Eucaris (ficción)

ninfa del séquito de Calipso en el Telémaco de Fenelon From Wikipedia, the free encyclopedia

Eucaris es el nombre de una ninfa del séquito de Calipso en la novela de Fénelon Las aventuras de Telémaco (1699), ambientada en la época homérica. Es un personaje ficticio que no forma parte de la mitología griega.

La despedida de Telémaco y Eucaris (1818) por Jacques-Louis David
Telémaco y Eucaris (1825) por Raymond Monvoisin
Telémaco, urgido por Méntor, abandona la isla de Calipso, soltándose de los brazos de la ninfa Eucaris que trata de retenerlo (1800) por Charles Meynier
Separación de Telémaco y de Eucaris (1746) por Henri Antoine de Favanne

Su nombre ha sido utilizado para dar nombre al asteroide (181) Eucharis.

Personaje de novela

En la novela de Fénelon, Telémaco, buscando a su padre Ulises que aún no ha vuelto de la guerra de Troya, naufraga en las costas de la isla de Ogigia, donde gobierna la diosa Calipso, y allí se enamora de la ninfa Eucaris, a la que tiene que abandonar para continuar con su búsqueda.

Fénelon escribió su novela como instrumento de formación de su pupilo, el duque de Borgoña, heredero presunto del trono de Francia. La novela incluye, en medio de aventuras pretendidamente mitológicas, discursos doctrinales sobre el arte de gobernar, y sobre cómo el buen gobernante debe vencer a las pasiones y ejercitar la virtud. Estos discursos suelen aparecer en boca de Méntor, amigo de Ulises y designado por este como ayo o preceptor de su hijo Telémaco. Para dar mayor peso y resonancia a sus invectivas doctrinales, Fénelon hace que Méntor aparezca en la novela como una encarnación de la diosa Minerva.

Durante la estancia en la isla de Ogigia, Telémaco es objeto de la inclinación amorosa de Calipso,[1] que ya antes había estado enamorada de su padre Ulises cuando recaló en la isla en su accidentado regreso de la guerra de Troya.[2] Pero la pasión amorosa de Calipso no es correspondida por Telémaco. Sí lo es, en cambio, la que el Amor (Cupido) suscita en Eucaris, una de las ninfas secundarias que también viven en la isla.

Pero Méntor se interpone y recuerda a Telémaco que su misión es otra: no es encontrar el amor sino encontrar a Ulises, y con él volver a Ítaca y reclamar el trono amenazado por los pretendientes de Penélope. La pasión hacia Eucaris es solo un episodio de su formación, que permiten los dioses:

«...el que no ha experimentado su flaqueza y la violencia de las pasiones, no puede llamarse sabio, porque no se conoce ni sabe desconfiar de sí mismo. Los dioses os han conducido hasta el borde del precipicio para que conozcáis su profundidad; pero sin dejaros caer en él. Conoced ahora lo que nunca hubierais conocido a no haberlo experimentado».
Fénelon, Las aventuras de Telémaco, cap. VII.[3]

Pero la virtud está en huir, y en la huida de las pasiones reside la auténtica sabiduría.[4]

En las artes

La figura de Eucaris inspiró a los pintores neoclásicos, que produjeron óleos como el de Jacques-Louis David La despedida de Telémaco y Eucaris, realizado en 1818 durante el destierro del pintor en Bruselas, o el de Raymond Monvoisin Telémaco y Eucaris, solo unos años posterior (1825). En el siglo anterior, Eucaris fue el motivo de dos lienzos de Henri Antoine de Favanne: Telémaco declara imprudentemente su amor a Eucaris (1737) y Separación de Telémaco y Eucaris (1746).

El episodio del amor entre Telémaco y Eucaris es expuesto en el largo poema Telémaco en la isla de Calipso (1728) del escritor criollo peruano José Bermúdez de la Torre y Solier. A mediados del siglo XIX fue objeto de la zarzuela El joven Telémaco, estrenada el 23 de septiembre de 1866, con libreto de Eusebio Blasco y música de José Rogel.[5]

Etimología

La etimología de Eucaris no parece problemática: el nombre griego Εὔχαρις Éukharis se compone del prefijo εὖ (‘bueno, a’) y de la raíz χάρις (‘gracia, encanto’). Y a través del verbo derivado χαρίζομαι kharízomai pudiera adquirir un sutil sentido sensual: ‘la que es agradable’, ‘la que busca complacer’.

Notas

Bibliografía

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