Estudios de ciencia, tecnología y sociedad
campo interdisciplinario de estudio sobre sus efectos sociales
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Los estudios sociales sobre ciencia y tecnología abarcan un campo interdisciplinario de estudios sobre los efectos culturales, éticos y políticos del conocimiento científico y la innovación tecnológica.[1] Colocan el énfasis en la interpretación sobre las utilidades, apropiaciones e impactos en la vida cotidiana de las personas, con el objetivo de romper las antiguas barreras de investigación científico-técnica.

En las regiones de habla hispana, este tipo de inquietudes y de reflexiones han llegado con el nombre común de estudios de/sobre Ciencia, Tecnología, y Sociedad (abreviado CTS), lo que en las regiones de habla inglesa se conoce como Science and Technology Studies (Estudios de Ciencia y Tecnología) o Science, Technology and Society (Ciencia, Tecnología y Sociedad), ambas con el acrónimo STS. En las regiones de lengua hispana, la multidisciplinariedad en CTS incluye desde el principio los ámbitos de la sociología, la filosofía, la historia y la antropología, así como incorpora desde sus orígenes en los movimientos en defensa de los derechos humanos, el movimiento feminista, las corrientes medioambientalistas, pacifistas y los primeros grupos de LGBT surgidos sobre todo tras la guerra del Vietnam. Por sus orígenes y naturaleza vemos cierto paralelismo entre este campo y otros tipos de estudios culturales.[2][3]
Antecedentes
Desde los orígenes de la humanidad que el conocimiento es un tema central en la forma de vida. Las primeras civilizaciones hicieron uso y registro de sus conocimientos por diferentes tradiciones y mecanismos, los cuales institucionalizaron la existencia de la ciencia y tecnología que entendemos hoy, sin que fueran llamadas así. En las civilizaciones china y egipcia, se le otorgó relevancia a la tecnología por sobre a la ciencia, siendo esta una primera manifestación sistemática de las culturas materiales. En contraste, la civilización griega tuvo un enorme foco en la reflexión para acercarse a la comprensión de la realidad, estableciendo los cimientos de la filosofía y la ciencia moderna.[4]
Los siglos posteriores a la caída de Roma y el auge del cristianismo (en occidente) y el islamismo (en Oriente) vincularon las búsquedas de la verdad a una explicación teológica y monista. No fue hasta el Renacimiento Europeo, cuando la Revolución científica(un periodo histórico dominado por la reflexión de la realidad con una base experimental) sistematizó y reinterpretó lo que se entiende como conocimiento. El surgimiento de la Royal Society en Inglaterra y de la Academia de Ciencias de Francia institucionaliza la ciencia con fines públicos. Durante el siglo XVIII la comunidad científica francesa le dio prioridad al desarrollo de la ciencia, bajo la creencia de que sólo lo que fuera conocido teóricamente sería confiable y tendría éxito.
La industrialización de la ciencia y la tecnología pasa por tres etapas a lo largo de la historia. La primera, el período amateur (entre los siglos XVII y XVIII, coincidiendo con la Revolución Científica). Durante esa época los científicos no están especializados pero, por otra parte, son autosuficientes económicamente. Aparecen las primeras asociaciones y comunicaciones regulares entre científicos. A esta fase le sigue un período académico (entre el siglo XVIII y la Segunda Guerra Mundial). Emergen entonces los primeros laboratorios privados de investigación y desarrollo. Los científicos se especializan y son financiados ahora por universidades pero manteniendo la independencia de acción respecto al poder político.[5]
Por último, el período profesional o tecnocientífico (que abarca desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, conocido como Big Science o Gran Ciencia). Hay un aumento del coste y escala de las investigaciones, que provoca la dependencia de científicos e investigaciones con las fuentes económicas del ejército, los estados y las industrias. Aparecen los primeros proyectos globales de investigación, haciéndose patentes los lazos entre conocimiento, innovación y cultura. La promoción de la ciencia y tecnología en relación con su impacto económico y social comienzan a orientar agendas políticas desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente el desarrollo de un país es medido sobre la base de lo que se dedica a ciencia y a tecnología, sin embargo, invertir en esos rubros no siempre asegura el enriquecimiento ni el progreso de un país.
Es en este último período en el cual se segregan los estudios de CTS de otros campos, como consecuencia de la necesidad de comprender rigurosamente las innovaciones tecnológicas y el conocimiento científico como un elemento de la cultura global, como un motor del desarrollo de las naciones, un agente democratizador de los ciudadanos y sus relaciones con los avances de la humanidad en materia tecnocientífica en un mundo globalizado.[6]
Lo anterior trae como evidencia que las relaciones entre ciencia y tecnología a través de la historia han tenido una compleja evolución, donde inicialmente son comprendidas como una misma cosa; luego son consideradas como realidades independientes desde el surgimiento de las primeras civilizaciones hasta la Edad Moderna; pero progresivamente se van relacionando, hasta que a partir de la Segunda Revolución Industrial, la tecnología es una ciencia aplicada; y actualmente se habla de tecnociencia, el cual amplia una mirada más profunda a la interacción entre ciencia y tecnología.[7]
Influencia
Dado el carácter universal de la ciencia, su influencia se extiende a todos los campos de la sociedad, desde el desarrollo tecnológico a los modernos problemas de tipo jurídico relacionados con campos de la medicina o la genética. En ocasiones la investigación científica permite abordar temas de gran calado social como el Proyecto Genoma Humano y grandes implicaciones éticas como el desarrollo del armamento nuclear, la clonación, la eutanasia y el uso de las células madre.
Beneficios del pensamiento científico
El pensamiento científico es una forma sistemática de observar y comprender el mundo natural que nos rodea. Su uso ha permitido a la humanidad adquirir conocimientos profundos y precisos sobre el universo, y ha impulsado el avance en áreas como la tecnología, la medicina y la energía. Uno de los beneficios más importantes del pensamiento científico es que nos permite obtener una comprensión objetiva y rigurosa de la realidad. Los científicos utilizan métodos empíricos y rigurosos para recopilar datos, formular hipótesis y probar teorías. Como resultado, el conocimiento científico se basa en evidencias y hechos, lo que nos ayuda a comprender la realidad de manera más precisa y confiable. Además, el pensamiento científico ha permitido avances significativos en el bienestar humano. La medicina moderna, por ejemplo, se basa en el conocimiento científico para desarrollar tratamientos efectivos y prevenir enfermedades. La tecnología también se ha beneficiado del pensamiento científico, lo que ha permitido el desarrollo de dispositivos y sistemas más avanzados que mejoran la calidad de vida de las personas.
Requerimientos
Asimismo, la investigación científica moderna requiere, en ocasiones, de importantes inversiones en grandes instalaciones como grandes aceleradores de partículas (CERN), la exploración espacial o la investigación de la fusión nuclear en proyectos como ITER.
Conformación como campo de estudio
En el período posguerra, y en particular a partir desde los años 60, la producción científica experimenta un crecimiento exponencial, desde el aumento de personas dedicadas a la ciencia, a la inversión económica de países como Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia en el desarrollo de ciencias y tecnologías, la creación de instituciones públicas y privadas orientadas a la investigación científica. Frente a eventos tales como el holocausto y la amenaza nuclear, surgen organizaciones y movimientos sociales que observan críticamente el quehacer y la responsabilidad de la ciencia y los científicos sobre el impacto de la tecnología en la sociedad.[8]
Estudios
Los primeros estudios CTS se desarrollaron de forma independiente durante los años 60, sin tener en cuenta los demás estudios realizados hasta los años 80, aunque la monografía de Ludwik Fleck (1935) Génesis y desarrollo de un hecho científico anticipó muchos de los temas clave de CTS:
- Estudios de ciencias, una rama de la sociología del conocimiento científico que estudia las prácticas científicas en su contexto social.
- Historia de la tecnología, que analiza la tecnología en su contexto social e histórico. Comenzó en los años 60 de mano de algunos historiadores que cuestionaban el determinismo tecnológico, una doctrina que puede inducir pasividad pública hacia el "desarrollo natural" de la tecnología y la ciencia. Al mismo tiempo, algunos historiadores comenzaron a desarrollar acercamientos semejantemente en el contexto de la historia de la medicina.
- Historia y filosofía de la ciencia (años 60). Después de la publicación de Thomas Kuhn La estructura de revoluciones científicas (1962), que atribuyeron cambios en teorías científicas a los cambios en paradigmas intelectuales, los programas fueron fundados en la Universidad de California, Berkeley, donde se unieron historiadores de la ciencia y filósofos en programas unificados.
- Ciencia, Tecnología y Sociedad en la segunda mitad de los años 60. Estudiantes y movimientos sociales ligados a universidades de Estados Unidos y del Reino Unido, o vinculados a centros europeos, ayudaron a poner en marcha una gama de nuevos campos interdisciplinarios (por ejemplo Estudios feministas) que fueron vistos como asuntos relevantes que el plan de estudios tradicional que no los tenía en cuenta. Desde una gran variedad de disciplinas (incluyendo la antropología, la historia, la ciencia política, y la sociología) los eruditos en estos programas crearon los planes de estudios dedicados a explorar las cuestiones que surgían a través del análisis crítico de la ciencia y la tecnología. Al revés de lo que ocurría con los eruditos en estudios de ciencia, historia de la tecnología, o historia y filosofía de la ciencia, los eruditos en Tecnología y Sociedad se veían a sí mismos más como activistas que trabajaban para el cambio, que investigadores dentro de la desapasionada torre de marfil académica. Como un ejemplo del impulso activista, las eruditas feministas en ésta y otras áreas emergentes de CTS se dedicaron al estudio de la exclusión de las mujeres en las actividades científicas y en la ingeniería.
- Ciencia, ingeniería, y políticas públicas. Los estudios emergieron en los años 70 casi con las mismas preocupaciones que motivaron a los pioneros de los movimientos sobre CTS. En ciertos aspectos, la ciencia y la tecnología estaban cada vez más en desacuerdo con los intereses sociales y del público. Los movimientos sociales intentaban humanizar a los que hacían ciencia y tecnología, pero con resultados generalmente magros. Pero estudiantes con buenas calificaciones profesionales se sentían buenos y lícitos jugadores en políticas sobre ciencia y tecnología. Y algunos programas vinieron a acentuar metodologías cuantitativas (léase: actividades de ingeniería de sistemas). Por cierto otros desarrollaron acercamientos sociológicos y cualitativos, y encontraron que sus intereses más cercanos podrían ser encontrados entre eruditos en ciencia, tecnología, y departamentos de estudios sociales.[9]
Escuelas (cronología)
En los años 70 Ellting E. Morrison funda el programa de CTS en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el cual sirvió como modelo para muchas escuelas y un primer núcleo intelectual con pensadores como Leo Marx, Loren Graham, Evelyn Koxh Keller, Theodore Postol entre otros.
Durante los años 70 y los años 80, las universidades principales de Estados Unidos, Reino Unido, y Europa, comenzaron a dibujar estos varios componentes juntos en nuevos e interdisciplinarios programas. Por ejemplo, en los años 70, la Universidad Cornell desarrolló un nuevo programa que unió estudios sobre ciencia con eruditos de orientación política, y con historiadores y filósofos de la ciencia y de la tecnología. Cada uno de estos programas desarrolló identidades únicas, debido a las grandes variaciones en los componentes que fueron integrados juntos, así como su exacta localización dentro de los centros terciarios. Otro ejemplo es la Universidad de Virginia, en un programa sobre CTS unió a eruditos extraídos de una variedad de campos (con fuerza particular en historia de la tecnología); sin embargo, el programa que tiene la responsabilidad de la enseñanza, está situado dentro de la escuela de ingeniería, y enseña a los estudiantes éticas respecto de los fines perseguidos.
Actualmente existen más de 50 escuelas en todo el mundo que desarrollan programas de ciencia, tecnología y sociedad.[cita requerida]
Campos de estudios en CTS
Muchos son los estudios realizados de Ciencia Tecnología y Sociedad (CTS) con la voluntad de abrir la caja negra científico-técnica. Entre los estudios más importantes vale la pena destacar la tesis de la infradeterminación empírica de las teorías científicas o teoría de Duhem-Quine y la tesis de la carga teórica de la observación. Estos estudios revelan una crisis de la imagen heredada de la ciencia. Hasta hacía poco los estudios científicos y técnicos se había limitado a una historia de las ideas, una filosofía de la ciencia (que tenía en cuenta únicamente cuestiones epistemológicas y criterios de demarcación) y una sociología de la ciencia (que estudiaba únicamente las instituciones y organizaciones científicas, sin llegar a profundizar en el proceso científico-técnico).
Programa Fuerte
El programa fuerte es una variante de la sociología del conocimiento científico particularmente asociado con David Bloor, Barry Barnes, Harry Collins, Donald A. MacKenzie y John Henry. Se le atribuye al programa fuerte una influencia sin precedentes en los Estudios de Ciencia y Tecnología (Latour 1999). La escuela de pensamiento, en gran parte con base en Edimburgo, ha ilustrado como la existencia de una comunidad científica, ligado a la filiación a un paradigma compartido, es un prerrequisito para la actividad científica normal.[10]
El programa fuerte es una reacción contra las sociologías previas de la ciencia, que restringían la aplicación de la sociología a las teorías falsas o fallidas, tales como la frenología. Las teorías fallidas podrían ser explicadas apelando a predisposiciones de los investigadores y las investigadoras, tales como entramados políticos o intereses económicos. El programa fuerte propuso que ambas, tanto las teorías científicas 'verdaderas' como las 'falsas' deberían ser tratadas de la misma manera, esto es, simétricamente. Ambas son consecuencia de factores y condiciones sociales, tales como el contexto cultural y el propio interés. Todo el conocimiento humano, al ser algo que existe en la cognición humana, debe contener algunos componentes sociales en su proceso de formación.
Construcción social de la tecnología
El modelo SCOT (por las siglas en inglés de Social Construction of Technology), también conocido como Construcción social de la tecnología, es un programa que es parte de la sociología de la tecnología, en el que el proceso de desarrollo tecnológico es descrito como un proceso de variación y selección. Es un enfoque constructivista, teórico y empírico, para estudiar la innovación, diseminación y el procesado de tecnologías en sus contextos sociales.
Contrariamente a otros enfoques en sociología de la tecnología, la configuración de la tecnología que ha tenido éxito no se considera como la única posible, y por lo tanto, este éxito es el explanandum, no el explanans.[11]
Críticas, desarrollos y reinterpretaciones del modelo
Desde su formulación, el modelo SCOT ha sido objeto de revisiones críticas y ampliaciones teóricas, buscando superar sus limitaciones originales. Dentro de estas revisiones podemos destacar, por un lado, la necesidad de incorporar las estructuras sociales y las relaciones de poder en el análisis (Klein & Kleinman, 2002; Jæger, 2001), y por otro, de orientar el enfoque hacia una construcción social prospectiva y participativa (Moreno & Guzmán, 2010; Muñoz, 2024).
Enfoque estructural y político
Birgit Jaeger, en “Strengths and Weaknesses of Constructivistic Studies of Technology”,[12] destaca que los enfoques constructivistas -en particular el modelo SCOT- han aportado una ruptura epistemológica importante al mostrar que la tecnología no evoluciona de manera lineal ni determinada, sino que lo hace mediante procesos de negociación y cierre interpretativo. En este sentido, propone que futuras investigaciones combinen perspectivas constructivistas con análisis estructurales y políticos más amplios, que integren factores económicos, institucionales y culturales. Busca entonces generar un análisis micro de las interacciones entre actores, a la vez que un examen sistemático de los marcos institucionales que sostienen la producción y uso de la tecnología. De esta manera, la investigación en estudios de ciencia y tecnología considerarían tanto la agencia de los individuos y grupos como las estructuras de organización, regulación y financiamiento que moldean la innovación.
Jaeger también enfatiza la necesidad de avanzar hacia una sociología crítica de la tecnología, que sea capaz de evaluar las consecuencias sociales y políticas de las innovaciones. Argumenta que los estudios constructivistas deberían no solo describir los procesos de construcción social de artefactos, sino también analizar quién se beneficia y quién queda excluido de dichos procesos. Para ello, recomienda incluir variables como el género, la división del trabajo, el acceso a la información y la distribución de recursos en los sistemas tecnológicos. Esta ampliación del marco constructivista busca equilibrar su sensibilidad interpretativa con una visión normativa y reflexiva, que permita vincular el análisis empírico de la tecnología con los debates sobre democracia, equidad y sostenibilidad.
Por su parte, en su artículo The Social Construction of Technology: Structural Considerations, Hans K. Klein y Daniel L. Kleinman señalan que el modelo SCOT clásico innova cuando destaca la flexibilidad interpretativa y la negociación entre grupos sociales relevantes, pero subestima el papel de las instituciones, el poder y las estructuras sociales en el desarrollo tecnológico.[13]
Klein y Kleinman sostienen que el modelo tiende a tratar a los actores sociales como si tuvieran igual capacidad de influencia, sin reconocer que sus posiciones están condicionadas por estructuras de poder, recursos desiguales y legitimidades institucionales.
También critican el carácter micro-sociológico del modelo, que centra su análisis en episodios específicos, invisibilizando las dinámicas macro (económicas, políticas e históricas) que configuran el campo tecnológico.
Klein y Kleinman proponen así un modelo SCOT estructural, que articule el análisis micro de las negociaciones sociales con las dimensiones macro de las instituciones, normas y relaciones de poder. Para ello sugieren integrar aportes de la teoría crítica e institucional, generando una sociología política de la tecnología que explique cómo las decisiones y estabilizaciones tecnológicas reproducen -o desafían- estructuras sociales preexistentes.
Este enfoque vendría a ampliar el horizonte interpretativo del SCOT, manteniendo su énfasis en la construcción social de significados, pero reconociendo que en las posibilidades de interpretación y estabilización tecnológica se manifiestan condiciones estructurales, históricas y sociales de los actores involucrados.
Por otro lado, Christina Prell[14] sugiere que un modo de fortalecer el modelo SCOT es combinar el análisis de marcos tecnológicos con la estrategia metodológica de “seguir a los actores”, lo que permite revelar cómo los flujos de recursos y la posición institucional de ciertos grupos influyen en la configuración de los artefactos. De este modo, propone una extensión en la comprensión del poder en los procesos de construcción social de la tecnología, sin abandonar el enfoque cualitativo y relacional que caracteriza al modelo. Su trabajo complementa las críticas estructurales de Klein y Kleinman al proponer una vía empírica concreta para visibilizar el papel de los recursos en la formación de los marcos tecnológicos y, con ello, fortalecer la capacidad explicativa del constructivismo social.
Enfoque prospectivo y comunitario.
En América Latina, varios autores han reinterpretado el modelo SCOT situándolas en diálogo con las problemáticas de desarrollo, apropiación tecnológica y participación social. Entre ellos, Juan Carlos Moreno y Sara Guzmán, quienes propusieron una versión constructiva y prospectiva del modelo, desarrollada en el marco del Programa Suyusama en el sur de Colombia.[15]
Moreno y Guzmán sostienen que el modelo tradicional es reconstruccionista, indicando que el análisis sobre cómo las tecnologías se consolidaron en el pasado, no ofrece herramientas para construir socialmente el futuro tecnológico.
La propuesta de Moreno y Guzmán se orienta hacia un constructivismo social performativo, donde las comunidades locales diseñan, priorizan y gestionan sus propias trayectorias tecnológicas mediante procesos de participación, a partir de adecuaciones socio-técnicas de acoplamiento entre componentes técnicos y sociales, metodologías participativas para promover la deliberación colectiva y orientaciones prospectivas donde las comunidades construyen escenarios deseables y sostenibles de desarrollo tecnológico.
Desde esta perspectiva, la construcción social de la tecnología deja de ser una categoría analítica para convertirse en una práctica política y ética, orientada al fortalecimiento de la autonomía, la sostenibilidad y la justicia social.
Las propuestas de Moreno y Guzmán, entonces, amplían el modelo SCOT hacia un marco territorial, participativo, donde la tecnología es entendida como una herramienta para la transformación social y no solo como un objeto de estudio.
En esta misma línea, Gustavo Muñoz[16] señala que se debe entender la tecnología como un fenómeno social, político, pero también educativo, cuya enseñanza debe promover la reflexión sobre los valores, tensiones y relaciones que atraviesan los procesos científico-tecnológicos. En su análisis, el modelo SCOT ofrece una base para articular el pensamiento filosófico y la práctica educativa, que permite orientar la formación de ciudadanos capaces de analizar los impactos sociales de la innovación tecnológica y de participar en decisiones que afectan la vida colectiva, enfatizando la incorporación del análisis ético, axiológico y político de los artefactos, así como de los sistemas socio-técnicos. Desde esta perspectiva, el modelo SCOT no solo permitiría estudiar cómo las tecnologías se construyen socialmente, sino también promover una formación crítica y participativa, orientada hacia la apropiación social del conocimiento y a la superación de visiones deterministas o utilitaristas de la ciencia y la técnica.
Estudios de ciencias
Los estudios de ciencias son un área de investigación interdisciplinaria que busca situar la experiencia científica en contextos sociales, históricos y filosóficos amplios. Utiliza varios métodos para analizar la producción, representación y recepción del conocimiento científico y su papel epistémico y semiótico.
De manera similar a los estudios culturales, los estudios de ciencias se definen por el tema de su investigación y abarcan una amplia gama de perspectivas y prácticas teóricas y metodológicas. El enfoque interdisciplinario puede incluir y tomar prestados métodos de las ciencias humanas, naturales y formales, desde la cienciometría hasta la etnometodología o la ciencia cognitiva. Los estudios de ciencias tienen cierta importancia para la evaluación y la política científica. Traslapados con el campo de la ciencia, tecnología y sociedad (CTS), los profesionales estudian la relación entre la ciencia y tecnología, así como la interacción del conocimiento experto y lego en el ámbito público.
La ciencia ha contribuido enormemente al progreso humano en diversos campos, desde la medicina y la tecnología hasta la física y la astronomía. En términos generales, la ciencia ha proporcionado una comprensión más profunda y precisa del mundo natural, lo que ha permitido avances significativos en la calidad de vida de las personas. Sin embargo, la ciencia también ha tenido algunos efectos negativos, como la creación de armas de destrucción masiva y la explotación desmedida de los recursos naturales. La ciencia también ha llevado a debates sobre cuestiones éticas, como la experimentación en animales y humanos, y la creación de vida artificial.
Análisis del discurso científico
A partir del modelo de los positivistas lógicos del círculo de Viena en los años 30 y 40 surge un interés en el estudio del discurso experto en la formación de conocimiento. Investigadores como Michael Mulkay y Nigel Gilbert realizan estudios para descubrir cuáles son los métodos que utilizan los científicos para explicar, representar y dar sentido a las prácticas científicas.
Teoría del actor-red
La Teoría del Actor-Red, conocida como ANT (siglas de la expresión inglesa Actor-Network Theory), es un enfoque ontológico característico de teoría social y de investigación originado en el campo de los estudios sociales de la ciencia en los años 1980. Fue iniciada por Bruno Latour, Michel Callon y otros investigadores del Centro de sociología de la innovación de Mines ParisTech, en Francia. También han colaborado en su elaboración investigadores anglosajones como John Law, Arie Rip, Susan Leigh Star y Geoffrey Bowker.
Aunque es más conocida por su insistencia en la capacidad de los no humanos para actuar o participar en sistemas, redes o ambos, la ANT también se asocia con críticas contundentes de la sociología convencional y crítica.[17]
Programa reflexivo
Steve Woolgar y Malcom Ashmore utilizan el principio reflexivo establecido por el Programa Fuerte para analizar ciencia y tecnología, a través de la aplicación de técnicas de representación.
Teoría Crítica de la Tecnología
Desarrollada por el filósofo Andrew Feenberg, propone una revisión de las ideas de la filosofía crítica del siglo XX, como la Escuela de Fráncfort, especialmente Jürgen Habermas y Herbert Marcuse (de quien fue alumno), además de otros filósofos de la tecnología como Martin Heidegger. Supera definitivamente el determinismo tecnológico, reconociendo que la tecnología no se desarrolla de forma autónoma a la esfera social y que no la influencia unívocamente. Niega también la idea de un progreso tecnológico determinado por el ser la tecnología hecha por el ser humano de forma intencional (instrumentalismo). Así como también se aleja de la visión de una tecnología que sigue los valores de la eficiencia y escapa del control del ser humano (esencialismo).[18] Propone en cambio que es posible pensar una tecnología que no sea autónoma al ser humano y que pueda estar influenciada por valores y un proyecto que respete los principios democráticos y el medio ambiente sin perder en eficiencia.[19]