Escuela Nacional de Bellas Artes (Brasil)

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La Escuela Nacional de Bellas Artes, precursora de la actual Escuela de Bellas Artes de la Universidad Federal de Río de Janeiro está ubicada en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil. En un inicio fue llamada "Escuela Real de Ciencias, Artes y Oficios" (1816-1822) y luego como "Academia Imperial de Bellas Artes" (1826-1889). El nombre "Escuela Nacional de Bellas Artes" fue adoptado efectivamente el 8 de noviembre de 1890 en un contexto de cambios y renovaciones en el país y se mantuvo hasta 1965.[1]

Cuando Juan VI llegó al Brasil junto con toda la corte portuguesa en 1808, el país fue elevado a la condición de reino dejando de ser una simple colonia y transformándose en la sede de la monarquía portuguesa. En ese contexto, el Brasil, en su papel de colonia de exploración estaba poco desarrollado y carecía de grandes atracciones culturales y académicas.

Frente a ese escenario, el rey Juan VI realizó en el país, y especialmente en Río de Janeiro, diversas obras en distintos campos de desarrollo, entre ellas la Biblioteca Nacional, el Jardín Botánico, los Correos, el Museo Real, el Banco de Brasil, entre otros. También fundó la academia militar, la imprenta real y la Escuela Real de Ciencias, Artes y Oficios.

Escuela Real de Ciencias, Artes y Oficios

La Escuela Real de Ciencias, Artes y Oficios fue inaugurada en 1816. Juan Vi quería crear un espacio para iniciar los estudios artísticos en Brasil. Fue entonces, en el contexto de la Misión Artística Francesa, liderada por Joachim Lebreton, que se creó la escuela. La Misión Artística Francesa trajo varios artistas franceses que buscaban, a través de sus obras, retratar el Brasil desde diferentes perspectivas. En el proyecto no sólo habían pintores sino también profesionales de diferentes ramos entre los que destacaron el arquitecto Grandjean de Montigny, los escultores Marc Ferrez, Auguste-Marie Taunay y Zéphirin Ferrez, además de los pintores Jean-Baptiste Debret y Nicolas Antoine Taunay.[1]

Academia Imperial de Bellas Artes

La escuela funcionó con ese nombre sólo diez años. En 1826 obtiene el nombre de Academia Imperial de Belas Artes, que pasó a profundizar no sólo en las artes plásticas sino también en el conocimiento humanístico y científico. Entre las lecciones, una práctica que era recurrente en los cursos fue la observación de otros cuadros y figuras. Buena parte del arte producido durante ese periodo era neoclásica y romantica.

Con todo ello, entre los años 1888 y 1890, los académicos del arte pasaron a discutir sobre la forma cómo debía funcionar la academia. Fue en ese periodo que ocurrió la reforma de 1890. De un lado, los "modernos" artistas como Henrique Bernardelli, Zeferino da Costa, Eliseu Visconti, Rodolfo Amoedo, França Júnior Rodolfo Bernardelli proponían una forma de producción artística moderna, inspirada en las enseñanzas de las escuelas artísticas europeas, sobre todo de la Académie Julian, de París. En contrapartida, otro grupo tenía propuestas diferentes sobre cómo la producción artísticas debía realizarse. El llamado “Proyecto Montenegro” fue escrito por Montenegro Cordeiro, Décio Villares y Aurélio de Figueiredo llamados como los positivistas. Estos creían que el arte debía ser accesible a todos ya que consideraban que era una forma cultural muy importante para las personas. Por eso, el grupo defendía la democratización de la enseñanza artística como la elevación del prestigio del arte.

De esa forma, los positivistas querían romper con la enseñanza exclusiva en las academias, extinguir esos centros académicos y, en su lugar, como una forma de herencia, construir un museo que se llamaría "Museo Nacional de Pintura y Escultura" donde las reproducciones realizadas de obras de su colección, darían origen a pequeños museos en diferentes partes del país. En 1890, el grupo de los modernos rompieron con la Academia y decidieron partir para otro lugar donde pudieran realizar sus proyectos. ASís e creó el "Ateliê Livre", inicialmente instalado en el Largo de São Francisco de Paula y luego en la rua do Ouvidor. Ahí iniciaron a dar clases gratuitas, lo que hizo que la Academia perdiese muchos alumnos.[2]

Todo el escenario de caos dentro de la Academia era reflejo de la política brasileña. El establecimiento era financiado por el emperador Pedro II. Con el fin del imperio brasileño, la Academia también cayó pero se levantó nuevamente en 1890 con el nombre de "Escuela Nacional de Bellas Artes" bajo el nuevo modelo político republicano.[3]

Primeros años de la Escuela Nacional de Bellas Artes

Entrada de la antigua sede de la Escuela Nacional de Belas Artes, con la estatua de João Caetano en el frente. Fotografía de Marc Ferrez de 1891.

Con la llegada de la república, la Escuela Nacional de Bellas Artes acompañó el escenario político brasileño y tuvo como principal característica la ruptura con lo antiguo. Ese cambio no fue realizado rápidamente ya que hubo bastante resistencia y dificultad en quebrar los antiguos hábitos y modelos académicos imperiales. Ya a inicios del siglo XX, la persistencia en mantener costumbres antiguas todavía era una cuestión muy fuerte en la Escuela. En ese inicio, hubo constantes intentos de cambiar el estatuto vigente de la escuela. Ese estatuto estaba regido por el consejo escolar, mientras que en esa época, muchos profesores salían y entraban en la institución lo que dificultaba una definición mas puntual en los cambios. Sin contar que, para realizar cualquier modificación, esra necesaria la conformidad del Ministerio de Instrucción Pública que tenía resistencia a aceptar las propuestas enviadas.[3]

Adolfo Morales de los Ríos, profesor de arquitectura en la escuela entre 1905 e 1920, publicó una crítica en la prensa sobre la permanencia de esas prácticas, principalmente resaltando la situación que la institución tenía con los arquitectos. Ya que las exposiciones de la escuela y los premios de viajes eran destinados prioritariamente a los pintores. Otra cuestión que también tuvo bastante relevancia en ese inicio fue la falta de infraestructura.

Sólo a mediados de los años 1930 es que se puede percibir una mayor apertura a la modernización. Así, a fines de 1930, el arquitecto Lúcio Costa asume la dirección de la Escuela y adquiere una posición bastante favorable al arte moderno como un todo. Entre las medidas que el arquitecto planeó, estaba la contratación de nuevos profesores que tuvieran una perspectiva alineada a los conceptos de modernidad. Lúcio también reestructuró el formato de las Exposiciones Generales de Bellas Artes. A partir de entonces, el director creó una comisión para organizar las exposiciones tomando el nombre, desde 1933, de "Salones Nacionales de Bellas Artes". Dentro de esta comisión estaban artistas ligados al movimiento modernista como Anita Malfatti, Cândido Portinari, Manuel Bandeira y Celso Antônio. Lúcio Costa también buscó cambiar la forma en que eran distribuidos los premios de viajes.[1]

Incluso con las nuevas ideas, el mandato de Lúcio Costa encontró bastante rechazo y por eso mismo fue tan corto, durante sólo un año. El arquitecto fue dimitido en septiembre de 1931, en el mismo mes que el Salón REvolucionario se abrió al público. Pero todo su trabajo modernista instigó a nuevos movimientos que buscaron romper con las tradiciones del antiguo modelo de enseñanza en las escuelas. Uno de esos movimientos fue el "Núcleo Bernardelli" que pretendía priorizar la profesionalización artística, las enseñanzas técnicas y mayor libertad de investigación. También mantuvieron el antiguo debate sobre el acceso de los artistas modernos tanto a los premios de viajes al exterior como a las Exposiciones Generales. Durante la década de 1930, la Escuela Nacional pasó por varias reformulaciones, entre ellas la creación del Museo Nacional de Bellas Artes en 1937. El museo funcionaba en el mismo edificio que la escuela y su colección fue construida sobre esa base. A partir de ese momento, hubo una separación en las enseñanzas de arquitectura y de bellas artes, que pasaron a ser impartidas en edificios diferentes. En 1971, la Escuela Nacional de Bellas Artes pasó a llamarse "Escuela de Bellas Artes de la Universidad Federal de Río de Janeiro" pasando a ser mantenida por esa institución.[1]

Estructura de la carrera en la Escola Nacional de Belas Artes

Con algunas renovaciones luego de las reivindicaciones, durante el periodo inicial de la primera república, la carrera de la Escuela Nacional de Bellas artes estaba estructurada en base de dos materias. Una era el curso general y el otro el curso especial o práctico. En el primero, como el propio nombre lo señala, los alumnos tenían contacto con materias de conocimientos más generales mientras que en la segunda, el alumno profundizaba en conocimientos específicos de pintura y dibujo.

Pero la pintura no era el único arte enseñado en la Escuela. Los alumnos también podían aprender escultura, arquitectura y gravado de medallas y piedras preciosas. Los alumnos podían ingresar en la Escuela Nacional a los 15 años y concluir toda su enseñanza en la institución hasta la enseñanza superior.[4]

Trabajos que se relacionaran a la naturaleza o los desnudos humanos eran estilos recurrentes en la institución y había un aspecto de ruptura con lo que se hacía tradicionalmente. Aún considerando el deseo de modernización de la Escuela, la institución decidió abrirse para una innovación más. El historiador del arte José Fléxa Pinto Ribeiro, director de la escuela entre 1948 y 1952 contrató a Sophia Jobim para enseñar indumentaria histórica. La profesora afirmaba que la indumentaria también era una forma de aprender ciencia y arte al mismo tiempo.[5]

Semejanzas con la École des Beaux-Arts de París

Cuando la Academia Imperial de Bellas Artes sucumbió ante los nuevos tiempos y dio origen a la Escola Nacional de Belas artes, ese movimento no surgió de la nada. Por el contrario, estuvo muy influenciado por las reformas que la École des Beaux-Arts de París pasó en 1863. Ambos procesos nacieron de un descontento común por parte de artistas e intelectuales de fines del siglo XIX sobre la forma cómo la enseñanza artística era administrada en las academias.[6]

Tanto en París como en Río de Janeiro, los artistas cuestionaron la libertad en el proceso de enseñanza en la originalidad de las producciones artísticas. Las protestas giraban en torno a un mayor deseo por la individualidad y autenticidad de las obras, ya que las academias eran ambientes con reglas preestablecidas muy rígidas y fijas, que no permitían mas flexibilidad y libertad en la producción de los alumnos.[7]

Directores

Referencias

Enlaces externos

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