La recepción del documento osciló entre valoraciones positivas pero cautelosas y duros rechazos por parte de quienes lo veían como un ejercicio de relaciones públicas engañoso y meramente estético.
Mohammed Ayoob, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal de Míchigan, y Danielle Nicole Lussier entendieron el nuevo estatuto como una señal de «pragmatismo», ya que deja abierta la posibilidad de una solución de dos Estados y expresa la voluntad Hamás de cooperar con la Autoridad Nacional Palestina.[5] Khaled Hroub, de la Universidad de Cambridge, escribió que con este documento Hamás quiere distanciarse de la reputación que tiene de organización terrorista y desea «presentarse como un socio político responsable cuyo liderazgo ha ganado elecciones libres y justas y es capaz de hablar el idioma de la política y de la resistencia a su manera».[2][5]
Beverley Milton-Edwards, politóloga de la Universidad de Belfast, dijo que el nuevo estatuto era un punto de partida importante para futuras negociaciones de paz, un punto de partida que otros protagonistas árabes en el conflicto, como Siria, Egipto y la OLP, también habían defendido como parte de una nueva fórmula para resolver el conflicto y construir la paz. Muhammad Abu Saada, profesor de la Universidad Al-Azhar de Gaza, dijo que «Hamas está tratando de trazar una delgada línea entre sus partidarios con una línea más dura y sus miembros más moderados (...). De alguna manera, los moderados pueden decir que aceptan un Estado palestino en las fronteras de 1967, mientras que los partidarios de la línea dura todavía pueden decir que no reconocen a Israel».[6]
Azzam Tamimi, un politólogo británico-palestino cercano a Hamás,[30] afirmó que el nuevo documento sustituiría «en la práctica» a la Carta Fundacional de 1988.[6] Mustafa Barghouti, presidente del partido político Iniciativa Nacional Palestina, interpretó que «la aceptación de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967 (...) significa aceptar una solución de dos Estados»[6] y describió el documento como «una muestra de madurez y una muestra de desarrollo político».[31] Michael Schulz, de la Universidad de Gotemburgo, comentó que la declaración sobre la solución de dos Estados como una «fórmula de consenso nacional» mostraba una disposición por parte de Hamás a aceptar dicha solución de manera permanentemente incluso aunque no se trate de su primera preferencia, siempre y cuando se pueda demostrar que esa es la voluntad expresa del pueblo palestino.[18] Según Schulz, esto requeriría un futuro referéndum legítimo que involucre a todos los palestinos que viven en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, así como a aquellos que viven en la diáspora.[18] Tristan Dunning, politólogo de la Universidad de Queensland, recordó que Hamás había estado abierto a algún tipo de solución permanente con Israel desde mediados de la década de 1990. Los cambios reflejados con respecto a la Carta Fundacional son, por lo tanto, «positivos y necesarios desde hace mucho tiempo pero, en muchos sentidos, (...) quizás demasiado escasos y demasiado tarde para que supongan un cambio significativo en la dinámica del conflicto palestino-israelí».[8] Mohammad Shtayyeh, primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina, acusó a Hamás de haber estado atrasado durante décadas en su pensamiento, y declaró a la CNN: «Hamás está debatiendo cosas que [la OLP] hizo hace 43 años».[31]
Jerome Slater, profesor emérito de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, señaló que, si bien el documento parece aceptar un Israel dentro de las fronteras de 1967, también pide el derecho de los palestinos a regresar a sus hogares originales, que ahora se encontrarían en Israel.[32] Eso supone una contradicción lógica, pero un gobierno israelí genuinamente interesado en un acuerdo político habría utilizado el nuevo estatuto y otras señales de moderación por parte de Hamás como una base para las futuras conversaciones, algo que no sucedió.[32]
Jonathan A. Greenblatt, director de la Liga Antidifamación, dijo que «los nuevos estatutos hacen poco para promover la paz pero hacen mucho para sostener el conflicto».[9] El periodista Tim Aßmann vio una elección de palabras más moderada este documento, pero ningún cambio significativo en cuanto a la posición de Hamás.[10] Matthew Levitt y Maxine Rich, investigadores del think tank proisraelí The Washington Institute for Near East Policy, interpretaron el documento como un intento de Hamás de presentarse bajo una luz más moderada para obtener un mayor apoyo internacional, dadas sus relaciones cada vez más tenues con Irán, el enfrentamiento del gobierno egipcio con los Hermanos Musulmanes y la sombría situación económica de la Franja de Gaza, exacerbada por una reciente crisis energética.[33][34] Joseph Spoerl, investigador del islam en el Saint Anselm College de Goffstown, New Hampshire, opinó que el antisemitismo todavía tiene un papel fundamental en la ideología de Hamás y que no se pueden tomar en serio sus nuevas doctrinas, expresadas en los nuevos estamentos, de que el conflicto es contra la ocupación sionista de Palestina en lugar de contra los judíos.[35]
Shaul Bartal, analista militar israelí y profesor de Asuntos Palestinos en la Universidad Bar-Ilan, afirmó que el Estado palestino creado mediante una solución de dos Estados sería entonces un Estado sin concesiones respecto del derecho de retorno de los palestinos y sin una solución permanente que también será vinculante para las generaciones futuras.[29] David Keyes, portavoz del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu de 2016 a 2018, describió el documento político como un intento de Hamás de "engañar al mundo".[6] El propio Netanyahu arrugó una copia del documento ante la cámara y la arrojó a una papelera.[2][11] "El nuevo documento de Hamás dice que Israel no tiene derecho a existir, dice que cada centímetro de nuestra tierra pertenece a los palestinos, dice que no hay solución aceptable más que expulsar a Israel... quieren usar su Estado para destruir nuestro Estado", dijo Netanyahu.[11]
El Centro de Información sobre Terrorismo e Inteligencia Meir Amit de Israel afirmó que los nuevos estatutos de Hamás no presentaban «ningún cambio en la ideología y en los principios básicos de Hamás, que se basan en un esfuerzo intransigente para destruir a Israel mediante la violencia y el terrorismo, incluso si esto se lleva a cabo por etapas (presentando una voluntad condicionada para establecer un Estado de Palestina dentro de las fronteras de 1967). Los ajustes, cambios y adiciones que aparecen en los nuevos estatutos pretenden dar apariencia de renovación y adaptación de Hamás a la realidad actual, pero sin ningún cambio significativo en los principios y en la percepción básica que constituyen el núcleo del Documento».[20]
Daniel Byman, de la Universidad de Georgetown, y Mackenzie Holtz, en un análisis para el Center for Strategic and International Studies, explicaron que las reacciones negativas a los nuevos estatutos podrían explicar en parte el ataque del 7 de octubre: Netanyahu despreció el documento, declaró su deseo de recortar la financiación de UNRWA y dio voz a ideólogos de extrema derecha como Bezalel Smotrich.[36] Por tanto, no había ningún incentivo para la moderación, lo que probablemente hacía más atractiva la idea de un ataque a gran escala.[36] Para apoyar esta opinión, Byman y Holtz citaron una declaración del funcionario de Hamás Basem Naim en una entrevista: «Sabíamos que iba a haber una reacción violenta. (...) Pero no elegimos este camino teniendo otras opciones. No tenemos opciones».[36] Yahya Sinwar, el líder político y militar de Hamás en Gaza, apoyó supuestamente los nuevos estatutos, pero luego adoptó una posición más extrema cuando estos no lograron llevar a un acuerdo político con Israel.[37]
Tareq Baconi, que ha estado escribiendo sobre Hamás durante los últimos 20 años, dijo en diciembre de 2023 que los estatutos de 2017 habían puesto en evidencia a Israel al aceptar las fronteras de 1967, y la falta de respuesta israelí demostró a los palestinos que Israel no estaba interesado en aceptar dichas fronteras.[28]
Según el investigador de fenómenos extremistas Armin Pfahl-Traughber, que destacó los puntos de continuidad de los nuevos estatutos con respecto a la Carta Fundacional, la «moderación formal» de este nuevo documento tenía «un objetivo claro»: un «engaño estratégico». En su opinión, el uso de la expresión «Desde el río hasta el mar» por sí misma implicaba «una correspondiente voluntad de destrucción caracterizada por la violencia» hacia el Estado de Israel, y consideró que el ataque del 7 de octubre de 2023 no era más que el último ejemplo de esto.[38] Mark A. Green, del Woodrow Wilson International Center for Scholars señaló que si bien Hamás ha declarado en sus nuevos estatutos que «rechaza la persecución de cualquier ser humano o el socavamiento de sus derechos por motivos nacionalistas, religiosos o sectarios», su ataque del 7 de octubre mató a unas 1.200 personas.[39] Por su parte, Anna Baltzer argumentó que los nuevos estatutos son prueba de que los ataques del 7 de octubre no estuvieron motivados por el antisemitismo sino por la oposición de Hamás a la ocupación israelí.[40]
Ismail Haniya recordó en noviembre de 2023 la aspiración de los nuevos estatutos a crear un Estado de Palestina basado en las fronteras de 1967, ya inmerso en la guerra entre Israel y Gaza.[41]