre ellos se incluyen partes de los capítulos 5, 7 y 12. [1]

Existe una traducción al armenio basada en el Vaticanus Graecus 859.[1]

Autoría y unidad

Los estudiosos coinciden en general en que Pol. Phil. es una epístola auténtica de Policarpo.[1]: 27ff  Sin embargo, una posible objeción a la autenticidad de la epístola es la aparente inconsistencia cronológica entre los capítulos 9 y 13.[1]: 28  En el capítulo 9,

Os exhorto, por tanto, a todos vosotros a que obedezcáis la palabra de la justicia y ejerzáis toda la paciencia, tal como se vea [establecida] ante vuestros ojos, no solo en el caso de los bienaventurados Ignacio, Zósimo y Rufo... ellos están [ahora] en el lugar que les corresponde ante la presencia del Señor, con quien también sufrieron. Porque no amaron este mundo presente, sino a Aquel que murió por nosotros y, por nosotros, fue resucitado de entre los muertos por Dios. (énfasis añadido)

Pero en el capítulo 13, Policarpo se refiere a una carta que le envió recientemente Ignacio (véase la Epístola de Ignacio a Policarpo), y parece desconocer el destino final de Ignacio:

Tanto tú como Ignacio me escribisteis que si alguien iba a Siria, debía llevar vuestra carta consigo... Si tienes más información segura sobre el propio Ignacio y los que están con él, ten la amabilidad de hacérnosla saber.
Pol. Phil. Capítulo 13

Se han realizado diversos esfuerzos para explicar esta aparente discrepancia. La propuesta más ampliamente aceptada[12] fue presentada por Pearcy Neale Harrison en 1936, quien argumentó que la Epístola es en realidad una fusión de dos cartas auténticas de Policarpo.[13]

La primera carta, escrita justo antes de la muerte de Ignacio, estaría compuesta por el capítulo 13 y posiblemente también por el capítulo 14. Habría servido como una breve «carta de presentación» para las epístolas de Ignacio, a las que se refiere explícitamente:

Las epístolas de Ignacio que él nos escribió, y todas las demás [de sus epístolas] que tenemos, te las hemos enviado, tal y como nos pediste. Se adjuntan a esta epístola, y de ellas podréis sacar gran provecho, pues tratan de la fe y la paciencia, y de todas las cosas que tienden a la edificación en nuestro Señor.[14] [1][5] Capítulo 13

La segunda carta, escrita muchos años después, constituiría la mayor parte de la epístola (capítulos 1-12). Harrison denominó a esta carta la «Carta de la crisis»,[1]: 33  porque parece haber sido escrita en respuesta a una crisis en la iglesia de Filipos, en la que su presbítero Valens fue destituido de su cargo por «codicia» (capítulo 11).

Estas dos cartas habrían sido recopiladas juntas, ya sea accidentalmente o intencionadamente, por un editor posterior. [5] Esta opinión, o alguna variante de la misma, sigue gozando de un amplio apoyo entre los estudiosos,[12] aunque algunos siguen defendiendo la unidad de la epístola, mientras que otros sostienen que la Carta de presentación es una falsificación tardía y que solo la Carta de crisis es auténtica. [1][15]

Fecha

Las estimaciones de los estudiosos sobre la Carta de presentación (Pol. Phil. 13) dependen en gran medida de la datación de las epístolas de Ignacio, a las que se refieren explícitamente. Tradicionalmente, las epístolas ignacianas se datan alrededor del año 108 d. C., durante el reinado del emperador romano Trajano, basándose en los escritos del historiador eclesiástico del siglo IV Eusebio de Cesarea.[16] Sin embargo, algunos estudiosos modernos han cuestionado esta opinión, defendiendo una fecha en los años 130 o 140 d. C. [17][18] (véase Ignacio de Antioquía). En ese caso, la carta de presentación estaría fechada correspondientemente más tarde.

La Carta de la crisis (Pol. Phil. 1-12) se fecharía algún tiempo después de la muerte de Ignacio, pero no está claro cuánto tiempo después podría haber sido escrita. La muerte de Policarpo, que tuvo lugar alrededor de los años 155-167 d. C., establece un límite superior. P. N. Harrison, que aceptó la fecha tradicional de Trajano para las epístolas de Ignacio, dató la Carta de Crisis alrededor de 135-137 d. C. [5]: 243 

Si se acepta la opinión minoritaria de que Pol. Phil. es una carta unificada, entonces la epístola en su conjunto se remontaría aproximadamente a la misma época que las epístolas de Ignacio de Antioquía.[19]

Composición

Se ha discutido sobre la unidad del texto y las posiciones no son todavía concordes. De hecho, Ireneo de Lyon menciona que Policarpo habría escrito no una sino varias epístolas, sea a comunidades cristianas, sea también a sus obispos[20] y refiere específicamente esta a los filipenses.[21] Percival Harrison sostiene que se trata de dos cartas: una que habría sido escrita estando Ignacio de Antioquía con vida y comprende los capítulos del 13 y 14 de la epístola. Se trataría simplemente de una nota que acompañaba las cartas de Ignacio de Antioquía que los filipenses le habían pedido. El resto, o la otra carta, habría sido elaborada ante los problemas causados por el marcionismo hacia el año 135.[22] Dada la antigüedad de las fuentes, la unión de ambos textos se habría producido muy tempranamente.

Otro elemento que se ha evidenciado es que toda la carta está entretejida de citas de las cartas de Pablo, de la primera de Pedro y de la carta de Clemente de Roma a los corintios,[23] y que, sin embargo, no hay citas del Antiguo Testamento.

Texto

El texto griego conservado va desde el capítulo 1 al versículo 2 del capítulo 9. El resto del capítulo 9 se encuentra reportado en la Historia Ecclesiastica de Eusebio de Cesarea así como el 13. Toda la carta se conserva en un texto latino.

Se trata de un escrito sencillo, sin arreglos retóricos ni profundización teológica que incluso ha sido considerada como «lugar común».[24]

Contenidos

Policarpo habla de la forma de vida adecuada de las esposas, las viudas, los diáconos, los jóvenes, las vírgenes y los ancianos (4-6) y ofrece prescripciones sobre cómo debe organizarse y comportarse una comunidad cristiana.[19]

Tras el saludo epistolar, hace una exhortación –motivada en la resurrección venidera– a hacer la voluntad de Dios siguiendo los mandamientos. A continuación recuerda que el mismo Pablo de Tarso fue el maestro de esa comunidad y les enseñó lo mismo que ahora Policarpo les dice.

Los siguientes apartados incluyen consejos para diversos grupos: las mujeres (casadas y viudas), los diáconos, los jóvenes, las vírgenes y los presbíteros («ancianos»). Aunque subraya el papel de los presbíteros en la comunidad (lo que probaría que se trataba de un grupo organizado jerárquicamente), describe las características de los «ancianos» sin mencionar –curiosamente si se toman en cuenta las veces que lo hace Ignacio de Antioquía– al obispo.

Ante las herejías que ya pululaban, defiende la naturaleza humana de Jesucristo y presenta el ejemplo de los mártires que ofrecieron su vida. A esa contraluz ataca el mal ejemplo de un presbítero, llamado Valente que habría dejado el ministerio. Este recuerdo le permite volver a exhortar a la perfección a los demás presbíteros de la comunidad.

La exhortación final es al conocimiento de las Escrituras y a la mansedumbre. Siguen los saludos, encargos y despedidas propios de las cartas. También pide que se rece por las autoridades políticas.

Texto conciso

Esposas:

  • [Se les enseña] la fe que se les ha dado
  • Amor
  • Pureza
  • Sentir afecto por sus maridos «con toda sinceridad»
  • Amar a todos por igual «con toda moderación»
  • Enseñar a los hijos «el temor reverencial de Dios»[19]

Viudas:

  • Ser moderadas «en lo que respecta a la fe del Señor»
  • Interceder sin cesar por todos
  • Saber que son «un altar de Dios»
  • Quizás: inspeccionar a otros y/o ser inspeccionadas[19]

Diáconos:

  • Ser irreprochables como ministros de Dios y de Cristo, no de las personas
  • Libres del amor al dinero
  • Moderados «en todo»
  • Compasivos
  • Atentos
  • Proceder «según la verdad del Señor, que se convirtió en diácono/ministro de todos»[19]

Jóvenes:

  • Ser irreprochables «en todo»
  • Preocuparse por la pureza por encima de todo
  • Mantenerse bajo control «con respecto a todo mal»[19]

Vírgenes:

  • Caminar «con una conciencia irreprochable y pura»

Ancianos:

  • Ser compasivos
  • Ser misericordiosos con todos
  • Hacer volver a los que se han descarriado
  • Visitar a todos los débiles/enfermos
  • Pensar siempre en el bien «ante Dios y ante los hombres»
  • Saber que «todos estamos en deuda por el pecado»[19]

Comentarios

La mención más significativa de las viudas se encuentra en Pol. Phil. 4.3, donde se habla de ellas como «sabiendo que son un altar de Dios». Él la invoca sin aclarar su significado. Esto en sí mismo es notable porque parece dar por sentado que su audiencia comprenderá por qué emplea esta figura retórica en particular y sabrá en qué discursos se basa para hacerlo. Quizás se trate de una imagen con la que Policarpo asume que su público estará familiarizado. Esta es una de las numerosas referencias de este tipo que aparecen en ocho textos cristianos primitivos que datan, en general, de los siglos II al V d. C. Además de Pol. Phil., estos textos son: Tertuliano Ad uxorem, el Simposio de Metodio, la Didascalia apostolorum, las Constituciones Apostólicas, la carta de Pseudo-Ignacio A los tarsianos, el Discurso fúnebre sobre su padre de Gregorio de Nazianzo y el Testamentum Domini. [19]

Margaret Butterfield concluye lo siguiente:

El texto aquí permite la posibilidad de que las viudas se ocupen de la conducta de los miembros de la comunidad, tal vez con el fin de garantizar su dignidad para la intercesión. Y: «Solo las viudas son retratadas como el vínculo de conexión con Dios». Lo que quizá sea aún más llamativo es que, cuando damos un paso atrás y observamos todo este conjunto cambiante de identificaciones, el elenco de personajes sigue siendo el mismo: Dios, las viudas y la comunidad. Tal y como se describe en este breve pasaje, estos son los únicos participantes necesarios para entablar este tipo de contacto entre lo humano y lo divino. Aquí no se menciona a los ancianos, ni a los diáconos, ni a los sacerdotes. La comunidad en general, pero las viudas en particular, emergen de este pasaje como las principales oficiante del ritual». En cuanto al significado de la metáfora, se sugiere que tal vez inspeccionar a otros y/o ser inspeccionado era su otra función en la comunidad.[19]

La epístola advierte contra una serie de desórdenes en la iglesia y contra la apostasía, y anima a los cristianos a perseverar en las buenas obras. También sirvió como carta de presentación para una colección de escritos de Ignacio de Antioquía, cuyas obras fueron recopiladas por la iglesia de Filipos tras la visita de Ignacio a dicha ciudad. [7][25]

He aquí una cita de la epístola:

Por lo tanto, manteneos firmes en estas cosas y seguid el ejemplo del Señor, siendo firmes e inquebrantables en la fe, amando a la hermandad y estando unidos los unos a los otros, unidos en la verdad, mostrando la mansedumbre del Señor en vuestras relaciones mutuas y sin despreciar a nadie.
Pol. Fil.] Capítulo 10

Otra, utilizada por el papa León XIV en su exhortación apostólica sobre el amor a los pobres (2025), afirma que

Los presbíteros [deben] ser compasivos y misericordiosos con todos, trayendo de vuelta a los que se han alejado, visitando a todos los enfermos y sin descuidar a las viudas, los huérfanos o los pobres, sino «proporcionando siempre lo que es conveniente a los ojos de Dios y de los hombres». [26]

Una de las características más importantes de la epístola es su uso y cita de otros escritos cristianos primitivos, muchos de los cuales más tarde pasaron a formar parte del Nuevo Testamento. La epístola ha sido incluso descrita como «pastiche»,[1]: 61  debido a su abundante uso de alusiones y citas de otros escritos, que constituyen una gran parte del texto.

En el capítulo 7, Policarpo exhorta a los filipenses a rechazar diversas doctrinas heréticas, pero nunca menciona a ningún hereje en particular por su nombre. Por ejemplo, ataca el docetismo, la creencia de que Jesús no apareció en la Tierra en carne y hueso, citando la Primera epístola de Juan: «Porque todo aquel que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es anticristo».[27] También ataca a personas anónimas que afirman que «no hay resurrección ni juicio», llamándolas «los primogénitos de Satanás» (Pol. Fil. 7.1). Es importante destacar que el apologista cristiano Ireneo de Lyon afirmó en su libro Contra las herejías que Policarpo había llamado al pensador cristiano no ortodoxo Marción de Sínope «el primogénito de Satanás».[5]: 199  Esto llevó a P. N. Harrison a concluir que Policarpo se refería de hecho a Marción en esta epístola, aunque en una etapa temprana del desarrollo ideológico de Marción. Sin embargo, muchos otros estudiosos han considerado que el argumento de Harrison no es convincente.[1]: 35ff 

Doctrina y praxis

La epístola defiende las doctrinas de la encarnación y de la muerte redentora de Cristo en la Cruz. En cuanto a la jerarquía eclesiástica, Policarpo recomienda la obediencia a los presbíteros, o sea los ancianos, a quienes enfatiza particularmente la atención a los desvalidos, así como ejercitar la misericordia en los juicios y decisiones que tomen. También invita a los cristianos a rezar por las autoridades civiles y los enemigos del cristianismo: «Rogad también por los reyes y autoridades y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, a fin de que vuestro fruto sea manifestado en todas las cosas y seáis perfectos en Él» [28]

Notas

Bibliografía

Enlaces externos

Related Articles

Timelines

Top Qs

Fact Checks